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miércoles, 30 de marzo de 2011

PIRATAS DEL MEDITERRÁNEO.




La mayoría de la superficie terrestre está cubierta por mares y océanos.

Alguien debe enseñarle a estos chicos las cosas de la mar.

Al fin y al cabo, son un grupo de corsarios. Sanguinarios como el que más.


Conviene llevarse bien con ellos.

Son capaces de cualquier maniobra audaz.


De atravesarte el alma de un sablazo.


PIRATAS DEL MEDITERRANEO.


Algunas veces no queda otra.

Saltas por la borda con el sable entre los dientes. Matar o morir.

Nadas hacia la costa.

Escalas el risco.

Y atacas la fortaleza de Capdepera, con más valor que conocimiento.

...

Durante 150 años los ingleses dominaron la isla de Palma.

Ni los reyes castellanos, ni los nobles catalanes, ni tan siquiera los sicilianos aliados con los corsos consiguieron expulsar a los infieles de la isla.


Así que fuimos nosotros. Los piratas del Mediterráneo.


Nuestro bergantín es joven y rápido. Navega que se las pela. Surca el mar con la sublime arrogancia de su tripulación infantil.


Tenemos a Edu (mi ahijado), el capitán. Manda con destreza sobre nuestras almas y cuerpos. Las vidas de la tripulación dependen de sus ideas.


El piloto se llama Pilar (mi hija mayor). Se orienta en la noche por el brillo de las estrellas, y por el día por la altura del Sol , por el sentir de los vientos.


La oficial de artillería naval se llama Silvia (mi ahijada). Donde pone el ojo pone la bala. Desde dos millas de distancia es capaz de acertar en un tonel lleno de ron con monedas de oro.


La oficial de asalto se llama Sara (mi hija pequeña). Es la más valiente. Nada la detiene. Todos la siguen en el fragor de la batalla. Nunca se rinde.


...


Amanece en el Mediterráneo infinito. Los ingleses duermen sin tan siquiera soñar que existíamos. Con las primeras luces, nuestro capitán dio la orden:


"¡A POR ELLOS!".

De todas las estrategias posibles se inventaron la única que podía ser imaginada por cuatro niños.

La piloto Pilar trazó la derrota del bergantín con la maestría de una mente inocente.

La oficial Silvia pegó tal pepinazo con el cañón de 160 libras, que el proyectil, volando a través de la bahía cual gaviota, atravesó el portón principal de la fortaleza, dejándolo reducido a simples astillas.


Y así llegó el momento de los valientes.


La oficial de asalto Sara escaló de forma atolondrada el risco, atravesó el portón y sable en ristre fue tomando las primeras posiciones.

Los niños piratas tomaron la Fortaleza, capturaron a todos los enemigos, enarbolaron su bandera pirata en lo alto de la torre de vigía.

Tras la victoria celebraron su día de gloria con una ronda de Chupa -Chups.


...


Tal vez, cuando crezcan recuerden su hazaña.

Seguramente, de adultos tendrán que luchar en un mundo terrible y cruel.


Pero mantengo el firme propósito de enseñarles que, los mejores sables, las más templadas espadas, los máximos honores del campo de batalla, se consiguen con armas talladas en madera.


Vieja madera de olivo mallorquín.

Madera mediterránea.


...



EL MOVIL ETERNO







Tengo un ahijado de nombre Edu.

Una de mis obligaciones con él es la de contarle cuentos.

A veces tengo que conducir más de cuatrocientos kilómetros para contarle uno.

Así que me los preparo meticulosamente.

...


El año pasado hizo su Primera Comunión.

Y me pidió que le contara un cuento para él y para su hermana gemela, Silvia.

Pero no le valía un cuento cualquiera; me pidió que le pidiera permiso al sacerdote, me subiera al altar al final de la misa, y se lo leyera delante de su familia y de sus amigos el día de su Comunión. Es un pirata.


Mi ahijado me conoce y sabe que me gustan las situaciones difíciles, las preguntas imposibles.

Un padrino debe de hacer cuanto esté en su mano para el futuro de su ahijado.

Y como todas las cuestiones importantes de esta vida, ha de ser gratis.

Completamente gratis.


...


EL MOVIL ETERNO


Esto era una vez dos niños, que se encontraron con un móvil.

