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viernes, 30 de marzo de 2012

LA PASION HEREDADA


Esta imagen corresponde con el paso del Prendimiento, de Francisco Salzillo, propiedad de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia.
En él se ve la imagen de Judas en el momento en el que delata a Jesús con un beso.
La figura de San Pedro sable en mano, defendiendo a su Maestro frente a un sayón caído.
Y la anacrónica figura de un teórico soldado romano, que por avatares de la fecha de creación del grupo escultórico (1.715) va vestido con armadura de la época de Felipe II.
Está labrado en madera de olivo y policromado con refulgentes brillos.
Este grupo escultórico es procesionado cada año por mi Cofradía, el día del Viernes Santo en la ciudad de Murcia, y declarado oficialmente de interés cultural.
Pero hay más, mucho más.
...

Seis de la mañana. Suena el despertador. Me lavo y me visto con unos vaqueros y una camisa blanca.
Mi madre me ha preparado el desayuno, y en la vieja cocina familar lo apuro con cierta ansiedad.
Ella es quien me ayuda a vestirme. La túnica recién planchada, el capirote, el rosario y el cíngulo.

Cada lazo, cada tirante, todos los broches, y todos y cada uno de los componentes del traje de nazareno son ajustados con parsimonia, respeto e intensa emoción.

En el bolsillo del vaquero, mi carnet de Cofrade, la contraseña que me proporcionará una cruz de madera y diez pavos arrugados.

Salgo a la calle. Miro al cielo y conjuro a todos los santos: "¡Que no llueva Jefe, no me la líes!"

La primavera murciana ya huele a azahar y a luz.

La sensación es la de ir a un combate, pues nunca tienes claro si dispones de fuerza moral y física para emprender la batalla anual. Esa es la verdad.

Emprendo el camino a mi iglesia, donde otros 1.500 nazarenos están igualmente citados.

La iglesia de Nuestro Padre Jesús se levanta en un barrio que actualmente acoge a miles de inmigrantes de todas partes del mundo. Marroquíes, sudamericanos y africanos, principalmente.

Busco en los bares próximos y encuentro a mis amigos de la pandilla de los 18 años.
Allí están.
Rasgados por los trances de la vida, enamorados o arruinados.
A mi lado.

Llegan los camiones con las cruces. Nos arremolinamos alrededor, con el ansia por recoger nuestro madero en forma de cruz. Pesa, siempre pesa mucho.

Formamos en dos filas.
Te pones el capuz (el cucurucho de la cabeza) y quedas aislado del mundo.

Suenan las fanfarrias. Un sonido ancestral que te hace temblar. La penitencia está servida, hermano.

"Jefe, sé que soy un auténtico desastre. Es más, no hago sino meter el cuezo de forma continua.
Solo decirte que estoy aquí para acompañarte.
Así que no permitas que me pegue un castañazo, más que nada porque me gustaría llegar hasta el final"

Más sincero, imposible.
...

Arranca la Procesión de Viernes Santo.
La que mi abuelo me explicaba con sumo detalle y arte expresivo.
La que explico a mis hijas, de la forma que Dios me da a entender

...

Observo el rostro de Jesucristo, mientras es vendido por treinta monedas de oro.
Y comprendo que es un hombre, como yo.
...



Siento la potencia del brazo de San Pedro y su gesto de rabia contenida.

...

Y empiezo a caminar una penitencia de cinco horas bajo un sol rotundo.

...

"¡Dame fuerzas Señor, no dejes que me caiga como una nenaza!"

Los compañeros nos vigilamos, atentos a cualquier decaimiento.

"¿Qué tal vas, chico?"

"Jodido pero contento"- me responde Juan Carlos-

"¿ Y tú ?"

" ¿Cuándo he sabido yo cómo voy? "

" ¿Tú?, en la vida los has sabido."

" Pues eso".

...

Cae la luz mediterránea sobre la barroca fachada de la Catedral.
La piedra caliza te saluda.

Y tú la miras, esplendorosa.

...

"No puedo más, tío"
" ¡No me seas maricona y tira hasta el final, cagontó!"

"Cada año hablas peor, cabezón"
"¡ Anda, tira mariquita !"

...

"Señor, no permitas que Juan Carlos se la pegue. Estamos aquí para acompañarte, Jefe"

...

Hay un niño con una sonrisa en la acera.
Montado sobre el cuello de su padre, se estira para ver pasar la Procesión
...

En algún lugar de la muchedumbre, mis hijas me observan.
Tal vez alguna tomará mi relevo cuando yo casque.

...

Embocamos la calle de Sta. Teresa.
Una cuesta arriba eterna, tras cuatro horas de Procesión.

...

"¡Aquí te quiero ver, colega!"

