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miércoles, 4 de marzo de 2015

DÓNDE ENCONTRAR UN PUNTO DE APOYO.







 ¿DÓNDE ENCUENTRAR UN PUNTO DE APOYO?

Una espesa niebla cubría Madrid y sus avenidas.
Silencio invernal.
Frío.
Cuando de repente…
De repente aulló una sirena.
Décimas de segundo.
Primero la luz.
Inmediatamente después el sonido.
Como el rayo y el trueno.
Después un estampido.
Una borrosa figura atravesó la avenida.
Y cuando digo atravesó digo que la atravesó por toda la mitad, rápida y estruendósamente, como una navaja que raja a un fulano.
¿Quién puede conducir así con la niebla que hay?
Ni idea.
Sería un juego de conductor.
La sirena se dirigió al Centro de Salud, perdiéndose en sus entrañas.




DRIVER GAME.

A los niños nacidos en Alcázar de San Juan, la industria del ferrocarril les deja fácil la opción de la adopción. Sin moverte del pueblo, es relativamente cómodo convertirte en agujero (los que manejan las agujas), en gorrista (los que llevan gorra en los trenes) o mucho mejor en comodín (los que se sientan horas y horas tras un escritorio).
Cuando era pequeño, mi padrino me preguntó un día que qué quería ser yo: agujero, gorrista o comodín.
No le contesté.
No tenía edad para saber lo que quería ser, pero sí la suficiente para comprender que aquella forma de plantear el tema decía mucho sobre el mismo.

Yo sólo le hacía caso a mi padrino.
Su forma de hablar y sobre todo su forma de callar, me proporcionaba más información que la escuela.

Así que una de mis aficiones favoritas, en plena época de persecuciones de ranas y sapos, fue la de escucharle.

A los dieciocho años, justo antes de ir en contra de mi voluntad al servicio militar obligatorio, ocurrió un encuentro que marcó mi vida.

Un joven sociólogo que llevaba a cabo una encuesta epidemiológica en nuestro pueblo le preguntó a mi padrino: “ ¿Cuál cree usted que es la tasa de mortalidad en esta zona?”. 
Después de hacer una pausada reflexión, mi padrino le respondió con seguridad: 
“Yo diría que una muerte por persona”.

Esa lúcida respuesta me hizo levantar la mano en el cuartel de Leganés, cuando el sargento Ambrosiano preguntó: "¿voluntarios para conductores?"

Hay dos cosas que no se pueden hacer en el servicio militar siendo conductor de ambulancias. La primera es saltarse el reglamento. La segunda es destrozar el vehículo. Yo conseguí hacer las dos cosas el mismo día.

Ya sabéis que eso de las maniobras militares es un juego,y se supone que sirve para estar preparado para la guerra. Pero a decir verdad, nadie está preparado. Ni los sistemas, ni los reglamentos. De aquí el secreto militar.

Ya que la puedes cagar, lo mejor es que no se entere nadie.

Aquella mañana de marzo, los BMR de nuestra unidad estaban destripando terrones de tierra por un campo de entrenamiento. Algún cretino se había equivocado en algo, y uno de los muchachos pisó con su tanqueta de transporte una mina. El vehículo salió despedido por los aires, y fue a destriparse contra unas rocas.

Nos avisaron a los de las ambulancias.

El sargento Ambrosiano dijo aquello de saquen a mis muchachos de allí.

Las dos ambulancias que fueron antes que yo se vieron atrapadas por un terreno blando y hostil. Yo mantuve la radio encendida y escuché los pormenores : "cuarta, tres mil quinientas, cuidado con el olivo, esto patina , nos paramos; tercera, cuatro mil, el morro se hunde, cuidado con el arbol, nos paramos".

Escuché la voz de mi padrino:”en caso de duda, poco equipaje y a recular”.

Así que me introduje en el camino a 120 en tercera, frené bruscamente antes de llegar al olivar, pero sin dejar de perder todo el impulso, reduje a segunda e hice subir el motor a seis mil, me planté en la loma subiéndola a base de motor y patinaje artístico,rocé el desequilibrio compensando los vaivenes con irresponsables giros de volante, logré acercarme a 15 metros del BMR, sacamos al pobre desgraciado de Alpedrete que sangraba abundantemente, me deslicé colina abajo reduciendo a base de motor, ya que los frenos hacía tiempo que no funcionaban, logré incorporarme al camino de tierra con tres ruedas reventadas, inventé la rodadura con llanta metálica, y logré depositar al accidentado en el puesto médico en tres minutos, treinta y cuatro segundos.

