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jueves, 30 de junio de 2011

EL COSMOS Y BENEDICTO XVI



Buenas tardes, su Santidad.

Espero que al recibo de la presente se encuentre usted bien de salud, tanto física como espiritualmente.
Se lo digo porque es probable que al término de mi carta, no se encuentre usted tan bien, ni física y espiritualmente.

No se lo tome como algo personal, de verdad.
En realidad mi carta va dirigida a todos los Papas que han existido, desde San Pedro hasta usted.
...

Mire, soy el Cosmos.

Para abreviar, soy todo lo que ha existido, todo lo que existe y todo lo que va a existir algún día.

No me confunda con la Tierra, por favor. Esa pequeña partícula de polvo que flota en un minúscula Galaxia, dentro de la ridícula Vía Láctea.

No, yo soy el Cosmos. La totalidad.

Soy bastante más viejo que usted, que la religión que lidera, y que los apenas dos mil años de antigüedad de su bienintencionada organización.

Así que para mí, usted (con el mayor de mis respetos) es una criaturita de apenas medio segundo de vida. ¡Puf!. La nada.

Las cosas son así, señor. No es nada personal, es la verdad.

Como comprenderá, con la edad que tengo y con lo que tengo visto en mi vida, no voy a andar con medias verdades y con tonterías. No me puedo permitir perder el tiempo.
Aunque me sobra, no me parece bien.

En fin, iré al grano.

No le entiendo.

Sé que es usted una buena persona, que la Iglesia es una buena organización, y que EL JEFE confía en ustedes; pero yo me pregunto: ¿por qué?.

Me explico.

Tratan de sembrar el bien, de que la gente sea buena, de que la bondad venza al mal.
Vale, le doy mi apoyo. Soy el Cosmos y no tengo ningún interés en discutir hoy.

Pero, ¿se han fijado ustedes en los clientes que tienen?
¡LOS HUMANOS!

¡POR DIOS Y POR LA VIRGEN!, ¡REFLEXIONEN, POR FAVOR!
...
Veamos, va el JEFE y le regala ¡LA VIDA!

Pues qué quieres que te diga, todo un detalle.
Nadie mejor que yo para apreciar este regalo.

De toooooooooda la materia que forma el Cosmos, esos pequeños seres que son los humanos reciben el regalo de la vida.
¿Y qué hacen?

Es evidente, la han cagado pero bien cagada.
Se dedican a matarse unos a otros como alimañas.
¿Pero esta gente de qué va?


Espere, espere su Santidad, que lo que viene ahora es de nota.

Va EL JEFE y les da a estos seres inútiles, ¡la inteligencia!

Pero ¿cómo?, si una simple ameba es más lista que ellos.

Y sigo..., les da la posibilidad de encontrar un sentido trascendente a su vida y...¿qué hacen?, ¿alguien me puede decir qué hacen?

Pues yo, que soy el Cosmos y nunca miento, se lo voy a decir Santidad: hacen guerras de religión.
...
¿Sabía usted, Santidad, que de cada cien víctimas de guerra, 95 son por causa de las guerras de religión?
...
Mire Santidad, entre usted y yo, esta gente no se merece ni el aire que respira.

Vamos que no tiene ni idea, no saben lo que tienen, no aprecian los dones que les han regalado y encima se matan entre ellos.

Para mí la solución es bien simple.
Un poquito de mayor velocidad de rotación en el Sol que centra su ridículo sistema planetario, una buena lluvia de fotones a sotavento y..., ¡solucionado!, ¡todos bien tostaditos! ¡Por listos!

...

Su labor aunque bienintencionada, se va al traste.
Nada contra corriente, su Santidad.

...

Personalmente sólo me fío del JEFE, el CREADOR, NOMBER GÜAN, THE BOSS.

Y como le tengo cariño (al fin y al cabo me creó de la nada, monada) y un profundo respeto...; y dado que le tiene a usted en nómina, le voy a dar un consejo de viejo (en mi caso sería un consejo cósmico).

Apueste por la juventud, amigo.
Son los únicos que tienen futuro.

Y no me refiero a la gente joven, no.
Me refiero a los seres humanos que se sienten jóvenes, sea la que sea la edad que tengan.

Sea usted el líder de las mentes libres. Haga que sus cerebros se apasionen por la vida y por la libertad. Consiga que escuchen la palabra del JEFE, de forma rotunda y limpia.

Y entonces, Santidad, se habrá ganado usted su jornal.

...

Espero que no se haya disgustado usted con mi carta, pero ya sabe...

Soy el Cosmos, y para mí es usted menos de medio segundo.

¡Puf! La nada.
...

Pero es todo lo que tengo a mano para intentar mejorar.

Así que lo espero todo de usted, Santidad.


Atentamente para su Santidad Benedicto XVI.

El Cosmos.


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miércoles, 29 de junio de 2011

Corazón de Melón. EL HERMANO


Por fin me he decidido a hablar en profundidad sobre la utilidad de tener un hermano.

Así que he buscado bibliografía sobre el tema. A saber:

"Hermanos de sangre y hermanos sanguíneos". Interesante ensayo de Roberto Manchini de la Universidad de Montevideo.
"Hermano no hay más que uno, y a tí te conocí en la calle". Divertido sainete sarcástico sobre costumbrismos de principios del XIX, de Erasmus del Manzanares.
"Hermanos de sangre". Película bélica sobre la hermandad que se produce en tiempos difíciles, cuando nos enfrentamos juntos al destino inefable.
"Los hermanos Marx en el Circo". No viene al cuento, pero es divertida.
"¡Hermanoooooo!". Más que una novela es un grito frente al destino.
...

Estaba leyéndome estos libros, visionando las pelis y reflexionando sobre el fondo de la novela, cuando de pronto, me llama mi hermano Tomae.

-" ¿QUE FAAAAAAAASSSS GERMÁ?"
- "¡Eh, tío, háblame en castellá, sisss plau!

-"¿QUÉEEEEE, YA HAS APRENDIDO A BAJARTE VIDEOS DEL YO TUVE?" (risas de fondo)
-"Sigo sin tener ni puñetera idea".

-"¡PERO SI LO SABEN HACER HASTA LOS NIÑOS!"(más risas de fondo)
-"Pues no logro aprender".

-"¡AH, SIIIIII?(risas entrecortadas)
-¡Eh, chulito, me podías enseñar tú, listillo!

-¡UHY, UHY, NO SE SI PODRÉ ENSEÑARTE!, ¡ES TAN DIFÍCIL! (las risas se han trasformado en carcajadas)
-¡No soy tan listo como tú, hermanito de las narices!

-¡ANDA, NO TE CABREES, QUE A TU EDAD NO TE CONVIENE! (risas de descojono generalizado)
- ¿Sabes lo que te digo, que tú, los videos, la tecnología y los listillos, os podéis ir a xxxxx xxx xxxx!"

-¡VAAAAAAA, COGE Y APUNTA, EINSTEIN!
...




...

Y entonces va y te sale Jackson Brown cantando Stay.
Y te das cuenta de para qué sirve un hermano.

Prácticamente para todo lo que merece la pena.

...


Atentamente, para mi broder Tomae.
...
PD: Lo de la edad, no te lo perdono.
¡Arrieritos somos, y en el camino nos encontraremos, pillastre!;) 






* Entrada falicitada por tomae, porque el melón de mi hermano no tiene pajotera (gavioto que es )idea  de subir un video. Y con el patrocinio de la Fundación Asturiana de S.A.R y MPF!


martes, 28 de junio de 2011

ELLA




Moratalaz, Madrid.
A la salida del instituto íbamos a los billares.
Un enano de sexto aguardaba su turno para jugar, mientras que escribía apoyado en la funda de su guitarra.
- "¿Qué escribes Nano?"
- "Una canción"
- "¿Y para qué?
- "Para enamorar a las nenas".
- "¿A cuantas vas a enamorar tú, chico?"
- "A todas, pienso robarles el corazón a todas"
...
- "¡Vamos Alejandro, te toca!"


.......


Ella, se desliza y me atropella.
Y, aunque a veces no me importe
se, que el día que la pierda,
volveré a sufrir por ....
ella, que aparece y que se esconde;
que se marcha y que se queda;
que es pregunta y es responde;
que es mi oscuridad, mi estrella.
Ella, me peina el alma y me la enreda;
va conmigo pero, no se donde va.
Mi rival, mi compañera;
que esta tan dentro de mi vida y,
a la vez, esta tan fuera.
Se que volverá a perderse y,
la encontrare de nuevo
pero con otro rostro y otro
nombre diferente y otro cuerpo.
Pero sigue siendo ella, que otra vez me lleva;
nunca me responde si, al girar la rueda....

Ella, se hace fría y se hace eterna;
un suspiro en la tormenta,
a la que tantas veces le cambio la voz.
Gente que va y que viene y,
siempre es ella,
que me miente y me lo niega;
que me olvida y me recuerda
pero, si mi boca se equivoca,
pero, si mi boca se equivoca y,
al llamarla nombro a otra,
a veces siente compasión por este loco,
ciego y loco corazón.

Sea, lo que quiera Dios que sea.
Mi delito es la torpeza de ignorar
que hay quien no tiene corazón
y va quemando, va quemándome y me quema
y, ¿si fuera ella?

Ella me peina el alma y me la enreda;
va conmigo... digo yo.
Mi rival, mi compañera; esa es ella
pero me cuesta, cuando otro adios se ve tan cerca
y, la perderé de nuevo y otra vez preguntare,
mientras se va y, no habrá respuestas
y, y esa que se aleja....
la que estoy perdiendo....
y, ¿si esa era?
y, ¿si fuera ella?

Sea, lo que quiera Dios que sea.
Mi delito es la torpeza de ignorar
que hay quien no tiene corazón
y va quemándome y me quema
y, ¿si fuera ella?

....A veces siente compasión
por este loco, ciego y loco corazón
¿era?¿quien me dice si era ella?
Y, si la vida es una rueda y va girando
y nadie sabe cuando tiene que saltar.
Y la miro.... y ¿si fuera ella? ¿si fuera ella?

Y,¿si fuera ella?


...


http://www.dailymotion.com/video/x2lyi5_alejandro-sanz-y-si-fuera-ella-live_music

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lunes, 27 de junio de 2011

LA OSA CON RETROCESO





Soy una osa joven.
Aunque tengo "mucho morro", mis ojos son de un verde brillante, y algún día tendré a varios osos de la manada babeando tras mi rastro.

