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sábado, 30 de abril de 2011

ASTROS




REY. SEÑOR DE LAS ALTURAS.

Hay veces que vas conduciendo por la costa, y lo ves.
Realmente tú ves porque él está ahí.
...

El alma humana es como un muñeco de trapo.
Está construído a base de tiras de diversos materiales.
Sogas, trapos, trozos de cristal.
Se unen y forman tu alma, que unos días está más cansada que otros.

Estas tiras se aglomeran alrededor de tu corazón, formando diversas capas, al estilo de la piel de una cebolla.
...

Hay días buenos, regulares y malos.
Depende.
...

Cuando vuelves a casa, después de un cansado día, con hambre y preocupaciones, te asomas por la ventanilla y ves la línea del horizonte. Fría y dura.

Aceleras para adelantar a la furgoneta.
O frenas para no pegártela con el camión.
Depende.

A veces te detendrías enmedio de la autovía, aparcarías en la zona de servicio, y caminarías hacia la playa.

Siempre hay un acantilado, desde donde no se ve pero se adivina.
Allí está Africa.
La Reina Negra.
...

Luego está lo de quitarse los zapatos y pisar la hierba verde.
No soluciona, pero ayuda.

Y también está el viejo truco de coger una brizna de hierba y ponértela entre los labios.
Y chupar como una mariposa el néctar de clorofila.
...

Son trucos que unas veces sirven y otras no.
...

Pero amiga, hay un truco que nunca falla.

Llénate de Sol.

Cuando los rayos de Dios te besan en los labios, y sientes que un hermano te susurra una bonita canción a los oídos, y que los trozos de trapos con los que tu corazón se envuelve son calentados por el Astro Rey, entonces, y sólo entoces sientes que la cosa va en serio.

Que allí estás tú, en el borde del acantilado, mirando el mar y dejándote besar por el Sol de poniente.

¿O..., es Dios?
...

Y ese momento es tan de verdad, que sólo te acuerdas de tu nombre, de que en tus venas corren las olas del Mediterráneo, y que los trapos con los que tu corazón está envuelto, han sido tenuamente calentados por un Rey, que es un Señor.
...

Así que tomas la iniciativa.
Echas un rezo a tu Dios.

Y le das las gracias por haber sido besada hoy por un Astro Radiante.
...

Hay veces que vas conduciendo por la costa, y lo ves.
Realmente tú ves porque él está ahí.

Todo un regalo.


...

viernes, 29 de abril de 2011

CUBITO DE HIELO








EL CUBITO.


Este calor es realmente insoportable.
Cada vez que intento pensar, moverme o simplemente coger un libro del estante, me entran unas fatigas que no veas.
Así que esta tarde he decidido cumplir con uno de los sueños de mi vida.
¡Voy a convertirme en un cubito de hielo!
¡Hala!

Si lo piensas, somos un noventa por ciento en peso agua. Con un pequeño esfuerzo mental, ¡zás!, te puedes convertir en el líquido elemento.

Simple agua.

Una vez que concentras el hierro, el níquel y el carbono en un rincón, el resto es agua.
Se trata de un ejercicio de orden emocional.
Dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno; júntalas y tiene una de agua.
Como tampoco tengo mucho que hacer esta tarde, me entretengo en ordenar mis moléculas.
Dos y una.
Dos y una.
Así toda la tarde.


A las cinco me hice un lío al contar, junté tres de oxígeno y me hice un refresco de ozono.
Un fallo lo tiene cualquiera.


A las siete ya era todo agua.
Dejé el diez por ciento restante en el cajón de los recuerdos, por si acaso quiero volver a ser persona, pero con el calor que hace, como que no.


Una vez en mi nuevo y líquido estado, fue cuestión de ponerse cerca del frigorífico y buscar la oportunidad.
A las ocho vino una chica aplicada, abrió el refrigerador y …¡sacó la cubitera!
Me metí rápidamente en la cañería de cobre, ni muy cerca del grifo (se que a la chica le gusta dejar correr un poco el agua), ni muy al fondo (no podía dejar pasar la ocasión histórica).

¡Y zas! ¡Caí por fin en la cubitera!

A las nueve estaba metido hasta las cejas en el congelador.
Una plácida sensación de frío me reconfortó internamente.
Aproveché para echarme una siestecita, pues andaba cansado de tanto contar moléculas.


Sin darme cuenta, al ratito de estar dormido, ya era hielo.
Un cubito perfecto, de dos centímetros de lado, apenas separado de mis compañeros por un minúsculo tabiquillo de plástico.

¡Acababa de conseguir el sueño de mi vida!

Ser todo cubito.
A una temperatura uniforme de cinco grados bajo cero.
El sueño eterno.


Allí el silencio es completo.
Una suerte de relajación total.
Un todo homogéneo.
La perfección.


En ese estado de felicidad viví seis días.
Fueron los mejores de mi vida, sin duda.
Una especie de viaje cósmico, astral.


Hasta que llegó el domingo.
La familia tenía invitados a comer.
Y a los postres, sacaron la cubitera.

Fui arrastrado en compañía de mis socios, los cubitos adyacentes, al fondo de recipiente transparente.
Allí empezó el desorden.
Nos empezamos a pegar empujones y a pegarnos unos con otros.
Yo tuve suerte, estaba arriba.
Los lamentos de los de abajo eran terribles.
Imaginad pasar de los tranquilos cinco bajo cero, a la realidad más sofocante.
Simplemente traumático.


Me cogieron de los primeros. Con unas poderosas pinzas de acero.
Me dejaron los costillares hechos unos zorros, y la honra perdida.
Definitivamente perdida.


Las dificultades apenas habían comenzado.
Me lanzaron al vacío, volé por encima de un cuñado gracioso, aterrizando de un golpe en el fondo de un alto vaso de vidrio.
Del tortazo que me pegué, perdí treinta y cuatro átomos de hidrógeno.
Imaginaos la desagradable sensación.

Y no me puedo quejar, pues otros compañeros cayeron al suelo, perdiéndose para siempre en el interior de una baldosa de terrazo.
¡Por Dios, qué muerte tan terrible!


Después me juntaron con ginebra, limón y tónica.
Floté como pude hasta la superficie.


Y entonces ocurrió lo peor.
Acercaron el vaso a la pelirroja de mis sueños.
Allí estaba yo, flotando en una mezcla de Sueppes y ginebra del Carreful.
...

Ya se que morir hay que morir.
¡Pero con un poco de clase, por favor!


El momento se acercaba.
Recé mis últimas oraciones y me dispuse sufrir una muerte cruel.


Y entonces ocurrió.
Vino Dios a verme.


La pelirroja de mis sueños tenía sed y estaba acalorada.
Se bebió un tercio del contenido del vaso de un golpe.
Tenía mucha sed.
Y luego pasó algo que nunca olvidaré.


Se puso acariciarme con sus bonitos labios de caramelo.
Un rato precioso.


Morí lentamente en su boca.
Una muerte lenta y dulce que el buen Dios tuvo la gracia de concederme.


