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miércoles, 4 de enero de 2012

SIBERIA: LA TIERRA DE ANASTASIA. ( II ).



La única razón para conquistar Siberia son sus recursos naturales.
Madera, carbón, petróleo, gas.
Y Anastasia.
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Por aquí todo gira alrededor del antiguo Ejército Rojo.
Sus sólidos helicópteros de carga atraviesan los paralelos llevando víveres y combustible a cualquier punto perdido.
Los legendarios trenes transiberianos se comen los meridianos con patatas fritas.
Y si tu alma enloquece en una noche ártica, siempre puedes echar mano del mejor vodka del mundo.
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En los puntos de repostaje, cruces de caminos y altozanos, siempre se ven construcciones militares que son usadas por toda la población.
Más que nada porque hay pocas construcciones y poca población.
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Los rusos son gente muy enseñada.
Les gusta jugar al ajedrez, escuchar historias y sobrevivir.
Aprenden las tres cosas desde pequeños, sobre todo la última.
Los que no mueren de frío o de cirrosis, aprenden a resolver problemas.
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Yo me creía que no podía hacer más frío, que los problemas no iban a aumentar y que iba a salir vivo de aquella.

Y me equivoqué, como siempre.
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Al llegar a la estación polar P-350 A, enmedio de las conchinchinas heladas, tuvimos que parar.
Varias circunstrancias lo hacían imprescindible:
La primera, la necesidad de repostar combustible.
La segunda, que la luz se acaba a las cuatro y media de la tarde.
Y la tercera y más importante, es que resulta imposible pernoctar en un camión con treinta grados bajo cero.
Así que paramos.

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Tras reconocer la estación, nos dimos cuenta de varias cosas.
Lo primero, hacía tanto frío dentro como fuera de la estación polar.
Lo segundo, no teníamos ni pajolera idea de cómo funcionaba aquella estación.
Lo tercero, del terreno ascendía un nube de vapor de agua, como si una tubería se hubiera ido al carajo.

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El panorama habia empeorado con agilidad y contundencia.
Y el sol, rozaba ya la línea del horizonte.
Mal asunto, chico.
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Me puse a fumar, pues es lo primero que hago cuando no sé qué hacer.
Entonces fue cuando la ví por primera vez.

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Llegó un camión del ejército.
Se bajaron varios militares.
Uno de ellos era un mujer.
Rubia y con ojos azules.
Se acercó a mí, me gritó algo, luego me empujó y salió corriendo hacia la nube de vapor que emergía del suelo.
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Era Anastasia.

Una siberiana, cuyos antepasados le habían dado matarile a cuantos extranjeros había llegado hasta sus tierras lejanas.

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Cogí la pala del camión y me acerqué a Anastasia.
De frente, siempre de frente.

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6 comentarios:

  1. Cualquiera le da la espalda... por si las moscas...
    Además, fíjate en esa mirada!!!! Esos ojos matan de mirarlos!.

    Biquiños

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  2. Las rusas es que son muy guapas en general. Un beso.

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  3. Y viole, fuese y ¡no hubo nada!

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  4. ¿Cómo que no hubo nada?
    ¿Te parece poco?
    Treinta grados bajo cero, una avería en el circuito de vapor caliente, el sol que baja todavía más, la noche que se acerca de forma peligrosa, la posibilidad de morir de frío está ahí, ¿qué más quieres corazón?

    Dadas las fechas y la proximidad de los Reyes Magos, a tiempo estás de pedir un final concreto.

    Puedo escribir un final sorpresivo, amoroso, rotundo, visceral, animal, cáustico, sensual, crudo, literario o épico.

    Elige tú, corazón. ¡Anda!

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  5. Cáustico, of course

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