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viernes, 19 de octubre de 2012

LA TORMENTA PERFECTA ( 3 )



Empezó a llover de todas las formas posibles.
Agua mansa, de lado.
Al rato, a cántaros.

Chorro abierto, luego.
Después, cortina tupida.
Y una extraña sensación de que lo peor estaba por venir.

...

Los móviles no funcionaban.
Ni los fijos.
La señal de tv, perdida.

Vaya por Dios.

...

Estábamos solos entre la tierra encharcada y los cielos sarracenos.
Trescientos parroquianos con el alma en el bolsillo del vaquero.
Despistados, arruinados, incrédulos, mentirosos e hipócritas.

Allí el único que parecía saber algo era Eduardo.
Pero por si acaso no le pregunté.
...

Gritamos a la gente que se reuniera en la base de la torre de la iglesia.
Y como buenos latinos no nos hizo caso nadie.
Intentamos organizarnos para esperar lo peor.

Y acabamos discutiendo, todos con todos.

Así que Eduardo tuvo que utilizar el Plan B.
Cogió la megafonía y dijo:

 "Al que no se reúna en la base de la torre, le daré un mamporro. Así que coloborar y no ser tan borricos".

Mano de santo, oyes.

...

Todo eran dudas, preguntas, pánico, miedo.
Somos lo que somos, y ese domingo éramos más de lo que somos.
...

Después de un rato de democrático desorden improductivo, se consiguió un mínimo de organización.
Veamos, los niños en la parte alta de la torre.Con los catequistas.
Después los abuelos.

Luego los demás, en un perfecto desorden, ocupamos los siguientes tramos de la escalera interior.

...

Cuando parecía que la tormenta nos iba a dejar un respiro, empezaron los temblores de Tierra.
Y la corteza terrestre se abrió, dejando al descubierto tuberías de gas, electricidad y agua.

Más agua. Mucha más agua.
Todas las plantas bajas anegadas.

Como las almas.

...

Los sótanos completamente inundados.
Como el pozo de la esperanza.

...

El barro y la porquería arrastraban escombros.
Como las conciencias.

...

Aquello era un sálvese quien pueda.
Como en el mercado laboral.

...

Y cuanta más agua intentabas esquivar, más agua te impedía avanzar.
Como con los sistemas financieros.
...

Tan solo tuve quince segundos de conversación con Eduardo.

"Esto se está poniendo muy mal".

"No te preocupes, cualquier circunstancia es susceptible de empeorar"

...

Y efectivamente... la Naturaleza estableció un silencio sepulcral, brutal y cósmico.
No se movían ni los pájaros.
...

Y al fondo aquel rumor.
Luego murmullo.
Al minuto bramido.

Grande.

Resonando en el horizonte.

...

Eduardo se volvió y me lo dijo:

"Bien chico, encantado de conocerte; esto se va al carajo, ni la más mínima esperanza".

Esforcé la vista hacia el horizonte.

Sobre los picos de la Sierra de Guadarrama, se veía minuto a minuto el nacimiento de un río nuevo.
Y al fondo aquel bramido potente.

...

En el siguiente tramo de escalera, la pareja de recién casados se besaban dulcemente.

Como si el mundo estuviera a punto de terminarse.

Como si la esperanza se hubiera ido para siempre.

Tal y como somos.
Humanos perdidos y temerosos.

...

Junté a mi familia y subí,  lo más alto que pude.

...



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