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jueves, 2 de febrero de 2012

EL AMANTE PERFECTO.






Cuando tenía quince años, vivía en la playa.
Tenía un perro que se llamaba Sambo.

Sin raza definida, callejero.

Cada mañana íbamos juntos a correr por las playas y los acantilados.

Nos gustaba mucho.

Ver amanecer, observar a las gaviotas, bañarnos, saltar las olas, hacer castillos de arena.
.…………

Conforme la mañana avanza, el Sol eleva su intensidad e ilumina nítidamente cada rincón de la Creación.


Aprendimos juntos, que los pinos huelen fuerte a sotavento, que los pájaros madrugan, que a los peces les gusta la mañana, los cangrejos se refugian del oleaje, la arena moldea el litoral y los penachos de las olas anticipan el sentir de la mar.

Sambo me enseñó algunas cosas.
Su instinto animal era potente y natural.

Si picaba mucho el Sol, era el primero en encontrar una sombra.
Si el cuerpo le pedía carrera, localizaba una explanada de terreno arcilloso, donde trotábamos libres.
Si olía a una perra, me miraba con ojos de circunstancia y se despedía por un par de días.
Si le dolía la tripa, encontraba hierba verde, se la comía y se purgaba.

Pero lo mejor fue lo de los pájaros pequeños.

Cuando la Bola Amarilla se eleva una cuarta, aparece una especie de gorrión que volaba en paralelo a las olas, muy bajo, rozando con sus alas las crestas del oleaje.

Vuelos acrobáticos de primera.
Sambo esperaba en la orilla.

Pasaba un pájaro y se ponía a perseguirlo con febril empeño.
Para vivir su aventura, precisaba de toda su concentración.
Salía lanzado, y con la habilidad natural de su condición canina, acompasaba su correr por tierra, mar y aire.

Le vi nadar detrás de los pájaros.
Correr a ritmo endiablado.
Incluso dos o tres veces le recuerdo volando por los aires tras chocar con las olas.


El ser vivo más feliz que he conocido.
Su alegría se basaba en algo muy simple.





Era un perfecto amante.





Un amante de la Libertad.



.

10 comentarios:

  1. Que bodito, que bodita ibagen, hedbanno; be enternnnece ibagidadte.

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  2. Te imagino a tí también,
    a esa edad así tan bella,
    con tus trenzas pendulonas,
    que en la memoria hacen mella.

    Sí, sí, ya sé me diras,
    que con quince sois mujeres,
    y los chicos pipiolillos,
    sin esencias, ni mercedes.

    Seguro estoy que piensas,
    que aún con más edad,
    vosotras sois más maduras,
    que nosotros, "los figuras".

    Bueno, ¡qué le vamos a hacer!
    así está hecho el reparto,
    que entre chicos chicas está,
    las esencias de estos partos.

    Me despido no sin antes,
    recordarte con esmero,
    que el tiempo pasa y ya,
    recién estrenamos febrero.

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    Respuestas
    1. Que amable componedor,
      que desparpajo,
      que ardor,
      que insufrible ripiador.

      Si escribes unas letrillas,
      que sean, al menos, armónicas,
      sintácticas, apopléticas,
      sincopadas, éticas y peléticas.

      Y dicho esto, mi señor,
      me despido con honor,
      y te dejo con el horror,
      de estos versos de pavor

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    2. ¡Cómo exiges!
      ¡Qué nivel!
      Aquí hay que esforzarse,
      platicar como un dosel.

      Engarzar cada estrofa,
      como si de un collar tratare,
      con sus cuentas, ¡tan hermosas!,
      tan redondas y primorosas.

      Si quieres un par de versos,
      buscaos un buen poeta,
      un Garcilaso o Lope,
      que aquí sólo os ofrezco,
      media docena de besos.

      Alto pones tú el listón,
      tan arriba que no llego,
      me esfuerzo eso sí,
      y contra el asfalto me pego.

