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miércoles, 19 de enero de 2011

LA MAREJADA






Hoy me apetece escribir sobre marejadas, tormentas y tifones.

Estamos todos ahí, navegando entre dos puertos, intentando gastar el mínimo de combustible, aprovechando las corrientes marinas y los vientos dominantes, rodeados de agua por todas partes.
Y encima de vez en cuando vienen marejadas, tormentas o auténticos tifones.

Cuando la marejada hace temblar nuestra embarcación, lo primero es que te entra un miedo que para qué las prisas. Te mareas cuando nunca te mareas, se te olvida cómo funciona la brújula, confundes el nordeste con el suroeste.
Si la mar se pone brava de veras, tienes una tormenta. Curiosamente empiezas a rezar tu última oración, o tal vez la primera, según y quién.
Pero si lo que se avecina es un tifón, es más que probable que caigas en una situación de pánico, corras hacia el bote salvavidas y te tires por la borda agarrado a una falsa ilusión.

En cualquiera de los tres casos, lo más probable es que hagas lo contrario de lo que deberías.
Es más, acabarás ahogado sí o sí. Los peces se comerán tus ojitos de caramelo y acabarás convertido en plancton, alimento preferido de las ballenas.

Es lo que tiene el miedo, el pánico o el terror. La cagas fijo.

Y encima tenemos escasas oportunidades de aprender.
Tener experiencia supone haber sobrevivido varias veces.
Situación poco probable.
Ante este catastrófico horizonte de navegación resulta más que conveniente tener un plan B.
...
En mi caso, dada mi inexperiencia, mi natural tendencia para meterme en líos, mis dificultades para la transmisión de mensajes nítidos y mi poco aprecio por la vida monótona, suelo acabar agarrado del palo mayor, con la embarcación hundiéndose en la mar océana, y con careto de pardillo.

En resumen: glub, glub.
...

Algunas veces salí airoso. No actué según mi criterio.
Actué pensando como lo hacía mi abuelo.

¿Una ola? De frente, con la quilla de frente, así le abriré las entrañas y no volcaré.

¿Una tempestad? Rumbo suroeste, hacia la bahía de Cochinos. Huele mal pero es segura.

¿Un tifón? Bien, preparémosnos para morir, no hay otra. Hagámoslo con dignidad.
...
A veces, navegando por la vida, me acuerdo de mi abuelo.
Nunca se si moriré ahogado.
Pero imitándole, lucharé con el mentón elevado.

Y eso me tranquiliza, impidiéndome que salte como una rata.

Huyendo de la vida.
...

6 comentarios:

  1. ...si ya veo que el sexante que te han dejado los reyes te dejó muy astrolabico, ...te he dejado un mensaje en casa de lolo ...

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  2. Si hermano, las indirectas son cada vez más directas.
    En plena época del GPS, van y me regalan un sextante.
    En plena época de informática, una regla de cálculo.
    En pleno auge de la ecología, un pajarito de plástico.
    ¡Ya está bien de indirectas!
    Si me queréis decir que estoy anticuado, decírmelo a la cara, ¡leñe! ;))

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  3. Tener experiencia es haber sobrevivido varias veces... me quedo con esto. A fin de cuentas temblar de miedo no es tan grave. Y si viene tifón, que suele ser lo que viene, no es indigno tampoco.

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  4. A mí la marejada me recuerda a esos viejos hombres del tiempo de la tele: Mariano Medina, su hermano Fernando, Eugenio Martín Rubio, ...

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  5. **Lolo, coincido contigo sobre los tifones.
    Ni son indignos, ni improbables, ni raros.
    Es mejor tomarlos como una oportunidad.

    **Modestino, recuerdo lo de "marejadilla en el Estrecho". En la tv era una expresión, en la cara de los marineros un gesto quebrado y en la imaginación de los niños una aventura.

    Yo he tenido la oportunidad de atravesar dos.
    En el primero recordé todas las oraciones que me enseñaron.

    En el segundo, las recé todas a la vez.

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