Buscar este blog

martes, 14 de diciembre de 2010

EL PADRINO 7 ¿PODEMOS GRITAR CAMPEONES, CAMPEONES, SI LA SELECCIÓN PIERDE?

María había dejado pasar los días. Pero cada noche miraba las llaves de la casa del Viejo encima de mueble de música de época, en el lugar donde las había dejado el día que regresó de un largo y extraño viaje en ambulancia. Aquellas llaves le recordaban una tarea pendiente .El día estaba siempre lleno. Las clases que ella recibía, las clases que ella daba en casas particulares, los ensayos y tanta gente increíble que tenía a su alrededor para llegar tarde a su apartamento y pedir una pizza y charlar hasta tarde, para regalarle entradas del Real o para proponerle un viaje a Venecia con una oferta de billetes de avión imposible de dejar pasar. Aquella ciudad era un hervidero de grandes momentos si sabías distinguir la gente que tenía la mirada clara y todas las ganas de vivir que puedes sentir paseando por cualquiera de sus grandes avenidas. Por eso los días se sucedían sin apenas tiempo para mirar siquiera algún calendario y tomar referencias. En el ritmo trepidante de los días María se sentía feliz, pero había momentos en que notaba una molesta sensación de vértigo y necesitaba parar. Entonces se encerraba en su pequeño apartamento y recolocaba minuciosamente cada libro, cada partitura, cada postal, las fotografías del enorme tablón de corcho en donde dejaba perderse la mirada cuando el cansancio del día y el silencio de la casa le dejaban sentir que había pasado otro día y que la semana que viene termina ya el mes. Había llorado mucho sintiendo el aguijonazo de la ausencia, recordando los ojillos del Viejo, entre picarones y tristes, cuando los domingos aparecía con la bolsa blanca y el olor a porras, detrás de la puerta .






- No me digas que te he despertado.

- No, me estaba ya despertando , pasa...

- ¿Estás sola?

- Si pasa, ya preparo el café.

- Bueno

- Pasa, pasa...



María había dejado pasar los días. Cada noche miraba las llaves de la casa del Viejo encima de un mueble de época de música, en el lugar donde las había dejado el día que regresó de un largo y extraño viaje en ambulancia. Necesitaba parar, encerrarse un fin de semana entero y canceló un viaje a Lisboa con un amigo del Conservatorio al que después de años había vuelto a ver hacía un par de semanas y con el que había trenzado un par de tardes de charla, recuerdos y madrugada. Tenía por delante todo el tiempo que necesitaba para recuperarse, mirar el calendario y hacerse idea de donde estaba, colocar las cartas, tirar los periódicos y los tomates arrugados y las cebollas negras del frigorífico. Así limpiaba y colocaba también su alma y cuando miraba de nuevo la habitación que había recuperado su brillo olvidado, se sentía por dentro también renovada, tranquila, como una camisa blanca recién planchada.






Sonó el teléfono y dudó.
- Diga

- María, soy yo

- Si dígame

- Maria , Driver.

- Ah Driver, ya ... perdona es que...

- María, ¿te acuerdas o no?



Y le dijo que estaba al lado de París, que se había acordado del Viejo y de ella , que ya era camionero como el Viejo, que tenía su teléfono en la cartera y que había dicho, coño que será de María y que eso, que qué tal.

María tenía delante las llaves de la casa del Viejo y hablando con el Driver, al fin se atrevió a cogerlas. Mientras se reía con las barbaridades que le contaba, acariciaba el muñeco de Michelin gastado y casi negro que había acompañado a su padre media vida, colgando junto al volante, como un dios de la carretera que había sido su patria y su muerte.

Su voz removió una fibra tenue y temblona que algunas mujeres tienen en el centro del estómago y que cuando se estremece parece que les baila un gusano en la tripa. Recordó su nobleza, su alegría, y volvió a sentir que una parte del Viejo se había quedado con aquel chavalote sano y roquero que le llamaba desde Paris un domingo gris de febrero.





