Buscar este blog

martes, 6 de noviembre de 2012

SUEÑOS REALIZABLES ( 2 ) : LUX ARTIS.






Esta es la historia de un hombre, un circo y un truco de magia.
Si uno de los tres no hubiera existido, nunca habríamos disfrutado del truco.
...
Desde que el hombre es hombre, recibe los rayos del Sol, éstos se reflejan en los objetos y activan unas células muy especializadas que los seres vivos tenemos en el ojo, células bastones; desde allí y a través del nervio óptico, las imágenes llegan al cerebro, donde conocemos su color, textura, tamaño y aspecto.
Pero es una fantasía no universal, pues ese mismo objeto situado en otro mundo e iluminado por otra estrella, tendría otro aspecto diferente.

Desde que los humanos trabajamos, llega un momento en que la monotonía nos alcanza, y los mismos objetos que solemos ver, se nos tornan aburridos y sin alma. Esto hace que nuestro espíritu se contagie y pierda interés por lo que le rodea.

Es por esta razón por la que se inventó el oficio de mago. Unos señores que transforman lo que aparentemente vemos, en otras cosas, haciéndonos sentir la emoción de lo nuevo, lo desconocido, lo que nos sorprende.

Esta es la historia de un mago que intentó que cada día, la luz que nos envuelve, fuera de un color diferente.
Trabajó durante mucho tiempo con cristales de colores. Los cortaba y ensamblaba en estructuras metálicas que fijaban su posición; luego los iluminaba con distintos tipos de focos lumínicos y observaba las consecuencias de sus experimentos.

Tras muchas horas de trabajo, conseguía algunos instantes de gran belleza, pero ésta se le escapaba siempre. Duraba muy poco. Incluso a veces pensaba que había sido un instante de locura.

Trabajó así durante más de veinticinco años, convirtiéndose en un más que destacado orfebre de la cristalería, un tallador reputado, un fundidor de vidrio experto, un artesano sutil.
Pero su alma, salvaje y rebelde, buscaba algo más.
Necesitaba ver la luz en todo su explendor, y era consciente de que esa meta apenas si la había rozado.
...

Ocurrió entonces que un viejo y destrastalado circo recaló en su ciudad.
Era uno de esos viejos circos rusos que intentaban mantener la ilusión del espectáculo.
Su dueño, un siberiano muy mayor, estaba enfermo y sin descendencia, así que puso en venta la carpa del circo.
Era ésta una amplia estructura con forma de cono, que apoyada en pilares metálicos atirantados, sostenía un gran telón que alguna vez fue muy colorido.
Ahora, la cara interna del telón, la que veían los espectadores, estaba ennegrecida.

El hombre de nuestra historia le compró al siberiano la carpa, simplemente porque era grande.

Cuando le pagó, el siberiano le preguntó que para qué quería la carpa.
Nuestro hombre le respondió que lo que necesitaba era una caja negra, enorme, donde desarrollar sus experimentos con la luz.
El siberiano escuchó la historia de los cristales, la luz, los colores; incluso visitó su taller, pues los hombres de circo suelen tener curiosidad en general por todo.

Tras dos días en los que nuestro hombre le mostró al siberiano sus avances, éste adoptó una actitud muy pensativa.
Se tiró un día y toda una tarde pensando, y al final le dijo a nuestro hombre:
"He observado que tus experimentos dan pequeños resultados fantásticos, pero duran poquísimo, a veces el ojo humano es incapaz de observarlos".

"¿Se le ocurre algo?"-preguntó nuestro hombre.

"Deberías probar con la luz sobre una superficie que sea fija respecto al Sol".

...

Nuestro hombre, tras veinticinco años de trabajo, todavía tenía la ilusión de conseguir su objetivo vital.
Ver la luz en todo su explendor.

...

Bien, lo primero una superficie que sea lo más fija posible respecto a la posición del Sol.

Y fabricó un Péndulo de Foucauld, que consistía básicamente en una pieza muy pesada que oscilaba lentamente colgada de una cadena cuyo extremo aseguró a la cumbre de la carpa de circo.

Bien , lo segundo tallaré una gran cuerpo regular y lo usaré como pieza pesada en el péndulo.

Talló un icosaedro con cristal muy puro, de aristas perfectamente viseladas y con su masa perfectamente distribuida de forma regular, con el fin de que estuviera equilibrada durante las oscilaciones.

Bien, lo tercero va a ser pintar de negro muy oscuro la cara interior de la carpa.

Esto le ocupó más de dos meses, y necesitó la ayuda de otro hombre.
...

Y entonces llegó el momento de la verdad.
El instante en el que un hombre o consigue su sueño, o se estrella.

Pensó y pensó durante semanas; necesitaba una idea muy simple. Poderosa.

...

Prismas regulares triangulares. La forma simple y perfecta para descomponer la luz.

...

