Buscar este blog

lunes, 13 de junio de 2011

EL CONDUCTOR ( I ).



Lo cierto es que tengo un par de recuerdos que me obsesionan.
En las madrugadas de verano, cuando faltan un par de horas para que salga el Sol, vuelven unos recuerdos que me atormentan de forma atroz.
...
Uno es éste.

Cuando tenía 19 años, una amiga estrenó carnet de conducir, sus padres le dejaron el coche y nos fuimos con ella a la urbanización de Campoamor, en Alicante.
La chica era novata y conducía con extremada prudencia.
En la urbanización estaba marcada la velocidad máxima de treinta por hora; la conductora iba a veinte. Casi que se le calaba el coche.

Era verano, las familias paseaban a media tarde, y el sol retumbaba como un tambor en la piel de la cenista mediterránea.

Y de pronto ocurrió. Un niño de apenas tres años se le escapó de la mano a la madre y salió corriendo hacia el morro del coche. La conductora lo atropelló sin querer, y cuando se dio cuenta de lo ocurrido se quedó petrificada con las manos soldadas al volante.

Salimos aterrados y tras tirarnos de bruces al asfalto lo vimos.
Estaba debajo del coche, con una gran brecha en la cabeza.

El padre metió la cabeza en el asiento del conductor, echó el freno de mano y se tiró debajo del coche.

Mi amiga gemía con gritos histéricas. Los padres se metieron con el niño sangrando en el asiento posterior del coche.

Yo tuve que golpear a la conductora, y por la fuerza alejarla del coche, dejándola tirada en un césped tranquilizador.

Me giré, ví la situación y sin pensar ocupé el asiento del conductor.

Y entonces ocurrió algo que tengo presente todos y cada uno de los días que el Señor me ha regalado.

Apareció un hombre alto y maduro, abrió la portezuela del conductor y me gritó:

"¡Chico, pásate al asiento de al lado, déjame a mí, soy profesional!".
...
Desde la urbanizació de Campoamor hasta el hospital de Los Arcos en La Ribera, hay unos veinticinco kilómetros.

Este Señor los recorrió en menos de diez minutos.

Estuvo casi todo el tiempo por el carril de la izquierda, usando los arcenes, a punto de provocar un accidente. Pero no.
No hubo más que velocidad punta rozando los límites.

Si miraba para atrás veía la cabeza ensangrentada del niño, que afortunadamente lloraba.
Al mirar hacia delante, las dos rayas blancas de la carretera se acercaban y alejaban de una manera peligrosa, casi suicida.

Tan sólo tuve dos ocasiones de mirar de soslayo al conductor.

Iba con la boca abierta, aspirando aire como un obseso. Sus ojos bailaban entre los espejos retrovisores y la carretera. Y sus manos eran las de un director de orquesta, dirigiendo a mil músicos a la vez.
...

Llegamos al hospital, descargamos al niño, y tras una hora de angustiosa espera salió una enfermera y nos dijo: "El niño está fuera de peligro. Perdió mucha sangre pero el traerlo rápido le ha salvado la vida".

Me arrastré hasta un banco y me senté, pues la tensión me había aflojado las piernas.
...
Y le ví, estaba allí, en el jardín del Hospital los Arcos.
Era el conductor.
Sostenía un cigarrillo entre unas manos temblorosas.
Como si toda la concentración de la carrera le hubiera pasado una alta factura.

Su figura se recortaba frente a un atardecer naranja.

Me hubiera gustado hablar despacio con él. Pero me temo que ni yo estaba en condiciones de preguntar ni él de responder.

Así que me limité a sentarme a su lado.
...






Llevó treinta y un años, cuatro meses, seis día y once horas sentado a su lado.
Esperando que se nos pase el susto para tener una conversación de hombre a hombre.
...

No se si iré al cielo o al infierno.
Pero sea donde sea que el destino me lleve, tengo claro que seguiré buscando entre las gentes a ese hombre.
El único que me puede responder las preguntas que hacen que me despierte con un pálpito en el alma.

El conductor.

...
Si alguien lo conoce, agradecería que me lo presentara.
...

Cada vez que mi alma arde, me acuerdo de él.
Y siento que la existencia es pura velocidad.

Rozando los límites.



.

4 comentarios:

  1. Que magnífica anécdota, suceso, relato...?. A veces aparecen personas no se sabe de donde que son como ángeles salvadores.

    ResponderEliminar
  2. Pues debe de ser el mismo que llevó a mi hermano con la cabeza sangrando al hospital en un camión de bombonas. Nunca lo volví a ver, pero le estaré eternamente agradecida.
    Si miras al cielo seguro que te guiña un ojo.

    ResponderEliminar
  3. Tu sabes, Mc.- D, tú sabes .....

    ResponderEliminar
  4. MODESTINO: en este caso se trata de un suceso real; me marcó con la misma rotundidad con la que se marca a un becerro. Al fuego.

    LELES: ¿Ya está buena? Me alegro madonna.

    SARRACENA:
    Lo sé perfectamente.
    No hace falta decirlo.
    Con saberlo, es suficiente.

    ResponderEliminar