No sé cómo explicaros lo que se siente al morir y ser absorbido por la pelirroja de tus sueños.
La gloria, el destino y la eternidad en una sola sensación.


Tras un largo camino, del que mejor nos os cuento los detalles, me he convertido en vapor de aire.
...

Estoy ahora volando en la nube que ves a través de tu ventana.
Si te asomas, salúdame.
Y piensa, que un día tú puedes ser un cubito de hielo.
Piénsalo.

Piénsalo friamente.


...

jueves, 28 de abril de 2011

TOMAE




LA LLUVIA

¿Recuerdas la primera vez?
La mejor con diferencia.

Tú eras un ser inocente, nuevo en el barrio.
Tus padres te llevaron de paseo.

Los árboles se elevaban poderosos, como pilares que sostuvieran la cúpula celeste.
El olor a primavera impregnaba tu ropa de principiante.

Tu mundo, un carrito, una teta y el acompasado reflejo de la luz en el iris.

Esa luz que te indicaba la existencia de un mundo nuevo. Todo por descubrir.
El transcurrir del tiempo, los cambios de intensidad de los reflejos dorados.

El sol, ardiente compaña, tu primera estrella.
Cuando de repente.
Siempre se te presentaba todo de repente.
Tu estrella se aflojó, igual que tu frecuente risa infantil.

Ocurrió algo inesperado.

Del cielo empezaron a deslizarse gotas de plata, sobre un fondo gris y azulado.
Sorpresa.
Tu inocente mirada se elevó, tratando de escudriñar el porqué del meteoro.

¿Era una señal del cielo, o tal vez alguien se había dejado un grifo abierto?

Caía sobre el mundo una lluvia inesperada y bulliciosa.

Todo lo absorbía la tierra.
Aquel inexplicable teatro todo se lo tragaba.
Una inmensa perspectiva de color consiguió que tu momento estuviera colmado de novedades.
Todo era nuevo para tí. Aunque realmente, lo más nuevo que allí había, eras tú.


La lluvia limpió la tarde.
Mojó las calles de Tarraco y también las avenidas de Copacabana.

Tanta agua, tanta agua, que hasta el mar mojaba.

¿Recuerdas la primera vez?

La mejor, con diferencia.

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Dedicado a mi hermano Tomae.

martes, 26 de abril de 2011

ESPECTACULOS GRATUITOS




LA CARA VISTA DE LA LUNA.

Érase un vez, una astronauta en lista de espera.
Se había preparado concienzudamente para la misión espacial.
Más de diez años de entrenamiento, simulaciones y vuelos en gravedad cero.
Hasta que un día la despertaron a las cuatro de la mañana y le dijeron lo mejor que le podían decir.
"Chica, sales en la próxima misión a la Luna".
Y ella soltó la frase de dos palabras que siempre quiso decir:
"Estoy preparada".
...

El despegue fue como un tarpazo en la espalda. La fuerza de impulsión desplazó los pensamientos a la parte posterior del cogote.
Con cada uno de los arranques sucesivos de cada módulo, la sonrisa se le abría más.
Cosas de la aceleración.
Y cuando por fin, después de tres órbitas, le dio paso a la ignición del módulo lunero, el silencio se apoderó de la nave.
...

Desde aquí arriba el Mundo se ve ordenado.
Tierra y mares, juntos pero no revueltos.
El azul es una burbuja de vida, flotando en la Galaxia Lechosa.
La Atmósfera un paraguas que nos protege de forma traslúcida.
Los rayos de Sol, tangenciales en los polos, forma caracolas iónicas de Auroras Boreales.
...

La chica intentó aplaudir, pero enfundada en el traje de cosmonauta, tuvo que conformarse con sonreir.
Eso sí, en plan megasonrisa.
La ocasión lo merecía.
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Tras tres días flotando, la vimos de cerca.
La Luna lunera, cascabelera.

Una mancha de leche, orbitando alrededor de casa.

Es mayor pero coqueta; no deja ver sus cráteres, mares y cordilleras, hasta que estás a punto de besarla.
Y para entonces, es demasiado tarde.
Te ha enamorado, y no ves sus arrugas milenarias.
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Es curioso. Este satélite nuestro siempre nos mira con la cara vista, que es un anuncio de Signal.
Toda sonrisa.
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Circunnavegar la Luna es como dar una vuelta alrededor de una mujer de cuarenta años.
De cara es bella, pero de espaldas, es mucho mejor.
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En la cara oculta están encerrados muchos de los secretos que nunca va a compartir.
Ciertos estadios de la mente, que no nos gusta enseñar; algunas manías, miedos y zonas frías, eternamente alejadas de la luz solar.

Como todos y cada uno de los vecinos de este patio.
...

Pero ella, bella, femenina y lista, acomoda su periodo de rotación al de la Tierra.
Y así consigue alegrarnos la vista y la vida.

Enseñándonos siempre la cara luminosa, aquella que es tiernamente azotada por los rayos del Sol.
La cara, que al observarla, nos deja el alma tranquila.
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Érase una vez, un mujer que cumplía cuarenta.
Y la Luna, le guiñó un ojo.
Convencida de que ambas, jugaban al mismo y eterno juego.

Mostrar la cara vista.

La que te hace volar.





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martes, 19 de abril de 2011

EL PARTIDO DE DOBLES





Cuando voy a una iglesia me gusta mirar y escuchar.
Si alzas tu cogote hacia las cúpulas los ves.

Un ángel, un león, un toro y un águila.
Son las imágenes potentes con las que nuestros ancestros representaban a los evangelistas.

Mateo, un ángel, porque su evangelio empieza con una lista de los antepasados de Jesús.
Marcos, el león. Su evangelio comienza con la predicación de Juan Bautista en el desierto.
Lucas, el toro. Comienza con el sacrificio que Zacarías está ofreciendo en el Templo.
Juan, mi favorito, un águila. Un ave capaz de volar muy alto, como el lenguaje elevado que utiliza.
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Pero los evangelios nunca nos han contado lo del partido de dobles.
Hoy puede ser un buen día para hacerlo.
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Hubo una vez, en la antigua antigüedad, que al señor Dios se le ocurrió organizar un partido de tenis entre los Cuatro Evangelistas.

Su equipamiento deportivo era un poco arcaico, pero el ardor que desarrollaron los jugadores en el torneo era lo suficientemente apasionado para que los detalles no fueran significativos.

Allí habían ido a jugar. Y eso era lo importante.

Los Evangelistas se dejaron la piel en la pista de tierra batida.
Restaban con gran potencia. Los saques, espectaculares. Las dejadas, de premio.
Las remontadas, memorables.

El público observó el torneo con suma atención. Ya no se trataba de ganar. La cuestión era hacerlo bonito. Y allí estaban los cuatro, compitiendo para triunfar.
Esforzándose para jugar cada versículo de forma más potente, más divina.

Cuando el torneo acabó, se escribieron crónicas deportivas. Unas se conservan todavía en los Libros Sagrados. Otras se transmitieron oralmente de generación en generación.

Y ahí voy.

Llevo tiempo observando el fenómeno.
Hay veces que estoy en misa, el sacerdote desarrolla su homilía y yo me acurruco entre los bancos de madera de pino.

