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martes, 28 de febrero de 2012

SE DICE...

Se dice que el amor todo lo cura.
Que si la vida fuera un tren, el amor sería la locomotora que todo lo empuja.

Pero..., a veces, una ayudita viene bien.
A veces, es preferible una caricia en el alma.
Un regalo inesperado.
O una simple canción.





Se dice que ciertos mensajes han de ser escuchados en determinados idiomas.
Y que ciertas melodías sólo admiten un instrumento concreto.

Y que nunca nos olvidamos del amor más intenso.

Y que las heridas del amor jamás cicatrizan del todo.

Algunos, incluso, afirman que el amor es tan sólo una reacción química en un mundo físico.

Y que una desgracia se cura con amor, igual que algunas enfermedades del alma.

...

Se dicen tantas cosas...
Se sienten tantas emociones...

Que no hay manera de ordenarlas.
Tal vez, porque han de estar sueltas, alrededor de tí.

Como los ángeles custodios, que sin verlos, prefieres que existan.
Como la esperanza, que sin tenerla, prefieres sentirla.

Como el amor, que te da la vida y te la quita.
Mientras que alguien, rasga una guitarra y susurra una emoción eterna.

A contratiempo.
Siempre a contratiempo.

Cuando menos lo esperas.
Vuelve a aparecer.

Como un ladrón, a traición.

Robándote el trozo de alma del que pendes, sobre los acantilados marinos.


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sábado, 25 de febrero de 2012

LA MONTAÑA MAGICA ( 5 y fin )


Mi abuelo se despertó, fue al armario de la entrada y cogió dos impermeables.
Me dijo que me pusiera uno, y luego añadió:
"¡Sígueme, chico, nos vamos a la montaña!"

Mi madre nos gritó desde la cocina:
"¡Ni se os ocurra salir con este tiempo!"

Y mi abuelo le respondió a gritos:
"¡No te oímos con la tormenta!"

...
Llovía a cántaros.
Una lluvia potente, que todo lo mojaba.

Mi abuelo me agarró de la mano y tiró de mí, monte arriba.

Andaba, narraba y tiraba de mí, todo a la vez.
...

"El gran chamán de los Aparajoes aconsejaba a los indios a los que les dolía el alma.
Debéis encontrar vuestra montaña, subir solos a ella y pasar allí una luna.
Cuando bajéis de ella, debéis de estar agradecidos con vuestros Dioses y seguir trabajando".

Nos encaminamos a través de un bosque hacia la loma de la montaña.
Hacía frío, y los pies empezaron a dolerme.
Las rocas graníticas se adueñaron del paisaje, dejando entrever a la naturaleza en toda su digna crudeza.
Cuesta arriba, con frío, y bajo una lluvia bastante molesta.

"Mira nieto. Tus padres nunca te lo van a enseñar. Para eso estoy yo.
Esta vida es injusta, impredecible y cruel.
Todos y cada uno de los días que vivas, van a estar repletos de dificultades, malosentendidos, abusos y situaciones absurdas; y para enfrentarte a eso más vale que sólo cuentes contigo mismo.

Te enamorarás, tendrás amigos y dormirás bajo un tejado, en una casa caliente.
Pero cuando tu alma gima ante la injusticia que te rodea, debes organizarte de alguna manera.
Así que llegado el momento, te hará falta ayuda.
Lo más seguro es que yo no pueda estar a tu lado.
Te las tendrás que componer tú solito, colega".

Ni impermeable, ni botas, ni nada de nada, monada.
La lluvia y el viento se habían aliado para que nos mojáramos hasta los huesos.
El ritmo avivado de nuestra ascensión, nos calentaba los músculos doloridos.
El abuelo prosiguió:

"Los Apaparajoes hacían caso al chamán, y en algún momento de su vida se encaminaban solos a la montaña mágica.
Allí pernoctaban durante una luna, construyéndose un refugio con piedra.
Para comer tenían que cazar lo que fuese, pues ni árboles, ni frutos hay en estos parajes.
Todos y cada uno de los alimentos tenían que ser cazados con grandes esfuerzos.
Por la noche hablaban solos con ellos mismos, pues ningún ser humano tenían a su alrededor.
Y si tenían algún rato libre para hablar con sus divinidades, lo hacían de forma breve.

Lo curioso del caso es que conforme avanzaban los días, se sentían mejor consigo mismos, pues la profunda soledad en la que vivían durante su retiro en la montaña, les ayudaba a comprender la naturaleza de la existencia y la presencia del mejor amigo que nunca habían soñado tener.

Ellos mismos."
...

