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martes, 19 de abril de 2011

EL PARTIDO DE DOBLES





Cuando voy a una iglesia me gusta mirar y escuchar.
Si alzas tu cogote hacia las cúpulas los ves.

Un ángel, un león, un toro y un águila.
Son las imágenes potentes con las que nuestros ancestros representaban a los evangelistas.

Mateo, un ángel, porque su evangelio empieza con una lista de los antepasados de Jesús.
Marcos, el león. Su evangelio comienza con la predicación de Juan Bautista en el desierto.
Lucas, el toro. Comienza con el sacrificio que Zacarías está ofreciendo en el Templo.
Juan, mi favorito, un águila. Un ave capaz de volar muy alto, como el lenguaje elevado que utiliza.
...
Pero los evangelios nunca nos han contado lo del partido de dobles.
Hoy puede ser un buen día para hacerlo.
...

Hubo una vez, en la antigua antigüedad, que al señor Dios se le ocurrió organizar un partido de tenis entre los Cuatro Evangelistas.

Su equipamiento deportivo era un poco arcaico, pero el ardor que desarrollaron los jugadores en el torneo era lo suficientemente apasionado para que los detalles no fueran significativos.

Allí habían ido a jugar. Y eso era lo importante.

Los Evangelistas se dejaron la piel en la pista de tierra batida.
Restaban con gran potencia. Los saques, espectaculares. Las dejadas, de premio.
Las remontadas, memorables.

El público observó el torneo con suma atención. Ya no se trataba de ganar. La cuestión era hacerlo bonito. Y allí estaban los cuatro, compitiendo para triunfar.
Esforzándose para jugar cada versículo de forma más potente, más divina.

Cuando el torneo acabó, se escribieron crónicas deportivas. Unas se conservan todavía en los Libros Sagrados. Otras se transmitieron oralmente de generación en generación.

Y ahí voy.

Llevo tiempo observando el fenómeno.
Hay veces que estoy en misa, el sacerdote desarrolla su homilía y yo me acurruco entre los bancos de madera de pino.

Mi hija pequeña, la Sarita, se ríe al ver a un adulto asustado.

"¿Papá, por qué te escondes entre los bancos?"

Y yo le digo la verdad a mi hija.

"Observa al sacerdote, hija. Coge el Evangelio de San Juan, lo eleva sobre su cabeza, describe una armoniosa parábola, y ¡zasss!, le pega un raquetazo de tal calibre, que la bola sale despedida a la velocidad de la luz".

"¿Qué peligro hay papá?"

"Esas bolas hija van tan rápidas, porque se pensaron en su día para atravesarte"

"¿Atravesarte?"

"Sí hija, atravesarte el corazón".
...

Cuando voy a una iglesia me gusta mirar y escuchar.
Si alzas tu cogote hacia las cúpulas lo ves.
Un ángel, un león, un toro y un águila.

Los cuatro jugadores de tenis mejores de la historia.

Divinos.


...

7 comentarios:

  1. Cáspitas... cuidado con esas balas directas al corazón. Suelen dejar huellas indelebles.

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  2. Driver... lo que tú no inventes es que no se puede inventar. Me imagino a los cuatro evangelistas jugando a tenis... y a los parroquianos pasando del Pater que celebra y girando la cabeza de forma rítmica. Las pelotas se escapan a propósito y uno de ellos te dice. "Ahora juega tú. Respeta las reglas"

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  3. Jesús!!!!
    Nunca pensé que los evangelistas supieran tanto de tenis!.
    Y quienes son los jueces?
    Esta semana me acordaré de tí, cuando me siente en el banco de la iglesia y alce mi cogote para contemplar el mejor de los partidos de dobles.
    Un bico brother

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  4. Gracias.
    Me voy a mi pueblo, a ver las procesiones y a participar.
    Y si llueve, que va a ser que sí, les enseñaré a mis hijas los secretos de la catedral.
    Aquellos que me enseñó mi abuelo.
    Escondidos entre piedras, lecturas y esquinas de una ciudad barroca.
    Donde el azahar forma parte del olor de tus recuerdos más queridos.

    Aquellos que te sirven para construir tu futuro.

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  5. Ve hermano, vete tránquilo, guardo el Ferrari... si llueve, no lo descapoto.

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  6. Broder... estás bien????????? o es que te perdiste en el pueblo entre tanta piedra y olor a azahar??

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  7. Acabo de aterrizar.

    Venía volando.

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