Mi hija pequeña, la Sarita, se ríe al ver a un adulto asustado.

"¿Papá, por qué te escondes entre los bancos?"

Y yo le digo la verdad a mi hija.

"Observa al sacerdote, hija. Coge el Evangelio de San Juan, lo eleva sobre su cabeza, describe una armoniosa parábola, y ¡zasss!, le pega un raquetazo de tal calibre, que la bola sale despedida a la velocidad de la luz".

"¿Qué peligro hay papá?"

"Esas bolas hija van tan rápidas, porque se pensaron en su día para atravesarte"

"¿Atravesarte?"

"Sí hija, atravesarte el corazón".
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Cuando voy a una iglesia me gusta mirar y escuchar.
Si alzas tu cogote hacia las cúpulas lo ves.
Un ángel, un león, un toro y un águila.

Los cuatro jugadores de tenis mejores de la historia.

Divinos.


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domingo, 17 de abril de 2011

LA HISTORIA NUNCA MEJOR CONTADA

http://www.youtube.com/watch?v=BPi2r2j70Zc


Nada mejor que una buena historia.

Y entre todas, la historia nunca mejor contada.

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¿Cuánto hace que no te sinceras con tu padre?

¿Qué te crees?, ¿que se ha olvidado de tí?

¿Tan bajo has caído, chico?

Deberías hacer algo al respecto. Amigo.

http://www.youtube.com/watch?v=A99gvKl05cU&feature=related

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Sé que lo estás pasando francamente mal.

Es más, dificil va a ser encontrar a alguien que de un duro por tí y por tu cansada alma.

Así que será mejor que alguien te lo diga, antes de que sea demasido tarde.

Jesús te ama, chico.

Espabila.

http://www.youtube.com/watch?v=IvVr2uks0C8&feature=fvwrel



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sábado, 16 de abril de 2011

DESPEGUES Y AMERIZAJES



Mi abuelo pilotaba hidroaviones.

Estos aparatos son diseñados por jóvenes ingenieros, construidos por artesanos del metal y destrozados por abuelos insconscientes.

Mi abuelo era de éstos últimos.
Pilotaba hidroaviones rojos y amarillos del servicio de extinción de incendios.

Si arde el monte, pueden arder las casas, y dentro hay gente en pijama que sueña.

Así que allí estaban ellos, los locos de los hidroaviones. Les avisaban tarde y mal.

El sistema de comunicaciones era una castaña pilonga. Los pantanos estaban rodeados de puntiagudas agujas de granito. Las casas con gente en pijama, entre peligrosos tendidos eléctricos.

Para mejorar el panorama, cargar 20 toneladas de agua, subirlas a las nubes, corre corre que te pillo, baja a caponis y acierta en el desparrame acuoso, era una labor que no se aprendía. Simplemente se hacía bien o se hacía mal.

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Si se efectuaba una buena maniobra, los señores del pijama desayunaban a la mañana siguiente.

Si errabas y lanzabas el agua a las conchinchinas, tenía que vivir con el peso de la conciencia maltrecha. Ardua tarea.
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Mi abuelo estaba un poco ido. Dicen que erró cuando era joven, y que por la noche tenía pesadillas terribles.

Otras muchas veces acertó, pero los parabienes no estaban hechos para él. No se perdonaba una, ni ninguna.
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"Diego, tienes que despegar, no te lo pienses, siempre tienes que despegar".

Ése fue su legado.
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Durante toda mi vida se me han presentado momentos de indecisión.
He tenido que tomar decisiones donde no sabes nunca si aciertas o no.
Cara o cruz.
Pares o impares.

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Tengo las imágenes gravadas de los amerizajes y despegues de mi abuelo en el Mar Menor; ése gran lago de origen volcánico, ubicado en Murcia.

Un enorme hidroavión se aproxima al azul, entre la isla de la Perdiguera y La Manga.

Pica, devora trescienta olas, y sube penósamente.
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Cada verano, durante veinte años.
Casi cincuenta servicios por verano.
Luchando contra la hectárea chamuscada.

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Nunca supo las vidas que salvó.
Era imposible saberlo.

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"..., de tanto esperar en aquella estación, de tantas horas observando la configuración orgánica de las bellas flores del parterre, mi sangre entró en ebullición.
A partir de los ciento treinta grados Farenheit, nada puedes hacer por enfriarla.
Sangre caliente y a lo lejos el sonido de un tren.
Una mezcla explosiva.
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Lo sabía, mi vida estaba a punto de cambiar.
Y tan sólo cabía esperar, aguantar el calentón sanguíneo, y dejarse llevar.
Dejarse llevar."

...

El tren llegó a la estación.
Tenía un billete, un bocadillo de mortadela, trescientas pesetas y la marca de los labios de mi madre en la mejilla.

"Diego, tienes que despegar, siempre tienes que despegar".

...

Me subí al tren.
Empecé una nueva vida.

Tenía que honrar la memoria de mi abuelo.

Espero no defraudarle.
...

Cuando veo las maniobras de los aviones, jugando con el aire, revoloteando con las turbulencias, me acuerdo.

Hay trabajos que no se hacen por dinero.

Se hacen porque has nacido para volar.

Hidroaviones.... llenos de espuma blanca.


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viernes, 15 de abril de 2011

HALCONES EN LA QUINTA





NYPD (New York Police Departament).

Mi nombre no importa.
Mi trabajo sí.
Soy un halcón peregrino.
Vivo en la ciudad de los rascacielos.

...

El departamento de policía del distrito de Manhattan me tiene grabado en su escudo.
Soy joven, veloz y poseo una vista excelente.
Normalmente me ocupo de las tareas propias de un ave.
Pero cuando hay problemas me llaman.
...

Ésta es una ciudad espectacular.
Me gusta volar libre entre los rascacielos.
Son altísimos.
Pero yo soy más fuerte que el acero de sus vigas.
Vuelo más alto.

Planeo por todos los distritos: Brooklyn, East River Bridge, Harlem, State Islan, Bronx, Queens y por supuesto Manhattan.
Cuando la cosa se pone fea me llaman mis amigos los policías.
Les hace falta mi nítida visión y la rapidez de mi vuelo.

...

El lunes se produjo un robo con arma a la hora del atasco.
Salieron los patrulleros.
Los malos se lo tenían estudiado.

El atraco lo organizaron en día de tormenta y con un terrible atasco.
Los helicópteros, con el vendaval, no podías hacer bien su trabajo.

Los patrulleros, a pesar de las sirenas y del curso de conducción avanzada, no llegaban a tiempo.

Así que tuve que tirarme desde el Empire State Bulding y hacer un picado a 180 km/h.
Localicé a los malos y, dando giros entre la quinta y la sexta, marcar a las patrulleras su localización.

...
Como soy un ave curiosa, esa noche fui a cenar al Departamento de mi distrito favorito.
Y allí aprendí algo.
Los patrulleros hacen su trabajo en la calle.

Pero en el Departamento hay unos jóvenes que vuelan a 200 km/h.