Pasé 3 meses en un calabozo. Después me licenciaron.No encontraron otra forma de resolver mi tema.

Así que eso es lo que soy. Un conductor.
Mi trabajo en la vida civil consiste en llevar gente accidentada de un sitio al otro.
Lucho contra el tráfico, las inclemencias del tiempo, el reglamento de la Comunidad Autónoma y la muerte.

Cada día me levanto con el deseo de ayudar a salvar vidas.
En algunos casos, con poco esfuerzo se consiguen grandes logros. Hay días en los que puedes destriparte, para al final transportar carnes sin vida. Ese es el juego.Y hay que saber jugarlo.
Trato de ser lo más profesional posible. Estudio recorridos. Estoy con un mapa mental permanente del tráfico en mi cabeza.

Desayuno adrenalina y me siento útil.

Hasta que un día,se me ocurrió dejar de ser profesional, y claro, la cagué bien.


¿Qué hacía aquel pescador de sesenta y cinco años en Madrid?
Parece ser que arreglaba unos papeles de su jubilación en el Ministerio.

¿Cuál fue el incidente?
Atropello por parte de un autobús urbano

¿Por qué la cagué?
Fuí el primero en llegar. El viejo estaba bien jodido. El médico le inmovilizó todo menos el brazo derecho. Antes de meterlo en la ambulancia me cogió con su brazo y me dijo que no quería morir allí, que lo llevara a Denia.
No fuí profesional, me salté el reglamento de La Comunidad Autónoma y me pillé la nacional III.
………………….
Me encanta conducir. 
………………….
Mientras el viejo me hablaba sobre su juventud y sus aventuras en Marruecos, yo me deslizaba a ciento setenta por el término municipal de Motilla del Palancar.
…………………
Tal vez sea el viento, el bramido de la sirena, el desplazamiento progresivo del paisaje…………………………
Me había saltado un reglamento autonómico, cuatro disposiciones ministeriales sobre transporte de heridos, el reglamento interno de la empresa. Me caería un buen paquete.
……………………
Pero qué pasa, yo llevo al viejo a Denia.
……………………
La alfombra de asfalto rodaba bajo el liviana peso de mi saeta.
……………………
Kilómetros.
……………………
Kilómetros

Al llegar a Denia, me dirigí directamente al Hospital.
Descargaron al abuelo.
Me dijo : “ gracias hijo”.

…………………….
Me senté un rato en el capó a mirar el mar.
………………………
No sé dónde encuentra un hombre su punto de apoyo.
Sólo sé que se trata de vivir en libertad y de morir en paz.
……………………


¿O será tal vez vivir en paz y morir en libertad?.
...

Atentamente. Driver.

        

lunes, 23 de febrero de 2015

NO TEMAS








A veces ocurre que pasan cosas.
Otras veces son las cosas las que ocurren.
...
Son así las reglas del juego; tú no las has inventado.
...
Te acercas al hospital, temoso, teniendo que decidir antes la manera como vas a actuar.
Sí, hazlo antes, porque después no hay margen de actuación.
Siéntate, respira hondo.
Te vas a enfrentar al miedo.
...
Está ahí, poderoso, acechante.
Y tú eres sólo un ser humano.
...
Entonces, invéntatelo todo.

Sí, invéntatelo, porque lo que sabes, no te sirve de nada.
Monada.
...
¿Has respirado?
¿Te has hecho una composición?
¿Lees tu alma desnuda?
Entonces ve y hazlo.
...
Entrarás en el hospital con miedo, pero no te lo demostrarás.
Si no te lo muestras a tí, es muy posible que no se lo muestres a los demás.
Y en esta tesitura es muy importante, ni serlo ni parecerlo.
...
Sube a la planta primera y busca la habitación 103.
Entra despacio, allí las prisas no son bienvenidas.
...
Ahora saluda y adáptate al entorno.
Es fácil.
Simplemente has de moverte despacio.
...
Mírala, sí mírala de frente.
Ella sentirá tus ojos, espejos de tu alma feroz.
...
Vas a hablar poco, pues más de seis palabras no será capaz de escuchar.
...
Mídelas.
Una a una.
Elígelas.
Una a una.
...
Bien, tan sólo vas a tener una oportunidad, así que hazlo bien.
Para ello te lo tienes que creer.
Tienes que sentirlo como parte de tí.
No te engañes.
...
Hazlo despacio.
Te acercas.
Besas lentamente su frente.
Deja que tu calor sea el suyo.
...
Cógele la mano y se la calientas.
Aprieta un poco sus dedos.
Ella los sentirá.
...
No te pases de tiempo; has de hacerlo sin prisa, y con decisión.
Eso se nota siempre.
...
Recuerda, seis palabras. No te pases.
...

