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martes, 7 de febrero de 2012

LA GLORIA.

Tendría que empezar diciendo que no soy un intelectual. Soy un simple camionero.

Conduzco mucho, y poco más.

La cabina de mi Volvo es mi mundo mundial.



Resulta que le prometí a Toi un relato sobre la gloria, donde se podría hablar de los ideales que no mueren con los hombres (Irene), que dijera algo de los poemas épicos clásicos (A. Baricco), de la belleza en medio de la fealdad (Toi), de los temas vitales y cruciales (Toi), de que en medio de las guerras, las desigualdades, la destrucción ¿dónde queda la gloria, la dignidad, el orgullo, la libertad? (Driver).






No tengo una gran formación. Así que no puedo desarrollar un ensayo. Eso sí, puedo regalaros un relato.



He prometido algo muy complejo. Le estoy dando vueltas a la estructura. Y lo único que se me ocurre es contaros algunas cosas que ocurrieron realmente. Tal vez la verdad se abra paso entre las palabras tecleadas. Y vosotros, tal vez, os las creais.











LA GLORIA.



Cuando tenía doce años, se rompió la cadena de mi bicicleta.
Fui al único taller de coches que había en mi pueblo, para que me la arreglaran.
Mientras el mecánico hacía su trabajo, me quedé absorto, curioseándolo todo: bujías, llaves inglesas, fresadoras, amoladoras.

En la parte posterior del taller, un descampado albergaba una montaña de chatarra. Coches, motocarros, camionetas.

Me quedé un rato mirando aquella montaña de acero. Era fea. El óxido y la mugre campaban a sus anchas. Y de pronto un destello. Junto a un pino piñonero, había un coche que llamó mi atención.

El Ferrari. Un italiano se había pegado un leñazo con su deportivo, el coche salió volando sobre la curva de la estación, y tras dar más de veinte vueltas de campana en el sembrado de D. Julián, quedó tendido sobre su costado izquierdo. Eternamente tendido.

Aquella imagen, por alguna razón, quedó para siempre grabada en mi cerebro. El montón de chatarra, el desorden, la destrucción, el tendido eterno, y sin embargo, conservaba algo del álito vital que, su diseñador, le había regalado. Tenía el sabor de la gloria.



...

Antes de ser camionero, me busqué la vida de diversas formas. El verano de 1988 trabajé en Mallorca, en un chiringuito de la playa de Alcudia, de camarero.

El viernes 14 de agosto libré, y como no tenía mucho que hacer, me fui a la playa a pasar el día.

Junto al chiringuito donde trabajaba, estaba el hotel Meliá Alcudia. Me tumbé en mi toalla y vi pasar el mundo mundial. En el hotel se hospedaba un grupo de alemanes, que en aquel momento estaban jugando al fútbol en la arena.

A las dos de la tarde, apareció un grupo de albañiles, inmigrantes en su mayoría, que vestidos con sus monos de trabajo, acababa de terminar de currar. Se quedaron en bañador, y se apoyaron en el murete de piedra del paseo.



Cuando ves al personal en bañador en la playa, desde lejos, es muy difícil distinguir si pertenecen al primer mundo o al mundo real.



Me limitaré a contar lo que pasó.
Abdhel El Mushain, hijo de Bramin y nieto de Mustafá, original de Tánger, se levantó por su cuenta, sin contar con nadie; se dirigió al grupo de alemanes y les retó a un partido de fútbol en la arena.

 Le siguió Carlitos, hijo de Carlos do Gama y nieto del mítico Carliños, originario de Rio de Janeiro; José Sánchez, de padre desconocido, nacido en Barbate; Victor Jastropech, hijo de los caminos de Europa, nacido en Budapest y Pepe, que nadie sabía de dónde era. En total cinco personas, todas con nombre y algunas con apellido. Peones de la Ferrovial en las obras del desvío.



Los alemanes pertenecían a un club deportivo, lo que se traducía en que contaban con una larga historia de entrenamientos, tácticas, preparación física y motivación nórdica.

Los peones, por no tener, no tenían ni número de la Seguridad Social. Eran la viva imagen de los desheredados, la chatarra humana del primer mundo. En teoría.


Abdhel El Mushain, hijo de Bramin y nieto de Mustafá, original de Tánger, capitaneba a los desheredados. Los alemanes les encasquetaron diez goles hasta las cuatro de la tarde. A esa hora se hizo un descanso de media hora.

Simplemente ocurría lo que siempre ocurre, ganan los guapos, pierden los feos, y la belleza y la gloria se van a tomar viento.

Los alemanes comieron yogures, bebidas isotónicas y tenían un masajista que relajó sus músculos.

Los desheredados un bocata de chopek.
...

Así que el destino me hizo intervenir. Me fui al chiringuito, me pillé seis birras de litro de la Cruzcampo, una para cada desheredado y otra para mí, barrita de mojama, tomatitos y cuatro latas de navajas.



La chatarra humana del primer mundo, incluyéndome entre ellos, nos lo tomamos todo.
Entonces , Abdhel El Mushain, hijo de Bramin y nieto de Mustafá, original de Tánger, miró pausadamente al cielo, vió que no había ni una nube , que caía un sol de justicia, que los alemanes comían a la sombra y que ellos comían al sol, y comprendió.

 No sé exactamente qué, pero tenía cara de haberlo comprendido.



Los alemanes juegan al fútbol, con la meticulosidad con la que fabrican coches. Son tan precisos, que a veces se les olvida lo más simple.
Lo más simple es que nunca se puede menospreciar la capacidad de lucha de un ser eterno.

