Buscar este blog

martes, 30 de abril de 2013

LEALTAD

Algunos de los conceptos más puros, de mayor altura intelectual, más próximos a la eternidad, se conocen a través de los libros clásicos.
El valor, la entereza, la entrega, la piedad, la fidelidad, el sacrificio, el honor.

También existen otros conceptos, que no salen en los libros y se aprenden en el callejón que hay detrás de la discoteca.

...

Aquel sábado nos reunimos para celebrar el cumpleaños de Ana, la hermana de Toñín, que sería la novia de Manolo y al final la madre de sus hijos.

Adolescentes bravos, sencillos, pardillos, que formábamos el primer núcleo troglodita de nuestra breve historia: la pandilla.

Salíamos merendados de nuestras casas, pues el presupuesto era corto y no daba para manjares en locales públicos.
Teníamos lo justito: para la discoteca y para pipas.

...

La pandilla bailaba al ritmo del sonido de Filadelfia, un chorro de aire puro que salía despedido por los altavoces de los locales de baile.
Bebíamos coca-cola y fumábamos tabaco negro. El más barato.

...

Ana era guapa, tan guapa como son las adolescentes el día de su cumpleaños, cuando los amigos se reúnen y le cantan el cumpleaños feliz, como cuando lees con deiciséis años una novela de amor o como cuando recibes de regalo un jersey con tu inicial cosida en el pecho.

...

Así que allí estábamos, la pandilla de pardillos bailando.

Y apareció la otra pandilla; una en la que todos eran tíos, todos  montaban en moto y todos estaban "cuadrados", formando una centuria romana dispuesta a conquistar cualquier pais, cualquier aldea, y beber cerveza usando los cráneos de los pueblos conquistados.

...

Fue rápida la cosa.
Primero empezaron a meterse con Ana, y con su jersey con la A cosida sobre el pecho.
Su hermano salió a defenderla, y la centuria se arrojó sobre él, con ánimo conquistador, con ganas de no hacer prisioneros. A zurrar.

Y de forma instintiva, sin pensar, sin consigna alguna, sin gritos ni arrengas previas, todos los miembros de la pandilla, independientemente del género, la edad o la condición, nos lanzamos al estrellato.

Y digo bien , al estrellato, porque vimos las estrellas.
Alfa Centauro, la más próxima.
La constelación de Persépola, a continuación.
Para acabar con una perspectiva general de la Vía Láctea, vista en tres dimensiones y con todos los colores de la paleta.

Nos dieron las de Caín.

...

La disputa acabó en el callejón aledaño a la discoteca.
Vi a Marta, la prima de Ana, agarrar por el cuello a un toro alado de ojos sangrientos.
Manolo, saltando sobre la espalda de un portaaviones.
Azucena, repartir patadas en la espinillas de un general bárbaro.
Juan, que los domingos hacía de monaguillo, correr hacia el enemigo y enzarzarse, a la velocidad de la luz.

...

Al final, los guardias de seguridad de la discoteca, que pesarían un par de toneladas cada uno, nos separaron, obligándonos a retirarnos hacia terrenos neutrales.

...

Aquel día Ana cumplió dieciséis años y le regalamos un jersey con una A, cosida a la altura del pecho.

...


Algunos de los conceptos más puros, de mayor altura intelectual, más próximos a la eternidad, se conocen a través de los libros clásicos.
El valor, la entereza, la entrega, la piedad, la fidelidad, el sacrificio, el honor.

También existen otros conceptos, que no salen en los libros y se aprenden en el callejón que hay detrás de la discoteca.

La lealtad, que se presentaba en nuestras vidas...

Envuelta en unos sonidos limpios.

Con nuestra inicial, grabada sobre el pecho.

...





9 comentarios:

  1. Cuando dejaban que los chicos resolvieran sus problemas a su manera las cosas eran mejores. Pero eso no se puede decir, "pegar está feo" me dice mi primogénito cuando le dice su padre que devuelva las bofetadas. Yo he cambiado el discurso: No dejes que te hagan daño.
    Y, a veces, para eso, es necesaria la pandilla, que se argamasa con pegotes de lealtad.

    ResponderEliminar
  2. Ayyy, esas nostalgias; cualquier tiempo pasado no fue mejor, amigo.

    El tiempo lima las aristas de las dificultades y permite que olvidemos que, peses a la sencillez y la inocencia, la adolescencia es ese tiempo en el que falta o sobra algo, nunca encajas del todo.

    Ayy, pero con la nostalgia pasa como los barcos fondeados en el horizonte, la percepción es engañosa, nunca están tan cerca como parecen ni es posible llegar sin dejarse mucho de uno mismo por el camino.

    Claro que se ve mejor y más dorado el pasado que nuestro presente; éste tiende a obligarnos a enfrentarnos a una realidad que, en ocasiones, nos resulta angustiosa, incómoda o dolorosa.

    Pero ese es el momento de poner en práctica las virtudes de las que carecemos: paciencia, lealtad, nobleza, generosidad, humildad....

    Y buscarte un amigo o dos que te obliguen a ver las cosas como son, sin subterfugios.

    Y a lo mejor, alguien te regala algo mejor que una camiseta; y tal vez puedas seguir en el juego, en tiempo presente.

    ResponderEliminar
  3. Yo también llevo la inicial en el pecho.
    Y os preguntareis, donde estabas? tu que siempre llegas a tiempo?
    No acudí en vuestra ayuda porque no la necesitábais.
    Vosotros mismos resolvísteis la situación, y lo más importante, fue un paso más en el aprendizaje de los valores que marcan vuestras vidas. Esos valores que se aprenden en situaciones límite, y ya no se olvidan nunca.

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  5. ¡Buenas tardes autor!
    Me ha gustado tu entrada y me ha gustado que tras las discotecas se aprendan cosas buenas.
    No ya por mí, que se me ha pasado este arroz, sino por la pandilla de centuriones a veces, pardillos, otras, que aún tengo a mi cargo.
    Y los protegeré siempre aunque, como tú, estén aprendiendo, a cuidarse solos.
    Gracias, autor!!!
    Con afecto
    Asun

    ResponderEliminar
  6. Eso te pasa por ir a las discotecas...
    En mis tiempos hacíamos guateques, en casa de alguien donde los padres estaban fuera (quizá en alguna discoteca).
    Bueno, aparte de eso, no hace falta ir a una discoteca para comprobar hasta donde somos capaces los seres humanos, a la hora de defender lo nuestro.
    De niños, nuestros juguetes.
    De jóvenes, nuestra pandilla.
    De mayores, nuestra familia.
    Y cuando llegamos a ciertas edades... nuestros principios.
    La verdadera lealtad empieza a tener sentido cuando la utilizamos con nosotros mismos.
    Aunque sea en la calle de atrás de una discoteca.

    ResponderEliminar
  7. A los 52 te acuerdas de los que dejaron ojos morados por ti... Buscas a esos de entonces entre los muchachos de hoy y ... qué lástima... no los encuentras... Echas de menos esas lealtades.

    ResponderEliminar
  8. La pandilla era la seña de identidad de nuestra adolescencia. Era la lealtad, como tu bien dices, y era la confianza, la amistad, el primer amor, el primer desamor... Los bailes en la disco hasta la diez, el primer cubata. Ufff maravillosa edad!!!.
    Me ha gustado leerte. Un beso.
    Oles

    ResponderEliminar
  9. ... en el grupo estaba la solidez de nuestros pasos. Al lado de los otros, siempre.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar