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jueves, 15 de septiembre de 2011

DESCOJONO GENERAL


Mis queridas niñas:

El motivo de la presente es poner en orden mi alma, y redimirme de los últimos acontecimientos que en mi vida habéis causado, por activa o por pasiva.

Me explico:
Lleváis diez años descojonándoos de mí, adulto responsable.
...
Intenté jugar a la comba con vosotras, y al ser incapaz de saltar a la velocidad que vuestra agilidad os permitía, lo conseguí: os descojonasteis de mí.

Más tarde he participado con vosotras en varios campeonatos del juego del pañuelo.
Y el resultado, no por predecible fue menos humillante: os descojonasteis de mí.

Recuerdo el día que me permitísteis ser el lector de vuestros cuentos.
Fue una buena oportunidad para practicar mi dicción paternal y me sorprendió vuestro entusiamo al acceder a mi petición.
Lo que pasó es que os habíais anticipado al resultado, adivinando que os descojonaríais de mí.

Me empeñé en ser vuestro profesor de patinaje, sin sospechar que en lo más hondo de vuestra alma latía el deseo irrefrenable de verme caerme de culo.
Así estaba escrito y así sucedió.
Y claro.
Os descojonasteis de mí.

Mis esfuerzos por explicaros ciertas asignaturas, el sentido de algunos pasajes bíblicos, y ciertas cualidades estéticas del alma humana frente a la contemplación del arte y la belleza, tropezaron con un muro de risa, que..., fue un descojone por vuestra parte.

Cada vez que os he llevado al cine, que hemos ido al parque o hemos visitado a los abuelos, vuestra aptitud, lejos de desordenada, ha sido un excelente ejemplo de organización y dominio de los tiempos.
Os descojonábais antes, durante y después.
Por triplicado.

En fin chicas, llevamos diez años juntos y todos y cada uno de los días de vuestra vida os habéis descojonado de mis esfuerzos por enseñaros algo de este mundo.

¿Os parecerá gracioso, verdad?
...

Pues mirar lo que os digo, chiquillas.

Creo que habéis sido lo más sincero que me ha pasado en la última década.
Y cuando no os veo, me falta el aire para respirar, y la vida es un auténtico tostón.

Porque..., ya me he acostumbrado a que os descojonéis de mí.

Y ya no entiendo la vida sin vuestra sinceras risas.

Y..., ¡QUÉ CARAJO!

Los mayores estamos tontos, y es normal que os descojonéis de nosotros.

Criaturas del cielo.


.

7 comentarios:

  1. Eres la causa de sus risas. ¿Qué más puedes pedir?.
    Y no se descojonan cuando las llevas en coche al colegio??????

    Bicos

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  2. Por cierto, otros pagan cursos de risoterapia.

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  3. Llegas a las mil y monas de luchar en la jungla contra los animales salvajes.
    Con más hambre que las tropas de Aníbal.
    Los pies doloridos.
    Y tres multas de tráfico entre el correo.

    Lo que te apetece sinceramente es cenar y apretarte una cosecha de Lloni Güalquer.

    Y entonces, vienen te miran y se descojonan de tí.

    Elevas tu mirada al cielo, y con el rostro desencajado le preguntas al Divino Ser que nos regaló la vida : "¿POR QUÉ SEÑOR, POR QUÉ?".

    Y tu hija, recogiendo el guante de tan celestial pregunta, se anticipa al cielo y da una respuesta totalmente lógica:

    "¡Papá, llevas el jersey del revés!"

    Y luego apostilla con una abrumadora y humillante sencillez:

    " ¡ Figura ! "

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  4. Las atletas de las olimpiadas corren para ganar. Varios años de preparación física y psíquica.Un sólo objetivo: ganar, ganar.
    ...
    Y de vez en cuando, te cruzas con atletas de la sonrisa.
    Son estas gimnastas de la alegría, saltarinas de la belleza, lanzadoras de pedazos de vida.
    Van corriendo por la pista a toda velocidad, esforzándose a cada paso, volando sobre el tartán.
    Y cuando los demás flaquean, cuando las fuerzas se pierden a falta de una vuelta, cuando llueve o truena en medio de la competición..., estas atletas sacan su arma secreta.
    Se elevan sobre la condición humana, sonríen al mundo, a su corazón y a las almas colaterales.
    Una sonrisa que da alas a sus piernas. Fuerza a su carrera.
    Y es entonces, cuando se divierten, cuando la competición se olvida, al correr y vivir por una cuestión estética.
    Es entonces cuando alcanzan la gloria.
    La gloria eterna.

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  5. Buena memoria t.

    A veces, los cuentos se transforman en realidad.
    Y otras, la realidad se puede cambiar gracias a un cuento.

    Yo le llamo a esto, magia blanca.
    Creo que las palabras curan.

    Mientras que tenga fuerzas lo intentaré una y otra vez.

    Buena memoria, t.

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  6. Nada como la alegría sincera de los niños.

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