Le encargó una partitura que después de un buen rato el Driver consiguió anotar y que sabía que nunca le traería. Cuando colgó María añoró el olor a pino y buscó el CD de Sultans of Wings. Decidió que esa tarde iría a la casa del Viejo, que había pasado el tiempo suficiente para poder enfrentarse a aquella pequeña estancia en donde se había refugiado los últimos años de su vida, después de que su madre muriera y vendieran el piso que había sido la casa familiar. Había estado pocas veces en aquel “pisito de soltero”, como decía él, pero la última vez se sorprendió al ver posters y discos, que le descubrieron a un padre distinto del que había conocido. Y es que debajo de cada hombre hay un ser distinto, habitualmente mejor y que un día tuvo que esconderse para poder sobrevivir. Su padre , los últimos años de su vida se había reencontrado con ese hombre noble, alegre y genial que todos alguna vez fueron. En la cabina del camión supo mantener el recuerdo de lo que realmente era, antes de que los pañales y la hipoteca del piso le convirtieran en un hombre amarrado al volante de un camión de transporte internacional. El decía que la soledad , si la sabes tratar , te conserva tu mejor perfil. Una vez le dijo que el camión era un refugio que le dejaba seguir soñado lo que no fue y ya nunca sería. “¿En qué trabajo puedo estar a solas con Elvis horas y horas?.



Los domingos a la hora de comer la gran ciudad tiene un aspecto fantasmagórico

Aparcó su utilitario que había circulado casi solo por grandes avenidas, desiertas con un par de japoneses haciendo fotos a una estatua de algún hombre ilustre. No quería encontrarse con ningún vecino y por eso subió las escaleras esforzándose ligeramente para no hacer demasiado ruido al caminar, plantando meticulosamente sus zapatillas de deporte. Probó las tres llaves y a la tercera abrió, pasó casi sin luz y cerro la puerta. Después abrió la luz.

El alma de un hombre es eso que se queda en un sillón en donde se sentó cada noche durante varios años. El alma de un hombre puede verse mirando sus zapatos cuando ya no está en ésta tierra. El viejo estaba allí, en las arrugas del sillón, en la forma de desgastar la suela de los zapatos y entre medias de los trastos, periódicos y fotografías que María encontró en aquella pequeña estancia. Durante un instante sintió dentro el preciso y agudo dolor que provoca la certeza de haber perdido a alguien que tenía muy dentro. Se secó as lágrimas para poder mirar la foto que presidía un pequeño aparador lleno de polvo: era ella con siete años subida a un pequeño bambi donde los niños se hacían fotos en la verbena del barrio donde entonces vivían. Al lado su padre le sujetaba una mano y miraba a la cámara con una sonrisa abierta que le dejaba ver el hueco de la muela que ya entonces le faltaba. La cogió y el cerco de polvo en el mueble le devolvió a la realidad. Volvió a dejarla. Al lado unas recetas del seguro, la cartilla y unos tickests del supermercado. Unos papeles con teléfonos...María se sentó en el sillón y la pena , ahora mas limpia y serena le trajo unas lágrimas y unos sollozos que necesitaba y que la relajaron lo suficiente para plantearse qué debía hacer con todo aquello. Muebles, libros, mapas, fotografías, ropa y un viejo frigorífico. Todo con un barniz que lo convertía en entrañable, pero sin sitio ya en este mundo como su dueño cuyo recuerdo todavía estaba allí pegado a ellos. El armario con la ropa, las camisas, un par de trajes y una chupa de cuero que le hizo acordarse del Driver. Miraba cada cajón como si buscara algo y después de un rato, volvió a sentarse y entonces pensó qué podía hacer con todo aquello. Respiró hondo y llegó a otra pregunta que resolvía mejor la situación: se trataba de saber que era lo que quería conservar. Miró alrededor: las fotos, y un cajón con papeles y documentos. Y la chupa , por si Driver la quería.



Antes de salir, con una bolsa donde se llevaba lo que conservaría de su padre, se acercó al sillón y lo besó ya sin pena , solo con cariño.

Al salir la portera apareció como si fuera un encuentro casual:

- Hola señorita, le acompaño en el sentimiento...aquí le queriamos mucho...

- Gracias...

- La gente que va sin mirar con los coches y él que ya no tenía agilidad..

- Bueno... gracias

-...