Vivía en el pirineo catalán, en un bosque situado entre lo que los humanos denominan "estados soberanos"; pero qué quereis que os diga, aquí sólo hay grandes árboles, rocas, arroyos y praderillas. No percibimos las fronteras.

Como destaqué en el colegio para osos que tenemos en el pirineo, mis padres me dieron la oportunidad de ir a la universidad.

Y ahí empezaron las complicaciones. Os cuento.

Ser una osa significa básicamente que tienes que mover unos cuatrocientos kilos de cuerpo serrano cada día. Los humanos salen corriendo despavoridos cada vez que me ven. Y a la hora de comer no me conformo con cualquier cosilla. Necesito meterme entre pecho y espalda un cordero a la semana. Mínimo minimorum.

También tengo mis ventajas. Mi pelo es la envidia de la clase. Marrón lustroso. Brillante.
Soy guapa hasta decir basta.

Lo que está claro es que no paso desapercibida.

El día que fui a matricularme había una cola de trescientos estudiantes. Fue aparecer yo, y la cola se esfumó al instante. Milagro, milagrete.

Cuando entro en clase, el profesor pone cara de circunstancias. Observo que se esfuerza más en sus explicaciones, al tiempo que detiene su preocupada mirada en mis poderosas zarpas. Le obligo a currar más.

Pero lo que más me gusta de todo lo que me gusta es comer papel.
Los humanos tienen unos almacenes de alimento que se llaman bibliotecas.

Como hay semanas que no consigo mi ración de corderito, pues me voy a la biblioteca y me zampo lo primero que encuentro. Tapas incluídas.

Este lunes me comí la "Teoría de la Relatividad". El señor Einstein era un tipo adelantado a su época. Más que la teoría en sí misma, me impresionó la capacidad que tuvo para dinamitar los cimientos de la física. Tipo listo.

El martes me comí las obras completas de Chesterton. Me dio tal ataque de risa que me hice pipí allí mismo. ¡Qué numerito armé!.

El miércoles me zampé de un sólo mordisco la "Ilíada", obra cumbre de Homero, pero en la versión del italiano Alessandro Baricco, que a parte de estar como un queso, escribe muy limpio el milanés.

Jueves. Hincada de diente a Platón. Estaba un poco duro el fiambre, pero te dejaba un regustillo así como a salchichón divino de los Dioses del Olimpo.

Viernes. Como se acerca el finde, me apetecía comer algo más ligero.
"El diario de Adán y Eva", de Mark Twain. Por fin comprendí el porqué de la complejidad en las relaciones entre humanos y humanas.
Y encima me reí un rato.
...
Soy una osa universitaria. Guapa, inteligente y curiosa.

Meto el hocico allí donde mi curiosidad me lleva.

Mi trayectoria por la universidad tal vez se asemeje a mis paseos por el bosque. Un avanzar y retroceder sin parar.
Hocico en agujero de árbol. Miel que encuentro.
Morrito en la endidura de una roca. Picotazo que me pega una abeja.

Los humanos dicen que me tengo que centrar. Que tengo que elegir la carrera perfecta, para ser la chica ideal.

Me da que se han equivocado conmigo.
Soy una osa con retroceso.
Pienso avanzar y retroceder por el campo del conocimiento, a mi aire.

Al final sé que encontraré por mi misma el camino de hierba que conduce al arroyo fresco. Es el instinto natural de las osas.

Y cuando esté alli, en mi pradera verde, rodeada de altos pinos, azotada por la brisa fresca del pirineo catalán...

Me alzaré sobre mis patas traseras, y soltaré el más potente de los rugidos que una osa con retroceso pueda emitir.

El rugido de mi libertad.



Atentamente. Driver para Carmina.


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domingo, 26 de junio de 2011

GALOPADAS SALVAJES





En el campo, amaneciendo.
Desayunamos y salimos al trote.
Galopando.
Éramos tres jinetes.

Nos dejamos llevar por el acompasado vaivén de las monturas.
Tras, tras, tros, tros.

Y los ví.
Halcones peregrinos.
Volaban muy rápido.
Me incliné sobre la cabeza de mi yegua. Junto a la oreja.

"¡Jugamos?".

No me respondió, así que lo interpreté como un sí.

La espoleé.
Salimos con gran potencia.
Dejamos a los otros dos jinetes atrás. Muy atrás.

La pradera era verde. Y nosotras dos una mancha marrón, a la velocidad del sonido, luego a la de la luz.

Los halcones nos seguían y nosotras ni los mirábamos.

Bajamos por la vereda, hacia el río.
Los halcones rodearon por la colina.


En el desfiladero bailamos entre los riscos.
Las curvas.
Las pendientes.
Ramas y verdes.

Y al final el río.
Corriendo sobre la corriente.
Galopando los gijarros.

El mundo era muy grande.

Una interminable galopada.

Salvaje y libre.

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sábado, 25 de junio de 2011

EL CEREBRO SARRACENO






EL CEREBRO SARRACENO.

Buenas tardes. Me presento. Soy el cerebro sarraceno.

Me llaman así porque siempre estoy cabreado o del mal café.
Soy un protestón y nunca estoy conforme.
Pincho a todo el mundo y me sublevo fácilmente.
...

Mi propiertario o propietaria (nunca me he interesado por saber el sexo de mi dueño)tiene, como todos los humanos, su sexualidad dependiente del hipotálamo.
Es éste un órgano tan simple y primario que no lo dedicaré ni medio minuto.
Funciona a base de hormonas, y hasta los humanos han conseguido manejarlo a base de química.
La cosa no tiene ni mérito ni interés.
...

Soy un cerebro sarraceno que siempre estoy cabreado.
Resulta que mi Creador se esforzó por dotar a los humanos de un conjunto de tejidos neuronales, que en longitud ronda los tres mil kilómetros, que en volumen apenas ocupa 450 cm3, y encima peso poco.
Los humanos han conseguido avanzar muy rápidamente en los últimos cuatro siglos en temas científicos, pero a mí no consiguen entenderme todavía.
Son unos pardillos de tomo y lomo.

Me explico.

Del total de potencialidad que albergo, apenas si usan un cinco por ciento.
Una penita.
Por más que grito, mi propietario ni se entera.

De vez en cuando le doy un dolor de cabeza, con la sana intención de llamar su atención.
Resultado más frecuente: me da un poco de ácidosalicilsalicílico y se va a dormir. Error. Ese ácido no resuelve nada. Ni me entero.

Otros se vuelven tristes y melancólicos y se meten unos chutes de antidepresivos que pa qué las prisas. Nada. Yo como si nada.

Están también los que ponen a trabajar a pleno rendimiento el sistema locomotor. Se ponen cachas, pero yo sigo allí pegando gritos.

También están los artistas y gente creativa, que se dedican a pintar, hacer música o escribir. Pasan el ratito con su entretenimiento, pero luego tienen que volver a escuchar mis lamentaciones.

Soy un incomprendido. Con la potencia que tengo y lo desaprovechado que estoy.
Cuando mi propietario se va a descansar, le entretengo con algún sueño reconfortante, y hago lo que más me gusta. Recordar a la gente que aprovechó más mis capacidades.

Recuerdo con especial cariño a Alber Einstein. Ese chaval con 22 años usaba ya el ochenta por ciento de mi capacidad. Si no fuera porque desaprovechó tres años de su vida en una estafeta de correos, habría sido capaz de entender la quinta dimensión. Como fue trabajador al final desarrolló la teoría de la cuarta.
Para mí que se quedó a medias.

También le tengo gran afecto al indio Srinivasa Ramanujan. Este chico vivía en la India a principios del siglo XX, y sin tener ninguna formación académica, desarrolló de forma autodidacta el campo de las matemáticas hasta alcanzar las cumbres del conocimiento que había en su época. Como no tenía ninguna formación en matemáticas, se las ingenió para desarrollar su propio lenguaje. Treinta años después de su muerte, todavía se sorprendían de sus hallazgos.
...

En fin. Soy el elemento más completo, con más potencia, con la mayor capacidad de adaptación, rápido como una flecha, me puedo transformar, crecer, relacionar conceptos, buscar soluciones, imaginar lo imposible, consolar, amar, inventar, hacer renacer, consolar, mover al propietario para que luche, corra, se alimente, estudie, aprenda, comprenda...

Realmente soy la bomba.

Algunos de los propietarios se minusvaloran y no me dejan crecer.
Otros se refugian en la monotonía y nunca se arriesgan a usarme a plena potencia.
Otros tienen miedo de usarme.
...

Realmente estoy muy quemado.
Me conformaría con que me usaran para mejorar sus vidas, que nunca tuvieran miedo, que rieran y comprobaran como la risa hace que mis conexiones trabajen mejor
Es tan fácil para mí, que la simple obsesión que tienen para minusvalorarme, me enerva.
Hay días en los que me gustaría que mi Creador me pusiera en la cabeza de otro ser vivo.
Aunque fuese en un castor que se dedica a hacer presas en un río.
Donde fuera.
...

De momento voy a seguir protestando, aunque me llamen sarraceno, gruñón y testarudo.
Albergo la esperanza que algún día mi propietario se dé un trompazo, pierda la memoria selectiva de la cantidad de chorradas y miedos que alberga, y me utilice de foma potente.

Ese día, tal vez consiga que sea diferente.
Ese día va a descubrir que su mejor amigo lo tiene muy cerca.
Entre los ojos y el cogote, y...

Se va a llevar la sorpresa de su vida.




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viernes, 24 de junio de 2011

EL PUMA



AMÉRICA

América es un continente muy femenino. Tiene dos as, como casa, como mamá.
La primera a es alta y picuda, como el Aconcagua.
La segunda a es plana y redonda, como las curvas del Orinoco.

Esta historia es para una mamá, que tiene una casa en América. Dos as.

Aquél es el continente de las enormes distancias y de los grandes amores.
Tenemos muchas cosas bonitas; las altas cordilleras andinas, los cóndores con sus impresionantes envergaduras, las extensas selvas amazónicas, los ríos más caudalosos del mundo, infinitos altiplanos, interminables pampas, caudalosas cataratas, rápidos jaguares, loros multicolores, lentos perezosos, peligrosas pirañas….

Dos océanos, miles de kilómetros de costas, un cercano y gélido continente helado.

Cuando Dios hizo el Edén, pensó en América.

Enormes distancias y grandes amores.

