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martes, 12 de julio de 2011

20 SEGUNDOS




VEINTE SEGUNDOS.-

Yo tenía una amiga con un corazón de tigre, pero no lo sabía.
...

El cuatro de junio de mil novecientos noventa y ocho, María Jesús
Bazaco, natural de Valladolid y vecina de Murcia, se levantó relajada,
muy relajada.

Introdujo dos tostadas en el microondas, calentó la mermelada en el fuego de la cocina y vertió la leche en el tostador. Y todo ésto lo hizo relajada, muy relajada.

Bajó al garaje a por el coche, con las llaves equivocadas, el móvil sin batería y las chancletas de la playa. Relajada, muy relajada.

Llegando a la Universidad se encontró a una amiga, que para tranquilizarla tuvo la feliz idea de invitarle a un café.- Fue tan efusiva que le derramó el expreso, sobre la blusa blanca, un manchón grande como un cornejo.

“Gracias amiga, gracias”.

Asi que se encontró en el pasillo de la Universidad, con chancletas, móvil y cornejo.

“Esto lo arreglo yo”.

Como buena relaciones públicas que es, mi amiga fue al Departamento de Educación Física, y cómo no, encontró a un amigo de Eduardo, que era un conocido de la Federación, que tenían conocidos de cuando el Sella, que …
Que le dejó ropa limpia.
Y cuando digo ropa limpia, digo ropa limpia.

El cuatro de junio de mil novecientos noventa y ocho, se leían dos tesis en la Universidad de Murcia. La primera versaba sobre Física Nuclear, y fue leída por Rigoberto Pérez, muchacho de gran porvenir en el escalafón funcionarial.

La segund...

La segunda no.
La segunda no fue leída por Rigoberto.

Que le dejó ropa limpia.
Y cuando digo ropa limpia, digo ropa limpia.

Cuando Maria Jesús Bazaco entró en el Aula Magna con el uniforme del Real Murcia, las expresiones de estupor sólo fueron superadas por los gestos de pavor de los miembros del Tribunal.

Ella sabía que el mayor peligro de ese día consistía en quedarse en blanco; pero nunca sospechó lo cerca que anduvo de la expulsión por lo inapropiado de su indumentaria. Afortunadamente no existía ningun precedente, y al fin y al cabo tenía que ver con el contenido de su tesina.

El Presidente del Tribunal alzó su potente voz, y comunicó:

“Puede empezar , señorita.”

Llegado el momento de la verdad, ella sabía que si se bloqueaba mandaría al carajo el trabajo de dos años. Así y en el más estricto cumplimiento del más profundo de sus miedos, ella cumplió absolutamente todas las previsiones.
Y quedó bloqueada, completamente bloqueda.

Los dosciento veintisiete amigos que la habían asesorado en los últimos dos años, le habían regalado trescientos catorce consejos y/o indicaciones sobre lo que debería hacer en ese preciso momento. Como era de preveer, nada le sirvió.

El cuatro de octubre de mil novecientos cincuenta y seis, el Real Murcia se enfrentaba al Fuengirola en partido de vuelta del Ilustre y Muy Real Campeonato de Liga. Eran los tiempos del F.B.I.

Maria Jesús buscaba una referencia. Lo único que encontró en los últimos veinticinco años eran notas. Y ella necesitaba referencias.



A los treinta y dos minutos de la segunda parte, viendo que las posibilidades de clasificación eran remotas, la defensa del Real Murcia decidió coger las riendas del partido. Su primera decisión fue dejar al portero solo.

...

En el silencio del Aula Magna, los segundos eran años. En la cabeza de Maria Jesús sus años pasaban como segundos.

El defensa Bazaco decidió tomar como referencia la portería contraria.
Sus compañeros de defensa le siguieron. Los delanteros de su propio equipo decidieron mantenerse al margen de aquel extraño movimiento táctico. El portero al sentirse solo y abandonado, se conformó con gritar desesperado.

María Jesús sólo tenía una lección bien aprendida. Su padre le enseño que en este mundo hay dos tipos de personas: las tristes , y las que tienen algo que hacer.

Y ésa era la única referencia.

...

En contra de todos los principios hasta entonces conocidos en el mundillo del fútbol, el defensa Bazaco lanzó un balón a la banda izquierda que , en realidad iba dirigido a él mismo. Esa posibilidad cogió por sorpresa a la defensa del otro equipo, a la delantera, a su propia defensa e incluso a ambas directivas.

El silencio del estadio se rompió con la quebrada voz de su compañero, al grito de: “¡ Mía !”.

Sola ante el peligro. Vestida con el uniforme del Real Murcia por fuera. Con el legado de su padre , por dentro.

El defensa Bazaco tenía de pronto la posición, el silencio del público, la cara de terror del portero contrario, la pelota, y las ganas de romper el instante de una patada.

Gol.

María Jesus Bazaco por primera vez en su vida se dio cuenta que lo único que tenía que hacer , era imitar a su padre.

...

Yo tenía una amiga con un corazón de tigre, pero no lo sabía.

Nadie lo sabía.

Tuvo que jugar un partido decisivo para averiguarlo.

Y resolver la jugada rápidamente.

En veinte segundos.







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