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jueves, 27 de octubre de 2011

OTOÑO


Anochece en un polígono industrial, en Alemania.
Con el camión cargado y el albarán rosa firmado, me encamino a la autopista del norte.

El sol se despide, y una tenue llovizna toma la iniciativa en el paisaje.
Caen gotas escurridizas sobre el parabrisas de cristal securizado.

Bailan y se deslizan a la vez.

En esos momentos donde ni es hora de merendar ni de cenar, cuando el otoño presenta sus respetos, es cuando siento que debería estar en alguna terraza soleada del sur.

Pero no, me encuentro en el norte, rodeado de lluvia y atardeceres grises.
Demasiado pronto para parar y demasiado tarde para acelerar.

El alma es como un viejo boxeador. Sabe encajar los golpes bajos, incluso algunos de los altos.

...
Avanzo unos doscientos kilómetros, en dirección al Norte, donde si se me aparece Dios podré ver la aurora boreal y sus verdes reflejos.
...
Luces rojas destellantes y amarillas ululantes. Son los colores de la autopista cuando llueve.
Otros destinos se cruzan conmigo, en la inmensidad del mar de asfalto.
..

Un señal de hostal, con un tenedor bajo la casita y la H blanca.
Cama y sustento enmedio de la nada conocida.
Mi destino.
Paro.

...
Cansado del día en la carretera, me dispongo a descansar para poder madrugar mañana.

La camarera me pregunta qué quiero cenar.
Al abrir sus inmensos ojos verdes, descubro una mina de esmeraldas en su interior.

"Un café solo y una canción", respondo.

"El café se lo traigo yo, para la canción ahí tiene una gramola".
...

Mientras que la chica de los ojos verdes prepara el café, me acerco a la máquina de la ilusión.

Una vieja gramola de los años cincuenta, con los intestinos repletos de jazz.

Introduzco una moneda y selecciono la canción A-21, sin ningún motivo.
...

Justo cuando la camarera de los ojos verdes llega con el café, empieza a sonar Ray Charles.
...

Éste era un músico que sabía que algún día alguien seleccionaría su canción en un viejo hostal de una carretera perdida en el norte.
...

Cuando la camarera pone el café sobre la mesa, me mira esperando.

¿Para qué andarse con zarandajas?, iré al grano.
...

"¿Bailas?"

"No sé a qué esperabas para preguntármelo."

...

El sol se despide, y una tenue llovizna toma la iniciativa en el paisaje.
Caen gotas escurridizas sobre el parabrisas de cristal securizado.



Bailan y se deslizan a la vez.


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3 comentarios:

  1. Este relato tiene su punto de sensualidad.
    Me resulta acogedor, chico.

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  2. Es como una película de antes. Un beso.

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  3. Qué bien se desenvuelve tu escritura cuando bailas...

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