NO TENGAS MIEDO.
NO HAY MOTIVO.

...

Driver : me debes 500 pavos y lo sabes; si aparecen dos gorilas pis ...ándote los talones, no temas. Pero te mearás de miedo. 



Tu hermano.



Tomae: eres tú el que me debes 501,23 €;
 125,36 $; 352,35 & y 14.125.325,22 bolívares (anda flojilla la moneda).
No me importa que me los debas, pero...
¿podrías dejar de moverte de un lado al otro del mundo?; en comisiones sólo nos están crujiendo.

Tu hermano mayor.







sábado, 1 de noviembre de 2014

CEMENTERIOS DE LUZ




Un día me dejé llevar por la curiosidad, y visité el cementerio civil de Madrid.
Ni una cruz en las sepulturas.
Está situado en la avenida de Daroca. Enfrente del enorme cementerio de la Almudena. Es pequeño.

Allí están enterrados los que no querían o podían tener una cruz.

Suicidas a los que la Iglesia negó tierra santa por haber obrado contra el quinto mandamiento. No matarás.
Diplomáticos musulmanes, judíos y anglicanos que murieron en España, lejos de sus tierras y sus creencias.
Políticos nacionales que abominaron públicamente de Dios.
Un lugar donde resulta difícil rezar un responso.

Cruzo la avenida y visito el de la Almudena. Enorme.
Un mar de cruces. Estás en casa.

Visito la tumba de Lola Flores. Y la de su hijo Antonio. 

Descansan juntos. Se respira creatividad a pesar de que ya no están. 
Anónimos que les dejan un clavel. La escondida lágrima de una señora mayor.
Un niño juega junto a la cruz.

Cierro los ojos y escucho música.
Sonidos de mi tierra.
Los de la madre. Flamenco compulsivo. Simple. Alegre.Vivaracho.

Los del hijo, Antonio. Poéticos. Modernos. Frescos.
El mar en un vaso de ginebra. Pongamos que hablo de Madrid.

El niño que jugaba entre las cruces ahora recibe instrucciones de su abuelo.
Que no te acerques a ese foso. Que si te caes ya verás tu madre.

Respiro la mañana fresca.
Aquí sí apetece rezar.

Dar las gracias a la familia Flores por los buenos ratos que nos han dado.
Reflexionar entre cruces.
Pisar los guijaros de la vida.

...
El niño que jugaba entre las cruces ya es un adulto.
Ya no está el abuelo para advertirle de los peligros.

Pero el padre de su padre le dejó en herencia dos objetos de gran valor.

Un biblia y una linterna.

Con la primera alumbra su alma.

Con la segunda dispara ráfagas nocturnas.

Hacia las estrellas.
Donde descansan nuestros queridos difuntos.

Entre el cielo y el mar.




Allá donde se cruzan los caminos.


...






...

martes, 20 de mayo de 2014

UN PEZ LLAMADO GONZALO




Érase una vez un pez llamado Gonzalo.
Ésta es la historia del modo de aparecer, en el invierno del año noveno, después del segundo milenio.

En un principio fue el magma de los volcanes.
Después ocurrió que la Tierra se abrió, surgiendo de sus entrañas una enorme medusa de tejido intemporal.
Por fin fue lanzada al GRAN OCEANO, donde practicaste con tu cola los primeros movimientos náuticos.

En el seno del OCÉANO todo estaba en silencio.

Bajo las profundidades, muy al fondo, latía un acompasado vaivén.

El pequeño flota entre dos aguas.

La GRAN BALLENA la guía, desplazándola en su estela.

Vivía en un océano que se llamaba MAMÁ.

