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viernes, 23 de noviembre de 2012

SUEÑOS REALIZABLES ( 13 ): ECHAR UNA MANO.

Hace tiempo que la venía observando.
Una chiquilla de poco más de veinte años, que comía en el mismo restaurante que nosotros.
Se sentaba sola en una mesa y se tomaba su menú.

Debía de trabajar por la zona, y por su corta edad sería su primer trabajo.
Iba arreglada, aunque de forma humilde.
Y tenía esa carita que tiene la gente que empieza  trabajar y se enfrenta al mundo de los adultos.
Una mezcla de sorpresa y respeto.

A mí me producía una gran ternura, pues imaginaba que algún día mis hijas pasarían por un trance parecido.

...

Mi mesa la compartía con un albañil de 130 kilos, fuerte como un toro.
Durante toda su vida profesional, el hombre había desarrollado una musculatura que para qué las prisas.
Creo que si se lo hubiera propuesto, me habría partido el cuello con un chasqueo de sus dedos.
Es un buen hombre, tranquilo y bonachón.
Trabaja a un ritmo fijo y continuado.
Y razona bien, cuando razona.
Que a veces no lo hace.

...

Salimos del restaurante y estiramos un poco las piernas, paseando por la acera.
En la de enfrente, la chica veinteañera estaba junto a una moto con pegatinas juveniles.
Sería la suya.

...

De pronto aparecieron tres tipos y empezaron a bacilar con la chica.
Que si la moto por aquí, que si tu pantaloncito por allá, que mira tú qué ojitos tiene mi niña.
Y ella se asustó.

...

Ciento treinta kilos son muchos kilos, pero si se enfadan, pueden desarrollar el trabajo de trescientos.

Fue todo instintivo, sin pensar.
Mi amigo el albañil estaba viendo la escena de reojo, hasta que algun fusible estalló en su cabeza.
Dejó plantada nuestra conversación y se fue directo hacia ellos.
Al atravesar la calzada, se cruzó con un autobús de línea, el cual tuvo que pegar un fuerte frenazo.
Los tres tipos miraron al albañil, y éste aprovechó para subirse las mangas de la camisa, ahí, enmedio de la calle, frente al autobús parado.

Se acercó al grupo de la chica y los tres tipos.
Lo primero que hizo fue coger la moto, arrancarla y ayudar a la chica a que se montara.

Esto lo hizo sin hablar, que acojona más. Mucho más.

La chica se desplazó del lugar y se quedó parada en la esquina más próxima.

...

Lo que pasó a continuación fue corto y contundente.
El albañil se dirigió al más alto de los tres, y le cruzó la cara de un guantazo.
Así, como si lo estuviera haciendo todos los días, de forma natural.
Los otros dos salieron corriendo en dirección a Albania, donde quiera que se sitúe Albania.

Ni una palabra, ni una explicación, ni una frase.

El albañil se dirigió hasta donde yo estaba, y mirándome a los ojos me dijo:

"No me he podido aguantar"

...

A los dos días volvimos a coincidir con la joven en el restaurante de menús.
Ella dirigía de vez en cuando su mirada hacia nuestra mesa.
Tras varios titubeos, tomó la decisión.

Se levantó, pagó su menú, y se paró junto a nosotros.

Y dirigiéndose al albañil de ciento treinta kilos, le dijo:

"Muchas gracias por lo del otro día. De verdad, muchas gracias"

Y le regaló al albañil un pequeño almanaque, seguramente de la imprenta donde trabajaba.

La chica se marchó, y yo cogí el almanaque.

Por su reverso, los doce meses del año, apretujados como sardinas.
Por su anverso, la imagen de un ramo de flores.

...

Los ciento treinta kilos de albañíl se echaron la mano a la cartera.
Era una de esas que están más gastadas que las fachadas de las catedrales.
Una goma elástica la rodeaba.

El albañil quitó la goma, con gran ceremonia.
Cogió el almanaque que le había regalado la chica, y lo guardó, entre el carnet del Atlético de Madrid y el bono-bus.

...

Y luego me miró.

Me miró con orgullo.

...




...


7 comentarios:

  1. Un relato de los que enganchan. Lo he disfrutado. Por cierto, yo escribo relatos o cuentos en mi blog y otras webs, pero no lo hago por encargo. Sinceramente, me parece difícil lo que haces y lo haces realmente bien, compruebo.
    Si algún día me falla la inspiración o lo necesito, sin duda te lo pediré. De momento, si me lo permites, sigo aquí, leyéndote.
    Un saludo.

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    1. Pasaré a hacerte una visita.
      Tengo en mí que los cuentos no los hacen quienes los escriben, sino quienes los encargan.
      Pero afortunadamente es imposible de demostrar.

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  2. Echar una mano siempre es motivo para sentirse orgulloso.
    Yo creo que la auténtica felicidad consiste en poder mirar con orgullo, cada momento de nuestra vida, porque sería la prueba de que estamos haciendo algo realmente útil y provechoso para nosotros y los que nos rodean.
    Yo, por lo pronto, me siento orgulloso de tu amigo de 130 kilos.
    Lástima que sea del aleti...

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    1. Últimamente solo me siento orgulloso de las cosas que hago sin pensar.
      Y eso me da que penar.
      De lo cual no me siento orgulloso.
      Y..., vuelta a empezar, sin pensar.

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  3. Nosotros todos desde el primero al 130 estamos muy a gusto en tu barriga Driver , sabemos que nos cuidas bien y nos riegas con buena cerveza , allí estamos para que lo que quieras y cuando quieras.

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    1. Veo que nunca vas a superar, hermano, las tres novias que te he robado.
      Te comprendo, "mirada de águila".

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  4. La historia bonita y contada genial, como siempre (que voy a decir yo de mi primo más que cosas buenas!).

    Sólo una objeción:
    quizá el tortazo... pelin desproporcionado? Yo estaría igual de halagada que la veinteañera pero pegar.....es que...una es muy pacifica chico!

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