No se compraba en ningún sitio, no se vendía en ninguna parte.


Cada vez que quieres hablar con un amigo, le llamas.

“Riiiiiiiiiing, riiiiiiiiiing"; si está, lo cogen, a veces no, “riiiiiiiing riiiiiiiiiiiiiiiiiing”.


Cuando contesta, te pones muy contento. Se abre un nuevo mundo, puedes ir al cine con él, jugar al escondite, o mejor, jugar al pañuelo.

¡¡¡EL DOS!!!! Salen Corriendo dos niños hacia un pañuelo. Corren y el más rápido sale disparado a la velocidad de la luz.

¡¡¡EL CUAAATRO!!!! Una simple niña es más rápida que el campeón mundial de 100 metros lisos.


Los niños corren, delante de la brisa, detrás del viento.

Los niños saltan sobre el tiempo, por encima de todas las barandillas.

Los niños brincan sobre el tiempo. Tras la eternidad.

Cuando tu amigo te responde, tú te pones contento. Muy contento.

Si el teléfono comunica o no da respuesta, te quedas solo. Sin jugar.


Hoy es un gran día, habéis conocido por primera vez a un amigo que siempre comunica, jamás está fuera de cobertura.


¿Su nombre? Jesús; ¿cobertura? 365 días al año, toda tu vida; ¿respuesta? Inmediata. Pero…

¿dónde está el móvil? ¿Dónde se carga la batería? ¡Es fácil! Os lo voy a enseñar: Coge tu mano derecha, júntala con tu mano izquierda, eleva las puntas a la altura de tu nariz, entonces… piensa en tu amigo y háblale. Seguro que te escuchará. Hoy habeis aprendido a usar el móvil por primer vez. El resto de las conversaciones con Jesús, sólo depende de vosotros. Ya sabeis… Coged vuestra mano derecha y juntadla con la izquierda.




Es tan fácil que..., hasta un niño puede hacerlo.


...


Esto era una vez dos niños, que se encontraron con un móvil.


No se compraba en ningún sitio, no se vendía en ninguna parte.



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viernes, 25 de marzo de 2011

CAP 1: LA MÁQUINA




CAPITULO PRIMERO: LA MAQUINA.

-“¡Manolo acelera, que la máquina responde!”-
Eso es todo lo que Prudencio era capaz de recordar.
Después un interminable silencio.
Un pausado estar. Una nada.

Trató de incorporarse, pero su cuerpo no le respondía.
Desde aquellos matorrales de la nacional cuatro, lo único que se veía era un campo de trigo verde.
Trigo verde.

Decidió cerrar los ojos y dejarse llevar. Las fuerzas escasas. Trató de hacerse una composición de lugar.
Se tocó las piernas, allí estaban ambas las dos.
Los brazos, algo magullados, dos cruces, correcto.
La espalda ardía entre Valdepeñas y el otro pueblo, el otro pueblo que estaba después de Valdepeñas, que no me acuerdo.
Dolor.

No oía a Manolo, para nada.

Le llevaron al hospital provincial. Blanco Insalud.
Odiaba aquel olor a medicamento y gasas esterilizadas. La mezcla de tiempos estancados e informes ilegibles componen la atmósfera básica de los centros hospitalarios.
El tiempo no se mueve, los informes son ilegibles.
¿Poli qué?, politrauma, politransa, poliglucitos…

El gotelet del techo de la habitación del Pruden tenía tres mil cuatrocientos cuatro puntitos. Puntitos grandes y pequeños, agrupados por tamaño y disposición; estaban los puntitos rebeldes de las esquinas, los puntitos anónimos junto a las cortinas, una zona sin puntitos, y un par de montañitas de puntitos. Trató de imaginarse al pintor que hizo aquella chapuza de trabajo. Manolo acábate esa habitación pronto que hoy es viernes y nos vamos a la una. Vamos Manolo, no te duermas que vamos por metros. Y los puntitos salían de la máquina del gotelet a toda prisa, sin orden ni concierto.

