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sábado, 4 de junio de 2011

EL MEDICO





PLAN A SEGUIR


El inicio de tu existencia fue una historia de lagos, pescadores y flores en una ciudad donde no habían lagos, ni pescadores.
Las flores en cambio estaban en todas partes.

Esta es la historia.

En aquel país imaginario existía un gran lago, en sus orillas unos pueblos blancos y en el centro del agua, emergía un islote.

Aquellos parajes, habitados por honrados pescadores, eran bañados por la luz tenue del mediodía y mecidos por brisas caprichosas.

La población se dedicaba a la pesca y a la agricultura. La afición más extendida en toda la comarca era el cultivo de las flores. Todo el mundo tenía un jardín. Los vecinos se enorgullecían de sus retoños y competían entre ellos para obtener las flores más vistosas y de colores más singulares.

Con el tiempo, la fertilidad de la tierra y el buen clima, aquella comarca parecía un vergel. El conjunto de campos, praderas y colinas se iba alfombrando de todo tipo de flores y de colores.

Bueno, a decir verdad, no todo era un vergel.

Aquel inóspito islote emergía en el centro del lago, con un triste y desolador aspecto.

Un buen día, la asociación comarcal de pescadores tomó la decisión de intentar embellecer aquel paraje. Nadie antes lo había intentado, y al fin y al cabo eran ellos los que más cerca estaban del islote en su trabajo diario.

Durante años, los pescadores se acercaron con sus barcas, aparejos de escalada y utillaje de jardinería al islote. Los resultados de aquella singladura fueron descorcentantes. Las semillas, se las comían los pájaros. Las pocas especies que lograban florecer, no eran tan fuertes como para poder resistir la fuerza del viento. El terreno no disponía de nutrientes suficientes.

Aquellas primeras dificultades, fueron tan determinantes que los pescadores decidieron desistir de su empeño durante una buena temporada; concentrando su atención en labores científicas de investigación, a nivel teórico al principio, y más tarde a nivel de laboratorio.

Fueron años difíciles, de estudio e investigación, en los que se abrían muchas puertas, otras simplemente se entornaban y algunas se cerraban de golpe.

Las conclusiones de aquellos estudios lejos se encontraban de alguna verdad absoluta. Se escribieron muchas tesis, pero ahora se trataba de ponerlas en práctica.

Surgió una nueva generación de pescadores .

Eran especiales, y te voy a explicar el porqué. Tenían que ser buenos navegantes, el lago se embravecía con frecuencia. Buena complexión atlética, los escarpados riscos del islote así lo exigía. Excelentes horticultores, la dificultad del terreno lo hacía imprescindible. Y sobre todo, y aquí viene lo más difícil, hombres de fé, ya que su trabajo tenía tal repercusión en la vida de la población, que en cada intento se dejaban un trozo de su corazón.

Al fin y al cabo sólo eran pescadores.

Aquella mañana de agosto, nuestro pescador salía a trabajar. Tomó su barca, las semillas y su instrumental. Nada más amanecer, la estela de su barca rompió la tranquilidad aparente de la superficie del lago. Tras un buen rato de navegación se encontró de nuevo con las rocas, en el acantilado del islote.

No era nada sencilla la operación de desembarco. El movimiento de las olas provocó la pérdida de las primeras semillas. Al saltar a tierra, nuestro pescador recibió un fuerte impacto en el tobillo. Se levantó una fuerte brisa y bajó la temperatura.
Aquellas no eran las mejores condiciones, pero él reanudó su trabajo.

Escaló el acantilado con la incertidumbre de no saber con qué condiciones atmosféricas se encontraría arriba. La penosa ascensión provocó que otras semillas rodaran acantilado abajo y se perdieran entre las olas.

Una vez en la cumbre, una tormenta de verano le sorprendió. El agua se desplomó durante dos largas horas. El pescador se refugió entre unas rocas a sotavento.

Observaba, observaba todo, con ese instinto científico que le hacía preguntarse por el porqué de las cosas; con la pretensión de adentrarse en lo desconocido; la extraña mirada experta de un niño curioso.

Cuando una tormenta de verano acaba, la tierra se abre un poco, se enfría superficialmente mientras en su interior conserva el calor del estío; es un momento singular, donde la naturaleza, si bien conserva sus leyes eternas, rompe un poco la inercia térmica, aumenta su porosidad y abre una puerta a la esperanza.

Fue ése el preciso momento aprovechado por el pescador para sembrar en la cima del islote las semillas que le quedaban.
...

Así fue como empezó todo.

Y así era como vivía este pescador.

...

Que sea este cuento un agradecimiento y una ayuda, para aquél que luchando con las dificultades de la ciencia, no se entristezca por las flores perdidas, que siendo muchas, son necesarias para que otras florezcan.

El pescador, al final de la jornada, viendo el islote del lago cubierto de sus flores, sabrá que mereció la pena.

...

El inicio de tu existencia fue una historia de lagos, pescadores y flores en una ciudad donde no habían lagos , ni pescadores .


Las flores en cambio estaban en todas partes.

...
Atentamente para María.
La señora que solicitó un cuento para su marido y que se lo va a regalar hoy, día de su cumpleaños.

5 comentarios:

  1. Así me gusta Jefe. Buen trabajo. Ahora a disfrutar!!!.
    Por cierto, díagale a su sobrina, que disfrute del día de hoy, pues detrás de él vendrán muchos más pero que no tendrán el mismo sabor de boca como el de la Primera vez.
    Un biquiño (sin ánimo de hacerle la pelota).

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  2. ¡Hala!, me voy de Comunión.
    Por cierto es en la iglesia de los Dominicos en Madrid. Hay una torre en la iglesia que es espectacular.
    Subes por una especie de rampa...
    ¡A ver si pongo una foto!
    ...
    Voy de fotógrafo oficial de la familia.
    "¡¡ A veeeeer, a veeeeeer, una sonriiiiiiiisa!!"

    .

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  3. había una vez un trovador cuenta-cuentos. Se levantaba temprano y escribía una historia. Siempre dedicada y gratis. Cada una de ellas superaba la anterior... Cada una de ellas tenía un objetivo: arrancar una sonrisa con nombre y apellidos.

    Para Driver. Atentamente:

    hedbana Sunsi

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  4. Gracias por el cuento Driver.
    Voy a imprimirlo, y después de comer se lo voy a leer a mi marido, que hoy es su cumpleaños.
    Estoy segura que le arrancará una sonrisa.

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  5. Yo también estoy segura de que le gustará.
    Ay! Driver, creo que tienes un don. Manténlo.
    saludos,

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