Esos amores americanos que, para perdurar han de remontar varias veces el Amazonas, sobrevivir a los intensos aguaceros, escalar las potentes cataratas de la vida.

Esta historia es un encargo de una mujer, que tiene una mamá, que a su vez tiene un papá.

Un papá llamado Raúl.

Este señor tuvo un restaurante, fue taxista y además camionero.
Pero camionero de los de verdad.

Actualmente los camioneros trabajan en cómodas cabinas, equipadas con g.p.s., tacómetro, airbag, servofreno….Antes la cosa era diferente, muy diferente.

Aquellos eran camioneros americanos, sabían orientarse por la derrota del sol y de las estrellas, eran auténticos mecánicos de la improvisación, recauchutadores de las rutas, amantes de la libertad, aventureros del Puerto de Buenos Aires, pioneros de los caminos imposibles.

Camioneros, camioneros de verdad.

Cuando remontaban las interminables pendientes, de sus motores surgía la música de un joven continente. Si abrías el capó de una de aquellas máquinas, se podía oir “La conquista del paraíso” de Vángelis, atronando los valles, elevándose a los cielos eternos, acompasando las curvas del altiplano. Era el sonido de la conquista de la gloria eterna.

Aquellos hombres se asemejaban a los conquistadores, aventureros, gente brava, la que abre los caminos al amanecer.

Surcaban las rutas imposibles, rompían las leyes de la mecánica, apuraban la resistencia de los aceros. Hombres en el límite de lo imposible.

Y luego, al llegar a casa, le cantaban a sus hijos las melodías que habían tatareado durante la jornada:
“Había una pastora, laralá-laralito, había una pastora que hacía su quesito. El gatito la miraba, laralá-laralito, el gatito la miraba con ojos golositos. Y la pastora le decía, lalará-laralito y la pastora le decía, no me comas el quesito. Y el gatito lo comió laralá-laralito y el gatito lo comió y la pastora se enojó.”


Cada vez que nombro América, mi cuerpo se mueve al ritmo de la bossa-nova, siento los timbales llenando con poderío mis oídos, si miro para arriba mi cara se empapa con las lluvias tropicales, huelo la esencia del mate, veo árboles que lloran caucho, me refresco con una caipiriña, bailo un tango y después una samba, conduzco miles de kilómetros por la autopista Panamericana, observo mudo el Perito Moreno, las cataratas de Iguazú, las cumbres andinas, los iceberg flotando en el Atlántico sur, el vuelo del cóndor, los verdes de la selva amazónica.

Veo gentes, muchas gentes que llegaron al joven continente a principio del siglo XX. Gallegos huyendo de la miseria, italianos que dejaban atrás el queso y la mafia de sus tierras, portugueses que hablaban en una lengua cantada, alemanes en busca del wolframio para fabricar bombillas, norteamericanos buscando fruta y petróleo, poetas rastreando la inspiración, literatos encontrando al fin un mundo donde la magia nace cada día, conquistadores, sacerdotes, buscavidas, reos huidos en barcos mercantes, grumetes de la aventura, amantes despechados, comerciantes con ojos verdes, bellas viudas, jóvenes promesas, fuertes adolescentes, sabios ancianos…..

En cada rincón de este continente hay un puma esperándote para robarte el corazón.

………………………………………………………………………………………….

Y de punta a punta del continente, los camioneros transportan las mercaderías de la tierra brava.

Madera, congelados, cemento, fruta, combustible…; todo lo que necesitamos.

Y de punta a punta del continente, los camioneros enamorando cada día a sus familias.
Canciones de cuna, besos y regalos, sonrisas francas, abrazos firmes.

Esta gente brava es gente educada. Señores de la carretera que ayudan al que sufrió un pinchazo, que montan en su cabina a algún viajante perdido, que avisan con sus ráfagas luminosas para advertir de algún peligro.

Esta gente brava educa bien a sus hijos. Les dan la opción de estudiar. Les enseñan principios sólidos. Les marcan los surcos del camino por donde sus hijos caminarán.

Gente aguerrida que hablan poco y bien. Nada de grandes discursos, más bien buenos ejemplos.

Si te encuentras en un apuro y encima se pone a llover en plan tropical, es bueno tener a uno de ellos cerca; pues pase lo que pase, pasará en buena compañía.

Gentes musicales, que cuando miran el horizonte sonríen y oyen los sonidos de la gloria, y quienes oyen estas esencias, son capaces de transmitirlas.
...

Cada vez que sueño con América, mi mente flota.

Veo un continente joven, donde en cada rincón hay un puma esperándote para robarte el corazón.

Un puma con rostro de camionero.



Atentamente. Driver.

jueves, 23 de junio de 2011

UNA HISTORIA MUY MODERNA ( III )



Leles y Luis, ¡felicidades en el día de vuestro cuarto aniversario!

La verdad es que la colleja divina que recibí ayer, me ha venido muy bien.
Ahora lo veo claro, así que os lo contaré despacito.

Hace cuatro años trabajaba en Galicia, en una empresa de alquiler de coches.

Mi jefe me llamó a las siete de la mañana, pues Manolo el conductor del Rolls se había levantado con dolor de tripa. Una percebada el día anterior le dejó para el arrastre.
Me dio las llaves del Rolls y la dirección de recogida de la novia.

Así que me puse un uniforme oscuro, con botones dorados y saqué a pasear a mi sonrisa Prifodén.

"Buenos días señora, enhorabuena" - le dije a la señora-
Iba acompañada del padrino de bodas, un señor fuerte y serio, como suelen ser los padrinos de boda en Galicia.

Durante el trayecto, la señora hablaba con el padrino.
Le preguntaba el motivo por el que los hombres hablaban tan poco.
¿Se les comió la lengua el gato?

Como el tráfico estaba complicado avanzamos despacio. Y la señora me preguntó:
"Conductor, ¿usted qué dice?"

Miré por el retrovisor y vi a la novia más guapa del mundo mundial.
Y claro, a estas bellezas lo mejor es no mentirles.

"Mire señora, usted se va a casar con un señor que habla poco, así que fíjese bien en las pocas palabras que va a pronunciar. Fíjese bien, porque tendrá que sacar conclusiones con muy poca información.

Los buenos hombres hablan poco. Tenga en cuenta que en el fondo son hombres primitivos, como yo, como el padrino que le acompaña, como el señor ése de la moto.
Piense señora que estamos determinados por una ADN que fue diseñado para cazar diplodocus, para pescar ballenas, para animar al Deportivo de La Coruña.

Pero usted se va a casar hoy, va a empezar una aventura magnífica, va a ser la protagonista de su propio cuento. Así que le diré la verdad.

Cuando salga de la ceremonia, fíjese que ese hombre silencioso le abrirá la portezuela del coche y le ayudará a recogerse el vestido.
Piense, que cuando se vayan de viaje, ese hombre silencioso cargará las pesadas maletas y las subirá al hotel de un potente manotazo.
Piense mi señora, que a pesar de hablar poco, ese silencioso hombre le hará subir al cielo cada vez que la abrace con silencioso y profundo cariño.
Piense que la vida es muy larga, y que será ese señor silencioso el que agarrará por el cuello al vecino que se ha atrevido a decirle una tontería y le dará una paliza que no olvidará nunca.
Sí, el silencioso será el que la acompañe al médico, y el que cuando las cosas se pongan complicadas hablará con sentido común, sin miedo, con un par.

Sí, señora, sí. Cuando ustedes traigan personitas a este loco mundo, será el señor silencioso el primero en tocar esa masa de carne rosada que palpita sobre la sábana de lino blanco.

Y será él, el que mirará a sus hijos con la mirada primitiva y salvaje con la que el hombre de Cromagnon miraba a sus hijos, observando atentamente el entorno para proteger a la camada.

Y será él el que rematará su hogar y pintará con pintura plástica la habitación de los zagales.

Es él, el que en los días grises y complicados la mirará como el que mira a una estrella. Y le alegrará el día, mi señora.

No tema por su silencio.

Se va a casar usted con el tipo de hombre que cuando hay que hablar se habla, pero hablar por hablar, para qué.

...

Llegamos a la puerta de un bonito edificio, con la fachada muy limpia.
El padrino me indicó dónde debía aparcar.

La novia estaba muy feliz.

Y dentro del edificio, la esperaba un señor que hablaba poco.

De hecho, el día que se casó sólo pronunció dos palabras.

...

"Sí, quiero".

Eso sí, con los ojos iluminados por una potente luz interior.

La que poseen los hombres de una sola palabra.






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Atentamente Driver.
Para dos de los principales miembros del Ejército de Liberación Gallego.

Gente de bien.


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miércoles, 22 de junio de 2011

UNA HISTORIA MUY ANTIGUA ( II )




Bien.
La cosa se encontraba en un punto más que delicado.
Analicemos con cierta frialdad, si es que podemos.

Dos seres completamente diferentes. Hombre y Mujer.
Los unos de Marte, las otras de Venus.

Los unos preocupados por Fernando Alonso, las otras por las claves de la afectividad.

A ellos sus ferormonas les impelen a subir a lo alto de las montañas, llegar los primeros al Polo Sur y rematar de cabeza un córner en la Champion League.

A ellas, su complejo y vital sistema hormonal les empuja a sentir el mundo desde una perspectiva más cálida, donde el ser humano tiene sentimientos, emociones y una razón de vivir directamente relacionada con los latidos de unos corazones generosos.

A nosotros no nos pidas ni la hora, que te presentamos una factura con el 18 por ciento de iva.
...
Entonces, ¿qué pasa?

Pues que para complicarlo más, ¡queremos ser felices!
...
¡Vamos a ver, vamos a ver, la hoja de reclamaciones por favor!

- "¿Es usted el Creador?"
- "¡Hombre, un Cromagnón, cómo vas?"
- "Pues lo cierto que un poco liado. Una preguntita:
¿Usted estaba concentrado el día que nos creo, o simplemente nos ideó en un mal momento de un maldito lunes, de un pésimo mes, en un desfortunado año?".

Aquel Señor Dios se mesó suavemente su barba blanca.
Me miró sopesando la posibilidad real de usar mi cabeza como balón de fútbol.
Luego me lanzó una cauta mirada, como valorando si iba a ser capaz de comprender algo que tenía que decirme.

Se quedó callado y serio, pensando.

Y luego, como me había creado y sabía de qué pie cojeo, lo hizo:

Puso su mano derecha sobre la parte izquierda de mi tórax. En el corazón.