Pruden no preguntaba. Mejor no preguntar.
Las íes del Insalud estaban en todas partes. Alguien se había comprado un completo juego de tampones de todos los tamaños, y se había pasado un mes entero tamponeándolo todo. Una sábana, ¡plás! una i grande. Una toalla, ¡plás! una i pequeña. Una pastilla de jabón, ¡plum! una micro i.
Nadie le quería decir nada, a nadie le pagaban lo suficiente para decirle a Pruden que el Manolo salió despedido de la moto y fue a parar contra el guardaraíl de chapa de acero galvanizado.
Ni casco, ni nada. Nada.
Los padres de Pruden fueron de visita.
-“ ¡Menuda suerte Pruden, menuda suerte que has tenido”-

Manolo salía a correr con el Pruden los miércoles y los viernes.
Vamos Pruden que nos vamos.
Bajaban por el parque del barrio. Subían por la avenida de Pí y Margall. Se dejaban rodar por las veredilllas. Y al final, para divertirse, las escaleras de la calle de curtidores, subiendo los peldaños de a dos, tipo Roqui Balboa. Menudo tío el Roqui Balboa.
- “¡Vamos Pruden, vamos, no te pares!”.

El fisio le puso al Pruden un collarín y varías muñequeras.
Los padres del Pruden se despidieron de los médicos con el respeto ancestral con el que un currante de toda la vida se despide de un médico de toda la vida. Gracias señor doctor. Gracias doctor. Y enfatizaban lo de doctor, igual, igualito que en la serie Centro Médico. Mamá corre que empieza la serie. Y la madre dejaba los cacharros en remojo y se ponía a ver la serie.
Mira, mira, los señores doctores.

Cuando llegaron a Madrid la grúa había dejado la máquina en el taller de Manolo.
Bueno, en el taller no, en la puerta del taller, porque el taller estaba cerrado.
Pruden se había pasado tres años y medio ahorrando para comprarse la Bultaco.
El Manolo le dijo que era una buena máquina. Que no te preocupes, que si un mes no puedes con la letra, yo te ayudo.

Esos eran amigos de verdad. Que un día te veían en la discoteca del barrio con unos de Coslada, vacilándole mal a tu hermana, y el Manolo que era bajito el tío, le echaba un par, y allí se iba y les decía mira tú que ésa es la hermana de mi amigo Pruden y tú eres un hijo de puta, y claro los de Coslada se mosqueban y le dejaron la cara al Manolo echa un guante.

Una curva, una simple curva y la Bultaco, el Manolo, el correr, el Roqui Balboa, la llave de bujías del taller de mi amigo y todo el mundo del Pruden, se resumíeron en un deforme conjunto de acero retorcido, donde lo único que no estaba retorcido era una pegatina del Atlético de Madrid, que con sus barras roji-blancas, perfectamente verticales, destacaban en el trágico conjunto deforme.

El Pruden hizo un par de llamadas. Al rato apareció un colega del barrio con una furgoneta, cargaron la chatarra y se la llevaron a la fundición en la carretera de Colmenar.
El cielo se había ido y en su lugar Aceralia había levantado una planta de reciclaje, donde las chatarras eran fundidas en un horno a mil ochocientos grados.
Pruden y su colega del barrio bajaron la Bultaco. Una grúa enorme la cargó en el contenedor. El conjunto de poleas lograron elevar el contenedor, sacarlo de la cinta transportadora, girarlo y volcar su contenido en el horno de la fundición.
El encargado de la oficina le dio al Pruden una hojita amarilla con una historia de algo de un Consejería que decía no sé qué de la política de reciclaje y de las Directivas Comunitarias armonizadas.
Así que el Pruden se volvió a casa, se dio una ducha fría para quitarse el calor de la fundición, guardó la hoja amarilla en un sobre blanco, donde escribió con un rotulador rojo: “La Máquina”; guardó el sobre en un cajón y se sentó a esperar delante de la ventana.

....

Aquel barrio periférico de Madrid estaba pintado de cemento.
Cada esquina había sido pintada con pintura al cemento. Cemento gris.
Era miércoles. Manolo no tardaría en llegar con su camiseta adidas comprada a un negro en el rastro.
“¡Mira Pruden, camiseta alemana, con esto se corre de cojones!”

Miércoles, día de carrera. Anochecía y Manolo no aparecía.

Las diez y media y mi amigo no llega.
Pruden esperó hasta las once menos cuarto, y entonces sólo entonces…

Rompió a llorar como un niño.


