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miércoles, 1 de agosto de 2012

LA COLA DEL CABALLO






"En el pueblo asturiano donde veraneábamos La Cola del Caballo era el final del farallón donde todas las noches nos reuníamos. Oscuridad, viento, cigarrillos y de vez en cuando un beso; el lugar apartado y misterioso ejercía en nosotros una extraña atracción.

Se contaba que los habitantes de la villa habían sido raqueros, mala gente que en tiempos pasados y en los temporales, tan frecuentes en la zona en otoño e invierno, atraían con luces atadas a los cuernos de vacas a los barcos que navegaban por la costa.

Creyendo que las luces eran el cercano faro de San Andrés se dirigían los barcos confiados a la Cola del Caballo donde chocaban con las rocas, se rompían los cascos y durante horas abrían al mar sus tesoros y las vidas de los pobres marineros o viajeros que morían ahogados en su mayoría.

Los habitantes del pueblo, pobres como las ratas, recogían las mercancías y se deshacían en su caso de los pocos supervivientes antes que las autoridades pudieran darse cuenta.

Así durante años el pueblo vivió de los raqueros y el contrabando.

En aquella población costera, durante los veranos de la transición, se formó una pandilla.

Los fijos, cinco chicos y seis chicas. Los añadidos, cualquier piratilla que estuviera de paso.

Teníamos esa edad donde la aventura se vestía con un bañador y unas gafas de bucear. Por la mañana éramos los reyes de la costa. Por la tarde, soberanos de la bicicleta. Durante las noches estivales, astrónomos de las emociones....

Con veinte años el mundo era una tierra virgen, cuyo centro de gravedad se situaba en La Cola del Caballo.

Aquella formación rocosa ejercía una poderosa atracción sobre nuestras almas.



La naturaleza humana es así. En las mismas coordenadas geográficas donde nuestros bisabuelos abrían en canal a los supervivientes de los naufragios, nosotros hicimos un descubrimiento que cambiaría nuestras vidas. Para siempre....



Todas y cada una de las mañanas nos reuníamos en la formación rocosa.Unos doscientos cincuenta metros de rocas sedimentarias se adentraban en la Mar Océana.



Con una profundidad de medio metro, podías andar a través de ellas y adentrarte en la aventura.

Una vez situados en el borde de la formación, nos poníamos las gafas de buceo y nos arrojábamos en brazos de Neptuno.

Plas. Azul verdoso.

Plam. Sal en estado puro.

Esplás. Frescor marino.



Teníais que vernos.

Juan Carlos. Ochenta kilos de músculo y 100 gramos de cerebro.Plas, plum.

Almudena. Un saco de hormonas a punto de reventar.Plum, plas.

Javier. Atacado por la locura de las nuevas tecnologías.Esplás, plasssss.

Rosa. La Diosa Minerva en bikini rojo radiante.Plumm, cataplumpasss.

Diego.Un trovador mediterráneo.Fiuuu. Floshps.

Maria Jesús. Una hija única buscando un padre en el fondo de la bahía.Tras, tras, tras, flopsssh.

Jaime. Un noble medieval nacido en el siglo XX.Pummmba.



Así y todo, una veintena de adolescentes, atolondrados, inconscientes...Enamorados de unas rocas....

...

El ciclo era simple.

Arrancabas la mañana caminando por la Cola del Caballo.

Ibas a tu ritmo.

Un cuarto de hora haciendo equilibrios sobre la piedra horadada.

Una zambullida.

Rato de buceo.

Nadar a la playa.

Y vuelta a empezar....



Cada uno llevaba una cadencia.

Los había que disfrutaban más caminando despacio sobre las rocas.

Observando a los cangrejos que hacían top-less.

Otros se congratulaban con el momento previo al salto, en el borde de la rompiente.

Que si salto, que si no salto, que si el viento, que si la luz. Una duda más que razonable.

Yo era de los que iban directamente al mar. Sin preámbulos.

Cada vez que me tiraba era diferente.

La luz se dispersa a través del espejo ondulante de las olas.

Se abre, en radiante reflexión.

Lucha por ganar profundidad, y cuando lo consigue, rebota en un coral rojo.

Los concepto arriba y abajo eran relativos.

Podías volar sobre las praderas de algas.

Invertirte en torbellino humano.