"¡No te oigo, hace media hora que me desmayé!"

"Pues veo cómo se mueve tu culo."

"¡Agárrame un momento la cruz, que me voy a apretar el cíngulo, a ver si se me mueve la sangre!"

"¿La sangre?, pero si tú sólo tienes horchata".

"Recuérdame que te de una paliza al final"

"Vale, ya te lo recuerdo luego"

...

Tras cinco horas y media de Procesión llegamos de nuevo a nuestra iglesia.
Dejamos la cruz donde los camiones y nos dejamos caer sobre el primer bordillo libre.

...

"Gracias Jefe, este año tampoco me la pegué.
 Intentaré ser mejor, aunque vistos mis antecedentes no te prometo mucho.

De todas formas, te agradezco tu presencia y tu compañía.

Gracias por la luz, gracias por la vida.

Ha sido un verdadero placer"

...

Los nazarenos se dispersan, emprendiendo el camino de retirada a casa.

Antes, justo antes de irse, se acercan al paso, ponen la mano sobre el entablamiento de madera, se inclinan y rezan una oración sentida.

Su contenido queda entre ellos y el Altísimo.

En la más estricta de cuantas intimidades puedas imaginar.

Desde el infierno terrenal, hasta las alturas celestiales.

...

Directamente.

Sin intermediarios.

...

Posdata explicativa a raíz de la sugerencia de mi hermano Tomae:

En la Procesión del Viernes Santo en Murcia, tenemos costumbre los nazarenos de regalar caramelos a la chiquilería.



Y hete aquí que entre el público, hay niños en primera fila con varias toneladas de caramelos.


Pero si osas mirar a la fila diez o doce, verás a un niño con cara de cabreo supino, sin caramelos y viendo como los de las primeras filas se inflan.


Su cara refleja la injusticia en estado puro.


Así que vas tú y decides hacer algo por ESE niño. Agarras la cruz y te abalanzas peligrosamente hacia las filas de asistentes, le pegas sin querer un cruzazo a un buen señor, apoyas tus sandalias entre la fila tres y la cuatro, en una pirueta que llama la atención del mayordomo que te dice que te dejes de tonterías, le pides a un señor de la fila seis que agarre un puñado de caramelos y se los pase al niño de la fila diez; en esos momentos el lumbago te pega un poderosos e inoportuno tirón que se extiende por la zona inglinar con gran dolor; desciendes de las filas de sillas mientras que el mayordomo te apercibe con una expulsión inmediata de la procesión.


...


El sol pica.


El mundo es básicamente injusto. Hay niños con muchos caramelos y niños sin caramelos.


La cruz de madera te destroza el hombro.


Tu salida para el año que viene depende un expediente sancionador.


Por no hablar de tu dolorida zona inglinar.


...


La fila de penitentes avanza.


Giras el cuello y lo ves.


El niño de la décima fila, con un puñado de caramelos en la mano, te mira con una enorme sonrisa de agradecimiento.


...


Directamente.

Sin intermediarios.


.



10 comentarios:

  1. Fenomenal forma de narrar la procesión hermano! Deberías hacer llegar este relato a tus compañeros Nazarenos, a la Cofradía o algo así...

    Y... por favor, piensa en los chiquillos, junto a ese billete arrugado de 10 haz hueco en tu bolsillo para unos caramelos.

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  2. Esa indicación tuya, hermano, merece una posdata explicativa.

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    1. ...pues eso que lleves caramelos para regalar a los pequeños que os observan en la procesión, eso sí guardando el respeto y el silencio debidos.

      Ah! y no me seas gallina, ni quejica ni aguafiestas...si llueve, se sale! no hay monsergas que valgan!

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  3. Gracias por compartir con nosotros algo tan emocionante. Espero que todo vaya bien un año más. Un beso.

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  4. Este año toca mirar al cielo, esperar a que no llueva y conformarse con los designios.
    Osea, como siempre.

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  5. Estas cosas no se ven en mi tierra, no me hago mucha idea. Pero me gusta eso de la intimidad, directamente y sin intermediarios. Es la única manera como yo lo entiendo, y como no hago estas penitencias, seguro que soy más desastre que tú...
    Abrazo grande y fuerza que seguro es en estos días qu ete toca cargar otra vez.
    Polcielto, gracias por el cuento del otro día, parece que esta semana santa no habrá pacífico para esta medusa, pero otra vez será. Beso.

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  6. Siempre que quieras un cuento, sólo tienes que pedirlo.
    Es fácil.

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    1. Revisa tu correo, hay un pedido :-).

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    2. Recibido el encargo.
      En 24 horas lo tendrás.

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  7. No he podido evitar emocionarme leyéndolo... muchas gracias por compartirlo!

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