...

miércoles, 23 de marzo de 2011

Manos sobre el río dorado










En la costa mediterránea siempre hay un muchacho con dos manos de plata. Descendiente valeroso de etruscos, fenicios, griegos y romanos. Gentes que abrieron nuevos caminos a través de un noble mar interior.
...

El muchacho guarda en la doble hélice de su ADN una bella herencia.
La búsqueda del bien.
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Todo adolescente mediterráneo observa la continua transformación natural que la playa te regala.
Un día, y otro también.
Tras pasear por la orilla del mar, se te queda pegado un trozo de sal en tu alma. Siempre.

Así que un buen día paseando, te encuentras en una bonita playa.
Justo donde desemboca un río dorado.

No es muy ancho.
Ni muy estrecho.
Pero es el primer río que tienes que atravesar.

Al llegar a la playa, el río tropieza con una esbelta duna que forma un dique, produciendo una laguna verdosa.
El río se empeña en bordear la duna.
Tras algunos regates lo logra.

Llega al mar.
Siempre llega al mar.

Y allí está él.
Muchacho.
Observa, río, duna, laguna.

Mira sus manos de plata y piensa:"Voy a cambiar el curso del río".
Traza con el pie una línea recta entre la laguna y el mar.
Arroja unos maderos y arena en la desembocadura.

Y entonces se produce la magia.

Empieza a cavar con sus manos de plata un surco desde el verde de la laguna hasta el azul del mar.

Las gaviotas, que son curiosas, observan.

Allí está el muchacho.

Desafiando al Sol.

Tan sólo tiene sus herramientas de plata.
Manos desnudas.
...


Al principio el surco es pequeño.
Pero une los dos colores.

Verde y azul.

El agua del río dorado le ayuda.
Cada minuto cuenta.

Conforme arroja más maderos en la desembocadura original, sale menos agua.
El nivel de la laguna sube.
Poco a poco.

La luz dorada de las aguas del río va encontrando un escape a través del nuevo surco abierto.

Hay momentos en los que el surco se cierra.
El muchacho corre.

Insiste.
Lo abre de nuevo.
...


Por suerte, en aquella solitaria playa donde lucha un muchacho, las gaviotas le acompañan.
Cuando le decae el ánimo, emprenden vuelos acrobáticos y el futuro gigante se siente apoyado.
...


Atardece.
Ha sido una jornada agotadora.

El agua ha encontrado por fin su acomodo y discurre triunfante por su nuevo cauce. El surco abierto por el muchacho es ahora un torrente verde.

La antigua desembocadura está seca.
La nueva brilla al Sol de Poniente.
...


El muchacho escala la duna y observa su obra.
El vuelo de las gaviotas.
El río de oro.
...


En la costa mediterránea siempre hay un muchacho con dos manos de plata.

Un Gigante.

Criado entre gaviotas.




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PD: Este cuento se lo regalé a un chico de Sunsi. Y ahora que lo pienso, fue el chico de Sunsi el que me recordó cómo era yo a su edad.
Así que el cuento que le regalé al chico de Sunsi, fue en realidad el cuento que me sugirió sin querer el chico de Sunsi, al recordarme cómo era yo a su edad.

Me cuesta más explicarlo que sentirlo.
Sentirlo siempre me resulta muy fácil.

CIRCULO DE ESTRELLAS


Los verás en cualquier playa del mundo.
Un niño hace un círculo con estrellas de mar.
Ni se te ocurra molestarlo.
Está aprendiendo.
...
Todo.
Lo quiere aprender todo.
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VOLAR

Cuando era pequeñito, era un negrito con pies blancos.
Nos gustaba juntarnos y hacer un círculo de negritos.
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De adolescente nos estirábamos en el suelo y nos reíamos al unirnos y darnos las manos.
Cuanto más nos estirábamos mejor quedaba el juego.
...
Y ahora que somos mayores nos gustaría volar juntos.
Así que nos juntamos y volamos juntos.

Vamos creciendo, pero repetimos las mismas figuras que aprendimos.
Las que nos hacen estar cerca.

De forma natural nos organizamos en círculos.
Y nos sentimos libres.

