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lunes, 1 de octubre de 2012

LA ISLA MISTERIOSA (18): Neurología resolutiva.




Durante unos años trabajé como conductor de ambulancias en Madrid, en el Servicio de Urgencias del Hospital La Paz.
Este hospital es como un transatlántico de once pisos, donde cientos de profesionales se esfuerzan en curar a la gente.
Los conductores formábamos un grupo de 25 personas, veinte eran de plantilla, funcionarios; y los otros cinco éramos mercenarios del asfalto, con un contrato temporal.
Por aquel entonces conducía una ambulancia mercedes, que tenía más potencia de la necesaria. La máquina corría que se las pelaba, y yo disfrutaba rompiendo marcas.
Legazpi - Nuevos Ministerios en dos minutos y medio.
Arturo Soria- Velázquez en un minuto y veinte segundos.
...
Durante esa época aprendí algunas cosas importantes para mi vida. Correr, no tener miedo, saltarme las normas y subirme a las aceras.
Al mes me hacía unos cien servicios y luego el Jefe de Servicio me decía:
"Bien chico, eres rápido. Sigue así".

Aquello me complacía más que la nómina que recibía.

...

Los miércoles y los viernes por la tarde me tocaba guardia. Tenía que estar disponible y en el Hospital.
Así que solía estar en la cafetería, jugando al mus con algunos compañeros y con el busca encendido.

...

Fue en aquella cafetería donde lo conocí, al doctor Alonso.
Un pijazo de mucho cuidado, neurocirujano en la planta quinta.
Era el número uno a nivel nacional, y un aura de bendición divina le rodeaba.
Era capaz de ponerte orden en la sesera, después de que te hubieras dado un buen piñazo.

El doctor Alonso solía apretarse un gin-toni sobre las seis de la tarde, y miraba nuestra partida de mus con curiosidad.

Una tarde se dirigió a mí, se notaba que tenía ganas de darle a la húmeda.

- "¿Tú eres Driver, el conductor de ambulancias?
- "Sí, y usted es el doctor Alonso, el que opera de la cabeza".

A aquel hombre no le gustaba beber solo, así que aquella tarde me invitó a los tres primeros gin-tonic. De los siguientes no me acuerdo quién los pagó.

- "Verás muchacho, mi abuelo y mi padre eran neurocirujanos, de los mejores. Mi padre me hacía desmontar relojes con instrumentos de precisión, con el fin de que perfeccionara el tacto.
Más tarde estudié medicina e hice las prácticas, protegido bajo la experiencia de mi padre.
Luego, cuando ascendí en el escalafón, compaginé mi trabajo en el hospital público con operaciones en clínicas privadas.
La gente me busca para abrirle la cabeza a sus familiares, y son capaces de pagar enormes sumas por ello.
Tengo una familia que vive como los reyes; viviendas, vehículos, fondos de pensiones y hasta un caballo propio.
¿Y sabes qué, conductor? No tengo ni idea de lo que hago.

Resulta que no sabemos practicamente nada del cerebro humano. Yo, al igual que mi padre, he aprendido a cortar el hueso, mirar dentro, cortar lo que está gris oscuro, limpiar y coser. Realmente no hago más que eso. Soy una especie de fontanero bestia, que quita las tuberías que pierden agua.

Así que moriré siendo una eminencia. Mis compañeros glosarán en la revista médica mi carrera profesional.
Y alguien editará las decenas de conferencias que he dado en distintos foros.

Pero chico, no tengo ni idea de lo que hago.
....

"¡Manolo, ponnos dos más de lo mismo!"

...

Recuerda Driver. El cerebro es un misterio. Resulta que le pegas un tajo por la izquierda, y al cabo de unos meses se regenera sólo. ¿Cómo? No lo sé.

Vas y te cargas el lóbulo donde está la capacidad de comunicarse con la escritura, y el tío se organiza para regenerar esa habilidad en otra zona. ¿Cómo? No lo sé.

Resulta que cortas las conexones neuronales de una zona, y al cabo de semanas se han formado otras conexiones que unen partes lejanas. ¿Cómo? No lo sé.

¿Qué mueve al cerebro en un comportamiento tan complejo?

No tengo ni zorra idea.
Aquí estoy, el doctor Alonso, neurocirujano reconocido y aplaudido por una sociedad temosa, que te dice todo lo grande que eres.

...

"¡Manolo, dos de lo mismo!"

...

"Tú al fin y al cabo sabes lo que haces. Un infarto en el aeropuerto. Vas y lo traes cagando leches al hospital. Un camión volcado en la autopista; vais, lo inmovilizáis y le dais un masaje cardíaco.
Luego vas a casa y puedes decir lo que has hecho, que tu gente lo entiende"

"Yo no; vivo en una gran mentira. Opero a un chaval con politraumatismo, y lo único que he hecho ha sido limpiar los coágulos de sangre y cortar los sesos negros. Como si fuera un carnicero".

