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viernes, 24 de junio de 2011

EL PUMA



AMÉRICA

América es un continente muy femenino. Tiene dos as, como casa, como mamá.
La primera a es alta y picuda, como el Aconcagua.
La segunda a es plana y redonda, como las curvas del Orinoco.

Esta historia es para una mamá, que tiene una casa en América. Dos as.

Aquél es el continente de las enormes distancias y de los grandes amores.
Tenemos muchas cosas bonitas; las altas cordilleras andinas, los cóndores con sus impresionantes envergaduras, las extensas selvas amazónicas, los ríos más caudalosos del mundo, infinitos altiplanos, interminables pampas, caudalosas cataratas, rápidos jaguares, loros multicolores, lentos perezosos, peligrosas pirañas….

Dos océanos, miles de kilómetros de costas, un cercano y gélido continente helado.

Cuando Dios hizo el Edén, pensó en América.

Enormes distancias y grandes amores.

Esos amores americanos que, para perdurar han de remontar varias veces el Amazonas, sobrevivir a los intensos aguaceros, escalar las potentes cataratas de la vida.

Esta historia es un encargo de una mujer, que tiene una mamá, que a su vez tiene un papá.

Un papá llamado Raúl.

Este señor tuvo un restaurante, fue taxista y además camionero.
Pero camionero de los de verdad.

Actualmente los camioneros trabajan en cómodas cabinas, equipadas con g.p.s., tacómetro, airbag, servofreno….Antes la cosa era diferente, muy diferente.

Aquellos eran camioneros americanos, sabían orientarse por la derrota del sol y de las estrellas, eran auténticos mecánicos de la improvisación, recauchutadores de las rutas, amantes de la libertad, aventureros del Puerto de Buenos Aires, pioneros de los caminos imposibles.

Camioneros, camioneros de verdad.

Cuando remontaban las interminables pendientes, de sus motores surgía la música de un joven continente. Si abrías el capó de una de aquellas máquinas, se podía oir “La conquista del paraíso” de Vángelis, atronando los valles, elevándose a los cielos eternos, acompasando las curvas del altiplano. Era el sonido de la conquista de la gloria eterna.

Aquellos hombres se asemejaban a los conquistadores, aventureros, gente brava, la que abre los caminos al amanecer.

Surcaban las rutas imposibles, rompían las leyes de la mecánica, apuraban la resistencia de los aceros. Hombres en el límite de lo imposible.

Y luego, al llegar a casa, le cantaban a sus hijos las melodías que habían tatareado durante la jornada:
“Había una pastora, laralá-laralito, había una pastora que hacía su quesito. El gatito la miraba, laralá-laralito, el gatito la miraba con ojos golositos. Y la pastora le decía, lalará-laralito y la pastora le decía, no me comas el quesito. Y el gatito lo comió laralá-laralito y el gatito lo comió y la pastora se enojó.”


Cada vez que nombro América, mi cuerpo se mueve al ritmo de la bossa-nova, siento los timbales llenando con poderío mis oídos, si miro para arriba mi cara se empapa con las lluvias tropicales, huelo la esencia del mate, veo árboles que lloran caucho, me refresco con una caipiriña, bailo un tango y después una samba, conduzco miles de kilómetros por la autopista Panamericana, observo mudo el Perito Moreno, las cataratas de Iguazú, las cumbres andinas, los iceberg flotando en el Atlántico sur, el vuelo del cóndor, los verdes de la selva amazónica.

Veo gentes, muchas gentes que llegaron al joven continente a principio del siglo XX. Gallegos huyendo de la miseria, italianos que dejaban atrás el queso y la mafia de sus tierras, portugueses que hablaban en una lengua cantada, alemanes en busca del wolframio para fabricar bombillas, norteamericanos buscando fruta y petróleo, poetas rastreando la inspiración, literatos encontrando al fin un mundo donde la magia nace cada día, conquistadores, sacerdotes, buscavidas, reos huidos en barcos mercantes, grumetes de la aventura, amantes despechados, comerciantes con ojos verdes, bellas viudas, jóvenes promesas, fuertes adolescentes, sabios ancianos…..

En cada rincón de este continente hay un puma esperándote para robarte el corazón.

………………………………………………………………………………………….

Y de punta a punta del continente, los camioneros transportan las mercaderías de la tierra brava.

Madera, congelados, cemento, fruta, combustible…; todo lo que necesitamos.

Y de punta a punta del continente, los camioneros enamorando cada día a sus familias.
Canciones de cuna, besos y regalos, sonrisas francas, abrazos firmes.

Esta gente brava es gente educada. Señores de la carretera que ayudan al que sufrió un pinchazo, que montan en su cabina a algún viajante perdido, que avisan con sus ráfagas luminosas para advertir de algún peligro.

Esta gente brava educa bien a sus hijos. Les dan la opción de estudiar. Les enseñan principios sólidos. Les marcan los surcos del camino por donde sus hijos caminarán.

Gente aguerrida que hablan poco y bien. Nada de grandes discursos, más bien buenos ejemplos.

Si te encuentras en un apuro y encima se pone a llover en plan tropical, es bueno tener a uno de ellos cerca; pues pase lo que pase, pasará en buena compañía.

Gentes musicales, que cuando miran el horizonte sonríen y oyen los sonidos de la gloria, y quienes oyen estas esencias, son capaces de transmitirlas.
...

Cada vez que sueño con América, mi mente flota.

Veo un continente joven, donde en cada rincón hay un puma esperándote para robarte el corazón.

Un puma con rostro de camionero.



Atentamente. Driver.

4 comentarios:

  1. Mi padre también es camionero.

    América... bello continente.

    Biqiños broder. Tienes los agradecimientos de Luis en la entrada anterior...

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  2. ¡Tu padre camionero!
    ¡Casualidad, con razón nos llevamos tan bien!
    ...
    Este cuento se lo regalé a la madre de una amiga argentina, Casta Niebla, que es ingeniera metalúrgica (parece ser que lo mío son las ingenieras). El padre de mi amiga era camionero también.
    Y ahora la madre me manda unas felicitaciones por Navidad que guardo con mucho cariño, pues están escritas con una educación extrema, y encima ¡desde América!
    ¡Anda!
    Me acabo de acordar del que le regalé a mi amiga.
    Un cuento en el que se establece la extraña relación entre un coro de cantantes y un experimento metalúrgico.

    ¿Dónde lo tengo, dónde lo tengo...?

    ¡Ésa cabeciiiiita!

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  3. Y mis suegros cantan en una coral... jajajaja

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  4. Un continente que no es tan joven Driver, nada joven, hay historia (muchísima) antes que lleguen los inmigrantes... y son hermosas...
    Me sé dos, de un lago, unos hijos del sol y un largo camino... me sé varias, pero cuando caminas entre sus piedras, o por sus paredes de barro, te inventas más...
    ...
    Mi padre se llama Raúl... :-))

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