Es el sistema más parecido a volar.
Por eso nos gusta.

martes, 22 de marzo de 2011

SIMETRIA


Me siento muy insignificante.
Me cuesta tanto vivir.
No entiendo nada.
...
¡Anda, no me seas floja!
Ven y túmbate.
Ahora eres insignificante, te cuesta vivir, no entiendes nada y encima estás tirada en el suelo.
Venga, abre un poco los brazos.
Junta los pies.
Dale la mano a la de tu derecha.
La otra mano a la del otro lado.
Juntar los pies.
...
A ver, cuatro en las esquinas de la alfombra.
Las otras cuatro en la mitad de cada lado.
Si os estiráis, os ajustaréis solas.
...
Bien, ahora sois simétricas.
Y si soñais algo, se cumplirá.
Juntas podéis soñar lo que queráis.
Ahora sois armonía, equilibrio, composición.
Aprovecha la ocasión..., y sueña.
...

lunes, 21 de marzo de 2011

BELLEZA


Aunque no esperemos nada de nadie.
La injusticia campe a sus anchas.
Nos den hasta en el carnet de identidad.

El círculo de la belleza se abre y se cierra de generación en generación.

Inevitablemente y de forma espontánea.




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Oigo el latido de tu corazón.

Te estoy sintiendo.


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jueves, 17 de marzo de 2011

MATEMATICA DIVINA




Sólo soy un simple camionero.

Entregar una carga de baterías en Hungría es trabajo.

Es aburrido
....

Y allí estaban ellas.

Volaban las luciérnagas libres en el valle de un río.

No puedo recordar ni el valle ni el río; sus nombres tenían más consonantes que vocales.

Soy incapaz de acordarme.


Lo que sí recuerdo es el espectáculo.

15.000 luciérnagas brillando tres horas después de la puesta del sol.

Ninguna tropezaba con ninguna.



Su brillo se encendía y se atenuaba, siguiendo una cadencia matemática mágica.


Allí estaba, enmedio de un valle lleno de consonantes, rodeado de luciérnagas que no se tropezaban, ténuamente iluminado, observando su reflejo en las aguas de un río, que a su vez estaba repleto de consonantes.

...
Dios escribe el mundo a través de conceptos matemáticos.

Nosotros, percibimos lo que vemos.
Comprendemos lo que sentimos.
Amamos lo que vivimos.


Somos simples camioneros, conduciendo un 16 toneladas en una carretera perdida.


Y lo que vemos, lejano e inasible, es bello.

Muy bello.


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OJOS VERDES


Paras en la Repsol a repostar gasoil.

Un frío del carajo.

Llueve.

La tarjeta SoldRed, caducada.

...

Y aparece.
La chica de los ojos verdes.
Te sonríe y te sirve combustible.

...

Ponme veinte pavos, lo que tengo.

Te pongo veinte pavos y lo que me pidas, corazón.
...

Eres un pringadillo, repostando veinte pavetes.

Pero al que le han llamado corazón, es al lenda lerenda.

...

Con unos ojos verdes.

Transparentes como esmeraldas.




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viernes, 11 de marzo de 2011

MANIOBRAS ORQUESTALES EN LA OSCURIDAD




















Trescientas cincuenta toneladas de oxígeno líquido.
La cantidad exacta de combustible para elevar las sesenta toneladas del cohete, fuera de las Leyes de Newton.
Ni un gramo más, ni un gramo menos.
...
Mi nombre es Tomaskinov, soy ruso, completamente ruso.
Desde pequeño las matemáticas no han tenido ningún misterio para mí.
Calculo de cabeza desde que tengo uso de razón.
Nunca me equivoco, por eso me seleccionaron.
...
Durante ocho años me entrenaron para un trabajo muy concreto: soy cosmonauta, no astronauta.
Los cosmonautas nos diferenciamos de los simples astronautas, en la capacidad de cálculo para dirigir nuestras naves por el espacio.
Somos rusos, amamos las matemáticas y hacemos de las trayectorias orbitales un arte.
...

Durante los años sesenta fuimos los primeros en llegar donde nadie había llegado.
El Cosmos.

Esa zona de la creación, donde si das un patada a un objeto sólido, sales lanzado a través de la ingravidez hacia la Conchinchinas Occidentales.
...
A pesar de todos los pesares, a pesar de tenerlo todo calculado, solemos contar en el equipo con un experto en nada.
El experto en nada es un tipo que cobra por estar en el equipo de tierra, atento a la jugada general.