"¿Pero qué pasa luego? ¿Cómo es que el cerebro tiende a curarse a sí mismo? ¿Dónde está la explicación?"

"Un día de estos, mi hijo me va  a hacer preguntas que soy incapaz de responder; y me va a joder vivo".

....
"¡Manolo, dos de lo mismo!"

"Doctor, ya llevan cuatro"

"Tranquilo Manolo, hoy no opero"
...

Conforme bebíamos gin-tonics, el doctro Alonso largaba más y más. Se cabreaba más y más. Exponía la gran frustación que le causaba el comportamiento del cerebro, más y más.

Intenté llevar la conversación por derroteros más positivos, y le pregunté:

"Doctor, ya me ha dicho lo que no sabe; ahora dígame lo que sí sabe"
...

"¡Aaaaah!, conductor listillo, quieres saber ¿eh?"

"Si, me gustaría conocer algo nuevo, antes que ambos nos derrumbemos".

"Pues mira hijo, lo que realmente se, no lo puedo demostrar; así que te lo vas a tener que creer, porque con el pedal que llevamos ya, no se me ocurre ningun razón para mentirte".

"Resulta hijo que sólo usamos el 5% de nuestras capacidades; y...¿sabes por qué? Pues porque vivimos acojonados y eso impide que se expandan las conexiones neuronales.
Resulta hijo, que dentro del cerebro tenemos la suficiente potencia para a base de reflexión, ser capaces de afrontar cuantas circunstancias aparezcan en nuestra vida, construyendo nuevos caminos donde la voluntad y la inteligencia surcan por los tejidos, como el arado en la tierra fértil.
Resulta hijo mío, que tenemos la herramienta más potente de cuantas han sido creadas, y no somos capaces de usarla para la función primigenia para la cual fue creada: ser felices.
Resulta hijo mío de mi vida y de mi corazón, que Dios te hizo el mejor regalo que nunca nadie te hizo y tú no lo aprovechas del todo".

"Verás, he leido tu ficha del hospital; se que eres un conductor intuitivo, que te dejas llevar por tus emociones, y que casi nunca usas la razón cuando conduces. Si tuviera que calificarte en un Tribunal Médico, diría que tienes la mente difusa. Pero si pudiera elegir para que alguien recogiera a mi hijo accidentado, sin duda te elegiría a tí. ¿Sabes qué significa eso? Pues que en los Tribunales Médicos nos equivocamos, pues no sabemos cómo funciona el cerebro, no tenemos ni idea de los comportamientos del corazón y que no hemos aprendido nada de las emociones que gobiernan nuestras vidas".

"Te envidio cabrón, te envidio. Tú serías capaz de salir de una isla desierta. Mientras que a mí, me comerían los tiburones".

El doctor Alonso perdió la verticalidad y fue a caer sobre un tresillo.

Me lo eché a la espalda y lo subí a la planta segunda, a reanimación.

Allí, Antonio, un celador que me debía un favor, abrió una habitación y dejamos al doctor durmiendo la mona.

Había llegado a su límite.

...

Entonces me sonó el busca y tuve que salir corriendo al garaje.

Mi compi de ambulancia estaba montado ya, y me había puesto rock-and-roll en el equipo de música.

"¡Vamos chico, haz lo que sabes hacer!"
...

Y mi cerebro empezó a dar chispazos por mundos complejos.

Donde las neuronas navegaban a la velocidad de la luz.

...




...

3 comentarios:

  1. Esta isla es cada vez más misteriosa.
    Me recuerda mis tiempos, donde se cumplía una premisa. Cualquier conversación que durara hasta las tres de la mañana, llegaba al punto donde se empezaba a hablar de Dios.
    En este caso la cosa ha terminado con una parte de Pink Floyd, o lo que es lo mismo, con una parte de Dios.
    O sea, que casi que estoy convencido de que llevo razón, Dios está compuesto esencialmente, por Pink Floyd, los Beatles, Led Zepeling, Queen, Supertramp.... Mozart, Beethoven... etc.

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  2. Y por Tom......

    http://www.youtube.com/watch?v=OENmy4T8EI0

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  3. Pues sí, parece ser que los caminos del Señor son inexcrutables, que te puede aparecer en una curva de la carretera, tras un naufragio en una isla desierta, enmedio de un solo de piano, en el punteo de una guitarra eléctrica, limpiando una piscina, en el paro o pensando en emigrar a Alemania enmedio de una crisis económica.
    Exploraremos juntos esa búsqueda desesperada, inconsciente, atolondrada, yerma y vital a un tiempo.
    Lejos en una isla desierta situada en la Conchimbambas, se ubican nuestros personajes, que cada día se van pareciendo más a nosotros.
    Están perdidos en un mundo hostil, donde sólo cuentan con sus capacidades básicas.
    Me gusta cada vez más escribir sobre ello.
    Porque tal vez sea nuestra propia historia.
    O nuestro propio cuento.

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