Girar, hacer giñadas laterales, retroceder sobre tu propio torbellino, trazar parábolas con las corrientes.



Algunos días respirábamos a través de unas agallas invisibles.

Éramos peces de colores....
...

Siempre lo recordaré.

Cuerpos adolescentes, abrasados por el Poniente, envidia de los Dioses del Olimpo.

Esculpidos en arcilla.

Erguidos frente al mar.

Rotundos.



...y una noche de luna llena fuimos a la Cola del Caballo.

Estábamos todos.Chicos y chicas.

Lo que sucedió a continuación será difícil de escribir.

A día de hoy no tengo claro si sucedió o fue un sueño. Tras treinta años, todavía tengo dudas sobre lo ocurrido. Suceden cosas imposibles de olvidar. Imposibles...

Esa noche Marte besaba dulcemente a la Luna. Nos encontramos en la playa. Había la suficiente luz como para no tropezarse, y la necesaria como para vencer la vergüenza.

Poco a poco, como engatusados por la luz del satélite, nos dirigimos a las rocas.

De tanto jugar con la Cola del Caballo, nos la habíamos aprendido de memoria.

Cada recodo en las meninges.

Cada promontorio en las venas.

Los fondos marinos grabados a fuego en el corazón.

El alma libre.

Seis horas.

Estuvimos seis horas haciendo el recorrido.

Sin hablar.

Nuestros pies rasgaban la superficie del sedimento.

Nuestros brazos avanzaban, aleteando por las profundidades.

Las almas, volaban sobre las algas.

Nuestro corazón era un motor turboalimentado de luz nocturna....

Cuantas más vueltas dábamos, más nos gustaba....



A punto de amanecer nos pareció ver unas extrañas sombras que nos acompañaban.

Hacían los mismo que nosotros.

Paseo por las rocas, zambullida, buceo, natación y vuelta a la playa.



Eran los espectros de los naúfragos asesinados por nuestros bisabuelos.

Veían como nos divertíamos y se unieron a la fiesta.

Así de simple.

En ningún momento sentimos miedo por su presencia.

El destino les deparó un cruel final, y viendo la oportunidad de resarcirse con la vida, se unieron a nosotros.

Rocas, zambullida, buceo, natación y playa.



Han pasado treinta años de aquello.

Nuestros destinos tomaron caminos diferentes.

Juan Carlos trabaja de vigilante de seguridad. Escribe poesía.

Almudena tiene seis hijos. Lee con ellos La Odisea. Cada verano.

Javier tiene una empresa de informática. Diseña juegos educativos.

Rosa trabaja en una Caja de Ahorros. Remueve los fondos de inversión con la misma agilidad que nadaba con su bikini rojo.

Diego construye colegios y regala cuentos.

Maria Jesús no encontró a su padre, pero fue capaz de encontarse a sí misma.

Jaime es historiador. Trata de usted a la Edad Media....



Todos y cada uno de aquellos jóvenes valerosos han sido víctimas de naufragios, han llorado, parido niños con ojos azules y reído.



Pero lo que nunca olvidarán es que una noche bailaron al son de la eternidad, acompañados de sombras de marinos pasados a cuchillo por sus bisabuelos.



Allí donde la libertad se respiraba a través de unas agallas invisibles.

En la Cola del Caballo.

Donde aprendimos que la vida es bella.

Buceando en la eternidad.

...

PD: Me marcho unos días; me han hablado de una isla donde hay escondido un tesoro.
      Sólo tengo una vieja carta náutica y un par de croquis a mano alzada de un trozo de costa.
      Me tengo que arreglar con eso para buscar el tesoro.

      Creo que me va a ocupar un tiempo.

...

10 comentarios:

  1. Yo también tengo un mapa de un tesoro.

    Lo dibujé yo mismo, hace tiempo.

    Cualquier día me voy a buscarlo, cualquiera sabe las sorpresas que el destino nos tiene preparadas.

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    Respuestas
    1. El futuro está por escribir.
      Por cierto, mi mapa está dibujado en un trozo de cuero con tinta indeleble; parece que el mapa está prepardo para soportar agua, viento y lluvia.
      Se avecina aventura.

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  2. Seguro que lo encuentras. Solo es cuestión de eso, de dedicarle un poco de tiempo.
    Hasta pronto.