...
El crimen está ahora muy organizado.
Y la mejor forma de combatirlo es con equipos multidisciplinares.

En Manhattan, los magistrados, los fiscales, los criminólogos y los patrulleros juegan juntos al juego de siempre.
Forman equipo.

Y amigo, palabra de ave, he visto a los jóvenes criminólogos hacer tanto daño a los delincuentes, que cuando los veo salir del Departamento con sus cazadoras azules claras, no puedo sino sentirme orgulloso de ellos.

Son jóvenes, son veloces y tienen una preparación excelente.

Son los halcones de la Quinta Avenida.

...

miércoles, 13 de abril de 2011

EL MADERO




Hoy ha sido un día extraño.

Ha empezado mal. Llamada del banco. Temas duros.
Luego el tráfico. Un infierno.
Después el curro. Cada frase un reto, cada reto un problema.

El sector de la construcción se va al carajo.
No es que estemos en crisis.
Es que el sector está desapareciendo.
¡Plim!. Hasta luego Lucas.

...

Y cuando estaba acabando el día, una llamada de un número desconocido.
Me llama un policía al que he visto dos veces en mi vida.

Me ha encargado un cuento para su madre.

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Y entonces mi cerebro ha segregado un par de litros de serotonina, y conforme me hacía el encargo y me daba los detalles, las he visto.

Estrellas.

Es una sensación extraña. El cerebro recibe una información muy personal, y genera una serie de imágenes que se van enlazando a través de palabras cortas.

Y se arma una especie de estructura en la que todos los elementos están relacionados.

Tomas notas en un papel, y ya lo tienes.

La arquitectura de un cuento para una señora que va a cumplir sesenta años.

...

Y cuando vuelves a casa y te pones a teclear, te das cuenta.
No soy yo quien escribe.

Es la confianza que han depositado en mí, la que me hace inventarme historias.

Y piensas un poco y concluyes, que la diferencia entre el cielo y el infierno, entre la vida y la muerte, entre la felicidad y la pesadumbre, descansa en un ligero matiz.

Alguien ha confiado hoy en mí.

...

Creo que la clave de que las cosas vayan a mejor, reside en algo tan simple, tan poco cuantificable en el sistema métrico decimal, tan difícil de explicar y tan fácil de sentir.

Somos seres que nos alimentamos de la confianza.

Y como todo lo importante de esta vida es gratis, y por lo tanto hay que darla antes de recibirla.

...

Hoy, después de un día complicado, mi cerebro está saltimbanqui.

He recibido un encargo de una persona.

...

De un madero que me ha disparado con su arma más potente.

La confianza.

...

LA COLA DEL CABALLO y II






Así y todo, una veintena de adolescentes, atolondrados, inconscientes.
Enamorados de unas rocas.
...
El ciclo era simple.
Arrancabas la mañana caminando por la Cola del Caballo.
Ibas a tu ritmo.
Un cuarto de hora haciendo equilibrios sobre la piedra horadada.
Una zambullida.
Rato de buceo.
Nadar a la playa.
Y vuelta a empezar.

...

Cada uno llevaba una cadencia.
Los había que disfrutaban más caminando despacio sobre las rocas.
Observando a los cangrejos que hacían topp-less.
Otros se congratulaban con el momento previo al salto, en el borde de la rompiente.
Que si salto, que si no salto, que si el viento, que si la luz. Una duda más que razonable.

Yo era de los que iban directamente al mar. Sin preámbulos.
Cada vez que me tiraba era diferente.

La luz se dispersa a través del espejo ondulante de las olas.
Se abre, en radiante reflexión.
Lucha por ganar profundidad, y cuando lo consigue, rebota en un coral rojo.

Los conceptos arriba y abajo eran relativos.
Podías volar sobre las praderas de algas.
Invertirte en torbellino humano.

Girar, hacer giñadas laterales, retroceder sobre tu propio torbellino, trazar parábolas con las corrientes.

Algunos días respirábamos a través de unas agallas invisibles.

Éramos peces de colores.

...
Siempre lo recordaré.
Cuerpos adolescentes, abrasados por el Poniente, envidia de los Dioses del Olimpo.
Esculpidos en arcilla.
Erguidos frente al mar.
Rotundos.

...y una noche de luna llena fuimos a la Cola del Caballo.
Estábamos todos. Chicos y chicas.
Lo que sucedió a continuación será difícil de escribir.

A día de hoy no tengo claro si sucedió o fue un sueño. Tras treinta años, todavía tengo dudas sobre lo ocurrido. Suceden cosas imposibles de olvidar. Imposibles.

...

Esa noche Marte besaba dulcemente a la Luna. Nos encontramos en la playa.
Había la suficiente luz como para no tropezarse, y la necesaria como para vencer la vergüenza.

Poco a poco, como engatusados por la luz del satélite, nos dirigimos a las rocas.

De tanto jugar con la Cola del Caballo, nos la habíamos aprendido de memoria.
Cada recodo en las meninges.
Cada promontorio en las venas.

Los fondos marinos grabados a fuego en el corazón.
El alma libre.

Seis horas.
Estuvimos seis horas haciendo el recorrido.
Sin hablar.

Nuestros pies rasgaban la superficie del sedimento.
Nuestros brazos avanzaban, aleteando por las profundidades.
Las almas, volaban sobre las algas.
Nuestro corazón era un motor turboalimentado de luz nocturna.
...
Cuantas más vueltas dábamos, más nos gustaba.
...

A punto de amanecer nos pareció ver unas extrañas sombras que nos acompañaban.
Hacían los mismo que nosotros.
Paseo por las rocas, zambullida, buceo, natación y vuelta a la playa.

Eran los espectros de los naufragos asesinados por nuestros bisabuelos.
Veían como nos divertíamos y se unieron a la fiesta.
Así de simple.

En ningún momento sentimos miedo por su presencia.
El destino les deparó un cruel final, y viendo la oportunidad de resarcirse con la vida, se unieron a nosotros.

Rocas, zambullida, buceo, natación y playa.

...

Han pasado treinta años de aquello.
Nuestros destinos tomaron caminos diferentes.

Juan Carlos trabaja de vigilante de seguridad. Escribe poesía.
Almudena tiene seis hijos. Lee con ellos La Odisea. Cada verano.
Javier tiene una empresa de informática. Diseña juegos educativos.
Rosa trabaja en una Caja de Ahorros. Remueve los fondos de inversión con la misma agilidad con la que nadaba con su bikini rojo.
Diego construye colegios y regala cuentos.
María no encontró a su padre, pero fue capaz de encontrase a sí misma.
Jaime es historiador. Trata de usted a la Edad Media....

Todos y cada uno de aquellos jóvenes valerosos han sido víctimas de naufragios, han llorado, parido niños con ojos azules y reído.

Pero lo que nunca olvidarán es que una noche bailaron al son de la eternidad, acompañados de sombras de marinos pasados a cuchillo por sus bisabuelos.

Allí donde la libertad se respiraba a través de unas agallas invisibles.
En la Cola del Caballo.
Donde aprendimos que la vida es bella.