Durante un tiempo fue alimentándose de plancton y de nutrientes marinos de muy diversos tipos. Creció y creció, en la paz del vientre acuoso, en el silencio brumoso.

Convertías el Mar en un torrente, y al cielo en la ventisca, y a la tierra en una sombra.

No te extrañe que me quedara absorto al verte. Aquella pesca merece ser narrada.
...

Érase una barca con varios pescadores de batas blancas. Fueron tus padres a recibirte desde el embarcadero, de puntillas, sin saber por dónde amanecía.

Y fue.
Y amaneció. Aunque el Sol no hacía mucho que enfadado de no verte, se acostó.

Y la Luna sí, ella había ganado la primera partida, tu pesca nocturna.

Y ellos, los pescadores y las pescadoras, tus primeros amigos.

Y ellos, tus padres.

Y él, EL MAR, bramaba la pena de perderte.

Y ella, LA BRISA, cantaba la alegría de encontrarte.
...

TU, empezando a sentirte, ya no era un pececillo; ahora eras una gaviota en el aire.

Pero esa es otra historia y te la contaré otro día.

Ahora descansa. Recupérate para mañana. Tienes que secar tus alas.

Mañana toca volar.




Atentamente. Driver.




jueves, 17 de octubre de 2013

TIEMPOS DE HÉROES





Es una sencilla cuestión, que sucede con frecuencia.
Más de lo que te imaginas.

Simplemente pasa.

...

Están ahí a tu lado. Sin levantar la más mínima de las sospechas.
Su camuflaje es simplemente perfecto.
Ni siquiera ellos saben que lo son, hasta que no se presenta la ocasión

...

Esta mañana dejé a mis hijas en el colegio.
Arranco el coche y me dirijo hacia la circunvalación.

Un par de avenidas más hacia el norte, un cruce enorme.
Los humanos, pequeñas hormiguitas negras, caminando de forma frágil.

Los vehículos, chapa de acero y entresijos de pesado metal, avanzan rápido.

Un semáforo en rojo. Freno.
El de atrás se pasa de frenada.
Giro brusco para no endiñarsela conmigo.

Un niño cruzando en ámbar, en el campo de tiro de la frenada.
...

Un señor anónimo, de cara desconocida y semblante lejano se da la vuelta en el cruce.
Corre hacia donde a nadie se le ocurriría correr.
Agarra al chico, lo desplaza bruscamente, protegiéndolo.
Y espera el zarpazo.

...

Un gran zopetazo le desplaza.
Y cae.

...

El crío está a salvo.

El vehículo por fin se detiene.
Paro y voy.

Y allí está en el suelo.
...

Un señor anónimo, de cara desconocida y semblante lejano.

...

- "¿Se encuentra bien?"

-"Nunca me he encontrado mejor, chico".

...


jueves, 3 de octubre de 2013

VELOCIDAD PURA





Eres realmente rápido.
Cuando llego por primera vez, tú hace tiempo que has pasado por la curva.

No hay quien te siga, chico.
Corres que te las pelas.

Y encima te diviertes.
Algo que cuesta tanto esfuerzo, tú lo conviertes en divertido.

¿Divertido?

Pues te digo que a mí me duelen todos los huesos.
Que nada más salir ya me encuentro cansado.
Y que me cuesta concentrarme para no salirme de mi calle.

Por no hablar del tartán.
Sí, los clavos de las botas se agarran bien a él.
Pero como se te ocurra caerte, ¡ ahy, como se te ocurra caerte en el tartán !

Vas a ver las estrellas, las constelaciones y la Vía Láctea, todo a un tiempo.

...

No sólo me adelantas, sino que me dejas sumido en la más profunda de las humillaciones posibles.
Te sales, chico. Te sales.

...

Hay días que me doy por vencido y me siento en las gradas del estadio.
Te observo.

Sales sonriendo.
Calientas.
Das dos vueltas.
Y te vas sonriendo.

...

¿Te qué te ríes?
¿Qué es lo que tanta gracia te hace?

...

¿ No será que simplemente disfrutas Señor ?

Será eso.

Te pasas todo el tiempo disfrutando.

Adelantando primero al sonido, y después a la luz.

...

No me extraña que me cueste tanto hablar contigo, Señor.

Y mira que lo intento.