Y con su mano izquierda me dio una colleja en el cogote.

...

Allí estaba yo, el hombre que había conquistado el Polo Sur, el que había subido a la Luna, el que había marcado el gol en la final del Campeonato del Mundo, el que había demostrado los tres principios fundamentales de la Termodinámica, el que sabía bajarse gratis películas de Internet, el que había descubierto y desarrollado la Teoría de la Relatividad, el que había hecho el amor con Marylin Monroe...

Con una colleja en el cogote.

Que me la acababa de propinar el mísmísimo Dios, Nuestro Señor.
...

¿Imagináis mi cara?

Mejor no dar detalles.


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UNA HISTORIA MUY ANTIGUA ( I )






CUENTO PARA LELES Y LUIS.


Mi disciplinada y eficaz secretaria Leles:

Me has pedido un cuento para el día de tu aniversario, y te lo voy a escribir.
La cuestión, según lo veo, es la siguiente:
Primera posibilidad: te hago un cuento bonito, con palabras suaves que endulcen tu alma. Bien.
Esta primera opción plantea un problema.
¿Te acuerdas de la cicatriz que tengo en la cabeza?
¿Te has fijado que en la entrada de la oficina hay una mesa de mármol con una esquina rota?
¿Recuerdas los acontecimientos acaecidos hace un mes, cuando tras escribir un cuento de aniversario de boda, apareció el marido y sin previo aviso me tiró la mesa a la cabeza?
Pues eso. Dejemos claras dos cosas: los cuentos los carga el diablo y tu marido está cachas.


Segunda posibilidad: te considero mi amiga, y como tal tengo la oportunidad de decirte lo que pienso.
Por ahí ya vamos mejor.



HOMBRE DE UNA SOLA PALABRA

Hace mucho, mucho tiempo, el Señor creo al hombre y a la mujer.
Los creo distintos, pues cada uno de ellos gozaba de unas determinadas cualidades y carecía de según qué virtudes.

Al hombre, por ejemplo, se le negó la capacidad de quedarse embarazado.
No tiene discusión posible.

A la mujer se le negó la capacidad para entender lo que es un “fuera de juego” en fútbol.
Tampoco tiene discusión, son hechos.

Mientras que a la mujer le gusta comentar, charlar, intercambiar opiniones, el hombre suele permanecer en silencio.

Y claro, tú te preguntas el motivo.

Pues bien, me meto al lío.

El tatarabuelo del bisabuelo, del tercer tatarabuelo de los ancestros de Luis, era un hombre prehistórico.
Salía por la mañana a cazar mamuts, y si no se lo comía nadie, solía volver a casa con la espalda marcada por alguna alimaña.

Durante miles de años el cerebro masculino se fue modelando al ritmo de los acontecimientos relacionados con la caza, la pesca, el mamporro con las tribus vecinas, la captura y derribo de hembras humanas y la reproducción a un nivel primario.

Afortunadamente la civilización se fue desarrollando, y el hombre se centró en los acontecimientos relacionados con la caza, la pesca, el mamporro con las tribus vecina, la captura y derribo de hembras humanas y la reproducción a un nivel primario. No hemos avanzado ná de ná; la renada vamos.

Lo siento Leles, de verdad que siento ser yo quien te lo diga de una forma tan cruda, y justo el día de vuestro aniversario, pero…, es imposible cambiar treinta y cinco mil años de historia a piñón fijo.

Por mucho que los cambios sociales se esfuercen en alterar el destino, la realidad es otra.

Leles, secre, tu marido es un hombre primitivo, tu hermano es un hombre de Cromagnon y yo soy el típico Neardental.

Estas son las malas noticias.


Mañana te contaré las buenas.
Pero antes voy a tener que abrir la botella de orujo que me regalasteis.
Más que nada para inventarme algo bueno, y que encima te lo creas.

¡Señor, qué encargo más difícil!





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ESTRELLAS EN EL CONGO




Hola, mi nombre es Sara.
Vivo en una ciudad que se llama Madrid.
Tengo ocho años y miro mucho las cosas que hacen los mayores.
Algunas las entiendo y otras no.

Los mayores son unas personas altas que tienen cara de patata.
Algunos dicen tonterías.
Por ejemplo, mi papá. Dice muchas tonterías y tiene cara de patata.
Se llama Diego, pero yo le llamo Driver.
Habla muuuuucho y está un poco locuelo.
Esta noche ha venido muuuy cansado y se ha quedado dormido nada más llegar.
Pero antes de caer en la cama como un saco de patatas, me ha dejado una nota donde me explica que le ha prometido a una tal Mireia un cuento sobre la gente que se va al Congo para hacer colegios.
¡Hala!, siempre hace lo mismo, promete y promeeeeete, y luego tengo que escribirle yo los cuentos.

Os diré un secreto antes de contaros la historia. Mi papá también hace colegios, aquí en la ciudad donde vivimos. El sábado pasado vino un señor muuuuuy importante a casa. En mi ciudad se conoce a los señores importantes porque vienen a casa en unos coches muuuuy grandes. El señor quería que mi papá se fuera con él a un sitio que se llama Romanía o Rumanía, no me acuerdo bien. Quería irse con él para hacer casas para la gente de Romanía ésa. Pero mi papá le dijo que prefería hacer colegios en nuestra ciudad. El señor importante le dijo que le iba a pagar muuuucho dinero. A todo el mundo le gusta eso del dinero. Pero mi papá dijo que prefería construir colegios.
Y cuando el señor importante quiso saber el motivo, mi papá le dijo que los colegios están más cerca de las estrellas.

Yo me he quedado pensando en lo que le dijo mi papá al señor importante, luego he leído las palabras mágicas que Mireia ha escrito sobre el Congo, y ahora os voy a contar lo primero que se me pase por la cabeza.

Mi papá patata ya está dormido.
Mejor, así diré lo que me apetece.

...

ESTRELLAS EN EL CONGO.

Hubo una vez un señor muy listo que se llamaba Kepler.
Se pasaba el día pensando en las cosas del cielo. Que si el movimiento de los planetas, que si un Sol por aquí, que si una Luna por allá.

Un día se levantó y dijo: “Hoy voy a medir la velocidad de la Luz”.
Pensó que como la Luz es muuuuuy rápida, sería mejor buscar un sitio muuuuy grande para ver como corría.
Así que calculó la trayectoria de los satélites de Júpiter. Predijo el momento exacto en el que una de esas bolitas taparía el Sol. Pero luego resultó que el Sol tardaba más de la cuenta en quedarse tapadito. Y claro, la diferencia era el tiempo que nosotros tardábamos en ver un rayito de Sol desde que salía hasta que llegaba a nosotros.

Y resultó que la velocidad de la Luz era un porrón de porrones de nosecuantos kilómetros a la hora.

Luego el señor Kepler se fue al cielo, y vinieron más sabios que querían saber más cosas de la Luz.
Hicieron muchos experimentos y a todos les salía lo mismo. Que la Luz corre que se las pela, como cuando el profesor toca la campana y salimos todos los niños al patio.

...

Pero ahí no queda la cosa. Resulta que el sábado pasado fuimos al Planetario de Madrid y nos asomamos por un tubo muuuuuy largo que se llama piroscopio o tubón, o yonosequé.

Miramos una estrella que estaba a 380 años luz de la Tierra. No me acuerdo cómo se llama, pero a mí me gusta Lingala, que es como se llama una forma de hablar que hay en el Congo ése de Mireia.

Como soy pequeña y no sé que es un año luz, se lo pregunté a un señor gordito que resultó ser un astrónomo. Me explicó que cuando nosotros vemos la luz de la estrella, estamos viendo la luz que salío de ella hace 380 años.

Como me han enseñado a restar en el cole, hice la resta.
Si ha 2.009 le quito 380 me quedan 1.629. ¡Jopé!
Resulta que la luz que vemos de la estrella Lingala esta noche, es la que salió de la estrella en 1.629

Los mayores se quedaron con cara de patata.
Y a mí me dio por pensar.
Me imaginé el espacio infinito, todo él oscurito. Y la estrella que lanza un rayo de luz.

Y la luz que corre ¡¡¡fiuu!!!, ¡¡¡fiuuu!!!, por el espacio a toda velocidad, y que conforme avanza va iluminado el espacio por donde corre ¡¡¡fiuuu!!!, ¡¡¡fiuuuu!!!.
Y lo que corre y lo que avanza en 380 años.
Y luego me dio por pensar en esos sabios que dicen que no hay más rápido que la luz.
Y también pensé en lo cabezón que es mi papá cuando le dice a los señores importantes que a él le gusta hacer colegios porque están más cerca de las estrellas.

Y también he leído lo que dice Mireia sobre el Congo...

Y claro, como soy una niña pequeña y puedo pensar lo que me dé la gana, seguí imaginando cosas.
Y pensé que hay gente que se va al Congo a hacer colegios.
Y como soy tan cabezona como mi papá, me dio por pensar si hay algo que sea más brillante, que corra más y sea más chuli que la Luz.

Así que pensé que si las personas que se van al sitio ése de la Conga , o como se llame, van y hacen colegios, en ellos habrán niños que aprendan cosas.

Y que si aprenden, cuando sean mayores les enseñarán cosas a otros niños, y éstos a otros ,¡¡fiuu!,¡¡¡fiuuu!!!, y que se echarán una carrera con la Luz para ver quien corre más.

Y entonces me imagino que igual que la Luz se abre paso por un espacio muuuy oscuro y va avanzando que se las pela, las cosas que aprenden los niños, y que luego se van enseñando unos a otros, corren por las cabezas,¡¡¡fiuuu!!!,¡¡¡fiuuuu!!!!

Y me río mucho viendo como la Luz y las cosas que se aprenden corren y se divierten en su loca carrera.

Creo que cuando dentro de 380 años los niños del Congo miren el cielo, verán como la luz que salió de la estrella Lingala llegó a ellos.

Los mayores dicen que no hay nada más rápido que la velocidad de la Luz.
Pero ahora entiendo lo que dijo mi papá sobre las estrellas y los colegios.

Y sé que hay una señora que contará este cuento a los niños de la Conga ésa donde van a construir un colegio.
...

Porque mi papá siempre, siempre me cuenta las historias para que yo las entienda.
Y para que las entiendan también los niños de la Conga ésa.
Niños que miran las estrellas en el Congo.

...