Y cuando nadie sabe qué hacer, se le pregunta a él. El experto en nada.
...

Esta mañana me ha tocado montar una antena.
Enfundado en mi equipo de cosmonauta, he salido al espacio exterior atado con una soga de esparto (tenemos dificultades con el presupuesto).
Y allí estaba esa señora estupenda, la señora ingravidez.

Moverse a través de la ingravidez, es como cuando te cuentan un buen chiste. Te desplazas por el espacio de la risa, con seguridad, sin peso aparente.
...
Estás donde estás, a unos doscientos mil kilómetros de la panadería más próxima.
La Tierra es una pelota azul y blanca, donde bulle un curioso fenómeno llamado vida. Excepcional.
El Sol, una tórrida sensación de luz, que sin orden ni concierto te aprieta unos fotonazos que no veas.
Los meteoritos, unas piedrecitas que silban a tu alrededor, y te pueden mandar al infierno en cualquier momento.
De la forma más maniquea que pensar puedas.
...
Allí arriba todo parece perfecto, porque lo es.
Los objetos celestes son perfectamente esféricos, la ingravidez un compendio de filosofía pura, las distancias un ejemplo de relatividad absoluta.
No te quitas los guantes y empiezas a aplaudir, porque la descompresión te mandaría al carajo.
...
Esta mañana me he quedado embobado montando la antena.
A pesar de haber sido entrenado para dominar mis emociones, el amanecer me ha podido.
Me explico.

Estar aquí es maravilloso, una oportunidad que pocos disfrutamos.
Pero observar la lluvia de fotones que rozan tangencialmente la atmósfera, en las latitudes polares, es lo más hermano.
Auténtico Rock and Roll.

Si desde la Tierra la Aurora Boreal es un espectáculo divino..., desde la atmósfera es un cielo de sensación.
...
Y ahí, justo ahí fue cuando la cagué.

Me quedé tan absorto, que no había manera de que me acordara de un aparatito que llevo en la muñeca y que se llama "FIN STOP O DOS", que como todo el mundo sabe, te marca el tiempo de oxígeno que te queda en la mochila.
Torradito me quedé con el espectáculo cósmico. Pasado de hora.
...

Desde la Tierra me pegaron dos o tres bocinazos, a ver si se me quitaba la tontería.
Ni caso.

Apretaron el botón rojo "BOCINIG EXTRAORDINARIUS".
Nada. Yo a lo mío. Mirando el Cosmos.

Así que como no sabían qué hacer, le pasaron el marrón al experto en nada, monada.
El Sr. Experto en Nada bajó corriendo al parking, agarró unas cedés que llevaba en la guantera, y corrió hacia el control de vuelo, subiendo los escalones de tres en tres.
"Ponga esto", le dijo al técnico de sonido.

U DOS en vena. Sesenta decibelios. Los graves, bien gracias.
...
El cosmonauta Tomaskinov recibió a través de los auriculares, tal potencia musical, tal ritmo frenético, tal entusiasta creación divina y musical, que despertó de su letargo.
Y como amaba las matemáticas, miró el relojito del oxigeno, la distancia a la nave y la cuerda de esparto que le unía a a ella, y calculó el tiempo que podía apurar todavía.

Desde Tierra le lanzaron un ultimátum: "Vuelve tío, vuelve ya".
...
Tomaskinov, el cosmonauta que amaba las matemáticas, sabía perfectamente la duración de la canción y el tiempo que tenía para efectuar la maniobra de regreso.
Así que abrió el micro y se dirigió a Control Tierra: "En cuanto acabe la canción, me vuelvo".
...


Cerró el micro y se pasó tres minutos y cuarenta y dos segundos viendo el espectáculo de las Auroras Boreales, que bailaban al ritmo de U DOS.


...


Los tres minutos y cuarenta y dos segundos mejores de su vida.


....

INOCENCIA BLANCA





Estoy en el mercante “Nuestra Señora de los hielos”.
La razón por la que me han dejado embarcar ha sido que necesitaban un “ayudante de cabrestante” para el helicóptero.

