Buscar este blog

jueves, 23 de diciembre de 2010

EL PADRINO 9 ¿Por qué pasan más cosas de las que caben?



Encima del fuego, del humo, de las piedras y las banderas. A pesar del fuego, del humo, de las piedras , las banderas y los héroes de mierda. Mas allá del fuego, del humo de las piedras , las banderas , los héroes de mierda y la estúpida mirada de un fanático. Por encima de todo, a pesar de todo y mas allá de todo, la mano grasienta y llena de callos de Driver le apartaba el pelo de la cara llena de sudor frió a Itziar que se mordía el labio de bajo arqueando las cejas y con las órbitas de los ojos a punto de estallar de miedo, alegría y agradecimiento. Y el Gordo miraba adelante y no decía nada porque oía como si se le clavara en el alma el quejido imperceptible y agudo del dolor de la vida cuando viene. Miraba adelante y desde otro mundo veía que atrás quedaban ya el fuego, el humo, las piedras, las banderas , los héroes de mierda y la estúpida mirada de un fanático que con la cara tapada estuvo a punto de llevarse por delante en el último momento.




En un extraño lenguaje el Gordo vio el símbolo de Hospital y con la premura de la ocasión y sin demasiada delicadeza con la pradera de césped y rosales que aprovechó como atajo, llegó finalmente a la puerta de Urgencias : el camillero, la sangre como un anuncio, rápido, rápido, los ojos a punto de estallar de terror y de entusiasmo, rápido , rápido , y la camilla y los dos celadores que se pierden detrás de una puerta.

El Gordo tenía la cabeza apoyada en el volante cuando Driver le miró. Y así pasó un rato.





- Creo que le vi la cabeza cuando salía...como una pelota

- Joder Driver, tienes mas huevos...casi ajustamos la cuenta, a uno le ayudamos a venir y a otro a que se vaya...

- ¿Qué coño gritaban los de la manifestación?

- ¡Yo qué se!



Al llegar a la gasolinera, ya no estaban las pijitas que acompañaban a la parturienta. Ya no estaban las barricadas y quedaba solo un persistente olor a goma quemada y un gasolinero delgado y con la nariz afilada que les dijo:



- Así no se dejan las cosas ... Porque obligación , no tengo y , cosas que hacer y clientes , Joder... así no se deja un camión de éstos , sin decir nada ni nada... que es la leche...aquí somos de otra forma joder... todos tenemos derechos la ostia...


El Gordo le arrebató las llaves y Driver después de sujetarle , intentó dar una explicación cuando vio alejarse al gasolinero con unos auriculares en los oídos. Iba a decir jilipollas y no llegó a decirlo .



- Está colgao.

- Si me dejas le quito la tontería de golpe... no te jode.



“La policía impide a una mujer dar a luz”

“Los radicales apedrean el coche en que trasladaban a una mujer a punto de dar a luz”

“Pudo nacer en una barricada”

“En la lucha callejera desde le vientre materno”





Julio, el celador mas joven del hospital, había encontrado un complemento perfecto para el penoso sueldo que desde hacía tres años le permitía sobrevivir en aquella ciudad del Norte, con las gratificaciones que la televisión local le daba cuando les avisaba de algún caso que podía dar juego para el programa líder de audiencia y del que dependía la subsistencia de aquel proyecto empresarial, con el que unos cuantos jóvenes emprendedores pretendían hacerse un hueco en el mundo de lo audiovisual. Su contacto era una reportera novata, que trabajaba allí como meritoria: Ana. Alguna vez había pensado a veces fabricar alguna noticia para poder llamar a Ana y quedar a tomar unos chiquitos y “hablar del tema”. Ana era motivo suficiente para una noticia. Ella lo sabía y su forma de andar y de mirar lo dejaba claro. Cuando le decían que la cosa podía valer y empezaban a fabricar el guión del reportaje aparecía de las oficinas un sobre que acaba en las manos de Julio, pero a veces eso era lo de menos. Se sentía feliz estando en el principio de las historia que luego veía en su apartamento con un bote de cerveza en la mano y con el orgullo de saber que el asombro de media ciudad era posible gracias a que él había dado “ el cante”, como decía ella. Toda la secuencia era emocionante, desde la primera llamada (“ soy Julio, tengo algo que os va a gustar ”), a la cita clandestina en algún garito de la parte vieja ( no siempre en el mismo porque esta ciudad esta llena de fantasmas y de gente que mira de reojo al de la lado ). Ana vivía su relato con la emoción de la primicia. Quería ser periodista y por una historia que contar daba lo que fuera. Soñaba con el día que, detrás de las palabras de Julio o de sus otras “ fuentes”, descubriera la la-historia-de-su-vida. Entonces miraría el mundo desde el lugar que Ana sabía que tenía reservado y , volviéndose a colocarse el pelo inclinando un poco la cabeza , esbozaría la media sonrisa de falsa humildad que tienen los triunfadores y diría : “yo lo supe primero”.