Atentamente. Driver para Mireia.

martes, 21 de junio de 2011

CABELLOS AL VIENTO




Ya no sabías por dónde tirar.
Demasiado tarde para todo, llegabas siempre tarde donde nunca pasa nada.

Así transcurrían las tardes, y las noches, y todas las mañanas.

Conducías tu vida a través de una carretera secundaria, inhóspita, sin ninguna importancia.
Llegabas a destino, descargabas la mercancía, te firmaban el vale rosa y te ibas a descansar.

Al otro día igual. Y al otro también.

...

Hasta que una mañana la viste.
La señal de la autovía, directa al destino del amor.
Ni lo pensaste. Simplemente sentiste que se te inflamaba la sangre.

Como un anhelo de viento fresco. Muy fuerte.
...

Volantazo. Tus neumáticos resoplaron al girar.
Paraste en el peaje.

Te preguntaron tu origen.
Contestaste: “El pasado”.
Te preguntaron el destino: “Autovía del amor”
Se sonrío el dependiente.
Tú no, estabas seria.

Cogiste el ticket y subiste de revoluciones.
Poco a poco, como un rito esperado.

Y cuando llegaste a las cinco mil, le diste al botón de las ventanillas.
Las bajaste a tope.

Y entró aire fresco, en la cabina y en tu mente.

...
No sabías muy bien tu destino.
Pero ibas rápida y fresca.

Muy rápida y muy fresca.


...

Atentamente para mi prima de Móstoles.
La de la empanadilla no, la otra.

La que canta con el pelo suelto.
...

Para los que no conozcáis a mi prima, aquí os dejo un enlace.

http://www.youtube.com/watch?v=6PHOeXIPNZE

Ella me enseñó todo lo que se sobre ritmo y velocidad a la hora de contar cuentos.
De pequeña se ponía al piano, hablaba y hablaba, tocaba y hablaba.

Luego se fue a N.Y.

La echo mucho de menos.

Llenaba mi vida con su música, con sus ojos.

...
Un día de estos voy a ir a visitarla, conduciré por la Quinta y ella cantará canciones en el asiento de atrás.

Y bajaremos las ventanillas.

Sabe Dios que bajaremos las ventanillas.




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sábado, 18 de junio de 2011

ARQUITECTURA VITAL




Si has nacido en Zumárraga, te gustan las motos y eres arquitecto, tienes una posibilidad entre cien millones de que tu cuñada encargue un cuento para tí.

Incluso en ese hipotético caso, hay una posibilidad entre mil millones de adivinar de qué material está construida tu alma.

Así que vamos a intentarlo.

...

Hace mucho, mucho tiempo, vino a este mundo un niño inquieto.
Nació en una tierra donde las montañas estaban delineadas con una plantilla de curvas suaves.
Son éstas unas montañas muy antiguas, verdes e imponentes.
El arquitecto las fue modelando en un proyecto paisajístico, donde nunca hubo prisa por terminar.
De hecho, la obra duró más de una eternidad, y todavía hoy está en construcción.

Si paseas por ellas sabrás de qué material está conformada tu alma.

...

Desde pequeño me ha gustado pasear por los montes de Zumárraga.
Allí aprendí el concepto de armonía y proporción.
EL casco antiguo, las calles empinadas, los campos y los montes se conforman en una suerte de composición natural.
La piedra se deja ver, coqueta y señorial.
Los tejados articulan una colección acompasada de planos inclinados.
Y las fachadas son cataratas emergentes de rotundidad.

Así que me hice arquitecto, más que nada porque de pequeño lo mamé casi sin darme cuenta.
...

Una de las cosas que más me gustan de todo lo que me gusta es pasear con mi moto.
Recorrer estos viejos montes.
Trazar curvas sobre el mapa topográfico de mis ancestros.

Es una gran sensación.
El aire, la tierra, el agua y el fuego; los cuatro elementos compositivos de mi alma, están presentes en cada paseo.

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El aire. Respiro el oxígeno de mi pasado.
La tierra. Al subir y bajar por la carretera, la línea del horizonte baila mientras escucho la música que recorre mi mente.
El agua. En moto, la llovizna limpia mi cara de toda sombra de duda.
El fuego. El rugido del motor de la máquina, martillea de forma armónica mi oído.

...
Cada vez que tengo un hueco, me lanzo con la moto y dibujo unos planos llenos de armonía.
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Un día conocí a "la chica de al lado".
No os daré detalles sobre ella, pues estos datos pertenecen a mi más estricta intimidad.
Tan sólo decir que es guapa hasta decir basta.
...

Se subió conmigo a la grupa de mi montura, y ambos realizamos excursiones bastantes entretenidas.
Recorrimos sendas, caminos, carreteras secundarias, autovías y algunas autopistas.
Aprendimos bastante, observando cómo el paisaje se desplaza mientras le das gas a la máquina de devorar kilómetros.
...

Un día, "la chica de al lado", se fue a la ferretería y vino con un gran paquete.
Lo abrió en el garaje donde guardo la moto.

Había comprado un grupo de soldadura, unos tubos de aluminio, chapa, un asiento de cuero, un eje y dos ruedas.

Se pasó las fines de semana de nueve meses trabajando en el taller.

¡Y yo que pensaba que no le gustaba el bricolaje!
...

Al cabo del tiempo me enseñó su trabajo.
¡"La chica de al lado" había construído un sidecar, adosándolo a mi moto de forma armoniosa!

Cada soldadura cuidadosamente repasada, cada costura del asiento delicadamente cosida, la unión con el bastidor de la moto, sólida y firme.
...

Ha pasado el tiempo, y ahora usamos el sidecar para llevar a una preciosa niña de dos años a dar paseos.

Le enseñamos cosas muy interesantes.
La forma con que la lluvia cae en primavera.
Los colores de la Costa Brava.
El sonido de las olas al romper en la escollera.
Cosas así.

...

Un día de estos vamos a irnos los tres a dar un paseo por Zumárraga.
Tengo ganas de recorrer los viejos montes de mi tierra y enseñárselos, despacio, muy despacio, a "la chica de al lado" y a mi enana.

Allí fue donde nací, donde empecé a sentir que la vida es un ejercicio de composición arquitectónica.

Así que pienso disfrutar con el paseo a través de mi arquitectura.
...

Mi arquitectura vital.

...

Hace mucho, mucho tiempo, vino a este mundo un niño inquieto.
Nació en una tierra donde las montañas estaban delineadas con una plantilla de curvas suaves.
Son éstas unas montañas muy antiguas, verdes e imponentes.
El arquitecto las fue modelando en un proyecto paisajístico, donde nunca hubo prisa por terminar.
De hecho, la obra duró más de una eternidad, y todavía hoy está en construcción.

Si paseas por ellas sabrás de qué material está conformada tu alma.




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Atentamente: Driver.

Este cuento fue encargado por una catalana de nombre Teresa, escrito en Madrid por un conductor y debe ser leído en Zumárraga.

Mirando a la montaña de frente.

viernes, 17 de junio de 2011

EL CONDUCTOR ( y fin )



En el Infierno de Dante, los humanos estamos sometidos a tortura.
Durante toda la eternidad nos vemos condenados a arrastrar pesadas cargas por la ladera de la vida. El Diablo nos obliga a rodar enormes trozos de piedra granítica.
Y nosotros, con el alma desnuda, empujamos con más empeño que gloria.
...

Nos estan dando hasta en el carnet de identidad.
Por mucho que madrugues, a pesar de las cinco toneladas de energía que gastas cada día, llegamos a casa con el alma hecha unos zorros.
Arruinados, sin trabajo, sin fe.

Mal gobernadas, las ovejas del rebaño buscamos un abrevadero donde calmar la sed de toda una vida.
Y sólo nos encontramos con un anuncio de Signal, una carta del be, be, uve, a, o la notificación del juzgado para un juicio de faltas.

Entonces, sales a la calle a buscarte la vida.
...

Llego al domingo con el pecho atravesado por profundas cicatrices.
La semana ha sido desconcertante.

Voy a la iglesia, donde agarro la hoja de reclamaciones y me doy el gustazo.

"Mi muy respetado JEFE:
No entiendo el motivo de tanto desorden e injusticia.
¿Cuando creastes el Mundo, estabas concentrado o no; sé sincero colega".

...

En la acera de la iglesia, aparcada.
Una ambulancia roja.

Miré en el bar y en el polideportivo.
Nones.

Pregunté a Mariano, el del kiosco.
Nacing de nacing.
...

Entré en la penumbra de la iglesia, me senté en el banco de pino barnizado y me puse a charlar con el JEFE. Tipo monólogo, seamos sinceros.

Junto al altar, en el primer banco, más sólo que un torero tras el Telón de Acero, un hombre alto.
Estaba de rodillas, con el rostro entre las manos.

La complexión de su espalda me resultaba familiar. Fue ver sus manos, y le cazé.
Era el conductor.
Estaba en una iglesia vacía, con el JEFE y el conductor.

...

Era la oportunidad de mi vida. El momento de agarrarlo por las solapas y sacarle toda la información.
Aunque fuera a tortazos.

...

Me levanté y me dirigí al portal de acceso.
Un arco carpanel de cinco centros atravesaba el vano y me miraba con curiosidad.
...
El conductor se levantó y se dirigió a la salida.
Yo ensayé mi mirada asesina, la de preguntar.

Dispuesto estaba a fusilarle a preguntas.

Para empezar, simplemente, "¿por qué esto es como es?".
Y la segunda estaba clara y nítida, como amanecer rotundo, "¿dónde carajo vamos?"
...
El conductor se acercaba. Me examinó el careto.
Mi cara le sonaba.

- "Buenos días, chico".
- "Buenos días, conductor".

- "Tu cara me suena; ¿nos conocemos?".
- "Nos hemos cruzado un par de veces".

- "¡Qué!, ¿rezando un poco?".
- "En realidad, presentando una reclamación".

...

Se produjo un silencio intenso, que fue interrumpido por el zumbido del busca del conductor.
Miró el aparatejo, leyó el mensaje que le acababan de mandar, y me miró con prisa.

- "Bueno, no te pases con el JEFE.
Al fin y al cabo es la primera vez que curra en esto".

Luego sonrió y dirigió sus pasos a la ambulancia roja.
...

Tenía prisa.
Sus pasos eran decididos.

Como si la vida, sólo se viviera una vez.

...



Atentamente, para mi amiga Maria José.

