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lunes, 6 de mayo de 2013

GRITOS Y SUSURROS

Una de las cosas que he aprendido bien es que cuando no sabes nada, absolutamente nada de un tema, no hay otra que enfrentarse a él y aprender sobre la marcha.
A veces son gritos, y otras susurros.
...
Nunca he sabido dar el pésame. No se qué palabras usar, cómo consolar con la presencia y la voz.
Imposible de los imposibles.

Calladito estoy más guapo.
Me limito a coger las manos del afligido familiar, abrazarle, besarle, apretujarle, y estar calladito
Ni una palabra.
Ni una.
...

Pensando en mi comportamiento dactilar, me acordé de una vivencia que tuve con 18 años, y que visto con la suficiente perspectiva explica mi comportamiento.

Era verano, el carnet de conducir recién obtenido, calor, mar y un verano por delante para jugar con mi destino.
Ella estaba alojada en casa de unos amigos. Era la prima de Madrid, que había venido al pueblo costero a pasar unos días. Yo me invité a mí mismo a tomar café en casa de esos amigos, y tras trabajarme educadamente a la madre, a la abuela, al padre y al sumsum corde, lo solté así, de sopetón :

"¿Te gustaría conocer Cabo Roig?"

Ella dijo que sí, la madre que sí, el padre que sí, faltaría más.

Y entonces emprendí con ella un viaje al mismísimo centro del destino universal.

Alguna milonga le contaría a mi padre para que me dejara su coche; el caso es que vehículo y parejita se fueron a buscar un lugar en el mundo.
...

En la costa siempre es sencillo encontrar un lugar a la sombra, con pinos verdes que huelen a resina, con vistas a un mar imponente y azul.

Yo, el conquistador de princesas estaba allí, con una madrileña de 16 años recién cumplidos, que estudiaba Bella Artes.
Nada, absolutamente nada nos impidió hablar de pintura, de colores, de Goya y de Murillo, por ese orden.

Las cosas son como son, y la cabra tira al monte; así que en cuestión de segundos me sentí profundamente atraído por la musa del arte contemporáneo, por la estrella de la Vía Láctea, por la artista del verano azul.

Con su mano sobre la mía le dibujé un par de constelaciones.

Ella estaba relajada, tranquila, circunspecta e interiorizando emociones.

Y entonces ocurrió de pronto, como cuando estalla una tormenta y los truenos llenan el espacio de inquietentes zumbidos de abejas gigantes.

Aquella chica madrileña soltó una especie de desgarrador  grito que cruzó la bahía.
De punta a punta.
No era un grito de dolor físico, no le había pisado el pie y nunca había escuchado un desgarro tan primitivo de boca de un humano.

Estremecedor. Nítido.
...

Apenas un mes antes, su padre había fallecido.
La familia la mandó al pueblo con los primos, para que se despejara del duelo familiar.
Y yo, rey de todos los pardillos que en el mundo han sido y serán, estaba allí, con ganas de besar a una chica que se desangraba por dentro.

"No metas la pata, chico; pórtate, animal de bellota", escuché desde un punto indeterminado.
...
Y entonces, por primera vez en mi vida, le dí el pésame a un ser humano, sin soltar palabra alguna.

La abracé con la ternura de un hermano, dejé que llorara hasta la extenuación y nunca, cuando digo nunca es nunca, le solté la mano en el transcurso de aquella tarde mediterránea.
Bajo un sol rotundo.

...

Me porté bien.
Como me hubiera gustado que se portaran conmigo.
...

Al cabo de unos días ella se marchaba a Madrid, con sus hermanas y su madre.
Por aquel entonces me dedicaba a dar clases particulares y a bailar en la discoteca, actividades a las que tengo afición incluso hoy.

Acodado en la barra, junto a la pista de baile, estaba con otros miembros de la pandilla.
Pasando el sábado de julio.

Entonces apareció ella, se acercó directamente hacia mí, e hizo un gesto para me inclinara y pusiera la oreja cerca de sus labios.

Me susurró una frase al oído.
De contenido suave, educado y tierno a un tiempo.

Disculpar que no cuente el contenido de aquel susurro juvenil. No tendría ningún derecho a contarlo.

De la misma forma que no se pueden contar los secretos, ni todos los sueños, ni todas las emociones.

...

Lo que sí os diré es que  a partir de aquel momento, ya nunca dí a nadie el pésame con palabras.

Y que la vida se expresa, a veces, con gritos y susurros.

