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miércoles, 16 de mayo de 2012

LA GRAN ESTAFA: EL TRANSATLÁNTICO ( 4 )





Sobre la inmensidad de un mar eterno, se deslizaba el transatlántico.
Una ciudad flotante se inclinaba ante las divinas proporciones de un mar, más próximo a la eternidad que a la ingeniería naval, más cerca del concepto de brillo refulgente que a la milla naútica, más propio en fin de Dioses que de simples humanos.

Ante su majestad Neptuno se inclinaban las mentes, los conocimientos y las más íntimas de las emociones.

A lo largo de la línea de flotación se podía adivinar el ciclo de la vida, aleteando entre la espuma salada.

En la línea del horizonte ibas a encontrar la mayoría de las respuestas a tus preguntas más fervorosas.

Ni poderes públicos, ni leyes internacionales, ni códigos marinos.

Si te paras en cubierta y te dejas acariciar por la brisa, pronto comprenderás que tú ahí, atravesado por un meridiano imaginario, eres la persona más próxima a la que vas a estar en tu vida.

Y así, mecido por una olas eternas, descubres dónde está el centro de la Creación.

Bajo tus pies, a cincuenta brazas de profundidad, iluminado por unos rayos de vida intensa.

Recién inaugurado, como si su Creador lo hubiese terminado hace un minuto.
...

Entre espuma y sal rotunda.


4 comentarios:

  1. cuánta paz... creo que lo haremos bien...

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  2. Ya no volveré a ver esos barcos igual. Un beso.

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  3. Eso lo dices porque vas hasta arriba de biodraminas, no... jejeje

    A mi también me huele bien este plan.

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  4. Leonardo, agarrame por detras que voy a abrir los brazos. No vaya a ser que me caiga y lo echemos todo por la borda.

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