Buceando en la eternidad.


...

LA COLA DEL CABALLO I.





"En el pueblo asturiano donde veraneábamos La Cola del Caballo era el final del farallón donde todas las noches nos reuníamos. Oscuridad, viento, cigarrillos y de vez en cuando un beso; el lugar apartado y misterioso ejercía en nosotros una extraña atracción.

Se contaba que los habitantes de la villa habían sido raqueros, mala gente que en tiempos pasados y en los temporales, tan frecuentes en la zona en otoño e invierno, atraían con luces atadas a los cuernos de vacas a los barcos que navegaban por la costa.
Creyendo que las luces eran el cercano faro de San Andrés se dirigían los barcos confiados a la Cola del Caballo donde chocaban con las rocas, se rompían los cascos y durante horas abrían al mar sus tesoros y las vidas de los pobres marineros o viajeros que morían ahogados en su mayoría.
Los habitantes del pueblo, pobres como las ratas, recogían las mercancías y se deshacían en su caso de los pocos supervivientes antes que las autoridades pudieran darse cuenta. Así durante años el pueblo vivió de los raqueros y el contrabando.

...

En aquella población costera, durante los veranos de la transición, se formó una pandilla. Los fijos, cinco chicos y seis chicas. Los añadidos, cualquier piratilla que estuviera de paso.

Teníamos esa edad donde la aventura se vestía con un bañador y unas gafas de bucear. Por la mañana éramos los reyes de la costa. Por la tarde, soberanos de la bicicleta. Durante las noches estivales, astrónomos de las emociones.

...

Con veinte años el mundo era una tierra virgen, cuyo centro de gravedad se situaba en La Cola del Caballo. Aquella formación rocosa ejercía una poderosa atracción sobre nuestras almas.

La naturaleza humana es así. En las mismas coordenadas geográficas donde nuestros bisabuelos abrían en canal a los supervivientes de los naufragios, nosotros hicimos un descubrimiento que cambiaría nuestras vidas. Para siempre.

...

Todas y cada una de las mañanas nos reuníamos en la formación rocosa. Unos doscientos cincuenta metros de rocas sedimentarias se adentraban en la Mar Océana. Con una profundidad de medio metro, podías andar a través de ellas y adentrarte en la aventura.

Una vez situados en el borde de la formación, nos poníamos las gafas de buceo y nos arrojábamos en brazos de Neptuno.

¡Plas! Azul verdoso.
¡Plam! Sal en estado puro.
¡Esplás! Frescor marino.

Teníais que vernos.
Juan Carlos. Ochenta kilos de músculo y 100 gramos de cerebro. Plas, plum.
Almudena. Un saco de hormonas a punto de reventar. Plum, plas.
Javier. Atacado por la locura de las nuevas tecnologías. Esplás, plasssss.
Rosa. La Diosa Minerva en bikini rojo radiante. Plumm, cataplumpasss.
Diego. Un trovador mediterráneo.Fiuuu. Floshps.
Maria. Una hija buscando un padre en el fondo de la bahía. Tras, tras, tras, flopsssh.
Jaime. Un noble medieval nacido en el siglo XX.Pummmba.


...

lunes, 11 de abril de 2011

CAMINO AL INFIERNO, y II.




El prófugo le arrancó de un manotazo al niño, un flotador con el que jugaba.
"¡Devuelva usted eso, es propiedad de la compañía!", - le gritó mi abuelo-.

"¡Lo siento, lo necesito!, ¡No sé nadar!"
Le pregunté a mi abuelo quién era ese hombre.
"Un loco, un enamorado, o seguramente, ambas cosas".
Le pregunté a mi abuelo que porqué la gente que se quiere no puede estar junta.
"No lo sé".
Ya puestos le pregunté a mi abuelo que porqué nunca conocí a mi abuela.
Ya no me respondió.
Me lanzó una zapatilla, abrió una botella de ron y me dijo que me acercara a la bocana del puerto y viera lo que pasaba.
...

El Princesa había zarpado. El prófugo saltó al mar y braceaba aferrado al flotador de la compañía.
Directo a la muerte.

...
Volví y se lo conté al abuelo.
Estaba sentado con los pies sobre la mesa, leía con mucha rapidez un manual de la compañía. La botella estaba medio llena o medio vacía. Depende.
...

Dejé al abuelo leer y beber en silencio.
Empezó a canturrear una de marineros.
"Y si vuelves, hoy mi amooor, si te vuelvo a encontraaaar, sería capaz de bebeeerme toooodo el maaaar".

Entonces, por primera vez en su vida, mi abuelo me habló como si yo fuera un hombre mayor.

Elevó su dedo índice, y fue dibujando cada una de las letras que me dijo, en el aire. Sin dejar de beber ni un solo momento.

"Mira chaval, hay una razón por la que nunca conociste a tu abuela, y es que cuando yo era como el señor sucio que está ahora persiguiendo al Princesa, no se tropezó a uno como yo. Esa es la verdad, hijo".

Me miró a los ojos y como pagando una deuda con el destino me dijo:

"Saca el cajón de banderas y vente al mástil del acantilado".

Arrastré como pude el cajón de banderas y fui al mástil del acantilado.

"Voy a parar el Princesa".

"Dame las banderas en el orden que yo te diga".

Ahora mi abuelo no era mi abuelo.
Ahora era un marino de veinte años.
Izaba e izaba. Una bandera tras otra. Una y otra vez. Y se reía. Mi condenado abuelo se reía.
Se reía , tomaba ron e izaba las banderas, todo a la vez.

...

Al rato, el Princesa recogió trapo.
El puntito blanco a una milla del velero, era el prófugo batallando una ola, y el viejo que estaba en el suelo riendo es un gigante.

"Le pregunté que qué había hecho".

"Mentir, hijo, mentir"

"¿Mentir, abuelo?"

"Si, chico. Esta vida es una completa sucesión de mentiras. Una más no creo que se note. Ya has escuchado a ese loco a punto de matarse. Entre el diablo y el infierno, es mejor el camino del infierno"

"¿Qué mensaje mandaste al Princesa?".

Mi abuelo se incorporó con cierta dificultad, se apoyó en el mástil, y antes de caer redondo tras consumir tres botellas de ron en media hora, me lo dijo.

"Urgente. Desembarquen a la pasajera de nombre Ana. Tiene tifus."
...

Corrí como una bala a la bocana.
Vi como desembarcaban en una chalupa a una pasajera desde el Princesa.
La misma barca recogió al prófugo, que agarrado a mi flotador, langidecía.

Tras media hora de remo los dejaron a ambos en la playa.
La chalupa volvió al Princesa.
Soltaron trapo y se fueron al Viejo Continente.

Vi como el hombre y la mujer salían corriendo.
En dirección contraria a la ciudad.
Hacia el oeste.
El hombre cojeaba.
...

Volví a la ciudad.
Mi abuelo estaba durmiendo la borrachera.
Así que me fui a casa, jugando a que mi pierna izquierda cojeaba, ...y empecé a canturrear: "Y si vuelves, hoy mi amooor, si te vuelvo a encontraaaar, sería capaz de bebeeerme toooodo el maaaar".
...