Cascarás, te convertirás en polvo orgánico, nadie se acordará de ti. Pero si un día te miras al espejo y ves el brillo de la belleza reflejado en tu pupila, ese día sabrás que en ese brillo, y en el que reflejen las pupilas de tus descendientes, está condensado el sabor del orgullo.
El sonido del heroísmo. La esencia de la eternidad.



………………………………..



La Cruzcampo empezó a actuar, junto a la mojama y el sol. Las ideas futbolísticas de los peones se empezaron a desarrollar de forma ordenada. Diez, dos.
El sonido de Tánger se escuchaba a lo lejos mezclado con la bruma de las olas. Diez, cuatro.
El ritmo brasileño encontró su acomodo en una playa de Mallorca. Diez, seis.
La Semana Santa de Barbate aportó el latido de la tambores. Diez, ocho.
Pepe, el hombre del que nadie sabía de dónde era, encontró sus raíces en aquella playa, diez, diez.

Siete de la tarde. El partido empatado. Yo no sé si estaba un poco afectado por la cerveza, pero me parecía que aquella gente marcaba los goles de dos en dos.

Entonces ocurrió algo que nunca olvidaré en mi vida.

Me vino a la cabeza la imagen del Ferrari eternamente tendido. Aquella imagen que me perseguía desde los doce años. La mezcla de la destrucción, de lo cotidiano, de la desigualdad, encerrando en su estructura la belleza eterna. Aquella mezcla que me despertaba con preguntas muchas noches.



Conforme la imagen se me hacía nítida, Abdhel El Mushain, hijo de Bramin y nieto de Mustafá, original de Tánger, cogió la pelota, corrió la banda, se hizo varios autopases, y acabó sólo frente a la portería alemana, el guardameta mortalmente abatido.




Lo siguiente es muy difícil de describir con palabras. No encuentro las apropiadas. Pero tengo que decirlo.



Abdhel, cuando tenía en sus pies la oportunidad de ganar aquella batalla, cuando a los alemanes se les materializaba la peor de sus pesadillas, cuando yo estaba abriendo la octava Cruzcampo.
Abdhel hizo otra cosa.



En vez de marcar el gol de la victoria, hizo algo extraño. Cogió la pelota con ambas manos, se la puso encima de la cabeza, y se puso a caminar lentamente hacia la orilla.
Se metió en el mar y se bañó tranquilamente.

Se daba por satisfecho, no necesitaba más.

Y yo ví reflejada en sus pupilas la esencia de la belleza.

...
Cascarás, te convertirás en polvo orgánico, nadie se acordará de ti. Pero si un día te miras al espejo y ves el brillo de la belleza reflejado en tu pupila, ese día sabrás que en ese brillo, y en el que reflejen las pupilas de tus descendientes, está condensado el sabor del orgullo.

El sonido del heroísmo. La esencia de la eternidad.

...

Aquel africano, en la orilla de la playa, con el agua hasta las rodillas.

Sonreía.
















.





Sonreía de forma misteriosa.




Atentamente: Driver.



.


.

10 comentarios:

  1. Al volante de un camión, amigo Driver, se puede filosofar no sabes cuanto. No tendría tan clara la incompatibilidad entre ser camionero y ser intelectual.

    Si es que la vida no es más que una carretera con curvas ... y lo que llevamos a las espaldas, un auténtico cargamento.

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    1. Vamos conduciendo un dieciséis toneladas, fuera de plazo, con tráfico denso, escuchando un programa de radio.
      Paramos a repostar y a tomarnos un cafelito.
      La camarera de los ojos verdes, transparentes como esmeraldas, nos sonríe al servirnos la pitanza.
      Y entonces, tras seis horas de asfalto, y frente a otras cuatro, pronunciamos algunas de las mejores frases que nos alegran el día:
      "Señorita, cóbrese la consumición, que si me cobra la simpatía me arruina".
      La chica pone sobre sus labios la chispa de la vida, y entonces el camionero está más cerca del tormento y el éxtasis que ningún otro ser animado.
      Y tal como lo siente, lo escribe en su cuadernillo de viaje.
      ...
      Lejos, muy lejos, un sesudo intelectual trata de discernir la paradoja que se establece entre una visión diacrónica de la existencia y otra visión sincrónica del paradigma existencial.
      ...
      La diferencia entre los dos es que uno de ellos lleva escrito en su mano un número de móvil y el nombre de una señorita.
      A la que llamará para salir a bailar.
      ...
      Una noche de verano, bajo las estrellas, en las fiestas de Pisuerga del Ebro.

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  2. Qué historia más bonita. Es cierto que en bañador todos somos iguales. Un beso.

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    1. Observando a los seres humanos en espacios abiertos, frente a la naturaleza y bajo el sol, es donde vemos nuestra auténtica naturaleza.
      Es entonces cuando siento que la forma de relacionarnos con la naturaleza, es en lo único en lo que nos diferenciamos de veras.
      Un beso, besucona.

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  3. Tienes la belleza del caballo rampante en tus dedos cuando escribes. Gracias

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    1. Driver caballino rampante8 de febrero de 2012, 18:10

      Hay una explicación a esta circunstancia.
      La leerás en la próxima entrada.

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  4. mmmmmffffffffffffffffffffff

    Por qué besa usted a otras señoras?

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    1. Porque en cada una de ellas, la busco a usted, corazón, de la forma más atropellada y noble que pensar pueda.
      Y que pueda pensar.

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    2. ¡vaya declaración! ¿abobas vas hermano?

      Algún día les contaré de donde vienen esas sonrisas con sabor a cruzcampo ... sobre todo la última.

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    3. Ya me conoces, germà.
      Es mezclar mujeres y besos, y me pierdo yo solito.
      ¿A tí te pasa?
      ¿Será congénito?

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