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lunes, 11 de abril de 2011

CAMINO AL INFIERNO, y II.




El prófugo le arrancó de un manotazo al niño, un flotador con el que jugaba.
"¡Devuelva usted eso, es propiedad de la compañía!", - le gritó mi abuelo-.

"¡Lo siento, lo necesito!, ¡No sé nadar!"
Le pregunté a mi abuelo quién era ese hombre.
"Un loco, un enamorado, o seguramente, ambas cosas".
Le pregunté a mi abuelo que porqué la gente que se quiere no puede estar junta.
"No lo sé".
Ya puestos le pregunté a mi abuelo que porqué nunca conocí a mi abuela.
Ya no me respondió.
Me lanzó una zapatilla, abrió una botella de ron y me dijo que me acercara a la bocana del puerto y viera lo que pasaba.
...

El Princesa había zarpado. El prófugo saltó al mar y braceaba aferrado al flotador de la compañía.
Directo a la muerte.

...
Volví y se lo conté al abuelo.
Estaba sentado con los pies sobre la mesa, leía con mucha rapidez un manual de la compañía. La botella estaba medio llena o medio vacía. Depende.
...

Dejé al abuelo leer y beber en silencio.
Empezó a canturrear una de marineros.
"Y si vuelves, hoy mi amooor, si te vuelvo a encontraaaar, sería capaz de bebeeerme toooodo el maaaar".

Entonces, por primera vez en su vida, mi abuelo me habló como si yo fuera un hombre mayor.

Elevó su dedo índice, y fue dibujando cada una de las letras que me dijo, en el aire. Sin dejar de beber ni un solo momento.

"Mira chaval, hay una razón por la que nunca conociste a tu abuela, y es que cuando yo era como el señor sucio que está ahora persiguiendo al Princesa, no se tropezó a uno como yo. Esa es la verdad, hijo".

Me miró a los ojos y como pagando una deuda con el destino me dijo:

"Saca el cajón de banderas y vente al mástil del acantilado".

Arrastré como pude el cajón de banderas y fui al mástil del acantilado.

"Voy a parar el Princesa".

"Dame las banderas en el orden que yo te diga".

Ahora mi abuelo no era mi abuelo.
Ahora era un marino de veinte años.
Izaba e izaba. Una bandera tras otra. Una y otra vez. Y se reía. Mi condenado abuelo se reía.
Se reía , tomaba ron e izaba las banderas, todo a la vez.

...

Al rato, el Princesa recogió trapo.
El puntito blanco a una milla del velero, era el prófugo batallando una ola, y el viejo que estaba en el suelo riendo es un gigante.

"Le pregunté que qué había hecho".

"Mentir, hijo, mentir"

"¿Mentir, abuelo?"

"Si, chico. Esta vida es una completa sucesión de mentiras. Una más no creo que se note. Ya has escuchado a ese loco a punto de matarse. Entre el diablo y el infierno, es mejor el camino del infierno"

"¿Qué mensaje mandaste al Princesa?".

Mi abuelo se incorporó con cierta dificultad, se apoyó en el mástil, y antes de caer redondo tras consumir tres botellas de ron en media hora, me lo dijo.

"Urgente. Desembarquen a la pasajera de nombre Ana. Tiene tifus."
...

Corrí como una bala a la bocana.
Vi como desembarcaban en una chalupa a una pasajera desde el Princesa.
La misma barca recogió al prófugo, que agarrado a mi flotador, langidecía.

Tras media hora de remo los dejaron a ambos en la playa.
La chalupa volvió al Princesa.
Soltaron trapo y se fueron al Viejo Continente.

Vi como el hombre y la mujer salían corriendo.
En dirección contraria a la ciudad.
Hacia el oeste.
El hombre cojeaba.
...

Volví a la ciudad.
Mi abuelo estaba durmiendo la borrachera.
Así que me fui a casa, jugando a que mi pierna izquierda cojeaba, ...y empecé a canturrear: "Y si vuelves, hoy mi amooor, si te vuelvo a encontraaaar, sería capaz de bebeeerme toooodo el maaaar".
...

Aquel día que mi abuelo me habló por primera vez como un hombre, aprendí algo importante.

"Es mejor el camino del infierno.

Al fin y al cabo...

Allí somos más."



...

5 comentarios:

  1. Me gustan las historias de abuelos y nietos. Esta acaba bien... Bendita mentira la del abuelo, camarada.

    "Y si vuelves, hoy mi amooor, si te vuelvo a encontraaaar, sería capaz de bebeeerme toooodo el maaaar".

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  2. Sunsetta, si te gustan mucho las historias de abuelos y nietos, te aconsejo que mañana mismo te compres "La sonrisa etrusca", de Jose Luis Sampedro.
    Una historia de un abuelo rural, que vive sus últimos días en un apartamento en Milán, con un matrimonio joven y estresado.
    Y decide enseñarle a su nieto todo lo bueno que la vida tiene.
    Una novela imprescindible en una biblioteca mediterránea.
    Actual y eterna a un tiempo.
    ¡Ah!, y con una historia de amor sorprendente.

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  3. Ya se que no tiene nada que ver con el tema, pero te dejo un enlace. Espero haber acertado.
    http://www.youtube.com/watch?v=HIQvEsib8Lw

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  4. Has acertado Paul.
    Mi pasado me persigue allá donde vaya.
    ...
    Puedes haber inventado el autogiro (La Cierva), haber construído el primer submarino del mundo (Peral), modernizado el estado (Conde de Floridablanca), cantar como los ángeles (Mari Trini), ganar el triatlon en las Olimpiadas (Peñalver), ser el mejor defensa del Real Madrid (Camacho) o haber tenido el arrojo de armar a un ejército y enfrentarte al ejército del estado para independizarte (Guerra de Cantón de Cartagena).
    Incluso pudes ser un novelista famoso y respetado académico (Pérez Reverte).
    ...
    Pero cuando estás delante de una Estrella de Levante, en la Torre de la Horadada, un quince de agosto, a cuarenta y dos grados centígrados, con la suegra y las cuñadas en bikini...

    Eres un simple murciano más.
    ...
    Me he reído con el video.
    Y me has recordado lo que básicamente soy.
    Mediterráneo y bebedor de estrellas.
    ...
    Gracias Paul.

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