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martes, 14 de junio de 2011

EL CONDUCTOR ( y II ).



La segunda es así.
...
Cuando se produjo en Madrid el atentado del 11-M estaba trabajando en una obra cerca de la Estación de Atocha. La rehabilitación del Colegio Público San Eugenio y San Isidro, por el barrio de Embajadores.
Oímos un gran estallido, como si el Mundo hubiera llegado a su límite de resistencia.
El resto del día lo recuerdo como un enorme desorden, donde nada estaba donde debiera.

Al pasar por la puerta del Hospital Ramón y Cajal, vi algo que nunca olvidaré.
Una cola de más de treinta ambulancias, en cola, descargando despojos humanos.

El espectáculo dantesto hizo que me despistara un segundo, y aflojé la marcha de mi coche. Una enorme ambulancia roja se abalanzó contra mí, y en el espacio de 15 metros, frenó, giró, me esquivó, saltó la mediana, y entró en dirección prohibida por el acceso de emergencias.
...

Aquel atentado nos dejó tocados a todos. Fue tan dantesco que sus consecuencias inmediatas se extendieron a la mayoría de la población, en forma de dolor generalizado.

...

Al cabo de unas semanas, por motivos laborales, me tocó pasar cinco noches trabajando en el Ramón y Cajal, reparando unas cubiertas.

Como las noches son largas y no se podía fumar dentro, me salía a los jardines.
Allí un grupo de conductores de ambulancias y taxistas esperaban a que les llamaran por el busca.
Hacía calor, y se formó una especie de tertulia improvisada en unos bancos, mientras que la estatua de D. Ramón nos vigilaba atentamente.

Los conductores hablaban de las incidencias del día, de deporte y de mujeres; los tres vértices sobre los que giraban sus vidas.

Y allí fui donde me enteré del mito urbano de la ambulancia roja.

Hablaron de un conductor muy bueno, autónomo, que contrataba sus servicios a cuantas empresas públicas o privadas estuvieran dispuestas.

Contaron que el día del atentado realizó unos veinte viajes entre Atocha y el hospital más próximo.
Narraron con respeto que al segundo viaje encontró la manera de situar la ambulancia cerca de los vagones reventados.

"¡Menudo cabrón!", - sentenció un taxista de Morata de Tajuña -.

El más espabilado nos narró la historia de ese enigmático conductor.
Aseguraba que en su juventud participó en el Rally de los Mil Lagos, en Finlandia, donde aprendió a conducir sobre firme helado.
Nos explicó que durante un tiempo fue profesor de conducción evasiva en la Dirección General de la Policía.

Aquel antiguo taxista que nos hablaba, hizo una pausa, encendió un Ducados y continuó con la historia en un tono más solemne, si cabe.

Narró que las facultades de este conductor eran excepcionales, y que le habían ofrecido un puesto de trabajo en Marinnello, la central de Ferrari, como conductor de pruebas.

Nuestro improvisado cuentista nos aseguró que el conductor rechazó todos y cada uno de los ofrecimientoss de trabajo que le hicieron.
Sacó la licencia y se puso a trabajar de conductor de ambulancias.

La única ambulancia roja que rodaba en Madrid.
...

Mis compañeros de trabajo me llamaron, tenía que subirme de nuevo a la cubierta.
Así que me despedí de mis improvisados tertulianos, dispuesto a seguir con la faena.

...

Antes de irme le pregunté al narrador:

- "¿Cómo era el tipo?"

Y ésta fue la respuesta.

- "Es un hombre alto.
Tiene la costumbre de conducir con la boca abierta.
Aspirando aire, como un poseso.

Sus ojos bailan entre el espejo retrovisor y la carretera.
Y sus manos..., son las de un director de orquesta, dirigiendo a mil músicos a
la vez".
...


Sentí un íntimo estremecimiento. Una suerte de estertor profundo. Abismal.

Era el mismo tipo con el que me encontré en la urbanización de Campoamor, cuando yo tenía veinte años.
Estoy seguro.

...

Pregunté si alguien sabía cómo localizarlo.

Todos se quedaron callados.
...

Al fondo, en los entresijos de la gran ciudad, ululaban unas ambulancias.
La noche cerrada nos observaba arrogante.

Como si estuviéramos de paso en este loco mundo.


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lunes, 13 de junio de 2011

EL CONDUCTOR ( I ).



Lo cierto es que tengo un par de recuerdos que me obsesionan.
En las madrugadas de verano, cuando faltan un par de horas para que salga el Sol, vuelven unos recuerdos que me atormentan de forma atroz.
...
Uno es éste.

Cuando tenía 19 años, una amiga estrenó carnet de conducir, sus padres le dejaron el coche y nos fuimos con ella a la urbanización de Campoamor, en Alicante.
La chica era novata y conducía con extremada prudencia.
En la urbanización estaba marcada la velocidad máxima de treinta por hora; la conductora iba a veinte. Casi que se le calaba el coche.

Era verano, las familias paseaban a media tarde, y el sol retumbaba como un tambor en la piel de la cenista mediterránea.

Y de pronto ocurrió. Un niño de apenas tres años se le escapó de la mano a la madre y salió corriendo hacia el morro del coche. La conductora lo atropelló sin querer, y cuando se dio cuenta de lo ocurrido se quedó petrificada con las manos soldadas al volante.

Salimos aterrados y tras tirarnos de bruces al asfalto lo vimos.
Estaba debajo del coche, con una gran brecha en la cabeza.

El padre metió la cabeza en el asiento del conductor, echó el freno de mano y se tiró debajo del coche.

Mi amiga gemía con gritos histéricas. Los padres se metieron con el niño sangrando en el asiento posterior del coche.

Yo tuve que golpear a la conductora, y por la fuerza alejarla del coche, dejándola tirada en un césped tranquilizador.

Me giré, ví la situación y sin pensar ocupé el asiento del conductor.

Y entonces ocurrió algo que tengo presente todos y cada uno de los días que el Señor me ha regalado.

Apareció un hombre alto y maduro, abrió la portezuela del conductor y me gritó:

"¡Chico, pásate al asiento de al lado, déjame a mí, soy profesional!".
...
Desde la urbanizació de Campoamor hasta el hospital de Los Arcos en La Ribera, hay unos veinticinco kilómetros.

Este Señor los recorrió en menos de diez minutos.

Estuvo casi todo el tiempo por el carril de la izquierda, usando los arcenes, a punto de provocar un accidente. Pero no.
No hubo más que velocidad punta rozando los límites.

Si miraba para atrás veía la cabeza ensangrentada del niño, que afortunadamente lloraba.
Al mirar hacia delante, las dos rayas blancas de la carretera se acercaban y alejaban de una manera peligrosa, casi suicida.

Tan sólo tuve dos ocasiones de mirar de soslayo al conductor.

Iba con la boca abierta, aspirando aire como un obseso. Sus ojos bailaban entre los espejos retrovisores y la carretera. Y sus manos eran las de un director de orquesta, dirigiendo a mil músicos a la vez.
...

Llegamos al hospital, descargamos al niño, y tras una hora de angustiosa espera salió una enfermera y nos dijo: "El niño está fuera de peligro. Perdió mucha sangre pero el traerlo rápido le ha salvado la vida".

Me arrastré hasta un banco y me senté, pues la tensión me había aflojado las piernas.
...
Y le ví, estaba allí, en el jardín del Hospital los Arcos.
Era el conductor.
Sostenía un cigarrillo entre unas manos temblorosas.
Como si toda la concentración de la carrera le hubiera pasado una alta factura.

Su figura se recortaba frente a un atardecer naranja.

Me hubiera gustado hablar despacio con él. Pero me temo que ni yo estaba en condiciones de preguntar ni él de responder.

Así que me limité a sentarme a su lado.
...






Llevó treinta y un años, cuatro meses, seis día y once horas sentado a su lado.
Esperando que se nos pase el susto para tener una conversación de hombre a hombre.
...

No se si iré al cielo o al infierno.
Pero sea donde sea que el destino me lleve, tengo claro que seguiré buscando entre las gentes a ese hombre.
El único que me puede responder las preguntas que hacen que me despierte con un pálpito en el alma.

El conductor.

...
Si alguien lo conoce, agradecería que me lo presentara.
...

Cada vez que mi alma arde, me acuerdo de él.
Y siento que la existencia es pura velocidad.

Rozando los límites.



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domingo, 12 de junio de 2011

EL CURA CHINO





El amor, la fe..., conviene practicarlos.
Si no te los trabajas tú mismo, la mente se hace vaga.
Nadie viene a solucionarte tu fe.
Te pueden ayudar, aconsejar, sugerir, influir; pero al final estás tú y ella cara a cara. Solos.

O la besas mientras susurras bellas palabras, o no hay química y nunca pasas a mayores.
...

Siempre me fijo en la Palabra.
Por encima de las situaciones personales o mentales. Por encima de nuestra historia, nuestros pecados o nuestras mentiras. Está la Palabra.

...

Lunes. Funeral de la madre de un compañero albañil. Madrid. Barrio de Entrevías.
La iglesia más fea en la zona más castigada de esta ciudad.

Oficia un cura chino. Ha venido a este oscuro rincón del mundo a traer la Palabra.
Y justo eso es lo que no tiene.

Lee el Evangelio en un español con graves dificultades. Se vaticina un desastre total.

Me da por pensar que ante la falta de vocaciones, el Obispo tuvo que tirar de lo que tenía a mano.

Un chino en Madrid.
...

Pero...y ahí está para mí la magia de la Palabra, llega la homilía del funeral. El cura chino se baja del altar. Coge una silla. La pone enfrente del primer banco donde la familia doliente pena.
Se arremanga.
Con un par.

Se dirige a la familia y habla desde dentro, sólo él y la Palabra.
Frente a frente. Las deja deslizar con cariño, las susurra, enaltece, besa en los labios.

Las enamora.

De pronto, la sensación de que alguien había abierto de golpe las ventanas.
Un chorro de aire fresco.
...

Tal vez recuperar la fe sea fácil.
Leer la Palabra hacia dentro.
Y luego.

Sacar la cabeza por la ventanilla con el coche en marcha.
Sentir la brisa fresca.

Cada jodido nuevo día.


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viernes, 10 de junio de 2011

LA CHICA QUE AMABA VOLAR




Había una vez, en un tiempo muy, muy cercano, una chica que volaba entre las nubes.

