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sábado, 30 de julio de 2011

CAMINO DEL INFIERNO ( II )




Estaba asomada al ventanuco de un carruaje de caballos.
Era una despedida, frente a una casa de piedra.
El profugo se quedó observando tras una columna. Su condición de perseguido le obligaba a ser prudente.

El carruaje arrancó, empujado por dos potentes percherones, y se perdió en el laberinto de callejuelas.
En dirección al puerto.
Ella no pudo verle.
...

Desde la parte alta de la ciudad, el puerto era un bullicio de actividad.
Veleros enormes que atravesaban el océano.
Mercadería transportada en carruajes de roble.
Velas recién azotadas por los vientos atlánticos.

...

Destacaba un velero.
"Princesa del Atlántico".
La embarcación más rápida del mundo en ese momento.

Bella como una sirena.
...

Corrió cuesta abajo, hasta el puerto.
Vio como Ana subía al bello velero.
Preguntó cuanto faltaba para zarpar.
Media hora.

Intentó subir abordo, pero un fuerte marinero que custodiaba la pasarela se lo impidió.

...

Su alma ardía.
La iba a perder para siempre.
Para siempre.
Tenía el corazón partío.

...

Preguntó. Dirigió sus pasos a las oficinas de la naviera.
Tenía que detener el velero.
Como fuera.
...

"Lo recuerdo bien. Era un hombre sucio. La pernera izquierda de su pantalón estaba manchada de sangre seca.
Cojeaba mucho".

Tenía yo por entonces 10 años.
Acostumbraba a pasar los días de verano en la oficina donde trabajaba mi abuelo.
Me acuerdo muy bien.
De todas y cada una de sus palabras.

-"Necesito que detenga el Princesa del Atlántico".

-Mi abuelo - marino retirado - le respondió:
"Deme una razón y dígame cómo lo hago".

-"Tengo que hablar con una pasajera de nombre Ana, es urgente".

-"¿Ana, qué?".

-"No sé su apellido".

-"¿Se le ocurre una forma de detener un velero de 450 toneladas?"

-"Tampoco lo sé".

"Veamos, usted necesita un milagro, lo que pide es imposible"

-"Entonces cruzaré el Atlántico a nado, tras el velero".

-"Seguro que moriría, este mar es como el diablo, te manda al infierno".

-"Si he de elegir entre el diablo y el infierno, elijo el infierno.
Allí somos más."



El prófugo le arrancó de un manotazo al niño, un flotador con el que jugaba.

"¡Devuelva usted eso, es propiedad de la compañía!", - le gritó mi abuelo-.



"¡Lo siento, lo necesito!. ¡No se nadar!"

Le pregunté a mi abuelo quien era ese hombre.

"Un loco, un enamorado, o seguramente, ambas cosas".

Le pregunté a mi abuelo que porqué la gente que se quiere no puede estar junta.

"No lo se".

Ya puestos le pregunté a mi abuelo que porqué nunca conocí a mi abuela.

Ya no me respondió.

Me lanzó una zapatilla, abrió una botella de ron y me dijo que me acercara a la bocana del puerto y viera lo que pasaba.

...

El Princesa había zarpado.
El prófugo saltó al mar y braceaba aferrado al flotador de la compañía.

Directo a la muerte.

...

¿quién me va a entregar sus emociones?
¿quién me va a pedir que nunca le abandone?
¿quién me tapará esta noche si hace frío?
¿quién me va a curar el corazón partío?
¿quién llenará de primaveras este enero,
y bajará la luna para que juguemos?
dime, si tú te vas, dime cariño mío,
¿quién me va a curar el corazón partío?


.

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