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domingo, 12 de febrero de 2012

EL CAPITÁN.


EL CAPITAN




Había navegado por los mares del sur y entre las grandes olas del norte.

Atravesar el ecuador, simple rutina.

El Trópico de Cáncer, cuatro veces por año.

El Océano Glaciar Ártico, un paseo dominical.



La quilla de su velero cortaba el mar de Alborán.



Madagascar, una mancha verde a sotavento.

Cabo de Hornos, un día de lluvia.

El Bósforo, una cerilla encendida en la noche.



Para orientarse, con las estrellas basta y sobra.

El anemómetro, el batir de sus cabellos al viento.

La latitud, una sombra sexagesimal.

La longitud, una triangulación con un reloj en la mano.



Había dado varias veces la vuelta al Mundo.

Una veces embarcado y otras en tierra virgen.

...

Era un Capitán de la Marina.

Por eso sus pies se mantenían firmes en la cubierta.

Agarrados como lapas.

Su mirada escrutaba el viento y las olas.



Sabía perfectamente, que en la mar el camino más corto a las estrellas, nunca es la línea recta.

Que la línea del horizonte se curva.

Que la luz se refracta.

Y que aquel olor a salitre, respirado al aire libre, era el perfume de las sirenas.

...

Por eso, cuando se tenía que despedir de algún miembro de la tripulación, no sentía dolor.

Sabía que entre la mar y las estrellas, siempre queda una emoción.

La de haber navegado junto a la gente querida.

Y eso, al Capitán, no se lo podía quitar nadie.



Porque su tripulación era parte de su propio rumbo.

Navegando entre las olas y las estrellas.

Hacia poniente.

.

2 comentarios:

  1. Gracias por este relato que me viene tan bien en estos momentos. Un beso.

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  2. Me alegro que te guste.
    A veces las letras sanan.

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