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lunes, 19 de septiembre de 2011

MI PRIMA DE MOSTOLES



Señores y señoras, niños y niñas:

Les presento a mi prima de Móstoles, Alicia.

Desde pequeñitos hemos jugado juntos al ritmo.
Con cinco años nos sacaban al parque y golpeábamos las papeleras.
Con diez, mi prima tocaba la guitarra y yo bailaba a su lado.
Con quince nos presentamos al concurso del Instituto; ella ganó, yo no.
Con veinte formó un grupo musical y yo le transportaba los instrumentos.

Con veinticinco le presté 500 euros y se sacó un billete para New York.

La echo de menos, así que uno de estos días voy a ir a verla.

Creo que en Central Park hay unas buenas papeleras para golpear.
Estoy deseando aporrear las papeleras con mi prima, como cuando éramos pequeños.

Y nos pasábamos las horas muertas en el parque.

Con el ritmo metido en el alma.

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3 comentarios:

  1. Esta canción pone los pelos de punta. Tu prima... espectacular, como siempre.

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  2. Vaya con la prima, pedazo e voz¡¡¡¡

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  3. Es oir esta canción y me dan ganas de ir al aeropuerto y coger el primer vuelo para ir a visitar a mi prima, con unos vaqueros, dos camisas, un cepillo, la pasta de dientes y el pasaporte.
    Y luego, allí, que me dejen cantar en el coro con los demás, subido en un taburete y contoneando el cuerpo al ritmo que marque la peña.

    Y si puede ser, que sea una audición para amigos, sin grabar ni nada, alargando los temas una media hora cada uno.
    ...
    Una vez lo hice en Sevilla, con amigos, y se nos olvidó comer y todo.
    Nos tiramos cuatro horas para ensayar una actuación de una hora.
    Y nadie hacía caso de los móviles, que no paraban de sonar; y yo que no tenía ni idea, fui el ingeniero de sonido con un teclado lleno de botones que no sabía ni para qué servían.
    Le daba a los botoncitos, y si sonaba bien no los movía, y si sonaba mal, los movía.

    Y recuerdo que nos tomamos como treinta cañas cada uno.

    Y al final aquello sonaba muy bien, no sé si por las cañas, por los botoncitos...,
    o porque estábamos en el cielo.

    Y las chicas se nos acercaban y nos preguntaban sobre la música que tocábamos.
    Y nuestras mujeres se mosqueaban cuando se nos acercaban las chicas que no preguntaban sobre la música que tocábamos.
    Y los chicos de las chicas que nos preguntaban sobre la música que tocábamos se mosqueraon con nosotros.
    Y al final de la actuación no nos entendimos con el dueño del local y casi acabamos a tortas.
    Y para celebrarlo nos fuimos a bailar.

    Y bailando nos volvimos a encontrar con las chicas que nos preguntaban sobre la música que tocábamos.

    Y entonces se armó un follón del carajo y ya fue un sálvese quien pueda.

    Recuerdo que me dio por bailar lento cuando la música era rápida.
    Y que bailé rápido cuando la música era lenta.

    Y cuando nos fuimos a dormir ya había salido el sol, y teníamos la garganta pelín estropeada, y se nos movía el trasero sin querer al menor atisbo de ritmo.

    Fue una gran noche.

    De las pocas noches de mi vida en las que actué con una banda de músicos.
    ...
    No sé si el cielo es una realidad tangible.
    Pero si existe, hay música.

    Fijo.

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