“La policía impide a una mujer dar a luz”

“Los radicales apedrean el coche en que trasladaban a una mujer a punto de dar a luz”

“Pudo nacer en una barricada”

“En la lucha callejera desde le vientre materno”


El reportaje de la televisión local tenía suficiente emoción como para que sirviera al día siguiente a para cubrir muchas de las necesidades que los distintos periódicos , emisoras y televisiones locales tenía.


“La policía impide a una mujer dar a luz”

“Los radicales apedrean el coche en que trasladaban a una mujer a punto de dar a luz”

“Pudo nacer en una barricada”

“En la lucha callejera desde le vientre materno”





Ana volvió a sentir cierta decepción por no haber encontrado otra vez la noticia de su vida. Julio le aseguró que el solo se lo había contado a ella, y para desagraviarla le prometió buscarle alguna entrevista con la madre o con algún familiar cercano. Aprovechando la noche y que nada mas llegar al mundo los humanos no saben todavía acomodarse al horario oficial, con sus días y sus noches, consiguió hablar a las tres de la mañana con una hermana de la recién parida, que por las noches se quedaba a acompañarla . La vio salir sacando el tabaco de un bolso caro y se acercó preguntándole si ella era familia del niño que había salido en todas las noticias. Ella le contestó que no sabía nada de que hubiera salido un niño en las noticias. El le contó todas las noticias que ese día hablaban de una mujer a punto de parir que llegó al hospital en extrañas circunstancias. La tía del recién nacido quedó asombrada. Le dijo que ella iba en le coche con su hermana y que como no podían pasar en el fuego cruzado de manifestantes, policías , banderas y botes de humo contra cócteles molotov, pararon en una gasolinera y unos camioneros les ayudaron a pasar por centro del campo de batalla.



- Eran dos, pero no te puedo decir los nombres ni nada. Uno gordísimo y el otro finito y delgado...es que ni siquiera nos presentamos ni nada. Imagínate.

- Pero sabrás por lo menos qué camión llevaban o qué ponía.

- Ni idea chico... estaba la cosa para fijarse...

- Y tu quieres que te hagan una entrevista en la tele y cuanta la historia.

- ¿ En la tele ?

- Si , es la tele local, la ETV.

- Bueno.



La entrevista nunca llegó a grabarse por que , cuando Julio le contó a Eva la verdad de lo ocurrido, ella frunció el ceño y poniendo cara de fatalidad le dijo que aquello no era noticia.

- Si hubiera sido ayer.

- Pero es que todo lo que ha salido es falso, Ana.

- Ya pero salió primero... y después de eso, lo que me cuentas no tiene gracia ya.

- Pero si fue anteayer.

- Déjalo Julio, esta quemado el tema. Cuéntame eso del cura sidoso.

- Joder Ana, el sobrino del cura, coño...

- Ya empezamos.






Aquella mañana Driver y el Gordo habían llorado de risa con una programa de radio de unos tíos que se ríen de todo el mundo. “Y cuando te da la risa en el camión , ya no te paras, salvo que pares el camión”. El Gordo se lo había dicho. El ritmo del viaje y el peso del camión se meten en el rollo y , dentro de la puta cabina parece que se mete la risa y ya no puedes parar, “ Se ve que coge la inercia o algo”. Una vez en Albacete una tía estaba meando en el arcén y un golpe de aire le quitó la falda y empezó a perseguirla por todo el campo. Gorda como la madre que la parió y con unas bragas que parecían una red de una portería de fútbol atascadas a media pierna y cuando iba a cogerla, otro poco de aire se la quitaba de las manos. Me tuve que parar Driver. Di dos volantazos y casi me salgo en una curva. La puta risa. Se me saltaban las lágrimas y no veía: qué descojono.

Y el Gordo volvía a reír con un gesto en la cara de niño pequeño y con los ojos humedecidos. Que descojone.

- En la ambulancia había pocas risas. Todo el día con el pie a punta de gas escuchando un quejido detrás o el llanto del familiar acompañante. Y lo peor era cuando no oía nada.

- Cómo nada.

- Si, que el enfermo ni muje ni cruje y el familiar lo mira y no dice nada.

- Ya

- Entonces es cuando sabes que la cosa esta fea.







El Gordo tenía un reloj biológico que conectaba su mente cuando elaboraba las rutas con su estomago. Y sin esfuerzo y sin decírselo a nadie, en sus horarios incluía siempre el lugar donde comer. Y donde comer bien. Para el Gordo la vida encontraba su plenitud cuando delante tenía el plato que intuyó pensando los horarios del viaje, soñó cuando sabía que sería a próxima parada y que ahora tenía delante, como una fiesta o como una oración. En ese preciso instante en que veía y olía un buen plato de carne con patatas o judías píntas, humeante , junto a ventana , en el resol de un bar de carretera garantizado con una flota entera de camiones en el aparcamiento. En ese momento el Gordo encontraba la gracia de vivir y las fuerzas para seguir devorando kilómetros por el mundo.



Quedaban un par de cuestas infinitas de esas de autopista, después un túnel y a un par de kilómetros, estaba la razón del buen humor de el Gordo aquella mañana soleada en que atravesaron las laderas verdes , casi con brillo de Cantabria.

- Driver, vas a conocer algo grande.