Aquel día que mi abuelo me habló por primera vez como un hombre, aprendí algo importante.

"Es mejor el camino del infierno.

Al fin y al cabo...

Allí somos más."



...

CAMINO AL INFIERNO I





CAMINO AL INFIERNO

"...desde que le llegaron noticias de su paradero, se mantenía andando. Caminaba por la pradera. Reptaba por la llanura. Avanzaba por el páramo.
Le dijeron que ella vivía en una lejana ciudad con puerto.
Se mantenía lo más erguido posible. Su pierna izquierda le fallaba algunos días.
Caminar. Caminar. Sólo pensaba en caminar, verla y decírselo..

...

Caminaba de noche. Solamente de noche.
Hasta el amanecer.
Sin parar un instante, ignorando el dolor de su pierna maltrecha.
Recorriendo caminos solitarios, evitaba encontrarse con nadie.
Si vislumbraba una luz que se acercaba, se escondía entre la maleza.
Si llegaba a sus oídos alguna voz humana, corría a refugiarse entre los árboles.

Caminaba de noche. Hasta el amanecer.
Cuando el sol comenzaba a despuntar en el horizonte buscaba un lugar recogido, un recóndito espacio que le permitiera descansar, oculto.
No podía correr el riesgo de ser descubierto.
No podía correr el riesgo de que alguien le viera.
No después de todo aquello.

...
Caminar. Caminar.
...

Su instinto le decía que quedaba poco tiempo.
Así que se dejó de medias tintas y caminó todo un día, toda una tarde, toda una noche.
Su pierna izquierda era un clamor. Le dolía cada vez más.
"¡Vamos, chico, vamos!"
...
Al atardecer llegó a la ciudad costera y se dirigió directamente al puerto.
Tenía que encontrarla, decirle lo que le tenía que decir.

Preguntó por ella en tabernas, comercios y navieras.
Alguien tenía que saber algo de ella.
¿Se habría casado?, ¿embarcaría para Europa?, ¿estaría enferma?.
Una chica tan bella como ella tenía que llamar la atención.
...

Su pierna izquierda le dolía cada vez más. El salto que dio en la tapia de la penitenciaría se la dejó magullada. Por eso le perseguían.

Era un prófugo del amor.
....

Nadie supo darle razón de su paradero. “Quizás viva en la parte alta de la ciudad” “Puede que se haya marchado de viaje".

La noche le encontró en el puerto. Cansado, sucio y solo.
Encontró refugio entre un montón de sogas enrolladas, cuerdas de amarre y trozos de vela que le sirvieron para descansar.

Tenía que encontrarla.
Tenía que decírselo.
Decirle que aquello lo hizo por ella.
Por salvarla.
Aunque fuera mentira. O aunque no fuera exactamente toda la verdad.

...

Se despertó con el movimiento ruidoso de los estibadores que acudían a la faena.
Apenas amanecía.
La humedad había hecho mella en su pierna.
Le costó levantarse.

Pero el ansia, la curiosidad, la necesidad, le empujaron a ponerse en pie.
Tomó el camino que salía del puerto.
Caminó por callejuelas estrechas con olor a pescado, salazón y salitre.
Llegó al mercado de las flores.

Caminó entre los puestos recién instalados.
Saboreó mil aromas.
Respiró cientos de colores.

Pero su mirada se detuvo en una única visión.

Era ella.
Ella.

....

Estaba asomada al ventanuco de un carruaje de caballos.
Era una despedida, frente a una casa de piedra.
El profugo se quedó observando tras una columna. Su condición de perseguido le obligaba a ser prudente.
El carruaje arrancó, empujado por dos potentes percherones, y se perdió en el laberinto de callejuelas.
En dirección al puerto.
Ella no pudo verle.
...
Desde la parte alta de la ciudad, el puerto era un bullicio de actividad.
Veleros enormes que atravesaban el océano. Mercadería transportada en carruajes de roble. Velas recién azotadas por los vientos atlánticos.
...

Destacaba un velero.
"Princesa del Atlántico".
La embarcación más rápida del mundo en ese momento.

Bella como una sirena.
...

Corrió cuesta abajo, hasta el puerto.
Vio como Ana subía al bello velero.
Preguntó cuanto faltaba para zarpar.
Media hora.
Intentó subir abordo, pero un fuerte marinero que custodiaba la pasarela se lo impidió.
...

Su alma ardía.
La iba a perder para siempre.
Para siempre.
...

Preguntó. Dirigió sus pasos a las oficinas de la naviera.
Tenía que detener el velero.
Como fuera.
...

- "Lo recuerdo perfectamente. La pernera izquierda de su pantalón estaba manchada de sangre seca. Cojeaba mucho".

"Tenía yo por entonces 10 años.
Acostumbraba a pasar los días de verano en la oficina donde trabajaba mi abuelo.
Me acuerdo muy bien.
De todas y cada una de sus palabras".

-"Necesito que detenga el Princesa del Atlántico".
-Mi abuelo-marino retirado- le respondió: "Deme una razón y dígame cómo lo hago".
-"Tengo que hablar con una pasajera de nombre Ana, es urgente".
-¿Ana, qué?.
-"No sé su apellido".
-"¿Se le ocurre una forma de detener un velero de 450 toneladas?"
-"Tampoco lo sé".
- "Veamos. Usted necesita un milagro. Lo que pide es imposible".
-"Entonces cruzaré el Atlántico a nado, tras el velero".
-"Seguro que moriría, este mar es como el diablo, te manda al infierno".

-"Si he de elegir entre el diablo y el infierno, elijo el infierno. Allí somos más."

...

domingo, 10 de abril de 2011

NATURALEZA EXTREMA




El viernes pasado fue un gran día.

Mi hija menor, la Sarita, cumplió diez años.

...

Es el ser vivo más ágil que conozco.

Se mueve en la maraña de las emociones con una velocidad extrema.

Sabe exactamente dónde, cuándo y porqué debe estar al lado de alguien.


Estoy convencido que ese instinto de adivinar el estado del alma de sus semejantes, es heredado.


Y también se que va a ser muy feliz, pues domina una de las artes más difíciles que conozco.

Aborda cada día de su existencia como si fuera el último.

...

Lo reconozco, me enseña cada día.

...

¡Y yo comprando libros sobre educación!, ¡dinero tirado!

...

Cuando tengo una duda, se la pregunto a ella.

Tiene muchas más posibilidades que tú de acertar en la diana.



Juega con ventaja.


Sabe leerte el alma. Y eso ya es más de la mitad del camino que hay que recorrer para responder a una duda.

...

Tiene un don.


Hace magia blanca, todos y cada uno de los días de su feliz existencia.



viernes, 8 de abril de 2011

LA REINA DEL MERCADONA




LA REINA DEL MERCADONA.