Muy profundos.

...

Una de las cosas que he aprendido bien es que cuando no sabes nada, absolutamente nada de un tema, no hay otra que enfrentarse a él y aprender sobre la marcha.


A veces son gritos,  otras susurros.


....

7 comentarios:

  1. ¡Hola Driver!
    Tendré que pensar sobre este post, sobre si gritar no puede ser un buen modo de exteriorizar un dolor muy grande y muy reprimido, pero claro tienes que tener a alguien de tu sensibilidad al lado que si no...¡lo que hubiera podido pasar!
    Yo preferiría dominar los susurros, a mí edad me parecen más adecuados.
    Y una última cosa, cuando yo era una niña y a la salida del cole, iba a clase de francés, pasaba siempre frente a un cine donde daban la película de Bergman, cuyo título has parafraseado aquí...cuando he visto tu actualización me he revivido a mí misma preguntándome, intrigada como sólo puede estarlo una niña, qué serían "Gritos y susurros".
    Ahora, en parte gracias a ti, ya lo sé.
    Un saludo afectuoso
    Asun

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    1. La historia acabó bien. Ese otoño fui a estudiar a Madrid, donde busqué a la chica.
      Se casó muy jovencita y empezó una nueva vida; superó la muerte de su padre y formó una familia.
      Le encargué dos cuadros; uno para regalar y el otro para mí.
      No me los quiso cobrar.
      ...
      Algunos días observo el cuadro que pintó y que conservo.
      Son dos bailarines, de contornos curvos y ágiles.

      Parecen susurrar.

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  2. Es curioso, a estas alturas aún no he llegado a aprender a dar un pésame con palabras, por lo que nunca hablo.

    De lo otro, los gritos y los susurros, te podría hablar durante toda mi vida.
    Te podría contar, de los gritos, los que salen de la expresión de su rostro, de mi Cristo de la Expiración. Y los susurros, las tracas que explotan a su paso, con sus correspondientes decibelios ensordecedores, algo así como una música celestial, algo así como si Dios nos susurrara, dándonos consejos.

    Los gritos de mis vecinos, cuando pasan y me miran, y nos miramos, y sin tener que mediar palabra, nos gritamos pidiendo socorro.
    Y los susurros de los que nos aplastan poco a poco, con frases muy bien escritas (por su equipo de guionistas).

    Los gritos con los que el planeta nos reprende nuestra conducta, con rayos y relámpagos.
    Y los susurros con los que nos perdona, con sus manantiales brotando de la tierra.

    .....
    Continuará.
    Un abrazo, primo.


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    1. Los gritos de los enanos al venir al mundo mundial, y los susurros de cuando se tranquilizan al beber la leche materna.
      Los gritos de la gente indignada que toma la calle en busca de un lugar en el mundo mundial, y los susurros de las personas que ayudan a otras personas, en silencio.

      Los gritos de los amantes cuando chocan dos trenes en mitad de la madrugada.
      Y los susurros de los niños, producto de dicho choque, cuando hablan con las olas.

      Sí primo, tal vez la vida sea una sucesión de gritos y susurros, de impulsos del músculo cardíaco.


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  3. Hay gritos que no se oyen, incluso cuando estamos al lado.
    Hay susurros que retumban, una y otra vez, como si un eco infinito los reflejara.

    Hay gente que grita con mensajes ocultos en palabras rebuscadas.
    Y hay quien susurra con bocinas y sirenas que rompen la barrera de los decibelios.

    Primo, me acabas de proporcionar una pregunta.
    Sí, esa pregunta tan famosa, en sus distintas variantes:
    - A quien quieres más, a papá o a mamá?
    - Eres del Sevilla o del Betis?
    - De los Beatles o de los Rollings?
    ....
    Gritas, o susurras?

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  4. Impecable.

    Un abrazo muy sonoro!!! ;)

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  5. Qué cosa más bonita has escrito DRIVER, estoy tan, pero tan de acuerdo contigo que no añadiré palabra alguna y eso que a mi se me escapan hasta en sueños... a tus gritos y susurros, a tus abrazos y besos sin palabras yo siempre ( no quiero, pero se me escapan si de verdad empatizo con la persona a quien le doy el pésame) la empapo, de verdad que no quiero llorar, pero se me escapa el agua por los ojos, no lloro en alto... todo es silencioso, solo mojo... se me inundan los ojos y me rebosan.


    Un beso grande y feliz finde.

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