Como si la vida me fuera en ello.

Te lo juro.

...

Me esfuerzo en seguirte, en entender algo, en coger velocidad y dar al menos un par de vueltas decentes al estadio.

Dame al menos una satisfacción. ¿Es pedir mucho?

...

Si no te importa, me gustaría acompañarte un rato en tu entrenamiento diario.

Quiero sonreir como tú.

Un momento de gloria.
Sólo te pido un momento de gloria.

Un instante de velocidad pura.

...

Amén.


viernes, 27 de septiembre de 2013

CALIGRAFIA VITAL




Estoy a punto de entrar al examen.
Y no estoy nada nerviosa.

Tal vez supere la prueba o tal vez no.
Pero si algo tengo claro es que me voy a divertir intentándolo.

...

Cuando era pequeña vivía en una granja, con mis padres.
Era azul y estaba situada junto a un lago.

Trabajabamos en los campos y en verano se admitían huéspedes.

...

El verano que yo cumplí ocho años vino un señor que estaba enfermo y necesitaba el aire de la montaña.
Era el embajador de nosequé y estuvo seis semanas en nuestra casa.

Le gustaba mi compañía y a mí la suya.
Así que empezamos juntos a hacer grandes cosas.

...

El primer verano que vino, me enseñó las vocales y los números.
Y a usar la plumilla.

El segundo verano me enseñó las consonantes, y a sumar y restar.
Y trajo un montón de cuadernos y tinta de un pais que se llama China.

El siguiente empecé a leer.
Al principio muy despacio.
Y luego las frases.

Al otro me trajo libros sobre viajes e historia.
Me gustaban más los viajes que la historia.

Luego me enseñó la naturaleza de los números, que es una cosa muy interesante si tienes la suerte de que te lo explique bien el señor embajador.
Y se le daba de rechupete.

Un año tuvo que quedarse todo el otoño y se empeñó en enseñarme todo lo que sabía de geometría.
Me la enseñó dando paseos por el bosque, pues decía que allí estaba el origen de los puntos, las líneas y las curvas.

Un día cortó el tronco de un arbol con una sierra y me enseñó una cosa que son las elipses, las parábolas y las hipérbolas.
Parece muy complicado, pero el señor embajador lo hacia todo muy fácil, pues yo veía las curvas en los cortes de las líneas de la madera.

Nunca he ido al colegio, pues está muy lejos de las montañas donde vivo.
Así que todo lo que sé me lo enseñó el embajador y los libros que me traía.

...

Un verano el embajador ya no vino y mi padre me sentó en sus rodillas.
Me contó que el señor embajador había enfermado y se había ido para siempre.
Luego bajó de un carro un enorme baúl que me había mandado mi amigo.
Lo abrí y estaba lleno de libros.
Y una carta en la que mi amigo se despedía.

El señor embajador era muy detallista con estas cosas.

...

Me leí los libros e hice un montón de ejercicios de caligrafía, de matemáticas y de lectura. Además de mis tareas en la granja.

...

Luego me hice mayor.
Y mi padre me preguntó que qué quería hacer con mi vida.

Como me había aficionado a los libros, le contesté que quería estudiar en la ciudad.

Así que esta mañana me ha traído a un edificio muy viejo de piedra, donde trabaja la mujer del embajador.

Me ha sentado en una silla delante de un pupitre, con un montón de chicos que también querían estudiar.

Y me han puesto una especie de prueba.

...

Tenía que escribir todo lo que sabía sobre unas curvas que se llaman cónicas.

Así que lo primero que hice fue pintar un árbol, que era muy ancho por abajo y muy picudo por arriba.
Luego pinté un leñador con una enorme sierra para madera.

Y después me puse a cortar el árbol de cuantas formas posibles me había enseñado el señor embajador.

Y me quedó un ejercicio muy bonito y muy claro.

...

Algunas veces, cuando paseo por el bosque, me acuerdo de aquel señor que venía a pasar temporadas en nuestra casa.

Y entonces organizo paseos por el bosque con mis alumnos.
Les explico que todas las líneas y las curvas del mundo están en la naturaleza.

Y los chicos aprenden de verdad.

Como si el conocimiento fuera en realidad el juego de un señor embajador y una niña.

Que pasean por el bosque, mientras escriben.

Su caligrafía vital.

...

Atentamente.