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lunes, 15 de abril de 2013

ALTA FIDELIDAD

Estar en el lugar adecuado, en el momento oportuno, te da la oportunidad de encontrar un tesoro.
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Mi pandilla de los dieciséis años andaba siempre sin un duro; cualquier trabajo que saliera lo hacíamos.
Recoger fruta, dar clases particulares, descargar camiones, vigilante de piscina, lo que fuera.

De todos los trabajos de aquel verano, hubo uno que nunca olvidaré: limpiar las terrazas de una discoteca.

Agua, fregona industrial, detergente y cepillo. Rasca, rasca, bajo el sol de poniente.

Cien pesetas al día y un bocadillo de salchichón. Suficiente para ir al cine y a bailar en el pueblo.
Insuficiente para entrar en aquella discoteca de mayores.

La disco se llamaba "Caballo Blanco" o algo así. Allí se desmelenaban los turistas extranjeros y los veraneantes españoles pudientes.

Nosotros pudimos entrar a baldear agua y hacer la limpieza de arranque de temporada. Éramos cinco.
Los mismos cinco del equipo de fútbol playa.

Por la mañana éramos futbolistas brasileños, con un bañador y un balón de propaganda.
Por la tarde aprendimos lo que cuesta ganar cien pesetas ( 0,60 €).
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Baldear agua bajo el sol de poniente. Hay que estar moreno para no quemarse. No te conviene echarte agua con la manguera, pues enseguida te secas y luego es peor.

Interesaba sudar, sudar. Sacar todo el líquido posible del cuerpo. Que corriese el sudor por el pecho y por las piernas y por la espalda. Y luego, beber un poco para no quedarse pajarito.
Si no arrancabas a sudar era peor.
Si esperabas a que fuera el sol el que te hiciera sudar, ibas mal.
El cuerpo, que es sabio, se equilibraba mejor si sudabas por el trabajo.

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Un día vinieron los del equipo de música desde Londres.
Una empresa que montaba los mejores equipos del mundo y cobraba en libras.

El jefe, un negrazo altísimo, dirigía el cotarro. Bafles, cables, soporte metálicos, estrado, mesa mezcladora, ecualizadores y cuadro de luces

El jefe daba órdenes, pero no sudaba. Se reservaba para la parte técnica.

Pasó a nuestro lado y se fijó en los cubos llenos de agua y en las fregonas. Hizo un gesto como de recordar, pero como recordó en inglés, nunca estuvimos seguros.
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A eso de las seis de la tarde, cuando los grillos ya están para ingresar en el psiquiátrico, vino el dueño de la discoteca.
Habló con el jefe, se sentó en un butacón en el centro de la pista de baile central y le gritó al negro:

" ¡ BIEN, VEAMOS CÓMO SUENA ESE CACHARRO ! "
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El señor negro se fue a la mesa mezcladora, y durante unos minutos estuvo toqueteando las palancas.
Nosotros seguíamos a lo nuestro.

Y de repente, sin previo aviso, con el mismo estruendo que forman cien caballos entrando al galope en tu habitación, con la potencia de un volcán estallando en la noche, con el bramido de una ola gigante que barre una isla, oimos un grito que nunca olvidaremos:

¡¡¡ ROOOOOOOXANNEEEEEEEE !!!

El señor negro estaba probando el macro equipo de música inglés, con la canción "Roxanne" de Los Police.
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Nos quedamos pasmaditos.
Una cosa era la música fuerte de la discoteca barata del pueblo.
Otra cosa era cuando en el cine chocaban dos trenes, y los altavoces entraban en disonancia.
Y otra totalmente diferente, era cuando venía una orquestina a la verbena y las trompetas y los saxos sonaban en directo.

Aquello era otra cosa. Totalmente diferente.

Aquel sonido puro tenía la resonancia de la olas mediterráneas chocando entre sí, empujadas por el viento de levante; las vibraciones que producían los altavoces se te metían en las vísceras, y lograban que vibraran algunos órganos internos que nunca lo habían hecho: bazo, hígado, riñones, pulmones y espina dorsal.

El cerebro, ante aquel nuevo acontecimiento físico, se ponía en guardia, intentando adivinar qué, dónde, cuándo y porqué.

Los oídos de aquellos cinco adolescentes implosionaron con el impacto de la onda sonora, e instintivamente abrimos la boca para que se equilibraran las presiones y no nos doliera.

Y el corazón sintió la cadencia de la voz de Sting, su profundo grito de compasión universal hacia la protagonista de la letra, el acompasado ritmo africano de la percusión, y hasta la más humildes de las notas musicales se nos grabaron en el tejido neuronal.

En estado puro.
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Recuerdo cómo el agua de los cubos empezó a trazar ondas concéntricas debido a la vibración.
Los cabellos erizados del brazo.

Y la mirada del señor negro a los cubos y a las fregonas.

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Estar en el lugar adecuado, en el momento oportuno, te da la oportunidad de encontrar un tesoro.
De ver salir un sol doble.