El abuelo y yo llegamos a la cumbre de la colina.
Desde allí se divisaban varias montañas nevadas.
En las alturas, un Dios nada fácil de ver, se escondía entre las nubes grises de un día de tormenta.
En el valle, unos caseríos daban refugio a unos seres humanos, egoístas y crueles.
Y mi abuelo, un ser al que idolatraba, me acababa de contar una historia que me serviría para el resto de mis días.

Allí arriba, en compañía de mi abuelo, fue el día que más cerca estuve.

Que más cerca estuve de la verdad.

...

"Bajemos, abuelo.
Ya verás cuando nos vea entrar mamá.
Nos va a caer las de Caín".

Y entonces agarré fuertemente su mano.
La del chamán de los Apaparajoes.

El hechicero que se inventó una medicina para cuando el alma duele.

Mojándonos, bajo una lluvia de mil diablos.

...





Atentamente para la dama boba.
Para que sepa, que sí sé lo que quiere decir, cuando dice lo que dice.
La muy condenada.

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viernes, 24 de febrero de 2012

LA MONTAÑA MAGICA ( 4 )

Mi abuelo interrumpió su narración:

"Voy a descansar un poco".

Se sentó en el sillón de orejas, el que estaba junto a la chimenea.
Cerró los ojos, como haciendo esfuerzos para recordar.
Y se quedó traspuesto.

Yo le acaricié la mano.

Y me quedé en silencio, observando sus manos de gigante.

Me dio por pensar que con aquellas manazas había hecho muchas más cosas que yo.
Cortar leña.
Dar de comer a mi padre.
Abrir cartas.
Darle un tortazo a aquel señor que se metió con la abuela.
Preparar tortillas de patatas.
Plantar claveles.
Escribir cartas.

Y yo ahora, acariciaba esas manos.


Mientras que él se echaba una siestecita.

Aunque oficialmente, entre nosotros, estaba recordando.

...

Al cabo de un rato, me dio por pensar que estaba acariciando la mano de un indio Aparapajoe.

Y que aquella mano cazaba búfalos.
Agarraba las crines de los caballos.
Manejaba el arco y la flecha.
Enamoraba a las indias en las cascadas azules.
Preparaba la carne de búfalo con romero.
Bailaba por las noches alrededor de la hoguera.

Y..., buscaría una solución al dolor del alma.

...

Miré el fuego, mientras que mi abuelo recordaba.

Fuera, empezaba caer una fina lluvia.

¡Plis!, ¡plosh!, ¡plis!, ¡plosh!

...

(continuará)

jueves, 23 de febrero de 2012

LA MONTAÑA MAGICA ( 3 )


Nuestro abuelo continuó con su narración:

" Esta leyenda la trajo a nuestra tierra un marinero de los tiempos de Colón.
Cuando los europeos llegaron a América, se encontraron con tribus muy antiguas que habían perfeccionado el arte de la vida.
Una de estas tribus eran los mayas, unos señores bastante cultos que vivían en la zona de México.
Sabían bastante sobre estrellas, constelaciones y movimientos celestes.
Se ha comprobado que eran capaces de efectuar operaciones complicadas en el cuerpo humano.
Y sobre todo avanzaron en su dominio de la escritura, un instrumento complejo y potente.
Los mayas formaron una civilización muy vigorosa y sana.
Sobre el año mil cien, un grupo de mayas se aventuró en los territorios del norte, más allá del Río Grande.
Eran los aparajoes, unos señores bastante inquietos, pues habían elegido libremente una vida transhumante.


Les gustaba el movimiento, cambiar de paraje, conocer nuevas llanuras.


Su ciclo anual se parecía bastante al de las manadas de bisontes, pues la base de su alimentación era la carne de dicho animal.
En invierno, las inmensas praderas de las tierras bajas.
En verano, los frescos horizontes de las tierras altas.


Los aparajoes vivían en grupos de unos doscientos seres humanos.
Se organizaban bastante bien, sin demasiados problemas.
Los caballos constituían su medio de transporte.




Solían enamorarse en alguna de las cascadas azules que el Río Sándalo les regalaba al tropezarse con los riscos.





Sus tiendas tenían forma cónica, con una salida para el humo en todo lo alto.
Todo el mundo trabajaba y vivían en armonía con la naturaleza.
Eran unos seres vivos bastante adaptados a su medio, no constituyendo ninguna amenaza seria para las demás especies.
Nunca cazaban más de los que necesitaban, respetando siempre a las crías de bisonte.
Tenían bastante claro el concepto de orden natural.
...
Socialmente constituían una sola clase, exceptuando al chamán, que era el brujo que les ponía en contacto con sus divinidades, les proporcionaba sueños y conseguía que se comunicaran con sus antepasados; eso sí, ayudados por considerables cantidades de sustancia opiáceas.