Una vez al mes me tengo que escapar.
No aviso a nadie.
...
Es mi noche libre.
Deambulo conduciendo, y cuando algo me llama la atención, aparco y miro.
...
La sensación de vagar me gusta.
Es simple. Conducir despacio en la noche de la gran ciudad, un poco de música y los reflejos en las calles recién regadas.
Los barrenderos arrojan enormes chorros sobre los duros adoquines de granito.
Apuntan hacia las estrellas, pero cae sobre la calzada.
...
El cartel estaba escrito en letras de neón.
Un bareto cualquiera.
Entré y me acomodé en la barra.
Pedí una tónica con mucho limón.
Tres rodajas gordas.
...
En la noche de la gran ciudad te sientas en la barra de un bareto, como un naúfrago enmedio del Océano Atlántico.
Te miras dentro y ves un corazón fisurado en varios trozos.
Es lo habitual.
Otros marinos cansados se refrescan el gaznate, siguen la música con el pie, o sueñan que mañana será un buen día.
De todo hay.
...
Salieron al pequeño escenario.
Eran tres.
Una chica y dos señores.
Uno tocaba el piano y el otro percutía una batería de segunda mano.
La chica iba vestida de negro, y llevaba una pequeña pandereta en la mano.
...
El trío empezó a tocar música negra, tañida por blancos.
...
Jazz en la noche.
En directo.
...
Los naúfragos pedían copas entre gestos sutiles.
Regidos por la ley del mínimo esfuerzo."¡Eh chico, un ron con cola!"
...
El Jazz, los músicos, la noche y las estrellas les importaban una higa.
Buscaban afanosos una vena que morder. Vampiros en vida.
...
La cara de la chica me sonaba.
Era la cajera del Mercadona.
- "¿Efectivo o tarjeta?"
- "Tarjeta"
- "¿Me permite su de-ene-í?"•
- "Tome".
- "Gracias".
...
Nadie la escuchaba.
Al público del bareto de segunda, en un barrio de tercera, junto a una avenida de cuarta, le importaba un pito su música.

Una pringada más cantando.
Será cajera en un supermercado, o administrativa, o limpiadora.
Lo que es seguro es que es pobre.
Sólo hay que mirarla.
...

Sus ojos se tornaron rabiosos. Tensos.

De acuerdo. Soy una pringada, pobre y estoy cantando en un bareto cutre.
Pero es lo que hay.

Pedí la cuenta.
Mientras esperaba el cambio me sequé el sudor.
Aquel garito era cutre de verdad.
Mucho calor.
Y no tenía gana de ver cómo la chica se desgañitaba delante de los restos de un naufragio.

- "¿Treinta pavos por una tónica?, ¿tengo cara de tonto?".

- "Va incluida la actuación".

- "Pues entonces quiero actuación".

La chica acabó su canción, coincidiendo con el erupto asqueroso de un administrativo experto en bajas laborales.

Así que treinta pavos.
Pues vale.
...
Empecé a aplaudir.
Solo.
Más solo que la una.
Más triste que un torero tras el telón de acero.
Con cara de treinta pavos robados en un bareto de tercera.
Plas, plas.
Se me calentaban las manos.
Plas, plas, plas, plas.
Ritmo.
...
La chica me miró y me sonrió.
Como sonríe un condenado a otro.
...
Y entonces lo hizo.
Se volvió hacia los dos músicos, y llevándose el dedo índice en posición vertical a los labios, les hizo un gesto de silencio.
...
La chica de negro agarró el micro, se echó el pelo hacia atrás, dio un paso hacia delante y se ubicó bajo el único foco que la sala cutre se permitía tener.

Empezó a cantar a capela.
Con un par.

Al principio una especie de nana africana, que poco a poco se convirtió en una dulce melodía acompasada.
Rompía el ritmo con contrapuntos vocales.
Y cantó como los ángeles.
La cajera cantó como los ángeles.

Jazz en estado puro.
...
Cuando acabó todo el público aplaudió.
Con ganas.
Yo me quedé con la boca abierta y el firme convencimiento que mi siguiente movimiento en el mundo sería subirme al escenario y abrazarla.

Se me adelantó su novio. Un ser vivo de dos por dos metros, que me aclaró las ideas con su potente presencia.

Alguien tenía que abrazarla.
Estaba escrito.
...
Salí a la calle.
El frío de Madrid me partía la cara en dos.

Conduje un rato.
Atravesé un chorro de agua que un barrendero se esforzaba en mantener sobre Príncipe de Vergara.

Chasf, chasf. Agua fría.
...
Me alejé.
Pensando que había oído cantar a la reina.
La Reina del Mercadona.
...
Una chica vestida de negro.


...
Los barrenderos apuntan con el agua a las estrellas, pero cae sobre la calzada.
Sobre los duros adoquines de granito.

En una gran ciudad, donde las Reinas cantan para tí.

Atravesándote el alma.


...
Atentamente, para Modestino.

jueves, 7 de abril de 2011

CARREFUL



CARREFUL

Cola en las cajas del Carreful.
Mil chucherías que ver mientras esperas.
La Sarita que se empeña en un huevo Kinder.
Yo que no.
La Sarita que siiiiiiiiiiiiiiiiii.
Los de la cola atentos al evento.
Y de pronto lo digo en voz alta para que todo el mundo me oiga.

- "Sarita, como no tengo dinero, mejor jugamos al pilla pilla".
- "¡¡¡Quiero el huevo!!!"
...
Cuento en voz alta:"¡Uno, dos, tres!"

Salgo corriendo, giro donde los congelados, un largo hasta la leche Puleva, me escondo detrás de las lechugas.

Miro y veo a la Sarita atravesando la zona de la carnicería.
"¡¡Driver, que te pillo!!"
...

Fue la primera vez que me llamó así.
Espero que no sea la última.
...

No hizo falta comprar el huevo.


...

miércoles, 6 de abril de 2011

EL AMANTE




EL AMANTE DE LA LIBERTAD


Cuando tenía quince años, vivía en la playa.
Tenía un perro que se llamaba Sambo.
Sin raza definida, callejero.
Cada mañana íbamos juntos a correr por las playas y los acantilados.
Nos gustaba mucho.
Ver amanecer, observar a las gaviotas, bañarnos, saltar las olas, hacer castillos de arena.
…………
Conforme la mañana avanza, el Sol eleva su intensidad e ilumina nítidamente cada rincón de la Creación.
Aprendimos juntos, que los pinos huelen fuerte a sotavento, que los pájaros madrugan, que a los peces les gusta la mañana, los cangrejos se refugian del oleaje, la arena moldea el litoral y los penachos de las olas anticipan el sentir de la mar.

Sambo me enseñó algunas cosas. Su instinto animal era potente y natural. Si picaba mucho el Sol, era el primero en encontrar una sombra. Si el cuerpo le pedía carrera, localizaba una explanada de terreno arcilloso, donde trotábamos libres. Si olía a una perra, me miraba con ojos de circunstancia y se despedía para un par de días. Si le dolía la tripa, encontraba hierba verde, se la comía y se purgaba.

Pero lo mejor fue lo de los pájaros pequeños.

Cuando la Bola Amarilla se eleva una cuarta, aparecía una especie de gorrión que volaba en paralelo a las olas, muy bajo, rozando con sus alas las crestas del oleaje.
Vuelos acrobáticos de primera.

