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viernes, 27 de septiembre de 2013

CALIGRAFIA VITAL




Estoy a punto de entrar al examen.
Y no estoy nada nerviosa.

Tal vez supere la prueba o tal vez no.
Pero si algo tengo claro es que me voy a divertir intentándolo.

...

Cuando era pequeña vivía en una granja, con mis padres.
Era azul y estaba situada junto a un lago.

Trabajabamos en los campos y en verano se admitían huéspedes.

...

El verano que yo cumplí ocho años vino un señor que estaba enfermo y necesitaba el aire de la montaña.
Era el embajador de nosequé y estuvo seis semanas en nuestra casa.

Le gustaba mi compañía y a mí la suya.
Así que empezamos juntos a hacer grandes cosas.

...

El primer verano que vino, me enseñó las vocales y los números.
Y a usar la plumilla.

El segundo verano me enseñó las consonantes, y a sumar y restar.
Y trajo un montón de cuadernos y tinta de un pais que se llama China.

El siguiente empecé a leer.
Al principio muy despacio.
Y luego las frases.

Al otro me trajo libros sobre viajes e historia.
Me gustaban más los viajes que la historia.

Luego me enseñó la naturaleza de los números, que es una cosa muy interesante si tienes la suerte de que te lo explique bien el señor embajador.
Y se le daba de rechupete.

Un año tuvo que quedarse todo el otoño y se empeñó en enseñarme todo lo que sabía de geometría.
Me la enseñó dando paseos por el bosque, pues decía que allí estaba el origen de los puntos, las líneas y las curvas.

Un día cortó el tronco de un arbol con una sierra y me enseñó una cosa que son las elipses, las parábolas y las hipérbolas.
Parece muy complicado, pero el señor embajador lo hacia todo muy fácil, pues yo veía las curvas en los cortes de las líneas de la madera.

Nunca he ido al colegio, pues está muy lejos de las montañas donde vivo.
Así que todo lo que sé me lo enseñó el embajador y los libros que me traía.

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Un verano el embajador ya no vino y mi padre me sentó en sus rodillas.
Me contó que el señor embajador había enfermado y se había ido para siempre.
Luego bajó de un carro un enorme baúl que me había mandado mi amigo.
Lo abrí y estaba lleno de libros.
Y una carta en la que mi amigo se despedía.

El señor embajador era muy detallista con estas cosas.

...

Me leí los libros e hice un montón de ejercicios de caligrafía, de matemáticas y de lectura. Además de mis tareas en la granja.

...

Luego me hice mayor.
Y mi padre me preguntó que qué quería hacer con mi vida.

Como me había aficionado a los libros, le contesté que quería estudiar en la ciudad.

Así que esta mañana me ha traído a un edificio muy viejo de piedra, donde trabaja la mujer del embajador.

Me ha sentado en una silla delante de un pupitre, con un montón de chicos que también querían estudiar.

Y me han puesto una especie de prueba.

...

Tenía que escribir todo lo que sabía sobre unas curvas que se llaman cónicas.

Así que lo primero que hice fue pintar un árbol, que era muy ancho por abajo y muy picudo por arriba.
Luego pinté un leñador con una enorme sierra para madera.

Y después me puse a cortar el árbol de cuantas formas posibles me había enseñado el señor embajador.

Y me quedó un ejercicio muy bonito y muy claro.

...

Algunas veces, cuando paseo por el bosque, me acuerdo de aquel señor que venía a pasar temporadas en nuestra casa.

Y entonces organizo paseos por el bosque con mis alumnos.
Les explico que todas las líneas y las curvas del mundo están en la naturaleza.

Y los chicos aprenden de verdad.

Como si el conocimiento fuera en realidad el juego de un señor embajador y una niña.

Que pasean por el bosque, mientras escriben.

Su caligrafía vital.

...

Atentamente.

2 comentarios:

  1. A veces me pregunto por qué complican tanto la labor del enseñante. Has explicado exactamente cómo yo había soñado que algún día podria ser esta tarea. Gracias, Driver.

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