- Otra vez de putas, no me jodas.

- No coño, te he dicho algo grande. Grande.

- Algo grande... como qué...

-



El Gordo esperó a culminar la penúltima cuesta y después se sonrió como quine ve cerca algo que le gusta. Algo que le gusta mucho.




- Driver,¿ has oído hablar de las fabes?



- ...

- Driver , no me jodas que no has oído hablar de las fabes

- Unas... putas portuguesas... no.

- Joder Driver se te ha recalentao el asiento... baja la persianilla .

-...

- La primera vez fue hace siete u ocho años. Traía arena desde Sevilla y me habían parado en no se cuantos controles. Coño que me iba a poner los putos papeles en a boca ya...Y el Chano, que era un mejicano que estuvo un par de años conmigo y conocía a zona me enseñó el sitio.

-...

- Y ya no se me ha vuelto a olvidar. Ella se llama Amparo y el... no se porque siempre está cocido en un rincón. : son cuatro mesas y solo da un plato.

- Ya te sigo tío, las fabes...

- Algo grande Driver, ya lo verás



En realidad el placer empezaba desde que atravesabas la doble puerta de madera de aquel caserón asturiano. Dentro estabas en otro mundo: el olor, la luz, los colores de los manteles... y a voz cantarina a pesar de la edad de Amparo que guardaba el recuerdo de cada cliente:

- Hombre Don Francisco, ya hacia tiempo que no le veía por aquí.

- Faltan tres meses para el año Amparo, que no creas que no me acuerdo.

- Aquí mismo.

- Aquí esta bien , al lado de la ventana.





Driver descubría cada día el mundo de la carretera , de las caras que se ven de vez en cuando y la cercanía con los que acaban de sentarse al lado y se ponen delante del planto que han soñado los últimos cuatrocientos kilómetros. Le gustaba la dignidad de la gente que trabaja cada día en un paisaje diferente y no han perdido la patria de los que son como ellos, de sus amigos y de sus recuerdos. Cuando el sol te despierta cada día en un sitio distinto del mundo, tu corteza se fortalece y , para sobrevivir aprendes a ser siempre tu mismo, a guardar lo que tienes dentro, lo único que tienes. Driver había sentido el vértigo de no saber exactamente donde estaba al despertarse esa mañana , pero empezaba a sentir la corteza de los que siempre son los mismos. Aprendía cada día las claves de un oficio noble y recordaba en cada cambio de turno la mirada febril y encendida del Viejo, que también en el último viaje supo seguir siendo él mismo. El Gordo se había tumbado a descansar después de unos cuantos platos de fabada y mirando por el retrovisor la cara de aquel hombre vencido por el placer de una digestión pesada como el trailer de transporte internacional que les llevaba, le agradeció en silencio la ocasión de cumplir su propósito. En el silencio la cabina recordó a María y deseó que llegara pronto el día en que pudiera contarle su primera travesía, su estreno como camionero.





Al Gordo le gustaba cortar el silencio de golpe. Después de parar tras su siesta, tomo el relevo y mientras conducía en su turno de pronto dijo:

- Driver, yo tengo un hijo gallego

Nunca habían hablado de sus respectivas familias, ni siquiera de sus respectivas historias. Pero el Gordo necesitaba contarle a alguien que hacía diecisiete años, en su segundo viaje con su padre en un camión de trasporte de ganado, el terminó la tarde de las fiestas del pueblo a donde habían llevado siete vaquillas, enseñándole la hija del alcalde la cabina del camión...y puestos a enseñar , le enseñó mas cosas que la chica no sabía hasta aquella noche y que tenía mucho interés en conocer. Se llamaba Marta y decía que era hippy. Era demasiado joven para ser nada y auque el Gordo se hizo la idea de formar en Galicia una familia cuando su padre le dijo que le daba el camión y no volviera a casa hasta la primera comunión del niño o la niña o lo que fuera, ella no se quiso casar y al Gordo le dijo que ella asumía el embarazo y solo le pedía que fuera a ver a su hijo de vez en cuando. Ahora ella era Delegada de Asuntos Sociales de la Diputación de Orense y el fruto de aquella noche despachaba copas en el garito de moda de pueblo en el que su padre seguía siendo alcalde.



- Joder Gordo, que película.

El relato les había hecho entretenido el trayecto y empezaba a oscurecer.

- Pues tengo ganas de verle.

- ¿Cómo has dicho que se llama.?

- Juan, pero le llaman Yoni.

- Mañana llegamos entonces...

- Si , pero verlo, comer y seguir... no me jodas que vamos justos.

- Tu mandas coño.



Después, un silencio largo y miles de curvas.



- Estaba buena. Ahora esta como una puta cabra.

- La veremos también...

- Qué cojones, si veo al chico más yo. Lo han criao los abuelos.

- Eso me pasó a mi.

Ya era noche cerrada y el Gordo empezó a buscar mentalmente un sitio para dormir. Eso siempre se le olvidaba. Al final encontraban un catre donde dejar el cansancio y algunos kilómetros.
Otros se los llevaban puestos al salir a mañana siguiente.


No hay comentarios:

Publicar un comentario