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miércoles, 13 de abril de 2011

LA COLA DEL CABALLO y II






Así y todo, una veintena de adolescentes, atolondrados, inconscientes.
Enamorados de unas rocas.
...
El ciclo era simple.
Arrancabas la mañana caminando por la Cola del Caballo.
Ibas a tu ritmo.
Un cuarto de hora haciendo equilibrios sobre la piedra horadada.
Una zambullida.
Rato de buceo.
Nadar a la playa.
Y vuelta a empezar.

...

Cada uno llevaba una cadencia.
Los había que disfrutaban más caminando despacio sobre las rocas.
Observando a los cangrejos que hacían topp-less.
Otros se congratulaban con el momento previo al salto, en el borde de la rompiente.
Que si salto, que si no salto, que si el viento, que si la luz. Una duda más que razonable.

Yo era de los que iban directamente al mar. Sin preámbulos.
Cada vez que me tiraba era diferente.

La luz se dispersa a través del espejo ondulante de las olas.
Se abre, en radiante reflexión.
Lucha por ganar profundidad, y cuando lo consigue, rebota en un coral rojo.

Los conceptos arriba y abajo eran relativos.
Podías volar sobre las praderas de algas.
Invertirte en torbellino humano.

Girar, hacer giñadas laterales, retroceder sobre tu propio torbellino, trazar parábolas con las corrientes.

Algunos días respirábamos a través de unas agallas invisibles.

Éramos peces de colores.

...
Siempre lo recordaré.
Cuerpos adolescentes, abrasados por el Poniente, envidia de los Dioses del Olimpo.
Esculpidos en arcilla.
Erguidos frente al mar.
Rotundos.

...y una noche de luna llena fuimos a la Cola del Caballo.
Estábamos todos. Chicos y chicas.
Lo que sucedió a continuación será difícil de escribir.

A día de hoy no tengo claro si sucedió o fue un sueño. Tras treinta años, todavía tengo dudas sobre lo ocurrido. Suceden cosas imposibles de olvidar. Imposibles.

...

Esa noche Marte besaba dulcemente a la Luna. Nos encontramos en la playa.
Había la suficiente luz como para no tropezarse, y la necesaria como para vencer la vergüenza.

Poco a poco, como engatusados por la luz del satélite, nos dirigimos a las rocas.

De tanto jugar con la Cola del Caballo, nos la habíamos aprendido de memoria.
Cada recodo en las meninges.
Cada promontorio en las venas.

Los fondos marinos grabados a fuego en el corazón.
El alma libre.

Seis horas.
Estuvimos seis horas haciendo el recorrido.
Sin hablar.

Nuestros pies rasgaban la superficie del sedimento.
Nuestros brazos avanzaban, aleteando por las profundidades.
Las almas, volaban sobre las algas.
Nuestro corazón era un motor turboalimentado de luz nocturna.
...
Cuantas más vueltas dábamos, más nos gustaba.
...

A punto de amanecer nos pareció ver unas extrañas sombras que nos acompañaban.
Hacían los mismo que nosotros.
Paseo por las rocas, zambullida, buceo, natación y vuelta a la playa.

Eran los espectros de los naufragos asesinados por nuestros bisabuelos.
Veían como nos divertíamos y se unieron a la fiesta.
Así de simple.

En ningún momento sentimos miedo por su presencia.
El destino les deparó un cruel final, y viendo la oportunidad de resarcirse con la vida, se unieron a nosotros.

Rocas, zambullida, buceo, natación y playa.

...

Han pasado treinta años de aquello.
Nuestros destinos tomaron caminos diferentes.

Juan Carlos trabaja de vigilante de seguridad. Escribe poesía.
Almudena tiene seis hijos. Lee con ellos La Odisea. Cada verano.
Javier tiene una empresa de informática. Diseña juegos educativos.
Rosa trabaja en una Caja de Ahorros. Remueve los fondos de inversión con la misma agilidad con la que nadaba con su bikini rojo.
Diego construye colegios y regala cuentos.
María no encontró a su padre, pero fue capaz de encontrase a sí misma.
Jaime es historiador. Trata de usted a la Edad Media....

Todos y cada uno de aquellos jóvenes valerosos han sido víctimas de naufragios, han llorado, parido niños con ojos azules y reído.

Pero lo que nunca olvidarán es que una noche bailaron al son de la eternidad, acompañados de sombras de marinos pasados a cuchillo por sus bisabuelos.

Allí donde la libertad se respiraba a través de unas agallas invisibles.
En la Cola del Caballo.
Donde aprendimos que la vida es bella.

Buceando en la eternidad.


...

5 comentarios:

  1. Chulísimo... Directo al alma. Aún estoy empapada y la casa huele a salitre.

    Y he rememorado esos chapuzones cuando ya caía el sol y asomaba la luna. Y paseos por la larga con el agua iluminada por la luna llena...Momentos de confidencias, de ternura, con la brisa meciendo el corazón.

    Qué bonito, colega.

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  2. Driver en parrilla de salida13 de abril de 2011, 15:29

    ¡Ahy, hermana!
    Y yo aquí, en la meseta esteparia, viéndomelas con el Lorenzo, que cómo aprieta el Lorenzo.
    Menos mal que el sábado tengo aquí al Ejército Gallego de Liberación.
    Ná menos que la Leles en carnes presentes, el maríolaleles, la primalalaeles y el maríolaprimalaleles.

    Ya tengo La Ferrari preparada, acicalada, abrillantada, avituallada.

    Será memorable.

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  3. jajajaja....
    Primero... vosotros, mozalguetes con ganas de estar todo el día en el agua... ¿qué leches hacíais a las tantas de la mañana en la playa?????
    Segundo... soy una miedicas, así que no veas el medioacojone que me entró al veros bailando con sombras abiertas en canal por vuestros antepasados... (menos mal que no eran rencorosas)
    Tercero... si en esa meseta esteparia a la que voy este sábado hace calor... me llevaré el pantalón vaquero, una camiseta y unas sandalias de verano (aunque en los orenses no veas lo que estamos sudando!)
    Cuarto... prepárete que voy!!!!!!!!! y llevo acompañamiento... jajaja (¿te gusta el licor café??

    Por cierto Sunsi... te podías bajar hasta los madriles (que igual te queda de paso), yo te invito a comer en casa del broder (total, donde caben doooos... caben treeees... jajajaja)

    Bicos

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  4. Primero..., en nuestra época (allá por el Pleistoceno), a la chiquillería se le daba suelta por la mañana, y volvíamos a casa a comer, a merendar y a dormir.
    Asilvestrados salimos pues.

    Segundo..., no me creo lo de tu miedo, pues fuisteis los gallegos quienes investasteis la meigas, la Santa Compaña, e incluso a Fraga en bañador.

    Tercero..., echaros una "rebequiña", que por la noche refesca.

    Caurto...Sed bienvenidos a los madriles.

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  5. Con tu permiso, Driver... No sabes tú lo de paso que me viene, lereles...jajajajaaaaa. Y las ganas que tengo de volver a Madrizzzz. Le he prometido al broder senior que iremos, pero el próximo finde hay diáspora en casa. Dos a Huesca, una a Sevilla, y la menda con un par que se tienen que quedar en Tarraco.

    Qué penita. Lo pasaréis fenomenal. Los Drivers son los mejores anfitriones (empate con Sarracena), divertidos, buena gente y todo lo que quieras imaginar.

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