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miércoles, 3 de octubre de 2012

LA ISLA MISTERIOSA ( 20 ): La señal.

Soy un ser vivo, mamífero y supuestamente racional.

A nivel práctico esto se traduce en que soy capaz de amar, de odiar, de trabajar, de inventarme cosas, de sentir, de vivir feliz, de sentir miedo, de obsesionarme, incluso de estar dominado por el optimismo más general o la pena más particular.

 En el caso que nos ocupa,la cuestión se centra en que no se cómo se sale de esta isla desierta.
Me encuentro encerrado y sin ideas.

 Me puse a correr. Así, sin ningún motivo.

 Me dije ¿por qué no llego al final de la playa? Y llegué.

 Una vez que estuve allí, me dije: ¿por qué no escalo el acantilado? Y lo escalé.

Desde la altura de las rocas se veía la espesura de un frondoso bosque tropical, y me dije: ¿por qué no lo atravieso? Y lo atravesé.

Después apareció una llanura y la recorrí corriendo. A estas alturas de la carrera mi cuerpo había roto a sudar y un subidón de endorfinas bañaban mi riego sanguíneo.

Al final de la llanura estaba la montaña que dominaba el centro de la isla misteriosa. Un macizo granítico, que visto desde abajo parecía la maontaña más alta del mundo.
Quedaban unas tres horas de sol, y sin pensármelo mucho ascendí por entre las rocas.
Sin prisa pero sin pausa.

El mar, un plato azul interminable se veía cada vez más extenso. Los contornos de las tres islas visibles a simple vista, se perfilaban con más claridad que desde la playa. La ausencia de bruma facilitaba la visión. Desde arriba siempre se ven mejor las cosas. Es como si el aire estuviera más limpio.

Llegué a la cumbre cuando faltaban dos horas para el ocaso. Desde aquí arriba, la línea del horizonte es un círculo perfecto.

Y entonces, cansado y perdido, oré sinceramente:

 "Señor de los espacios infinitos, ya se que me dirijo a tí cuando las paso canutas; pero tú sabes de mis limitaciones y de mi condición humana, así que no te enfades conmigo.
 Resulta que estoy perdido, y que unos seres menudos e inocentes dependen de mí para salir de esta isla. Mi vida ha sido un completo desorden, y me he guiado más por mi instinto que por mi cerebro.
No sé si me diste menos cerebro que instinto, pero creo que esta experiencia me ha ayudado a comprenderte un poco más.

No estoy en condiciones de exigirte nada, pero si se te ocurre alguna forma de salir de aquí, te agradecería que me lo dijeras, Jefe.

Te propongo un trato, ayúdame y te ayudaré.
 Sí, ya se que te preguntarás cómo voy a ayudarte yo a tí; te comprendo, yo mismo llevo un rato haciéndome la misma pregunta.

Tan sólo se me ocurre decir que amaré más a mi prójimo, y que de paso, me comeré el miedo con patatas fritas.
 Disculpa lo de las patatas fritas, pero llevo cuatro meses a base de fruta y cangrejos, y la verdad, vendería mi alma al diablo por un par de huevos fritos con patatas.
 Perdona lo del diablo, me ha salido sin pensar".
 ...

Atardece. Si dejo pasar el tiempo, me pillará el ocaso y tendré que pasar la noche aquí.
...

A puntito estaba de empezar una seria negociación con el diablo, cuando la ví.
Una nube oscura y vertical; extraña.
No se correspondía con los grises de los cúmulos, ni con los naranjas de los estratos, ni con los azules de los limbos. Era un nube de origen no natural, y se veía en el islote grande.

...

 Me quedé a pasar la noche en la cumbre de la montaña, observando la nube gris y vertical.
No podía haber sido originada por un rayo pues hacía una semana que no se producía tormeta alguna.

 ...

 El anochecer me dio la respuesta: era una hoguera.

 Un punto rojo , muy lejano, bailaba en la base de la nube gris. Calculé una distancia de cuarenta millas entre nuestra isla y aquel islote grande, donde sin duda, alguien había encendido una hoguera.

No estábamos solos en el mundo.

 Alcé la vista al cielo estrellado y dije con completa sinceridad:

"Te debo una gorda".
 ...

Cerré los ojos, mientras la Osa Polar se disponía a indicarme dónde estaba el Sur.

En el centro de una noche brillante, donde las estrellas tintineaban.

Parecían diamantes.

...

...

3 comentarios:

  1. Cuando era pequeña, unos 4 o 5 años, me daba por escuchar a Elvis Presley (cosas de críos).
    Mi padre se empeñaba en decirme que eso no y no dejaba de ponerme insistentemente a los Beatles, Lou reed o Pink Floyd, entre otros.
    Recuerdo especialmente esta canción y no sé por qué......

    Para el capitulo nº 20 de esta serie isleña me parece la mejor que has podido escoger y vivo sin vivir en mí esperando el 21!

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  2. Cuando tenía 15 años escuchábamos a Pink Floyd en la pandilla. Tengo el recuerdo de que su música era muy estimulante para el cerebro, pues oirla e imaginarte historias, dibujos, escenas animadas, era todo uno.

    Recuerdo especialmente el placer de prepararme un gin-tonic y tomármelo en la bañera, con mucha espuma.
    En aquellos tiempos se usaba casette, y la cinta de los Pink Floyd servía para todo: estudiar, relajarse, bailar.

    También recuerdo haberla oído en la playa, por la noche, a la luz de la luna frente a un mar amable.
    Resultaba curioso como a la mayoría de nosotros nos trasladaba a otro mundo, sin más estimulantes que la simple música.

    Y todavía me traslada a un mundo donde todo es posible.

    Resulta esta sensación tierna y chocante a un tiempo.

    Parece que la música de la edad de la inocencia nos retrotrae a estadios más próximos a dicha inocencia primigenia, que cualquier otro tipo de estímulo.

    Es como si los surcos de aquellos viejos discos se hubieran incrustado en ciertos lugares del cerebro.

    Dándole forma para siempre.

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  3. Debeis ser muy jovencitos. Yo descubrí a Pink Floyd algo más tarde.
    Cuando era jovencito, escuchaba a los Brincos, a los Bravos... a la tuna, a don Miguel (Rios), y mayormente, a Haendel, Falla, Tárrega, Vivaldi, Cabanilles (organista de la catedral de Valencia), a mi amigo Juan Alfonso (organista de la catedral de Granada), y por supuesto, al padre de todos, nuestro Sebastian (Bach).
    Pero también os digo, que tuve la suerte en aquellos tiempos tan lejanos de escuchar a Janis Joplin, a Paco Ibáñez, y a Status Quo, todos al mismo tiempo.
    Bien, después de este rollo, a lo que iba.
    Esta canción de Pink Floyd me ha trasladado a un tiempo al que me gustaría viajar de forma permanente, a un tiempo que he tenido la suerte de vivir en directo, y que nunca volverá, a un tiempo en el que cada instante, cada segundo de nuestra vida tenía sentido, a un tiempo en el que cada microsegundo de nuestra vida eramos felices, a un tiempo en el cada nanosegundo de nuestra vida estábamos vivos.
    He dicho.

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