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martes, 6 de diciembre de 2011

PROHIBIDO HABLAR CON EL CONDUCTOR ( III y fin ).



Faltaba poco para llegar.
Así, que tuve que tirar de uno de mis trucos.
Le miraría a los ojos y trataría de adivinar sus pensamientos.

Sí, era la mejor opción, tal vez la única.

...

Es lo que nos sucede a los humanos.

Cuando desconocemos a dónde agarrarnos, cuando ya no sabemos a quién preguntar, siempre tenemos la salida de observar con detenimiento unos ojos transparentes, y buscar en la pupila brillante de nuestro prójimo alguna respuesta, alguna pista que nos alivie el peso que soporta nuestra alma.


Le miré, y adiviné lo que estaba pensando.
Lo que en ése mismo instante ocurría en su mente.




...




Sólo soy un simple conductor de autobús.

Llevar a varias decenas de pasajeros a su destino, es trabajo.

Aburrido.

...

Y allí estaban ellas.

Volaban las luciérnagas libres en el valle de un río.

No puedo nombrar ni el valle ni el río; sus nombres tenían más consonantes que vocales.

Soy incapaz de acordarme.




Lo que sí recuerdo es el espectáculo.15.000 luciérnagas brillando tres horas después de la puesta del sol.




Ninguna tropezaba con ninguna.




Su brillo se encendía y se atenuaba, siguiendo una cadencia matemática mágica.




Allí estaba yo, en medio de un valle lleno de consonantes, rodeado de luciérnagas que no se tropezaban, ténuemente iluminado, observando su reflejo en las aguas de un río, que a su vez estaba repleto de consonantes.




Dios escribe el mundo a través de conceptos matemáticos.
Percibimos lo que vemos.

Comprendemos lo que sentimos.
Amamos lo que vivimos.


Somos simples conductores de autobús, conduciendo una máquina en una carretera perdida.




Y lo que vemos, lejano e inasible, es bello.

Muy bello.

.
...

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