Allí arriba hay aire, un gas natural regido por las leyes de los fluidos laminares.
Y agua, la esencia de la vida, obedeciendo las leyes de la termodinámica.
Presión y temperatura consiguen que se presente en varios estados.

Pero la chica del cuento no entendía ni de fluidos laminares ni de termodinámica.

Ella se fijaba en otras cosas.

En las corrientes.
Frías o calientes, templadas, vigorosas, furiosas, apacibles, señoriales, profundas, tenues, virulentas, juguetonas, alegres.

En los reflejos de la luz sobre las nubes.
Cirros, cúmulos, estratos, limbos, agrupadas, solitarias, estilizadas, francamente horizontales, algodonosas; en infinitos tonos de luz divina, iluminadas desde el espacio exterior, reflejándose en la tierra parda, en las cordilleras graníticas, en los prados verdosos.

Las piruetas de los vientos.
Los remolinos de las emociones.

Los entresijos del alma humana y divina.
El acontecer de los días azules.

El recorrido de las aguas bravas.
Los meandros de los ríos tranquilos.

Los espectáculos naturales.
Los fuegos artificiales.

El amarillo limón.
La luna lunera, cascabelera.

Y la chica del cuento dibujaba edificios, vivía y compartía.

Generosa y rápida.
...

Su vida era un volar entre nubes termodinámicas y fluidos laminares.

Y sin conocer las leyes físicas, se movía con soltura en las alturas.

Porque navegaba su proyecto.

Una intensa vivencia entre nubes.


Si alzas la vista la verás. Fíjate.
Entre nubes rotundas.

Flotando eternamente.
Con clase.

...

Atentamente para Alisea.

Así de sencillo.

miércoles, 8 de junio de 2011

UN PEZ LLAMADO PAULA








UN PEZ LLAMADO PAULA

Érase una vez un pez llamado Paula.
Ésta es la historia del modo de aparecer, en el invierno del año noveno, después del segundo milenio.

En un principio fue el magma de los volcanes.
Después ocurrió que la Tierra se abrió, surgiendo de sus entrañas una enorme medusa de tejido intemporal.
Por fin fue lanzada al GRAN OCEANO, donde practicaste con tu cola los primeros movimientos náuticos.

En el seno del OCÉANO todo estaba en silencio.

Bajo las profundidades, muy al fondo, latía un acompasado vaivén.

La pequeña flota entre dos aguas.

La GRAN BALLENA la guía, desplazándola en su estela.

Vivía en un océano que se llamaba MAMÁ.

Durante un tiempo fue alimentándose de plancton y de nutrientes marinos de muy diversos tipos. Creció y creció, en la paz del vientre acuoso, en el silencio brumoso.

Convertías el Mar en un torrente, y al cielo en la ventisca, y a la tierra en una sombra.

No te extrañe que me quedara absorto al verte. Aquella pesca merece ser narrada.
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Érase una barca con varios pescadores de batas blancas. Fueron tus padres a recibirte desde el embarcadero, de puntillas, sin saber por dónde amanecía.

Y fue.Y amaneció. Aunque el Sol no hacía mucho que enfadado de no verte, se acostó.

Y la Luna sí, ella había ganado la primera partida, tu pesca nocturna.

Y ellos, los pescadores y las pescadoras, tus primeros amigos.

Y ellos, tus padres.

Y él, EL MAR, bramaba la pena de perderte.

Y ella, LA BRISA, cantaba la alegría de encontrarte.

TU, empezando a sentirte, ya no era un pececillo; ahora eras una gaviota en el aire.

Pero esa es otra historia y te la contaré otro día.

Ahora descansa. Recupérate para mañana. Tienes que secar tus alas.
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Mañana toca volar, chica.

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lunes, 6 de junio de 2011

LA TORRE DE DIOS

















Hace muuuuucho, muuuuuuucho tiempo, unos señores decidieron construir una iglesia en mi pueblo.


Se trataba de una Orden Religiosa, que se llamaban Dominicos.


Procedían de un país lejaaaaaano, muuuuuy lejaaaaaano, que se llama Italia.


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El país lejaaaano que se llama Italia o algo así, tenía una tradición muuuuuy antigua.


Se trataba de construir iglesias con campanarios muuuuuuy altos que rozaban el cielo.


En Florencia construyeron uno altísimo, que cuando lo mirabas desde abajo, parecía una flecha que ascendía hacia las nubes.



Luego, los señores de Pisa construyeron uno muy bonito, pero el terreno cedió y cedió, y la torre se fue inclinando poco a poco, hasta que casi se cayó.



Por fin, los señores de Siena decidieron llegar al cielo con su torre, y llegaron al cielo con su torre.


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Yo vivo en Madrid, y en el año 1.967 los Dominicos decidieron construir una iglesia con una torre. Y como eran del pais lejano llamado Italia, quisieron levantar la torre más alta y más bonita de cuantas se construyeron en mi pueblo, que como os he contado se llama Madrid o algo así.


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El abad, que es como el jefe de los señores Dominicos, le dijo al arquitecto que tenía que estar apoyada en doce pilares, pues desde el principio los Apóstoles fueron doce.


Así que arrancaron una sólida cimentación para doce altos pilares.



Luego el abad de los Dominicos, que era un señor italiano y tenía barba por debajo de la nariz y por los dos lados de la cara, dijo que tenía que tener una suave rampa para poder ascender sin cansarse.



Y el constructor de torres hizo una rampa suave, con una losa de hormigón de apenas seis centímetros, para que la ascensión fuese cómoda.




Luego el señor abad dijo que había que poner una barandilla, pero con un solo tubo, pues los que suben a la torre que va al cielo han de ser valientes y vencer sus miedos.




Así que el señor cerrajero montó una barandillita con un solo tubo para que los valientes tuvieran un punto donde agarrarse; pues pensó que hasta los valientes necesitan un tubito donde agarrarse.



Al final hubo que decidir el color de la torre. Unos decía que debía ser azul, otros que morada, otros que del color del atardecer.




Al final se impuso el criterio del arquitecto, que la pintó de blanco, como las nubes blancas.







Cuando le preguntaron al señor arquitecto el motivo de pintarla de blanco, dijo que es un color bonito; el abad, el constructor, el cerrajero y una señora que también trabajó en la torrre, dijeron que sí, que sí, que sí. Así que la pintaron de blanco y fue que sí.


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El sábado fue la Comunión de mi sobrina, en la iglesia de mi pueblo que se llama Madrid o algo así.


Me tocó hacer fotos, porque los papás de las niñas que hacen la Comunión están ocupados llorando y poniendo caras de papás.



Así que le hice fotos a la torre alta que llega al cielo para que la pudieran ver mis amigos en la internet ésa.



Me siento muy contento de enseñaros las fotos que hice el sábado, porque Italia es un pais que me gusta mucho, y allí vive gente que está orgullosa cuando enseña las torres de sus iglesias.


Y a mí me gusta ser un poco como los señores de la Italia ésa, que miran al cielo de su pueblo y ven una torre que se pierde entre las nubes.










Y porque se que el número de pilares son doce, que la rampa es suave, para facilitar la ascensión a los cielos, y que hay una pequeña barandillas para que los valientes tengan un sitio donde agarrarse cuando suben a la torre que les lleva al cielo.





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Si la miras fijamente, sentirás placer, y miedo y vértigo.










Esto es así, porque subir al cielo es placentero, da miedo y también vértigo.





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Por esos los señores de Italia o algo así, han construido desde hace muuuuuucho tiempo altas torres que hacen cosquillas a las nubes.










Es la manera más rápida de entender algunas cosas, que si las cuentas de otra manera son muuuuuy, muuuuy difíciles de explicar.










Esa es la razón por la que los hombres construyen altas torres.










Para entender un poco mejor la cosa ésa de Dios, el cielo y la belleza de la Creación.



O algo así.





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sábado, 4 de junio de 2011

EL MEDICO





PLAN A SEGUIR


El inicio de tu existencia fue una historia de lagos, pescadores y flores en una ciudad donde no habían lagos, ni pescadores.
Las flores en cambio estaban en todas partes.

Esta es la historia.

En aquel país imaginario existía un gran lago, en sus orillas unos pueblos blancos y en el centro del agua, emergía un islote.

Aquellos parajes, habitados por honrados pescadores, eran bañados por la luz tenue del mediodía y mecidos por brisas caprichosas.

La población se dedicaba a la pesca y a la agricultura. La afición más extendida en toda la comarca era el cultivo de las flores. Todo el mundo tenía un jardín. Los vecinos se enorgullecían de sus retoños y competían entre ellos para obtener las flores más vistosas y de colores más singulares.

Con el tiempo, la fertilidad de la tierra y el buen clima, aquella comarca parecía un vergel. El conjunto de campos, praderas y colinas se iba alfombrando de todo tipo de flores y de colores.

Bueno, a decir verdad, no todo era un vergel.

Aquel inóspito islote emergía en el centro del lago, con un triste y desolador aspecto.

Un buen día, la asociación comarcal de pescadores tomó la decisión de intentar embellecer aquel paraje. Nadie antes lo había intentado, y al fin y al cabo eran ellos los que más cerca estaban del islote en su trabajo diario.

Durante años, los pescadores se acercaron con sus barcas, aparejos de escalada y utillaje de jardinería al islote. Los resultados de aquella singladura fueron descorcentantes. Las semillas, se las comían los pájaros. Las pocas especies que lograban florecer, no eran tan fuertes como para poder resistir la fuerza del viento. El terreno no disponía de nutrientes suficientes.

Aquellas primeras dificultades, fueron tan determinantes que los pescadores decidieron desistir de su empeño durante una buena temporada; concentrando su atención en labores científicas de investigación, a nivel teórico al principio, y más tarde a nivel de laboratorio.

Fueron años difíciles, de estudio e investigación, en los que se abrían muchas puertas, otras simplemente se entornaban y algunas se cerraban de golpe.

Las conclusiones de aquellos estudios lejos se encontraban de alguna verdad absoluta. Se escribieron muchas tesis, pero ahora se trataba de ponerlas en práctica.

Surgió una nueva generación de pescadores .

Eran especiales, y te voy a explicar el porqué. Tenían que ser buenos navegantes, el lago se embravecía con frecuencia. Buena complexión atlética, los escarpados riscos del islote así lo exigía. Excelentes horticultores, la dificultad del terreno lo hacía imprescindible. Y sobre todo, y aquí viene lo más difícil, hombres de fé, ya que su trabajo tenía tal repercusión en la vida de la población, que en cada intento se dejaban un trozo de su corazón.