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    Respuestas
    1. Delante de un viejo DC-3.
      Ese cacharro metálico tiene un aspecto viejo, desvencijado y oxidado.
      ¿Cómo era eso? Que la Tierra es la que baja y sube, y que tú estás ahí quieto parao.
      ¡Ja!
      Por si acaso me voy a apretar un lingotazo.
      Es la costumbre antes de subir a estos trastos del demonio.

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  3. Ainssss, recuerda!! Es la tierra la que desciende bajo tus pies, es la tierra la que desciende....., es la tierra la que......., es la tierra......., es.......
    Fiiiummmmm!!!!!!!

    Driveeeerrr aiver, aiver......me tomaré otro lingotazo por tiiiii, tii, tii, tii.......

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  4. Yo también me tomaré un lingotazo de esos.
    Como ves, siempre estoy a hacer un sacrificio por ayudar a alguien... jajajajaja.
    Mucha suerte en la búsqueda del tesoro. Lo importante no es encontrar el tesoro, más bien sería, encontrar muchos tesoros. Yo creo que no hace falta ni que te haga la lista de esos tesoros, verdad?

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  5. No, a estas alturas del partido, no hace falta hacer la lista de esos tesoros.
    Sudando enmedio del estadio, con los huesos doloridos, los compañeros nos miramos con intensidad, y un simple gesto con la mano nos sirve para comprender que lo que quiere es que corras a su lado y si es posible le lances un balón de vez en cuando; y que cuando se vea rodeado por los jugadores del equipo contrario, te acerques con decisión a decirles en la jeta que a tu compi no se le trata así.
    Porque tus compañeros saben que este partido es duro, y se conforman ya con no luchar solos, con sudar en equipo; y que cuando los alemanes nos den una paliza y vayamos perdiendo cinco a cero, al menos no discutamos entre nosotros.
    Porque lo máximo que vamos a sacar del encuentro, es una patada en la espinilla y la satisfacción de tomarnos juntos una cerveza al final.
    Fresca, como la madre que la parió.

    Sentados en la grada, cansados, agotados, jodidos.

    Pero jamás derrotados.

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  6. Llego al aeródromo.
    Es un aeródromo, no un aeropueerto, porque es cutre.
    ...
    El viejo DC-3, con pintas de haber volado a sotavento del mediodía, se sostiene con alambres.
    El piloto baja, se dirige al pequeño grupo que esperamos y nos comunica sin ambigüedades:

    "Bien chicos, esto es lo que hay.
    Será un milagro que no nos peguemos un piñazo.
    No tengo ni idea de dónde está la isla del tesoro.
    Es más.
    Creo que estáis aquí porque no tenéis otro lugar mejor donde estar.
    Así que el que tenga la más mínima duda, es mejor que se quede en tierra, porque yo mismo las tengo todas".
    ...
    Miré a mis compañeros de viaje.
    Carne de cañón.
    Parados, abandonados, sin fe, sin futuro.
    ...
    Como nadie decía nada, dije lo primero que se me pasó por la cabeza.
    "De acuerdo Jefe. ¿Dónde ponemos las mochilas?".
    ...
    El viejo avión arrancó motores.
    Se deslizaba por la pista de tierra dando pequeños tumbos.
    El piloto se encendió un purito cubano, dio gas y nos comunicó:
    "Nos vamos al infierno, muchachos".
    ...
    Y allí que nos fuimos todos, a buscar un tesoro en una isla perdida.

    Donde los mapas se acaban.

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  7. Qué emocionante!!!
    Te envidio.
    Por cierto, te has fijado si en el avión había una hormiga cruzando el ala en diagonal?
    Si hubieras contado sus pasos, tendrías una pista para saber los pasos que se dan desde el árbol con forma de cara de mujer hasta el sitio donde hay que mirar en dirección al sol naciente y allí buscar la piedra tallada con el enigma correspondiente, para encontrar la siguiente pista.

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  8. Toc, toc, toc..... Dry...... Driver?? Estás??
    Que tienes que pasar por mi casa a recoger un premio de un tal Oscar, o una tal Moneypenny o..... bueno... ya no sé ni quien te lo da.
    Es igual quedas informado. Enhorabuena!

    Siiii...... a tu hermano también se lo he dado.... me ha mandao 500 euros en una transferencia y chico... que quiere que haga!!
    Besos

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