Los dos últimos que habían contratado habían dimitido por crisis de estrés.
Este buque abastece regularmente la Base Marambio y a la Base Esperanza, en la Antártida.
Como a veces la mar está brava, el buque no puede acercarse a la costa y entonces el capitán dice lo de “echad el ancla y que salga el helicóptero”.
Cuando hace mucho viento – es decir, todos los días--, es mejor bajar la mercancía con la grúa o cabrestante que tiene el helicóptero.

Y allí estoy yo, cable arriba, cable abajo. Fardo de comida arriba, fardo de comida abajo.

El helicóptero, que es un viejo artefacto ruso, tiene mucha potencia pero de estabilidad anda un poco flojo.
La tripulación de la aeronave se suele beber una botella de vodka antes de cada maniobra, telefonean a su familia, se despiden y firman su testamento.

Yo como no tengo familia ni propiedades, me conformo con lo del vodka.
...
Esta mañana hemos volado sobre el Océano Glaciar Antártico.
Hacía un viento del carajo. Unos veinte nudos.
Esta máquina vibra como una vieja locomotora de vapor.
La trayectoria indefinida que hemos trazado desde el buque hasta tierra, parecía guiada por la mano de un piloto borracho de vodka.

Esto es así porque el piloto se había bebido media botella antes de despegar del buque.
El resto de la tripulación gritaba enfurecida por el miedo y por los continuos vaivenes de la aeronave.
El piloto se ha dirigido a mí y me ha gritado:”Driver, suelta los fardos y huyamos de aquí a toda velocidad.”
He manejado el cabrestante como Dios me ha dado a entender, intentando no aplastar a ninguno de los científicos que estaban en tierra, agitando unas pañoletas rojas.
No estoy seguro de no haber aplastado a alguno.


Y de pronto, cuando el piloto ha emprendido la huida, lo he visto.

Una inmensa manada de ballenas grises.
Emergían de las profundidades para respirar.
La bestia más grande que Dios nos ha regalado.
Sus bufidos eran tan potentes como los chorros de agua que sueltan cuando emergen.

Y en medio de la manada, un pequeño ballenato blanco. Iba pegado a su gran mamita.
Un ballenato blanco. Que, visto desde 800 pies de altura, subido en un viejo helicóptero ruso, rodeado de una tripulación borracha y alterada por el miedo…
Me ha parecido la viva imagen de la inocencia.

Una blanca inocencia, nadando cerca de las latitudes polares.
Donde los mapas se acaban.



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domingo, 6 de marzo de 2011

EL PEOR MECANICO DEL MUNDO



El mío es el peor mecánico del mundo, con diferencia.
Me aprieta las tuercas con una maza y se queda tan ancho.
Bruto como un arado y simple como el mecanismo de un chupete.

Pero no pienso cambiarlo.
Sabe lo que hace.
...

Normalmente llego al domingo hecho unos zorros.
El vehículo que uso entre semana lo llevo hecho un Cristo.
El motor desajustado, bajo de niveles, la dirección con holgura, de chapa ni te cuento.
Parece que viene de la guerra.
Porque viene de la guerra.

...
Así que suelo acudir los domingos al taller, a misa de 11:30.
Allí está mi mecánico Eduardo.
Un cura de pueblo, capaz de cambiarte las ruedas sin la ayuda del gato.
Agarra tu coche y los sostiene en vilo, con sus manazas de agricultor de almas.

Es bruto hasta decir basta.

Sólo usa su maza, para darte en la cabeza, y cinta adhesiva, para que no se te caigan las puertas al arrancar.
No se le conocen más herramientas.
...
Por muy mal que lleve mi coche, me lo suele devolver medio apañado.
Por lo menos me dura una semana más; hasta el próximo domingo a hora de misa.

...
No te cobra un pavo; pero eso sí, se descojona de tí.

"¡Eh, pardillo, se te ve perdido, cagóntóloque se menea!"

"¡Sí, sí, la salvación, vas tú bien para alcanzar la salvación, cojonudo!"

"¡Anda quéee!, ¡pero mira cómo llevas tu coche!, ¡no te he dicho que reces un poco, hijo de mi vida y de mi corazón!"

...
Y como se te ocurra confesarte con él, entonces es para pegarse un tiro.

"¿Que tú has hecho quéeeee?. ¡no me lo creo, no tienes tú cojones para hacer eso!"
...
No sé de dónde han sacado a este tipo.
A primera vista parece que acaba de salir de la cárcel.