O de descubrir que la Alta Fidelidad, tal vez sea una forma de escuchar al mundo.

Mientras que con dieciséis años, baldeas agua en la terraza del Paraíso.

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Algunos años más tarde, volví a sentir ese vértigo.
Police tocaba en Madrid.

Hizo con la canción, lo que le dio la gana.
Jugó con ella, todo lo que quiso, y más.


Por un momento volví a sentirlo.


Alta Fidelidad.






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PD : Mientras que el pardillo de Driver, futuro contador de cuentos, horterilla y con los pelos largos, limpiaba el suelo de la discoteca, una chica asturiana acudía con un vestido impecable y mirada curiosa, junto a su padre, al teatro Campoamor.
Y a pesar de que entonces no se conocían, ambos dos, la chica asturiana y el horterilla mediterráneo, fueron regalados por el destino con un chorro de sensaciones puras.



Pasó el tiempo, y el horterilla y la chica asturiana del vestido impecable, se conocieron.
Y se visitaron.
Y conocieron a sus respectivas familias.
Incluso a sus perros.

Y aquellas dos personas, que de niños se impresionaron con la alta fidelidad del sonido, acabaron haciendo cosas extrañas, que de alguna forma estaban determinadas por sus impresiones adolescentes.

A saber:

1 Fueron capaces de llevar a la Ópera a una pareja de amigos que no viajaban desde la época de los Picapiedra. Fue una de las maniobras más atrevidas que los tiempos han visto. Espectacular.

2 Capaces fueron asímismo de encontrar en Barna un espectáculo lírico, protagonizado por actores noveles, de cuya frescura todavía están sorprendidos. Ambos.

3 Ahora se comprenderá que cuando el pardillo de pelo largo viajó a Nápoles, y al deambular por un mercadillo vio a un tipo que vendía DVD de ópera, le fue imposible dejar de adquirir uno y regalársela más tarde a la chica del vestido impecable.

Son cosas que pasan de adolescente y determinan algunas de las acciones más entrañables de tu vida.

Tal vez, porque escrito está,  sea la vida una sucesión de cuentos.

Algunos de ellos tan reales, como esas sensaciones musicales de la adolescencia.

La adolescencia, ese tiempo donde las emociones suenan a alta fidelidad.

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8 comentarios:

  1. "De ver salir un sol doble"
    De lo más bonito que leo por ahí...
    ¡¡¡Bravo!!!
    Asun

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    Respuestas
    1. Tu estilo periodístico me resulta fresco y ameno.

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  2. Aún no con ese tipo de música y no en ese contexto, pero recuerdo con claridad mi primera experiencia en la ópera.

    Año 1979 o 1980, no lo recuerdo con exactitud, pero debía ser 1979 porque mi padre aún vivía.

    Gran Teatro Campoamor, La Traviata.

    Yo tenía 14 años.

    Sigue siendo una de mis obras preferidas. Cuando escucho, otra vez, cantar a Alfredo:

    Un dì, felice, eterea,
    Mi balenaste innante,
    E da quel dì tremante
    Vissi d'ignoto amor.
    Di quell'amor, quell'amor ch'è palpito
    Dell'universo, Dell'universo intero,
    Misterioso, Misterioso altero,
    Croce, croce e delizia, .
    Croce e delizia, delizia al cor.

    Y, después, a Violeta, mentirosilla ella, tratando de proteger su alma y su vida

    Ah, se ciò è ver, fuggitemi,
    Solo amistade io v'offro:
    Amar non so, nè soffro
    Un così eroico amor.
    Io sono franca, ingenua;
    Altra cercar dovete;
    Non arduo troverete
    Dimenticarmi allor.

    Recuerdo con toda claridad que ....... no sabía nada de la vida ni del amor.

    Sin embargo, cuanto he aprendido desde entonces!!!!!!!! y que pena me da Violeta y que mal me cae el sr. Verdi

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  3. Dados nuestros antecedentes, me he tomado la licencia de completar el post con una post data, mi señora, sin permiso ni autorización previa.
    Todo lo que en ella se narra es tan verdad como el sol que alumbra la mañana.
    Corazón.

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  4. Un lujo de los grandes lo de Sting.
    En cuanto a Alta Fidelidad.... me suena mas a quimera de marido machista.

    Saludos desfe algun lugar del mundo.

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  5. He vuelto a releer la entrada y he vuelto a disfrutar.
    Eres una especie de poeta que no hace poesía ni cuando se inspira, ni cuando su musa le visita. Parece que no lo necesitas. Que tú la poesía la llevas siempre puesta.
    Un privilegio.
    Poco común y delicioso para tu entorno, aún en la Red.
    Un saludo cordial
    Asun

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  6. Deberías de encargarme un cuento.
    Sólo entonces sabrás cuales son mis límites.
    Dime qué edad tiene el destinatario, y qué es lo que más le gusta de todo lo que le gusta, su edad y algún apunte de su carácter.
    Prometo escribirlo.

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