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viernes, 15 de julio de 2011

NUMERO UNO


Alejandro es un chico de mi barrio. Tendrá unos catorce años. Un número uno de verdad.
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Durante los últimos siete años le he visto crecer, fortalecerse, hacerse un hombre.
Es un corredor nato.
El chico de su edad que más rápido corre, en una ciudad de cinco millones de habitantes.

Tiene un don. Atraviesa el aire de la carrera con gran facilidad.
Simplemente se va de todos, sin apenas esfuerzo.
Sus zancadas son alegres y naturales, como si ser el mejor de entre miles fuera tan fácil.

En su colegio hay una pared, con las caras y las marcas de los mejores deportistas de los últimos treinta años. Alejandro sale siete veces.

Ves las caras de estos jóvenes, sus caras de esfuerzo, y te los imaginas corriendo en la carrera de la vida.
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Alex tiene un buen amigo, el Gordo.
Se han criado juntos, y cada uno lee el alma del otro con la misma facilidad con la que respiran.

Mientras que a Alex todo el mundo le felicita, le hace fotos, le ponen como ejemplo, al Gordo no.

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El Gordo suspende, no salta los aparatos en clase de gimnasia y encima las chicas no conocen su verdadero nombre. Se llama Manolo.

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Alex y Manolo suelen ir juntos a todos lados.
Son uña y carne, pim y pom, dos hombres y un destino.

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Algunas tardes hablo con Alex. Me cuenta cosas de la ESO, de los equipos de atletismo del cole, de las competiciones.

Un día me confesó que algunas veces le da vergüenza ganar con tanta facilidad, que los mayores se ponen muy pesaditos, y que todo el mundo le dice que representar al colegio es algo muy importante.

Yo le dije que tiene un don que debe apreciar, y que me gusta mucho verle correr porque lo hace bonito.

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Pero Alex y Manolo son dos críos de catorce años, que también saben llorar.

Un viernes de mayo, al llegar a casa les vi a los dos; estaban en un banco de la urbanización.
Manolo estaba sentado y cabizbajo.
Alex estaba plantado frente a él, escuchando con atención.

Cuando volví de la frutería, me encontré a Alex sólo, en el banco, pensativo.

Le ofrecí un melocotón, y me senté a comerme otro a su lado.

Tenía los ojos humedecidos y la mirada atravesada. Me contó que su amigo Manolo, el que siempre llegaba el último en las carreras, estaba muy triste. Sus padres ya no vivían juntos, y él iba y venía de una casa a otra, como una pelota vieja.

Al día siguiente se corría la carrera de 3.000 metros, entre los institutos de mi barrio.
Estaban citados a las nueve de la mañana y nadie iba a llevar a Manolo.

"Bien chico, coge el móvil y dile a Manolo que lo recogemos a las ocho y media. Os llevo".

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El sábado amaneció fresco y despejado. Ideal para correr.
Llevé a los chicos a la salida.

Alex seguía con cara pensativa.
Con catorce años no es fácil comprender según qué cosas. Ni con cincuenta.

- "¿Qué te pasa chico, sigues preocupado?"

- "Mira, todo el mundo espera que gane la carrera. Y hoy estoy cansado. Sin fuerzas"

Me quedé pensando qué le podía decir a un chico, que se estaba haciendo un hombre y no comprendía según qué cosas.

"Alex, haz lo que tengas que hacer, cuando lo tengas que hacer".
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Aquel muchacho de tan solo catorce años me miró muy fijamente, pensó un rato y luego me dijo:

"De acuerdo".

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La carrera de tres mil metros apenas si dura quince minutos.

Es corta e intensa.

Me quedé deambulando por la meta, esperando.

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Al cabo de un rato llegaron los primeros corredores.
Un largo esfuerzo de los tres primeros desembocó en una llegada de vértigo.

Fui a felicitar a Alex, pero no era ninguno de los tres.

Luego llegaron más y más corredores. Los buenos, los medianos y los del montón.
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Ya estaban recogiendo la meta cuando los ví.

Manolo y Alex llegaban en última posición, juntos.

Trotaban como dos potrillos salvajes, indomables y aguerridos.

Y entonces, a cinco metros de la meta, Alex lo hizo.
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Agarró la mano de su mejor amigo, y la elevó al cielo mientras atravesaban juntos la meta.

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Me tuve que sentar un rato para paladear el gesto.
Y os aseguro que fue uno de los mejores momentos de mi vida.

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Alejandro es un chico de mi barrio. Tendrá unos catorce años. Un número uno de verdad.

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Mañana será un gran hombre.


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1 comentario:

  1. Buena historia, Driver. Gran tipo este Alejandro y un afortunado Manolo

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