      Te veo acostumbrada,
      a los artistas mejores,
      aquellos que glosan fino,
      allí donde yo no atino.

      Más seguro estoy que no,
      en otro encontrarás,
      tal cúmulo de intenciones,
      pasión y veracidad.

      Y si no te crees esto,
      que con tanta firmeza proclamo,
      déjame que por lo menos,
      con sumo respeto...
      os bese a vos la mano.

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    3. Con el ordenador por banda,
      gafa puesta y dedo en ristre,
      no corta el espacio, sino vuela
      mi respuesta, con retintín.
      Con mucho frío fuera y
      a velocidad de crucero,
      mis palabras, como el viento,
      llegan a Don Perlimplín, caballero de postín
      Y ve el aguerrido caballero,
      como su verso chusquero,
      se pierde en la frontera del espacio sin fin.
      Vuela, gaviota mía, que ni tormenta ni fragor,
      ni choteo al por mayor,
      han de detener tu rumbo,
      pues mil paciencias has rendido,
      pese al furioso brío,
      del ingenioso floreo y del mordaz cabreo
      de la vecina de enfrente,
      la de la atenta mente
      y carácter demente
      que dudosamente se erige en complaciente,
      exigente y repelente, aunque amigablemente,
      crítica impaciente,
      y , también, se complace en atenderte,
      cual sinuosa serpiente,
      en esa tarea sapiente
      de ejercer como cuentista,
      en la virtual autopista
      del encuentro descacharrante,
      pertinaz, desopilante,
      de bloggueros desorbitantes.

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    4. Estudio para cirujano,
      advertida ahora estás,
      para curar los corazones,
      y partirlos con mi mano.

      Pues el verbo algodonoso,
      tiene una posibilidad,
      de curar algún desmán,
      provocado por maldad.

      ¿Dónde nos agarramos?
      ¿Cuál es nuestro destino?
      Sólo se me ocurre contar,
      aquellos viajes en Vespino.

      Pues a falta de argumentos,
      de teorías y de instrumentos,
      con tan sólo la verdad,
      os transmito mi pensamiento.

      Pues sólo me fío ahora,
      del verbo de un camionero,
      tosco, bruto, animalote,
      pero sin duda, sincero.

      Lejos de las cátedras,
      de los tratados angostoss,
      me imagino cuanto puedo,
      y así agradezco al cielo,
      que no se me caiga el pelo.

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  3. ¡Caray! Pobre Sambo. Ni idea el pobre que la cosa derivaría en estas delicatésenes.


    "Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
    Para la libertad, mis ojos y mis manos,
    como un árbol carnal, generoso y cautivo,
    doy a los cirujanos.

    Para la libertad siento más corazones
    que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
    y entro en los hospitales, y entro en los algodones
    como en las azucenas.

    Para la libertad me desprendo a balazos
    de los que han revolcado su estatua por el lodo.
    Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
    de mi casa, de todo." (Serrat)

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    1. Harto de estar harto,
      ya me cansé,
      de preguntarle al Mundo,
      porqué y porqué,
      no me empadrono en Tarraco, al fin,
      y con mis hermanas me doy...
      un buen festín.

      Pues su compaña sería sin duda,
      el motivo de aprobar, cum laude,
      de la vida y del pensamiento,
      varias asignaturas.

      ¿Para qué comprar libros?
      Para qué saber del sabio qué opina,
      si todo lo podría tener,
      tomando con mis hermanas un café,
      sentado en su cocina.

      Es mi destino un engorro,
      alejado estoy del mar,
      no sé por dónde continuar,
      sin paella, marisco y...
      sin el sabor de tu sal.

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  4. Caramba. No tengo nivel para esto... Sólo te puedo decir que yo también conocí un perro que vivía en la plaza y era muy feliz. Un beso

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    1. Tranquila, a veces nos da por ahí.
      Tal vez sea el frío polar éste, que nos afecta la cocorota.
      ¡Queeeeeeee fríiiiiio!

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