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domingo, 18 de diciembre de 2011

CUENTO DE NAVIDAD



CUENTO DE NAVIDAD.

Algunos días, te levantas con el corazón partío. Sin ningún motivo.
Te hace falta una tirita.

Sales a la calle y la buscas.


El Driver se levantó temprano.
Un día frío de invierno en una gran ciudad.
No sabía bien el porqué, pero su corazón estaba roto.
Le solía pasar en Navidad.

Se fue al bareto del barrio.



-”Güenos días Manolo, un cortao”.

-“Me debes 100 pavetes, chaval”.

-“Lo se, por eso vengo, para que sepas que sigo vivo”.

-“¿Mala racha?”.

-“Si”.

-“¿La leche fría o caliente?


Cuando no sabes por dónde tirar, lo mejor es arrimarse a algún amigo.

Aquella mañana el Driver se había puesto su mejor vaquero, la camisa blanca de la boda del “Pupas”, la cazadora de cuero y las botas de la mili. Macarra total.

Se fue al Primero de Octubre en metro. Allí estaban. Las ambulancias.

Antes de entrar a la cafetería del hospital, observó detenidamente los vehículos aparcados en urgencias. Había una con el lateral derecho completamente abollado. No había duda.
Era la del “Pupas”.

Aquellos hombres hablaban poco. Sus frases eran de dos palabras como máximo. Los mismos dígitos que los de sus cuentas corrientes. Un par.

El Driver entró en la cafetería. Su amigo al fondo. Junto a la máquina de tabaco. Con una enfermera del Samur. Jovencita. Pardilla.

-“Güenas, Pupas”.

-”Güenas, Driver”.

-”Aquí la Pepi, ATS”.

-“Cantao, Pepi”.

-La chica les miró distraídamente. Estaba desayunando y a la vez rellenando los partes del turno de noche.



A veces la vida son tres cosas. Encima de la mesa estaban. Las llaves de la ambulancia, el taco de partes y unos sobres de Frenadol.



El Driver observó con disimulo su blanca camisa. Una diminuta mancha de sangre a la altura del corazón. ¡Ya estamos!, pensó.

La Navidad otra vez. Siempre me pasa.



El parte del turno de noche estaba a tope. Dos infartaos, tres preñás que rompieron aguas, dos abueletes , un castañazo en la cuesta de las perdices. Noche flamenca.



-“¿Cuántas horas llevais?-les preguntó el Driver.

-“Cinco”- respondió el Pupas.

-“Diez”- dijo la Pepi.



El camionero calculó que serían diez. Acababa de conocer a la ATS, y ya se fiaba más de ella que de su amigo. Pasaditos de horas que estaban.



Y de pronto ocurrió.

Se iluminó el piloto rojo del busca de la Pepi.

Un conversación breve, y la pardilla empezó a dar órdenes, con un par.

-“Pupas, nos vamos, castañazo en la nacional II, carretera de Barcelona, hay niños”.



El Pupas salió a la velocidad de la luz, pero el Driver ya estaba abriendo la puerta de salida, preguntando a Pepi si estaba el Pupas para conducir y calculando mentalmente cuál era el recorrido más corto, tó a la vez.



Y aquella pardilla, contrato de prácticas, ATS guerrera, dijo justo lo que el camionero quería oir.

“Driver, conduce tú que el Pupas va pasado de horas”.


El cielo se abrió, los Cuatro Evangelistas dejaron la partida de tenis y se pusieron a rezar.

Sesenta segundos, la diferencia entre la vida y la muerte son sesenta segundos.

El corazón del Driver empezó a bombear sangre de forma frenética. Es lo que tiene la adrenalina. La camisa blanca echa unos zorros. Zorros rojos.



Salieron del Primer de Octubre a noventa. Tres retrovisores de los coches aparcados volaron. Fiu, fiu…



Se incorporaron a la M-30 en pleno atasco. Los dos metros de arcén se convirtieron en dos y medio gracias a los bocinazos de la ambulancia. Lateral derecho rozao contra el guardarail Fius, fius. Justito para pasar.

Entrar a la carretera de Barcelona a ciento cuarenta provocó un extraño brillo en los ojos de la ATS, y el comentario de tres palabras, “Driver,tás pirado”.

Sesenta segundos, la diferencia entre el infierno y el paraíso son sesenta segundos.


Algunos días, te levantas con el corazón partío. Sin ningún motivo.

Te hace falta una tirita.

Sales a la calle y la buscas.



En aquella urbe de casi cinco millones de habitantes, un vehículo avanzaba a la velocidad de la luz. Gente de barrio. Luchando por la vida.

Era Navidad, y los Cuatro Evangelistas estaban pendientes de nosotros.
Aguantando la respiración.
A ciento cuarenta.

Persiguiendo estrellas por la carretera.


.

4 comentarios:

  1. Es impresionante.Nunca valoramos lo suficiente la labor de estas personas. un beso.

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  2. Pero no me dejes así!!!!!, y qué pasó!!??
    Fiu, fiu, fiu...

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  3. ...yo no se si de mayor quiero ser como tú, hermano. Además tienes un morro que te lo pisas, el otro día fui a aquel bareto y me hicieron pagar los 100 euros que debías.

    En la vida hay tres cosas, apunta hermano:

    - un taco de frenadol
    - 100 pavos que me debes
    - y un morro que te lo pisas

    ...



    fiú fiú





    .

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  4. SUSANA: pues sí, hay trabajos especiales que saben a fresa y menta, a helado de vainilla, son los que salen corriendo, a toda pastilla.;))

    LELES: ¿pasoooo?...., ¿pasoooo?...., que tomaron helado de turrón, y corrieron a toda revolución.;))

    GERMA:
    Gracias por pagarme la cuenta en la bar.
    Y..., ya puestos...
    ¿no te importaría pasarte por Hacienda?
    Ahí sí que tengo un buen rejón pendiente.
    ¡Un auténtico Vitorino!

    ¡¡Toreeeeeeeeero!!

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