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miércoles, 8 de diciembre de 2010

EL PADRINO 2 ¿ DÓNDE ENCONTRAMOS UN PUNTO DE APOYO?

Un amigo me hizo esta pregunta.
Llevo treinta años intentando responderla.

¿DÓNDE ENCONTRAMOS UN PUNTO DE APOYO?


Estaba tratando de responder a la preguntita de marras.
No se me ocurría nada.
Crisis de creatividad.
Me senté en un banco de la Avenida García Noblejas, y observé el mundo mundial.
Una espesa niebla cubría Madrid y sus avenidas.
Silencio invernal.
Frío.

Cuando de repente…
De repente aulló una sirena.

Décimas de segundo.
Primero la luz.
Inmediatamente después el sonido.
Como el rayo y el trueno.
Después un estampido.

Una borrosa figura atravesó la Avenida de Arcentales.
Y cuando digo atravesó digo que la atravesó por toda la mitad, rápida y estruendósamente, como una navaja que raja a un fulano.
¿Quién carajo puede conducir así con la niebla que hay?

Ni idea.
La sirena se dirigió al Centro de Salud, perdiéndose en sus entrañas.


DRIVER GAME.



A los niños nacidos en Alcázar de San Juan, la industria del ferrocarril les deja fácil la opción de la adopción.
Sin moverte del pueblo, es relativamente cómodo convertirte en agujero (los que manejan las agujas), en gorrista (los que llevan gorra en los trenes) o mucho mejor en comodín (los que se sientan horas y horas tras un escritorio).

Mi padrino me preguntó un día que qué quería ser yo: agujero, gorrista o comodín.
No le contesté.
No tenía edad para saber lo que quería ser, pero sí la suficiente para comprender que aquella forma de plantear el tema decía mucho sobre el mismo.
...
Yo sólo le hacía caso a mi padrino.
Su forma de hablar y sobre todo su forma de callar, me proporcionaba más información que la escuela.
Así que una de mis aficiones favoritas, en plena época de persecuciones de ranas y sapos, fue la de escucharle.
...
A los dieciocho años, justo antes de irme a la mili, ocurrió un encuentro que marcó mi vida.
Un joven sociólogo que llevaba a cabo una encuesta epidemiológica en nuestro pueblo le preguntó a mi padrino:
“ ¿Cuál cree usted que es la tasa de mortalidad en esta zona?”.

Después de hacer una pausada reflexión, mi padrino le respondió con seguridad:
“ Yo diría que una muerte por persona”.
Esa lúcida respuesta me hizo levantar la mano en el cuartel de Leganés, cuando el sargento Ambrosiano preguntó:
" ¡¡voluntarios para conductores!!"
...
Hay dos cosas que no se pueden hacer en la mili siendo conductor de ambulancias. La primera es saltarse el reglamento. La segunda es destrozar el vehículo. Yo conseguí hacer las dos cosas el mismo día.

Ya sabéis que eso de las maniobras es un juego que se supone que sirve para estar preparado para la guerra.
Pero a decir verdad, nadie está preparado. Ni los sistemas, ni los reglamentos. De aquí el secreto militar.

Ya que la puedes cagar, lo mejor es que no se entere nadie.

Aquella mañana de marzo, los BMR de nuestra unidad estaban destripando terrones de tierra por un campo de entrenamiento. Algún cretino se había equivocado en algo, y uno de los muchachos pisó con su tanqueta de transporte una mina. El vehículo salió despedido por los aires, y fue a destriparse contra unas rocas.

Nos avisaron a los de las ambulancias.




El sargento Ambrosiano dijo aquello de..." saquen a mis muchachos de allí".

Las dos ambulancias que fueron antes que yo se vieron atrapadas por un terreno blando y hostil. Mantuve la radio encendida y escuché los pormenores : cuarta, tres mil quinientas, cuidado con el olivo, esto patina , nos paramos; tercera, cuatro mil, el morro se hunde, cuidado con el árbol, nos paramos.

Escuché la voz de mi padrino:”en caso de duda, poco equipaje y a recular”.

Así que me introduje en el camino a 120 en tercera, frené bruscamente antes de llegar al olivar, pero sin dejar de perder todo el impulso, reduje a segunda e hice subir el motor a seis mil, me planté en la loma subiéndola a base de motor y patinaje artístico,rocé el desequilibrio compensando los vaivenes con irresponsables giros de volante, logré acercarme a 15 metros del BMR, sacamos al pobre desgraciado de Alpedrete que sangraba abundantemente, me deslicé colina abajo reduciendo a base de motor, ya que los frenos hacía tiempo que no funcionaban, logré incorporarme al camino de tierra con tres ruedas reventadas, inventé la rodadura con llanta metálica, y logré depositar al accidentado en el puesto médico en tres minutos, treinta y cuatro segundos.

