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jueves, 13 de octubre de 2011

YO SOY LA PROFESORA



Lo siento chicos, pero no aguanto más.

Simplemente no aguanto más las clases.

Ni el estado de sitio de mis hijos.

Ni el ataque de los alumnos.

Ni la desvergüenza del sistema educativo.

Ni el control descontrolado.

Ni la rutina.

Ni los comentarios de los demás profesores.

Ni la tristeza que todo esto me produce.

...

Me toca tutoría y no vendrá nadie.

Como siempre.

Va a ser que me voy.

Ya.

...

Aquella profesora había llegado al límite.

Así que se encontró caminando hacia el nuevo espigón del puerto.

No habían tenido tiempo de inaugurarlo. Las prisas.

...

Un grupo de adolescentes fumaban apoyados en sus motos.

Escondidos del poder en los recobecos de los dados de hormigón.

Sesteando en la hora de la tutoría.

A ninguno le interesaban las dudas, porque todo era una duda.

...

La profesora avanzaba a pasos agigantados.

No se paró ni a mirarlos ni a saludarlos.

Tum, tum, tum, un paso tras otro, directa al final del puerto..

...

Escaló hasta la cima del espigón.

Doce metros sobre el nivel medio del Mediterráneo en Alicante.

...

Abajo azul.

Arriba azul.

...

Inspiró profundamente, se ató el pelo con coquetería.

Miró de soslayo al grupo de adolescentes, y entonces lo hizo.

Primero les saludó con cortesana parsimonia.

Luego elevó ambos brazos, hasta que las puntas de los dedos de la mano se dieron las buenas tardes.

...

Luego dió el salto en picado más espectacular del mundo mundial.

El de una mujer a punto de liberarse.

...

Bajo la superficie del azul hay peces de colores, que te recuerdan que tu trabajo brilla.

Y la luz brilla bajo el mar.

...

Treinta y uno, treinta y dos, treinte y tres. Aire, fuera.

Olor a salitre. Emerger.

...

Salió por el pantanal,donde los veleros tintineaban.

...

Vaqueros mojados, camisa empapada, alma limpia.



Al cruzarse con el grupo de adolescentes embrujados, lo volvió a hacer.

Les saludó como si estuvieran en Versalles.

Una leve inclinación y una parábola descrita con la mano derecha.

...

Y luego se fue a casa, a empezar un diario nuevo, con ideas frescas, sin miedo.

...

Los adolescentes no daban crédito a lo visto.

Alguien acababa de hacer magia.

Y uno de ellos, un pecoso con el cerebro lleno de posibilidades, dijo la primera frase del resto de su vida.



"Miradla, es mi madre.

La profesora".



Mientra tanto, una señora empezaba a rellenar un diario.
Con nuevas ideas.



En la primera página escribió con el rotulador rojo:

YO SOY LA PROFESORA.


.

2 comentarios:

  1. Driver...Lástima no haberte conocido mucho antes ...lástima no haber leído este post hasta el día de hoy...

    Un post bellísimo pero tan real.
    Me ha gustado muchísimo. Gracias, camarada.

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