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miércoles, 21 de diciembre de 2011

LA SONRISA ETERNA

Hoy estoy cansado.
Hace frío y las cosas no van bien.
Soy como tú. Hay días y días.

Así que he intentado acordarme de algo bello que fuera cierto, de forma que no tenga que esforzarme en inventármelo.
Sólo acordarme de lo que pasó y escribirlo.
Que sea cierto es importante.

Para empezar, un poco de color.







LA SONRISA ETERNA.



Érase una vez una niña entre mil doscientos millones de habitantes.

Tenía once años y vivía en un horfanato de la India.

Como a los doce años la iban a echar de la institución, un funcionario puso un mail en un servicio de adopción internacional; explicó el caso, puso una foto y adjunto el adjetivo URGENTE.

Mi amigo Paco estaba en España, haciendo gestiones para adoptar.

Quería una niña de pocos meses, pero por una casualidad, otro funcionario le enseñó el correo y vio la imagen.

...

Mi amigo Paco voló a la India, y tras una serie de gestiones, se trajo a la niña.

Hace una semana me la presentó.

Estábamos en una bareto, se abrió la puerta y apareció corriendo.

Un rayo de luz alegre.

Abrazaba a mi amigo y se colgaba de su cuello.

Como no entendía muy bien el castellano, jugué con ella con una servilleta y un lápiz.

Dibujé una flor básica, ella la embellecío con singulares adornos.

Luego le regalé un sol que giraba, y ella completó el dibujo dándole más velocidad al giro del sol.

Le hizo volar.

...

Pasó una semana y la volví a ver.

Yo salía en la procesión del viernes, con la túnica

de nazareno y un capuchón que ocultaba mi rostro. Sólo se me veían los ojos.

Le ofrecí caramelos y los agarró con alegría.

Era una cervatilla en el bosque de una nueva vida.

...

Arrancó de nuevo la procesión y me despedí.

"Soy el del Sol, el del Sol".

Y entonces lo hizo.

Salió de la espalda protectora de su hermano mediano, como el caracol que se despereza después de un largo invierno.

Se plantó delante de mí, abrió sus manos en majestuoso gesto y repitió la nueva palabra aprendida:

"¡Sooooooooooool!"

...

Y se quedó feliz

Con una sonrisa eterna.

...

Adelanté el hombro izquierdo y seguí empujando mi cruz.

Mirando la poderosa estela que deja la sonrisa de una niña feliz.



Rotundamente feliz.


.

2 comentarios:

  1. Hay que tener muy pocas cosas para ser verdaderamente feliz. Un sol. Casi nada.

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  2. Ojalá todos los niños pudieran ser tan afortunados. Un beso.

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