Pasé 3 meses en un calabozo. Después me licenciaron.No encontraron otra forma de resolver mi tema.
Así que eso es lo que soy. Un conductor.
...
Mi trabajo en la vida civil consiste en llevar gente accidentada de un sitio al otro.
Lucho contra el tráfico, las inclemencias del tiempo, el reglamento de la Comunidad Autónoma y la muerte.
Cada día me levanto con el deseo de ayudar a salvar vidas.

En algunos casos, con poco esfuerzo se consiguen grandes logros. Hay días en los que puedes destriparte, para al final transportar carnes sin vida. Ese es el juego.Y hay que saber jugarlo.

Trato de ser lo más profesional posible. Estudio recorridos. Estoy con un mapa mental permanente del tráfico en mi cabeza.
Desayuno adrenalina y me siento útil.



Hasta que un dia...se me ocurrió dejar de ser profesional, y claro, la cagué bien.


¿Qué hacía aquel pescador de sesenta y cinco años en Madrid?



Parece ser que arreglaba unos papeles de su jubilación en el Ministerio.
¿Cuál fue el incidente?
Atropello por parte de un autobús urbano.

¿Por qué la cagué?

Fuí el primero en llegar. El viejo estaba bien jodido. El médico le inmovilizó todo menos el brazo derecho. Antes de meterlo en la ambulancia me cogió con su brazo y me dijo que no quería morir allí, que lo llevara a Denia.

No fuí profesional, me salté el reglamento de La Comunidad Autónoma y me pillé la nacional III.
...
Me encanta conducir.
...
Mientras el viejo me hablaba sobre su juventud y sus aventuras en Marruecos, yo me deslizaba a ciento setenta por el término municipal de Motilla del Palancar.
...
Tal vez sea el viento, el bramido de la sirena, el desplazamiento progresivo del paisaje; no lo sé.

Me había saltado un reglamento autonómico, cuatro disposiciones ministeriales sobre transporte de heridos, el reglamento interno de la empresa. Me caería un buen paquete. Fijo.

Pero qué pasa, yo llevo al viejo a Denia. Sí.
...
La alfombra de asfalto rodaba bajo el liviano peso de mi saeta.
Kilómetros.
...
Kilómetros.
...
Al llegar a Denia, me dirigí directamente al Hospital.
Descargaron al abuelo.

Me dijo : “ Gracias hijo".
...
Me senté un rato en el capó a mirar el mar.
...

No sé dónde encuentra un hombre su punto de apoyo.

Sólo sé que se trata de vivir en libertad y de morir en paz.
...
O será tal vez vivir en paz y morir en libertad.


6 comentarios:

  1. Querido Driver. Las normas no siempre deben ser seguidas. Resulta que cuando uno se acuesta por la noche, con la única persona con la que duerme es consigo mismo, así que a esa persona es a quien se debe de dar explicaciones. Lo demás son tonterías.

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  2. Ana: en esta fase de arranque del blog, publicaré cada día un cuento que intentará ser una historia más o menos hilvanada, de un tipo que lo perdió casi todo.
    Y que afortunadamente, no se daba cuenta de prácticamente nada.
    Espero que me perdonéis ciertas palabras soeces, ciertos giros más propios de bucaneros que de caballeros, ciertas exclamaciones que se pueden circunscribir más a un ambiente carcelario que a un salón literario.

    Pero qué queréis que os diga.
    La historia fue así contada, y así debe transmitirse.

    Y que salga el sol por Antequera.

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  3. Vivir en libertad y morir en paz ... no es pedir poco¡¡¡

    Un saludo¡¡¡¡

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  4. ¡Anda la osa! Al final, te montaste el blog. Me da la impresión de algunos lo vamos a pasar de miedo. Un estupenda sorpresa.

    Saludos desde Castilla la Vieja.

    P.D.: La paz y la libertad suelen ir de la mano. Cuando uno vive en paz es porque es libre y si es libre, tiene paz.

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  5. He intentado cinco veces hacerme seguidora tuya ¡Misión imposible!

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  6. Tranquila Zambu.
    Hasta ayer mismo, lo de copiar y pegar lo he hecho con fotocopiadora y pegamento y medio.:)

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