...

El mío es el peor mecánico del mundo, con diferencia.
Me aprieta las tuercas con una maza y se queda tan ancho.
Bruto como un arado y simple como el mecanismo de un chupete.

Pero no pienso cambiarlo.
Sabe lo que se hace.
...

Se lo tiene estudiado.
Es un profesional, en la carretera de la vida.


...

viernes, 4 de marzo de 2011

EL PADRINO: CAPITULO 19 Y FINAL.


CAPITULO 19 y FINAL:
DONDE SE CUENTA BREVEMENTE COMO EL GORDO SE ASOCIÓ CON GIOVANNI PARA MONTAR UNA CADENA DE TALLERES, YA QUE ESTABA CANSADO DE LA CABINA, DE CÓMO LE VENDIÓ EL CAMIÓN AL DRIVER QUE SE FUE PARA NO VOLVER MAS, Y DE UN PUEBLECITO DE NORUEGA EN DONDE LAS PAREJAS PASEAN HASTA UN ARBOL, PARECIDO AL PINO, QUE LLAMAN “DE LOS ESPAÑOLES”, EN DONDE MARIA Y DRIVER DESCANSAN ENTRE LA PLAYA Y EL CIELO, COMO QUERIA SERRAT.



Toda la vida del Gordo cambió un lunes a media tarde, cuando un italiano enredado en mil trampas vio que de su cartera extraía una cartilla de ahorros con letras en un idioma que no entendía. En aquélla cartilla se refugió el resultado de varias operaciones sucias alentadas por un concejal de la Democracia Cristiana, el dinero negro de cincuenta años de profesión y el fondo de varios negocios que terminaron mal y por los que Giovanni tuvo que ir unas cuantas veces al Juzgado.
Pero el Gordo, murió treinta y siete años después y en el lecho de muerte dio gracias a Dios con un fervor sincero por la suerte que había tenido en Italia con sus negocios. Giovanni le sobrevivió unos cuantos años. Después de una comida familiar le explicó a su nieto cómo se había salvado de la cárcel y dónde estaba su dinero.

Que una calle de un pequeño pueblecito de la costa gallega, al otro lado del continente llevara el nombre de su abuelo, hizo a aquel recién licenciado en derecho sentirse orgulloso de su abuelo: del taller a los negocios con un español bonachón y enorme que le dio la solución a todos sus problemas y se murió sin saberlo.

Driver divisó el mundo detrás del volante y María encontró de vez en cuando una casa de la cultura o un restaurante de lujo para seguir sintiendo al lado el profundo sabor a resina y el temblor en el centro del estómago que las notas del contrabajo le producían, y que le daban fuerzas para vivir encerrada en la cabina con un tipo un poco idealista y bueno de corazón, en un continuo viaje a ninguna parte.

Los años pasaron muy deprisa y no tuvieron tiempo de mirar atrás.
Después de muchos kilómetros descansan en las afueras de Bodo, un pueblecido noruego en donde junto al altar de un templo protestante pasa los años el contrabajo de Maria, que milagrosamente quedó intacto. Volvían del Cabo Norte y el mar, negro y frío les despidió, como si el Viejo hubiese tenido algo que ver en el guion del final de la historia que empezó con su muerte.

La embajada hizo alguna gestión, sin mucha esperanza, pero nadie estaba interesado en aquella pareja de cincuentones que transportaba madera para usos industriales, acompañados de un enorme contrabajo.

Vivieron un tiempo de sueños y música, sin raíces , sin hogar.
A fuerza de cambiar constantemente de sitio Driver había llegado a la completa quietud, a la mágica serenidad de ver pasar el mundo delante de sus ojos.
Lo único quieto y permanente era María.
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Sobre todo cuando agarrada a su hombro se adormecía al caer la tarde en cualquier carretera , de cualquier sitio.


Sevilla, febrero del 2.003
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Esta serie de relatos, publicados en este blog bajo la etiqueta EL PADRINO, fueron escritos a pachas entre mi compadre, Jose María Calero Martínez y Diego Carlos Peñas Valiente, durante los años 2.002 y 2.003.

Mientras peleaban hembras, entre Salou y Cambrils.


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