No hizo ninguna prueba previa, se lo iba a jugar todo a una carta, la de la ilusión.

Talló trescientos pequeños prismas triangulares regulares.
Los fijó a la cadena de la que pendía el icosaedro de cristal puro.

Y se fue a descansar.

...

Al día siguiente estuvo haciendo un resumen mental de su vida; lo que habia amado, disfrutado, luchado.
También se acordó de lo que había sufrido y de las cosas que se le habían torcido.
Esto le ocupó toda la mañana.

Por la tarde junto a su gente querida y los llevó al atardecer a la carpa.
Los hizo sentarse en los viejos bancos de pino, y les pidió que se relajaran.
Pasaron la noche bajo la carpa, contado historias, rememorando anécdotas, comiendo y bebiendo.

Al llegar la medianoche, aquel grupo de humanos se puso a dormir sobre la paja del escenario.

Profundamente.

...

Sobre las cinco y media de la mañana amaneció.
Nuestro hombre descubrió la coronación de la carpa, para que la luz entrara poco a poco.
Y luego, con sumo cuidado, arrastro el pesado icosaedro de cristal puro, mientras mantenía tensa la cadena sobre la que pendía.

El péndulo empezó a balancerse, sin que el movimiento giratoria de la Tierra le afectara.

Los prismas triangulares, firmemente ancladas a la cadena, oscilaban en una plano fijo respecto a la posición del Sol.

Y entonces, poco a poco, con la misma cadencia con la que el Sol se alzaba, ocurrió.

La luz que entraba por la cúpulade la carpa, se dejaba caer, y en su camino atravesaba los prismas de cristal, convirtiendo la linea de luz pura en unos arcos iris juguetones y fijos.

Caía la luz como caen las gotas de agua por las lianas de los árboles africanos, como caen los pensamientos al llegar la noche, como caen los besos cuando sobran las palabras.

Despacio, natural, simple, mágicamente.

Los colores más puros que nunc habíab observado.

Aquel goteo de luz mezclada en acompasadas frecuencias, terminaba en la gran bola final, el icosaedro tallado con esmero, que con su balanceo todo lo movía.
Y de su centro, reflejándose en sus veinte caras, tras atravesar un vidrio tan puro como tu alma, decenas de rayos de luz coloreada y limpia, que se estrellan en la carpa negra, donde refulgían de nitidez.


El hombre de nuestro cuento se sintió inmensamente feliz, pues por pimera vez en su vida había sido capaz de que los instantes de felicidad fugaces que se encendíeron y se apagaron a lo largo de su existencia...

Por fin..., se habían materiado de forma persistente frente a él y los suyos.

Se encontró muy agradecido por la vida que le había sido regalada.

Por la luz, que por fin, se le mostraba en su sencilla contundencia intemporal.

Mientras observaba aquella maravilla, sonreía.

Una sonrisa de luz.


Atentamente para Rojo Merlín: Driver.









¿Y tú, qué sueño tienes?

Dímelo y lo intentaré atraer con un cuento.




...

7 comentarios:

  1. Los pelos de punta, maestro.
    No se que decir.
    Bueno, sí se que decir.
    No ha sido un sueño solamente, has reunido unos cuantos.
    Lo del péndulo, genial.
    Una de las circunstancias por las que decidí hacer Tiffany, fue precisamente el roseton del péndulo de Foucault.
    Muchas gracias por emplear tu tiempo y tu talento.
    Esto se merece como mínimo una invitación a unas cañas, creo que ya te debo unas cuantas.
    Si, ya se, con sus respectivos platos de jamón al lado.
    Todo llegará.
    Mientras tanto, pues seguiremos disfrutando de tus cuentos.

    ResponderEliminar
  2. Fue un placer escribirlo.
    Por cierto, el otro día descubrí que Foucault con su experimento, consiguió en su época la primera demostración científica de que la Tierra gira sobre su eje.
    Aunque ya se sabía desde hacía siglos, hasta ese experimento nadie la había demostrado de forma científica.
    Me resultó muy curioso.

    ResponderEliminar
  3. ...hermano te recuerdo, dos puntos

    25 annversario de Sunsi y Jerónimo ...(pásalo)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ddddddddddddd....................7 de noviembre de 2012, 14:54

      Arranco el Ferrari.
      En primera a 120.
      Y me quedan cinco marchas más.

      Eliminar
  4. Me pongo seria primo: simplemente delicioso!!

    Rojo puede estar orgulloso de tener como amigo un cuentista como tú y yo de que seas mi primo.....

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya que lo dices, pues es verdad, de vez en cuando hay que ponerse serios, querida Moneypenny.
      Tengo muchos amigos cuentistas, de hecho, alguna vez en mi vida también he sido bastante cuentista.... pero nuestro Maestro Driver es Cuentista, con mayúsculas, que es distinto. Por supuesto que estoy orgulloso.

      Eliminar