Sambo esperaba en la orilla. Pasaba un pájaro y se ponía a perseguirlo con febril empeño.
Para vivir su aventura, precisaba de toda su concentración. Salía lanzado, y con la habilidad natural de su condición canina, acompasaba su correr por tierra, mar y aire.
Le vi nadar detrás de los pájaros. Correr a ritmo endiablado. Incluso dos o tres veces le recuerdo volando por los aires tras chocar con las olas.
El ser vivo más feliz que he conocido.

Su alegría se basaba en algo muy simple.
Era un perfecto amante.
Un amante de la Libertad.
…………………………………………..

Jornada de reflexión. Mejor no hablar de política.
Mañana, cuando vaya a votar con mis hijas, cerraré los ojos y me acordaré de mi perro.
De su alegría al correr libre y salvaje por la playa.
Y cuando vuelva a casa, me sentaré en un banco del parque y les explicaré a mis niñas que una vez tuve un perro que amaba la libertad.
Y que la libertad, a pesar de todos los pesares, es lo que nos hace volar tras chocar con el oleaje.
Vuelos acrobáticos.
Almas limpias.
Fe en la vida.
Fortaleza.
..................
Sambo.
Sin raza definida, callejero.
Cada mañana íbamos juntos a correr por las playas y los acantilados.

lunes, 4 de abril de 2011

EL RODWAILER NOCTAMBULO




EL RODWAILER NOCTAMBULO.

Aunque llevo una vida perra, no la cambio por nada.

Cuando nací era una bola de pelo. Los ojos y el hocico eran tres gotas húmedas. Lo demás, pelo.

Mi destino siempre estuvo unido al de los humanos. Unos tipos interesantes.
Cuando se levantan por la mañana se dan besitos y desayunan encaramados a unos extraños objetos que llaman sillas.

Luego dicen que se van a trabajar, y en vez de correr libres por la pradera, se introducen en una especie de lata con ruedas que llaman coches. No saben lo que se pierden. La pradera es más chachi. Chachi piruli, que dicen ellos.

Siempre están muy ocupados, y en vez de ladrar, hablan por unos aparatos llenos de botoncitos, sin ver la cara de su interlocutor. No lo entiendo.

Cuando llegan por la noche, dicen que están muy cansados. Incomprensible. Ni han perseguido gatos, ni han enterrado huesos, ni se han mordido a dentelladas entre ellos. ¿Sabrán lo que es estar cansados?. Angelitos.

Y lo más curioso es que se pasan las horas muertas mirando un mueble lleno de colorines y de voces. Aprietan más botones. Los colorines y las voces cambian. Pero su cara de aburrimiento no. ¿Por qué lo harán?

También está lo de hacer pipí. Se encierran en una habitación con la puerta cerrada, y allí lo hacen. ¿Cómo marcan su territorio?. No les entiendo.

Los domingos se reúnen en un gran edificio y rezan juntos. Leen libros sagrados y se concentran hacia dentro para hablar con el JEFE. Eso es lo único que me parece normal. Lo hacen poco. Una o dos veces por semana. Pensaba que eran más listos.


Mi destino está unido al de ellos. Vivo en su casa. Me alimentan. Dejan que sus hijos jueguen conmigo y hasta me ponen nombre.

Pero yo soy un auténtico perro Rodwailer, con una reputación que mantener, unas tradiciones que conservar. Un destino en mi vida perruna. Obro en consecuencia.



Cuando todos los humanos duermen, yo me dedico a hacer lo que más me gusta.

Salgo al jardín, tomo carrerilla, salto la valla de colores. De una tacada. ¡Plas!.

Y corro. Corro libre.

El JEFE me regaló la vida. Y con ella una serie de accesorios.
Me regaló la fortaleza. Con ella desarrollo la potencia y el dominio sobre las piruetas.

Me dio también la alegría. Esto me ayuda a poner caras graciosas y a correr destornillándome de las circunstancias.

El sentido del humor nunca está de más. Cuando vienen mal dadas, lo saco y arreglo el día. Gracias JEFE.

También soy tozudo y emprendedor. Esto viene bien cuando las tareas son arduas.

En mi cadena de ADN, está grabado mi sentido de la familia. Cada vez que tengo una camada, la protejo y alimento con un empeño febril. Pero no me cuesta trabajo. Ningún trabajo.

Soy un rodwailer noctámbulo, y me gusta correr de noche.

Veo tranquilamente, a paso perruno, todo lo que el Creador nos ha regalado.

La Luna. El reflejo de las luciérnagas en la laguna. El canto del búho.
El recorrido de las nubes cuando el viento las arrastra.

Lo que más me gusta observar son las estrellas.

Son muchas. Bellas y lejanas. Inalcanzables y poderosas.

Hacen vibrar las cuerdas de mi corazón perruno.

Cada vez que corro por las noches, cada vez que miro las estrellas que nos han regalado, cada día que le doy gracias al Creador… Es un día más que soy feliz.

Luego, por la mañana, los humanos miran el brillo de mis ojos y se preguntan el porqué de mi alegría.

Yo trato de enseñarlos algo de lo que siento. Pero son un poco cerraditos.
Estos humanos se están perdiendo lo mejor de la fiesta.

No saben rezar todos los días.

Deberían de empezar a correr por las noches. Perseguir estrellas.


Aunque llevo una vida perra, no la cambio por nada.

Por nada.


...

sábado, 2 de abril de 2011

LA OLA GIGANTE





ABUELOS Y OFICIALES.

Te encuentras doblando el Cabo de Hornos por primera, y tal vez, única vez.
El choque de dos Océanos es virulento y potente.
Eres un capitán adulto, condición necesaria pero no suficiente.

Nadie te enseñó a efectuar la maniobra.
La derrota de tu nave es aleatoria.
Son los vientos y las olas quienes marcan el ritmo frenético.

Miras el manual de navegación, más que nada para tranquilizar a tu segundo.
No sabes dónde tienes la mano izquierda.
Ni la derecha.

Y de pronto la ves.
La gran ola asesina.
Barrunta desde donde la vista te alcanza.
Va avisando, más que otra cosa para que reces tus últimas oraciones.
O tal vez tus primeras.

Una enorme montaña de espuma de la altura de un gigante.

El segundo te pregunta algo, pero no eres capaz de escuchar.
El bramido de la ola es tan intenso, que supera los decibelios del miedo.

Y ahí es cuando sólo tienes la opción de hacer una maniobra, sólo una.

Desarbolas el velamen. Aumentas revoluciones. Enderezas la trayectoria. Cierras las escotillas y te encomiendas a los cielos y a los infiernos. Por ese orden.

Y cuando consigues escuchar la pregunta del oficial.
-“¿Qué hace capitán?”-

Tú le dices la verdad, pues su vida está en tus manos.

-“¡¡Lo que haría el abuelo, la maniobra de un oficial de la Armada!!”-
...

Y te diriges de frente a la ola asesina. A toda máquina.

Seguro de que es la mejor opción.

Tal vez la única.


Atentamente. Driver.


...