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miércoles, 17 de octubre de 2012

LA TORMENTA PERFECTA ( 1 )





¿Recuerdas mi interés por enseñaros la misa infantil del cole de mis peques?
Pues el domingo pasado volvió a suceder.

Primer domingo de Adviento.
Mi amigo, el cura Eduardo me lió.

...

Resulta que empieza la misa diciéndonos que está cansado de llevar el peso de la orquesta.
Que sacará un voluntario para explicar el Evangelio.

Total por doscientos pavos que cobra al mes, que ni para alpiste para los canarios.
Que está en huelga de mínimum minimorum.

...

Eduardo es un cura de pueblo, de vocación tardía. Ciento cuarenta kilos de al pan pan y al vino vino.
Unas manazas de diez arrobas, armadas de cinco dedazos de quintal por unidad.

Si te da un sopapo te manda a Sebatopol.
El caso es que él y yo nos entendemos por la mirada.

Con las palabras nos hacemos una empanadilla de Móstoles.
Pero con la mirada, nunca.

...

Llega el evangelio.
Le dice a un niño de la primera fila que diga un número del uno al veinte.

El diez.

A una infanta le reclama una letra de la A a la Z.
Luego se bajó del altar y no se muy bien qué cuentas hizo... empezó a contar filas de bancos y feligreses.

Y cuando llegó a mi lado dijo en voz alta, delante de casi trescientos parroquianos:

"Driver, TE HA TO CA DO".


Me acompañó al púlpito.
Me dejó más solo que la una.

Se bajó al primer banco.
Dejó caer su generoso culo en el asiento.

Se repantigó cual huelguista.
Sus poderosos brazos sobre el respaldo.

Y con una sonrisa más que socarrona, lo dijo:

"Vamos chico empieza. Somos todos oídos. Yo estoy de huelga"

...

Sus transparentes ojos azules reflejaban la alegría íntima que le producía ponerme en una situación complicada.


Con amigos como éstos, ¿quién necesita enemigos?

...

4 comentarios:

  1. Con las ganas me has dejado..... me temo lo peor y lo mejor!
    Repanchingada estoy yo también.

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  2. ¡Ten a mano un impermeable Money!
    ¡Esta vez voy a por todas!

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  3. Que suerte tienen algunos.
    A mi nunca me dejaron leer el evangelio.
    Quizá puede ser porque estaba demasiado ocupado tocando en el coro.
    Pero me habría hecho ilusión.
    En su momento.
    Ya no.
    Hace 40 años que no voy a misa.
    Quizá porque estoy demasiado ocupado, intentando recordar las canciones que tocaba con el coro.
    O leyendo el evangelio por mi cuenta.

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  4. Tal vez un día vengas a Madrid y te acompañe al Prado.
    A lo mejor me puedes acompañar tú a una misa infantil, donde los adultos, cansados de las formas de siempre para exponer la palabra, escuchan el mismo mensaje pero adaptado a la mente inocente de los niños.
    Cabe la posibilidad que en esa misa, te dejen tocar la guitarra los chicos del coro (que ya no son tan chicos), y que disfrutes.

    La vida es generosa en su más íntima naturaleza, y nos da oportunidades; con nuevas personas, en nuevas circunstancias, con formas diferentes.

    Es cuestión de observar atenta-la-mente.

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