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domingo, 25 de septiembre de 2011

EL JUICIO FINAL ( II )


Aquella playa era un infierno.
Los demonios, provistos de remos, nos golpeaban el alma.
Como si la vida no hubiera sido lo suficientemente atroz, aquellas bestias nos atizaban con la clara intención de darnos matarile.

Dado que el castigo es eterno, la pena dolorosa y el ambiente maligno, decidí hacer algo por mi alma.
...
Me hice una composición de lugar.
Después de toda una vida de trabajo, tras luchar para sacar adelante a mi familia, después de haber tratado a mi prójimo de forma digna, y tras vivir de acuerdo a mi conciencia, el destino me ha deparado un final injusto.

Pudrirme en el infierno.
...

Mi vida ha sido un poco como la tuya.
Una mezcla de sucesos aleatorios, donde la casualidad, el dolor, los errores y la búsqueda de la felicidad, se han dado de bruces con la realidad.

Me han dado collejas hasta en el carnet de identidad; he sido engañado y estafado hasta la saciedad.

Pero una cosa he aprendido.
Nadie va a venir a solucionarte tus problemas.
Tú le importas un comino a la mayoría de la población.
Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.

...
Así, que al considerar que aquél no era mi sitio, pensar que me merecía una explicación general, y no tener la mínima intención de permitir que nadie me apaleara, tomé cartas en el asunto.
...

El convencimiento que ya había penado lo suficiente en vida, fue la fuerza motriz que me permitió arrancarle el remo de las manos a aquel demonio que me amenazaba.


Voltearlo por encima de mi cabeza.

Y atizarle en el cráneo.

...

Y no me sentí mal, ni mi conciencia sufrió agitación alguna.
Es más.

Ví como otras almas me imitaban.
...

Tal vez tú mismo, en mis circunstancias, les habrías robado el remo a los mismísimos demonios.

Sorprendiendo a tu cansada alma.


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1 comentario:

  1. Bueno... parece que el tema va bien encarrilado, camarada.
    Sigo...

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