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miércoles, 13 de abril de 2011

LA COLA DEL CABALLO I.





"En el pueblo asturiano donde veraneábamos La Cola del Caballo era el final del farallón donde todas las noches nos reuníamos. Oscuridad, viento, cigarrillos y de vez en cuando un beso; el lugar apartado y misterioso ejercía en nosotros una extraña atracción.

Se contaba que los habitantes de la villa habían sido raqueros, mala gente que en tiempos pasados y en los temporales, tan frecuentes en la zona en otoño e invierno, atraían con luces atadas a los cuernos de vacas a los barcos que navegaban por la costa.
Creyendo que las luces eran el cercano faro de San Andrés se dirigían los barcos confiados a la Cola del Caballo donde chocaban con las rocas, se rompían los cascos y durante horas abrían al mar sus tesoros y las vidas de los pobres marineros o viajeros que morían ahogados en su mayoría.
Los habitantes del pueblo, pobres como las ratas, recogían las mercancías y se deshacían en su caso de los pocos supervivientes antes que las autoridades pudieran darse cuenta. Así durante años el pueblo vivió de los raqueros y el contrabando.

...

En aquella población costera, durante los veranos de la transición, se formó una pandilla. Los fijos, cinco chicos y seis chicas. Los añadidos, cualquier piratilla que estuviera de paso.

Teníamos esa edad donde la aventura se vestía con un bañador y unas gafas de bucear. Por la mañana éramos los reyes de la costa. Por la tarde, soberanos de la bicicleta. Durante las noches estivales, astrónomos de las emociones.

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Con veinte años el mundo era una tierra virgen, cuyo centro de gravedad se situaba en La Cola del Caballo. Aquella formación rocosa ejercía una poderosa atracción sobre nuestras almas.

La naturaleza humana es así. En las mismas coordenadas geográficas donde nuestros bisabuelos abrían en canal a los supervivientes de los naufragios, nosotros hicimos un descubrimiento que cambiaría nuestras vidas. Para siempre.

...

Todas y cada una de las mañanas nos reuníamos en la formación rocosa. Unos doscientos cincuenta metros de rocas sedimentarias se adentraban en la Mar Océana. Con una profundidad de medio metro, podías andar a través de ellas y adentrarte en la aventura.

Una vez situados en el borde de la formación, nos poníamos las gafas de buceo y nos arrojábamos en brazos de Neptuno.

¡Plas! Azul verdoso.
¡Plam! Sal en estado puro.
¡Esplás! Frescor marino.

Teníais que vernos.
Juan Carlos. Ochenta kilos de músculo y 100 gramos de cerebro. Plas, plum.
Almudena. Un saco de hormonas a punto de reventar. Plum, plas.
Javier. Atacado por la locura de las nuevas tecnologías. Esplás, plasssss.
Rosa. La Diosa Minerva en bikini rojo radiante. Plumm, cataplumpasss.
Diego. Un trovador mediterráneo.Fiuuu. Floshps.
Maria. Una hija buscando un padre en el fondo de la bahía. Tras, tras, tras, flopsssh.
Jaime. Un noble medieval nacido en el siglo XX.Pummmba.


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2 comentarios:

  1. Plum Fiuuu flopsssh, Esplás cataplumpasss...

    Hermano me he dado cuenta con estas bellas palabras.
    Lo tuyo es el Bable, sigue "com" ello,
    Cola Caballo te espera. Recuerda tu sabio consejo: trátala con cuidado, respeto y ese ...mero. Educadamente.

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  2. Plum Fiuuu flopsssh, Esplás cataplumpasss...

    Perdona hermano que te conteste breve y escueto, pero es difícil nadar y guardar la ropa.

    Plum Fiuuu flopsssh, Esplás cataplumpasss...

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