-...

- Si quiere usted algo...

- Bueno si le pudiera dar la llave a la señora del piso

- Claro , si precisamente ayer me preguntó...

- Ya

- Como no venía nadie

- Le dice que lo que hay dentro puede hacer lo que quiera...

- Los muebles eran suyos

- No

- Ah ya

- ...

-...

- Bueno le dejo la llave

-...

- Y gracias por todo.





Las calles vacías y dentro de su Doscientoscinco , parada en un semáforo buscó un clinex en la guantera. La gran ciudad parecía acompañarle en su tristeza y eso le hizo sentirse acompañada.















El Gordo le vio hacer aspavientos en una cabina de teléfonos, apuntar algo en una servilleta y volver medio azorado tropezando con una silla... Se sentó , empezó a hablar y el Gordo le miraba atentamente: es una tia cojonuda, que ,,, bueno ella es la que tiene la culpa... osea... ella no , su padre... que si no es por su padre igual no estoy aquí contigo y .... osea no tendría yo la afición ésta por ser camionero...y toca el contrabajo...como un violín pero grande como tú o más...y necesita una partitura que venden aquí...que no se ni lo que he apuntado yo aquí...Rue Le Chantaille...que se pronuncia santiyé...acentuando el final...no mucho , pero algo acentuado...osea...

El camarero les puso los platos con sus filetes rodeados de patatas y asi pudo salir Driver de su discurso con explicaciones imposibles.

- Anda come un poco y luego miramos un mapa...

- Merci bocú

- Si no se enteran joder, come que ya vamos con la hora pegada al culo.





Miraron un callejero que no se sabe bien cómo Driver consiguió en la barra. Si es esta calle, le dijo el Gordo, con el camión no podemos entrar pues paralizamos el tráfico en los campos Eliseos y la gendarmerí nos saca a gorrazos.

Driver buscó alguna alternativa y cruzó su mirada con su patrón, en un pequeño velador de un area de servicio a quince kilómetros de Paris. Encima de la mesa había ya dos jarras de cervezas vacías y dos medio llenas, un plato con restos de patatas y filetes y una taza de café con un cigarro apagado dentro. Se miraron y la cerveza, el filete , las patatas , el café y el cigarrito les habían dado sufiente clarividencia. Por eso el Gordo le dijo:

- Driver no me toques los cojones.

- Bueno si a Paris vendremos más veces, ¿ no ?

- Si coño si... no te jode.






En una semana había pasado todo en la vida de Driver. Viendo pasar los kilómetros miraba hacia atrás y se asombraba de las palabras proféticas del Viejo: “ Si quieres algo de verdad , enseguida lo tendrás” o aquella de “ la suerte solo acude a los valientes”. Se sentía orgulloso de su suerte. En la cabina de un camión lleno de naranjas y los kilómetros pasando delante de sus ojos. El Gordo empezaba a comprobar que Driver era mejor persona de lo que parecía y sabía menos idiomas de lo que él decía. Al llegar a Oslo, solo un ingles universal e ininteligible excepto para los hombres de la carretera les había permitido encontrar las naves industriales de unos grandes almacenes donde debían descargar las naranjas. Después la pensión , la ducha y su primera noche en puerto después de dejar la carga.




- Cuando llegas, dejas la carga y tienes que aprovechar para dejar todo...entiendes Driver.

- ¿Los papeles?

- No coño no... todo ese el cansancio, el agobio , la mala leche...todo coño todo...Si no , ¿cómo cojones te vas a subir otra vez en la puta cabina?

- Ah ya el Viejo me habló de que cuando termina un viaje siempre lo celebráis, como una fiesta o asi...

- No Driver...no me jodas con mariconadas...una fiesta es otra cosa...tu apréndete bien el camino de vuelta...esta noche puede ser que bebamos más de la cuenta...acuérdate que esta noche tienes que dejar todo aquí... mañana no existe... duermes o haces lo que te salga de los cojones... y el miércoles por la mañana, a las seis en punto te quiero en la cabina...y nuevo, como cuando cargamos las naranjas...

- Entonces me apunto la dirección de la pensión...

- Como tu veas...