Al fin y al cabo sólo eran pescadores.

Aquella mañana de agosto, nuestro pescador salía a trabajar. Tomó su barca, las semillas y su instrumental. Nada más amanecer, la estela de su barca rompió la tranquilidad aparente de la superficie del lago. Tras un buen rato de navegación se encontró de nuevo con las rocas, en el acantilado del islote.

No era nada sencilla la operación de desembarco. El movimiento de las olas provocó la pérdida de las primeras semillas. Al saltar a tierra, nuestro pescador recibió un fuerte impacto en el tobillo. Se levantó una fuerte brisa y bajó la temperatura.
Aquellas no eran las mejores condiciones, pero él reanudó su trabajo.

Escaló el acantilado con la incertidumbre de no saber con qué condiciones atmosféricas se encontraría arriba. La penosa ascensión provocó que otras semillas rodaran acantilado abajo y se perdieran entre las olas.

Una vez en la cumbre, una tormenta de verano le sorprendió. El agua se desplomó durante dos largas horas. El pescador se refugió entre unas rocas a sotavento.

Observaba, observaba todo, con ese instinto científico que le hacía preguntarse por el porqué de las cosas; con la pretensión de adentrarse en lo desconocido; la extraña mirada experta de un niño curioso.

Cuando una tormenta de verano acaba, la tierra se abre un poco, se enfría superficialmente mientras en su interior conserva el calor del estío; es un momento singular, donde la naturaleza, si bien conserva sus leyes eternas, rompe un poco la inercia térmica, aumenta su porosidad y abre una puerta a la esperanza.

Fue ése el preciso momento aprovechado por el pescador para sembrar en la cima del islote las semillas que le quedaban.
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Así fue como empezó todo.

Y así era como vivía este pescador.

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Que sea este cuento un agradecimiento y una ayuda, para aquél que luchando con las dificultades de la ciencia, no se entristezca por las flores perdidas, que siendo muchas, son necesarias para que otras florezcan.

El pescador, al final de la jornada, viendo el islote del lago cubierto de sus flores, sabrá que mereció la pena.

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El inicio de tu existencia fue una historia de lagos, pescadores y flores en una ciudad donde no habían lagos , ni pescadores .


Las flores en cambio estaban en todas partes.

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Atentamente para María.
La señora que solicitó un cuento para su marido y que se lo va a regalar hoy, día de su cumpleaños.

viernes, 3 de junio de 2011

EL VIAJERO



EL VIAJERO

Hace muuuucho, muuuuucho tiempo, un muchacho empezó un laaaaargo viaje.

Todos y cada uno de los largos viajes que puedes hacer en tu vida, empiezan de la misma forma.
Con un primer paso.
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Por una simple cuestión de orden y de temporalidad, después del primer paso viene el segundo, luego el tercero y luego (por muy extraño que nos parezca al principio), viene el cuarto.

Esto del orden es algo tan obvio, que cuando lo cuentas en un cuento, es como si no hubieras dicho nada.

Pero la realidad es otra.
Cuando llevas andados trescientos cuarenta y cuatro mil setecientos ochenta y cuatro pasos, la cuestión se torna bien diferente.

Lo normal es que te canses.
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Ayer, sin ir tan lejos, tuve que acercarme a las Conchinchinas de Arriba.
Este pueblo está donde el viento da la vuelta, donde San Pedro dio las tres voces, donde los mapas se acaban.

Es un pueblo lejano, inóspito, feo.
Una auténtica pedrada en la frente.

Por no haber no hay ni agua corriente, ni niños corriendo por las aceras, ni pájaros cantando en las ramas de los árboles.
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Ayer fue mi día de suerte, y nada más llegar a este pueblo se puso a llover.

Al principio eran unas gotas frescas y primaverales.
Al rato las gotas se enlazaron de forma suicida y formaron goterones.
Pasaron tres minutos, y los goterones se convirtieron en una cortina de agua.
Cinco minutos más y aquello era una catarata.
Potente, espumosa.

Al cabo de media hora, sí, lo has adivinado, el Océno Atlántico caía del cielo en oleadas de miles de hectómetros cúbicos.
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Y allí estaba yo, hermano.

Empapado por dentro y por fuera.
A babor y a estribor.
Aguas abajo y aguas arriba.
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Así que me acerqué a un árbol alto, trepé a la rama más alta de las ramas altas del árbol alto, y me quedé mirando los pasos que había recorrido hasta llegar allí.

Trescientos cuarenta y cuatro mil setecientos ochenta y cuatro pasos.
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Realmente era imposible saber cuántos de aquellos pasos habían sido buenos, cuántos malos y cuántos regulares.

Puse cara de experto y me dije a mí mismo, allí, subido a la rama alta del árbol alto:

"¡Sí que he dado pasos!", mientras una ardilla pelirroja me miraba con creciente curiosidad.
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Éstos eran los pensamientos que ocupaban mi mente aquella lluviosa mañana.

El agua caía, le ardilla me miraba, yo ya no sabía qué más hacer y...

Lo oí: "¡Crick!"
Luego fue: "¡Craaack!"

Y sí, el siguiente sonido que oí fue el definitivo: "¡Crock!".
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La rama se rompió.
Me vi atraído de forma absoluta por la Ley de Gravitación Universal y...
caí a plomo hacia el suelo.
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Mis últimas oraciones se vieron acompañadas por la curiosa mirada de la pelirroja ardilla.
Ella tenía cara de no entender nada.
Yo tenía la cara de la ardilla, que tenía cara de no comprender nada.
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Recé mi última y breve oración:
"¡Adiós Mundo!"

Y esperé el topetazo, el castañazo definitivo que me devolvería de forma absoluta a los orígenes de la materia primigenia: el polvo.
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Pero, no.
Sentí agua.
Líquido elemento.
Colchón de espuma amortiguante.
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Fue tanta el agua caída, tantas las lágrimas con las que el cielo regó mi alma, que me desplomé sobre metro y medio de colchón acuoso.
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Esto me libró de una muerte anunciada.
Retrasmitida en directo por una curiosa ardilla reportera.
...


Hace muuuucho, muuuuucho tiempo, un muchacho empezó un laaaaargo viaje.

Todos y cada uno de los largos viajes que puedes hacer en tu vida, empiezan de la misma forma.

Con un primer paso.

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Atentamente: Driver per el seu germà

jueves, 2 de junio de 2011

EL TRATO





EL TRATO

Cuento esta historia por si a alguna pareja que quiera tener hijos, y no pueda, le pudiera servir de algo.

Actualmente la edad media de formar pareja se ha incrementado. El personal apura la edad reproductiva y el resultado es que si no tienes suerte, se te pasa el arroz y acabas paseando un caniche por la avenida.

Me puse a intentar tener familia con 30 tacos. No lo conseguía. Durante tres años fuimos a un médico alemán que nos hizo perder el tiempo. Primer golpe.
Me mosqueo y me informo de quien es el “nomber guan” en España.
Doctor Jose Luis Caballero en los madriles.

Vamos a su consulta con un expediente médico de 30 folios.
Los pongo encima de su mesa, y lo primero que hace es tirar el expediente a la papelera y decir: “El pasado no me interesa; comencemos de cero”.

Durante siete años nos sometimos a decenas de pruebas, experimentos, inseminaciones, microinyecciones y demás técnicas de última generación. Resultado: cero patatero.

El tío es la bomba, todos los años se iba dos meses a los EEUU para reciclarse y ponerse las pilas profesionalmente. Tuve la suerte de que la persona a la que más pasta le he pagado en mi vida, ha sido el tío más honrado que he conocido.

Un día, tras el enésimo golpe (los embriones se perdían, los embarazos se interrumpían de forma natural, la hipoteca no aguantaba más ampliaciones para financiar el costosísimo tratamiento, la fortaleza psicológica se derrumbaba), me fui a rezar a la iglesia. Le pedí ayuda al JEFE he hice un trato con EL.
“Socio, ayudémonos mutuamente, y que sea lo que tú quieras”.

En aquella época estaba muy nervioso y pasaron dos cosas que marcaron mi vida.
La primera fue que un día estaba leyendo el periódico en un parque, y ví como un padre le pegaba un tortazo del catorce a su hijo de cuatro años por una chorrada. Así que me levanté (soy normalmente muy pacífico), atravesé el parque a la carrera y me tomé la justicia por mi mano; agarré al padre por el cuello y le di un poco de su propia medicina mientras le gritaba “eso no se hace capullo”. Luego tuve algunos problemillas legales. Pero miraba al cielo y no observé ninguna señal reprobatoria por parte de mi JEFE. Moralmente no tuve problemas.

La segunda cosa que me pasó fue que el médico que nos trataba, tiró la toalla. Le echó güevos y fue honrado. Tras haberle pagado muchos millones de las antiguas pesetas, se confesó: “Soy el número uno de España, pero estoy jodido porque si el porcentaje medio de embarazos con final feliz con estos tratamientos es de 16%, yo siendo la leche sólo consigo el 17.50%; aquí el que manda en esto de la vida es el JEFE”.

Oí la voz de mi JEFE, lo juro por mis muertos más frescos, que me decía: “Driver se generoso, no atranques, se generoso”.

Le dije a Jose Luis Caballero que me trajera mi expediente. Sesenta folios. Me puse de pie, los rompí con rabía y tiré los pedazos a la papelera.

“Jose Luis: empecemos de cero patatero. Tienes mi confianza”.

Y el muchacho se picó y volvió a empezar de cero.
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Por seguir las instrucciones de mi JEFE, empecé en paralelo al tratamiento de inseminación in vitro, un expediente de adopción.

Tras mil golpes, mil oraciones y algunos actos de generosidad y fe, aquella partida de póker vital acabó materializándose en el límite de la edad donde se te pasa el arroz, apenas semanas antes de volar a China a por dos niñas, en un embarazo feliz que ahora es mi hija mayor.

Así que esa es mi historia. Espero que le sirva a alguien.

A mí me sirvió para aprender a rezar la oración que resume mi vida.
Todas y cada una de las mañanas que Dios me ha regalado, alzo mi mirada a las nubes y rezo la oración que aprendí a base de golpes. Sencilla pero real:

“Gracias JEFE, te debo una”.

Cada día intento hacer algo por devolverle el favor.
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Un trato es un trato.


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