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domingo, 6 de febrero de 2011

EL ULTIMO CIGARRILLO


En los asilos hay gente mayor.
Algunos me han contado historias.
Unas increíbles, otras no.
Hay una que nunca olvidaré.
...
En un pueblo de Madrid, Guadarrama, un anciano me contó cómo era la vida en las trincheras durante la Guerra Civil.
Me decía que eran jóvenes, menores de veinticinco, que obedecían órdenes y pasaban hambre.
Los abastecimientos no eran regulares, así que tenían que robar comida de donde la hubiese.
El tabaco, escaso y muy apreciado.
...
Me narró que durante el día disparaban sobre las posiciones enemigas.
Pim, pam.
Y por la noche, si a ningún mando se le ocurría una feliz idea, descansaban de las interminables caminatas.
Sólo los mandos disponían de tabaco. La tropa fumaba hojas de maiz.
...
De vez en cuando, a espaldas de los mandos, la noche se convertía en aliada de la tropa.
Y por muy raro que parezca, durante la noche, los mismos soldados que se ametrallaban mutuamente de día, intercambiaban productos.
...
Un conejo por un cartón de Chéster.
Dos paquetes de Lucky por una paloma.
Una carta para la madre por una carta para el hermano.
...
Sabían que al día siguiente podían morir.

Así que los cigarrillos nocturnos les sabían a gloria.
Acurrucados, bajo un pino. De dos en dos, para darse calor.Fumando de lado.
Ocultando la brasa con la mano.
Conversaciones monosílabas.
Bajo un cielo estrellado.
...
Fumándose la eternidad.
...
De una calada.

4 comentarios:

  1. La Guerra... Entre "hermanos". Ojalá ese cigarrillo compartido se hubiera convertido al día siguiente en LA PIPA DE LA PAZ.

    Precioso y real, Driver.

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  2. "Jóvenes pobres matan a jóvenes pobres mientras cuentan sus ganancias viejos ricos..."

    Gracias por compartir esta vieja historia con nosotras...

    Ojalá se hubiera convertido en Pipa de la Paz...

    Bicos, Driver

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  3. ...hey hermano ¡que recuerdos! de la cajetilla de celtas, quedaba el último pitillo, y compartíamos, uno el pitillo, y otro la cajetilla.

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  4. Sunsi: me parecería obligatorio que se contaran historias de la guerra en el colegio.
    Que se aprendiera a valorar la paz.
    No ha enseñarla como un cuento bonito de palomas y arcos iris de colores.
    Creo firmemente en la capacidad de los jóvenes para consolidar los conceptos intemporales a través de cuentos sugerentes, sin moralejas explícitas.
    Mi lema sería: "Si lo pueden imaginar, lo pueden creer".

    Dolores, sé que eres ingeniera, y que como tal manejas la estadística con caracter analítico.
    Estaría bien contar a los más jovenes, que las guerras de religión son las que más muertes han causado en la historia de la humanidad.
    Y deberían saber que el motivo es que una explicación global del mundo es capaz de arrastrar a miles de voluntades.
    Por lo cual es conveninte relativizar los movimientos sociales que globalizan la concepción del mundo alrededor de una sola cosa.
    ¿Estadística? Sí, estadística.

    Hermano: nunca comprendí el motivo por el que a mí siempre me tocaba fumarme la cajetilla, y a tí el último cigarrillo.
    Un día de estos hablaremos despacio del tema.
    Cara a cara.

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