En una ciudad helada, un hombre enorme con un gorro de lana caminaba junto a otro mas pequeño , como la mitad de peso, que parecía revolotear a su lado. En la tenue luz de la calle el vao denuncia al pequeño como un gran hablador. Al llegar a un garito las luces de neon son testigos de un extraño gesto entre los dos: se dan la mano, parece que se despiden.



- Entonces a tope y el miércoles por la mañana nos vemos...

- Driver, déjate de jilipolleces...tienes que dejar en esta noche toda la mierda que los kilómetros te han dejado pegada a la ...

- Coño Gordo, ya te entiendo...

- Y si el miércoles a las seis no estas en la cabina, que te den por culo.

- Aquí ¿qué se bebe?

-Pasa y calla, coño.



En un momento por la puerta del garito salió el humo , el calor , la música y el bullicio del mundo, que alguien había condensado y agitado allí dentro. Detrás del Driver y el Gordo se cerró la puerta y el silencio helado volvió a dar un brillo limpio y mojado a los adoquines de un calle a las afueras de Oslo.


Cuando no sabes su idioma una mujer te entiende con los ojos y la rubia de tetas gordas sabía , sin que Driver se lo hubiera dicho, que siempre empezaba con cerveza. Luego le enseño a meter dentro un vasito pequeño de algo parecido a la ginebra, y despues saltaron entre las luces, jugaron al corro de la patata con otras rubias que tenían la misma faldita roja con un pequeño delantal con encaje y las tetas a punto de salirse del delantal y otros hombre de barriiga rodada por mil autopista y tatuajes en los brazos...Driver vio sucederse las caras y las tetas y reía sin saber exactamente por qué. Hacía calor y ya no tenía nada mas que la camisa. La rubia le metió en un pequeño baño con chorros a presión y recuerda entonces que comprendió lo que el Gordo quería decir cuando le advertía que había que dejaro todo...La noche se hizo turbia y el humo se metió dentro de sus neuronas...





Cuando guardaba el pijama y la ropa , Driver olió de un golpe toda la noche de marras en su camisa y descubrió una bufanda de la selección española. Se la puso y después de tragarse un par de aspirinas en lavabo, se descubrió con la mirada de un camionero en el espejo. La cabeza le iba a estallar , pero el recuerdo de la noche le dibujo media sonrisa en la cara ojerosa y sin afeitar.

- ¿Tú viste a los de la selección...?

- Si , pero no les dije que era español...

- Yo tampoco...

- Me regalaron la bufanda...

- ...

- No se como coño ha llegado hasta aquí...

-...

- Solo que me retumba todavía en la cabeza los gritos, oe, oe oeeee, capeooones campeones, oe, oe oeee...



Esa misma mañana Iñaki Gabilondo habia empezado el Hoy por Hoy, con un indignado arrebato por la desidia de los jugadores del equipo nacional que habían perdido siete cero ante una selección mediocre. A esa misma hora, después de un café y un carajillo, dos españoles despertaban la madrugada de Oslo al grito de campeones, campeones, oe , oe oeee... habían cargado su camión de barras de hierro y se jugaron a los chinos quien empezaba los turnos conduciendo...






- Tres con las tuyas.

- ¡Qué cabrón!

6 comentarios:

  1. ... debajo de cada hombre hay un ser distinto, habitualmente mejor...

    Eres certero. Siempre somos mucho mejor que esta suma de actos que realizamos.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Nadie nos enseñó qué es un error.
    Nadie nos predijo las malas rachas.
    Nadie nos avisa de los malos actos.

    Somos humanos en un corto viaje.
    Fijándonos en la siguiente curva.

    ResponderEliminar
  3. Leído, Driver... ¿Se puede saber de dónde sacas tanta historia concentrada? ¡Huala!
    Me ha gustado mucho el personaje de María. El tuyo se parece tanto a ti... Te sigo, Driver "el breve".

    ResponderEliminar
  4. Apenas vamos al relentí.
    Ahora empieza lo bueno.

    ResponderEliminar
  5. ¡No sé qué hace mi foto aquí!
    ¿Animar a la selección?
    Vale, si es por eso, vale.

    ResponderEliminar
  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar