Buscar este blog

miércoles, 25 de mayo de 2011

GORRIONES EN MADRID




Madrid es una ciudad repleta de gorriones.
Tienen una vida corta pero intensa.

Los hay que saben lo que se hacen, anidan en el Círculo de Bellas Artes.
Otros acostumbran a posarse en las casetas de venta de libros viejos en la Cuesta de Moyano.

Pero los que más me gustan son los que suelen acudir, muy temprano, a la terminal internacional del aeropuerto de Barajas. La T-4.
Aquello es territorio comanche para ellos, pues las autoridades disponen de halcones para dispersar a las aves.
Los gorriones, como saben que los halcones sólo trabajan de día, se acercan con las estrellas, para ver al gran pájaro argentino.

Ciento sesenta toneladas azules con forma de Boeing 747 de Aerolíneas Argentinas.
Cada día, a las cinco horas solares, toma tierra.

Sus turbulencias dibujan caracolas en el borde de sus alas. Magia aerodinámica. Mecánica de fluidos divinos.

Tras aeronavegar toda la noche sobre la gran mar océana, se posan en Madrid.
El pájaro azul.
De sus entrañas surge una avalancha de buscavidas, que otean en el horizonte una señal de esperanza.

Y lo primero que ven al llegar a mi pueblo es un gorrión.

Y entonces, sólo entonces, cuando comprenden que la pequeña ave está allí para darles la bienvenida, al sentir que el gorrión se la está jugando con un par, pues el halcón puede despertar en cualquier momento, cuando ven al pájaro insignificante gozar de su libertad...

Se tranquilizan.
...

Empiezan a sentirse ciudadanos de Madrid.
Gorriones libres.

4 comentarios:

  1. Ya me gustaría a mí estar volando ahora por ahí...
    pero bueno, siempre nos quedan tus relatos para liberarnos un poco.
    saludos,

    ResponderEliminar
  2. Cómo me gustan los gorriones. Has tocado mi punto flaco.
    Hay gente que piensa que a los gorriones no les gustamos los humanos, porque piensan que nos tienen miedo. Qué equivocados, donde no hay gente, no hay gorriones.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Driver, cuentista26 de mayo de 2011, 9:44

    Sean bienvenidos, señores y señoras.
    En este rincón podrán hablar conmigo, encargar cuentos personalizados aunque no me conozcan personalmente, para ustedes o para esa persona a la que quieren.
    Tal sólo pido que la persona destinataria del cuento responda una pregunta:
    "¿Qué es lo que más le gusta de todo lo que le gusta"?"
    ...
    Y no esperen la respuesta de Diego, un padre de familia con dos hijas, dos hipotecas, trabajador de la construcción, 50 años y deudor de 50 millones de las antiguas pesetas.
    Ese señor, que soy yo, trabaja como un animal y cae exausto al final del día, pues decidió formar una familia en un pais desordenado.

    El que les escribirá será Driver, mi alter ego, un camionero analfabeto, bestia, iletrado, cuya afición es mirar por la ventanilla mientras conduce.

    Un ser muy simple, que se siente bien hablando con los niños y con los ancianos.

    Él puede regalarles cuentos para una abuelita que no sabe leer, para gente con el alma o el cuerpo herido, para los que han perdido la fe, para los que están profundamente cansados, para los que han pensado alguna vez levantarse la tapa de los sesos o para los que tienen el corazón agarrotado por una avalancha de sangre.

    Driver está en la carretera, en la calle, en los caminos sin destino.

    Una vez las pasó bien putas, se jugó el alma en una partida de póker con Dios y con el diablo.
    Y perdió.

    Su destino, su condena, la pena que le impuso El Creador fue regalar cuentos a gente desconocida.

    Así que ya sabes.

    Si quieres ayudarle a salir del infierno, encárgale un cuento.

    En el fondo, le harás un favor al camionero.

    Y es posible, que de carambola, te hagas un favor a tí o a esa persona que amas.
    ...
    Siempre de forma gratuita.
    La única de las maneras posibles para que la magia blanca surja.
    ...
    Merece la pena intentarlo, porque...
    No vas a perder nada.

    ResponderEliminar
  4. Leles también fue gorrión26 de mayo de 2011, 14:54

    Me gusta leer al camionero que hace magia blanca. A ése que observa desde lo alto de la cabina de su camión. Al que ve la vida pasar a la velocidad de su cascado cuentakilómetros.
    Al amigo de los gorriones.
    Pero también admiro al padre de familia con dos hipotecas que se pasa la vida currando en la construcción para devolverle con creces al banco X, la nada menospreciable cantidad de cincuenta millones de las antiguas pesetas. Al que duerme con la reeina de la casa y que, por las noches, se transforma en un intrépido driver para hacernos mejores los días.
    A los dos les debo mucho.
    Los dos, uno con su camión y el otro con su ferrari, tienen un hueco en mi casa.

    Lo de los gorriones me lo había contado uno de ellos. Ahora me lo acaba de contar el otro.

    ResponderEliminar