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lunes, 26 de marzo de 2012

LA BALLENA DOMINICAL




Esta es la historia de una ballena negra, grande, de piel suave, que solía navegar por los Mares del Sur.


La ballena de nuestro cuento no sabía absolutamnete nada de latitudes, longitudes, velocidad en nudos, ni posicionamientos globales a través de satélites artificiales.

Era una ballena común, de las que te sueles encontrar cuando un domingo por la tarde sales a pasear, y un niño va y grita:

"¡Atención todo el mundo, por ahí viene una ballena!"

Y tú que estás dando un paseo, te subes al banco de madera para otear el horizonte, y la ves llegar por la Plaza del Ayuntamiento.



Una enorme ballena negra, paseando tranquilamente, que de pronto se para y te pregunta:

"¡Buenas tardes!, ¿sería usted tan amable de indicarme el camino hasta el mar? Resulta que me despisté y ahora no se volver".

Y tú allí, delante de treinta toneladas de materia viva, tratándote de hacerte una composición de lugar.

"¡Buenas tardes señora ballena!, lo cierto es que estamos a unos quinientos kilómetros de la costa".

"¿Y no conoce usted, amable transeúnte, algún lugar al que yo pudiera ir? Más que nada porque mi piel se está secando y necesito estar debajo del agua"

"Pues mire señora, espere que piense un rato"






Y en éstas, en las que tú te devanas la sesera para buscar una solución, van y aparecen tres delfines viajeros.

"¡Buenas tardes tengan vuesas mercedes! ¿les podemos ayudar en algo?"

"¡Oh, unos delfines viajeros con un hablar taaaaan elegante!"

-exclamó la ballena negra, contenta de ver a otros seres marinos-

"¿Qué me han echado a mí en el café, marihuana o qué?"- exclamas tú que te encuentras hablando con una ballena y tres delfines un domingo por la tarde-





Te pellizcas el brazo varias veces, para comprobar si estás en medio de un sueño; pero no. Es tan real como que uno de los delfines ha descubierto el bolsillo trasero de tu vaquero, y está metiendo su morrito allí, hurgando juguetón.

"¡Que nadie se ponga nervioso! Analicemos la situación con frialdad, a ver si entre todos encontramos una solución al problema"
 
"Más bien problemazo" -apuntó la ballena negra-

Entonces el más viejo de los delfines agarró una rama y se puso a dibujar un esquema en el suelo.

"Bien, chicos. Tenemos la ballena, los delfines, la ciudad, y allí, leeeeejos, muy leeeeeeejos tenemos el mar".
"¡Pensemos entre todos!".

Y van y se ponen los cuatro mamíferos marinos allí presentes a mirarme a mí.

"¡Oye, que yo sólo estaba dándome un paseo tranquilo!"
 
Lo dijeron a la vez, la frase que obra milagros, que hace que tu cerebro se esfuerce al máximo:
"¡Confiamos en tí, amable transeúnte!"


...

Y entonces hice lo que hacemos los humanos cuando no sabemos qué hacer.

Llamé a mis amigos y les expuse la situación, esperando comprensión, apoyo y una idea.

En vez de estas tres cosas obtuve tres respuestas diferentes pero con algo en común.



"Deja de beber. No te está sentando nada bien".

"Siéntate en un banco, llama a urgencias y diles dónde te encuentras. El tuyo es un caso para profesionales".

"Estás muy mal de lo tuyo, colega".



Tras estas muestras de comprensión y solidaridad por parte de mis queridos amigos, me encontré solo frente al problema.

Así que tuve que abordarlo.



"¡Bien, señora ballena, le diré lo que haremos!"

(esto lo dije, más que otra cosa, para ganar tiempo)






Lo primero es pensar que vayamos donde vayamos, iremos juntos.



"¡Bieeeeeen!" -gritó al unísono el grupo de mamíferos-



Lo segundo es tratar que haya agua, mucha agua.



"¡Eres un crak, transeúnte amable!"



Aquí reconozco que me vine arriba. Lo cierto es que pienso mejor cuando me animan. ¿A tí no te pasa?



Así que, mis queridos seres acuáticos y domingueros, iré a por mi coche y nos iremos todos juntos al Pantano de La Felicidad.



"¡Oeeeeeeeeeeh!" - exclamaron con pasión y sincera alegría-

...

Os ahorraré los detalles del viaje. Sólo apuntar, que tal y como estáis pensando en este momento, introducir a la ballena en mi coche, fue tarea ardua y delicada.

...

Tras un viaje no exento de dificultades de todo tipo, llegamos al Pantano.



Allí estaba todo lo que un mamífero acuático desearía para una vida feliz.

Agua, alimentos, amigos y unos atardeceres naranjas.



...



Ha pasado mucho tiempo, y algunos días me da por escaparme de la ciudad e ir a visitar el Pantano de la Alegría.



Allí suelo ver preciosos atardeceres.



Y de vez en cuando, observo complacido cómo se levantan pequeñas olas de espuma blanca.



Seguro estoy que debajo de esas olas navegan mis amigos.



Estoy completamente seguro de lo que digo.



La prueba de su existencia, es que cada vez que veo un atadecer allí, sonrío.



Y esa alegría, sólo la produce la presencia de un buen amigo.






...



Atentamente: Driver para Monypenny.

5 comentarios:

  1. Qué bonito. Yo también quiero ir al pantano de la felicidad. Un beso.

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    1. A veces pasa que mezclando sustantivos y adjetivos que normalmente "no casan", encuentras justo la pareja que te complace.
      El pantano de la felicidad.
      La canción sabrosona.
      La sonrisa eterna.
      La esperanza azul.
      La cálida mirada.
      ...
      Jugar a mezclar palabras es divertido.

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  2. Ya decía yo que me sonaba. En cuanto he visto la primera foto de Balle la he reconocido al instante. Miratúpordónde!
    Me encanta este cuento.

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    1. Balle es una ballena con suerte.
      Encontró tu cuento, y luego el camino al pantano de la felicidad.
      ¡Y tres amigos delfines!
      ...
      Debe estar navegando por ahí, contenta.
      Miratúlacasualidad !

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    2. Los colores sufridos (pobres..)
      Los regalos socorridos (menos mal!)
      .......

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