Físicamente eran muy sanos, pues además de andar una media de quince kilómetros al día a lo largo de su vida, comían bastante sano y de forma equilibrada.


Eran aguerridos, pues siempre defendieron su territorio de caza y sus poblados.




También tenían un puntito de cachondeo, pues un par de veces a la semana solían hacer un fuego comunal, bailar de forma distendida y dejarse llevar.


En cuanto a la educación y el aprendizaje, no había excesivos problemas, pues el grupo tenía muchos comportamientos comunales, y las tareas más complicadas se solían interiorizar como obligaciones de la tribu. Esto facilitaba el trabajo.


El chamán era un hombre sabio, justo y trabajador. Así que si alguien tenía un problema realmente serio, siempre tenía una persona que se había ganado la autoridad del grupo, y que le iba a ayudar.


...
Pero los aparajoes, igual que los esquimales, los habitantes del desierto del Sahara, los pescadores del Mar Mediterráneo y los cosacos rusos, tenían un alma.


Y tener alma, complica a veces la vida. Chico.








El chamán de nuestra historia se encontró con un problema.
A los aparajoes, en algún momento de su vida, independientemente de ser hombres o mujeres, jóvenes, adultos o ancianos, en algún momento de su vida les dolía el alma.


Era como si  las personas, por el hecho de serlo, estuvieran condenadas a cansarse.
A aburrirse de todo lo que les rodeaba.
A desmotivarse, no creerse ninguna historia.
Estar casi todo el tiempo cabreados.
Rebotados.
Afligidos.
Indignados.


Vamos, que hasta a los aparajoes se hartan de la historia ésta de la existencia.
Que si el amor, que si la suerte, que si los bisontes, que si la cascada del Río Bravo, que si quítame de allí esas pajas, que si qué carajo hago yo aquí con estos pelos.


Así que el chamán se encendió una pipa de la paz, y se pegó una sesión de fumeteo, que para qué las prisas.
Y luego cenó un filete de bisonte a la brasa, aliñado con romero.
Más tarde dió un paseo hasta el río, más que nada porque no quería que nadie le viera.


Que nadie viera que él, el gran chamán, el hombre sabio, justo y trabajador; el ejemplo de toda la tribu, en realidad...


En realidad no sabía cómo curar el dolor de alma.


Por muchas pipas de opiáceos que se metiera entre pecho y espalda".




...

(continuará)
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LA MONTAÑA MAGICA ( 2 ).


Empiezo a recordar.
...
Lo primero, lo bien que me lo pasaba dándole cocorotazos a mi hermano Tomae.
¡Qué divertido era!
Cuantos más cocorotazos le daba, mejor me lo pasaba.
¡Toma!, ¡toma!, ¡dale!, ¡dale!

Era una forma como otra de relacionarse. Yo le daba golpes en la cabeza y él me devolvía certeros puntapiés en mi pantorrilla.
Nunca nos lo hemos reprochado, ni soy consciente de que nos causara ningún trauma.
¿Inexplicable? Ni idea.
Sencillamente nos zurrábamos de forma natural.
...
Aquella regla de convivencia tenía una excepción.
Cuando nuestro abuelo nos contaba historias, mateníamos una tregua por motivos de puro interés.
Sus historias eran buenas, las contaba despacio y siempre, siempre, aprendías algo interesante.

Un día  nuestra madre, desesperada por la cantidad de sangre que nos habíamos hecho esa tarde, gritó con el rostro completamente desencajado:

" ¡Abuelo, haga algo para que estas criaturas no se maten, por Dios!"


Y esa fue la tarde en la que el abuelo nos explicó que hay historias que se transmiten de palabra, de abuelos a nietos, saltándose por la cara a toda una generación.
La tarde que nos habló de un tal Señor Moisés, que se subió a una montaña y bajo con unas tablas.
Y también de un tal Señor Jesús, que se fue a un monte lleno de olivos para encararse con su mismísimo Padre.
Y también la historia de un inglés que subió por primera vez a la montaña más alta del mundo mundial.

No sé; ésas son las historias que nos contó nuestro abuelo para impedir que nos matáramos esa tarde.
Mi hermano Tomae y yo.
 Que éramos tan bestias que sólo se nos podía calmar con una buena historia.

Y entonces, después de tomarnos una merienda de pan con chocolate, mi abuelo miró a un lado y a otro para asegurarse que nadie nos oyera, y empezó a narrar:

"Hoy os voy a contar uno de los secretos mejor guardados que tengo.
 Se trata de la leyenda de la montaña mágica.
 Para que veáis lo secreta que es, os debo de advertir que nunca se la conté a vuestros padres, pues es obligado saltarse una generación.
 Así que escucharme bien, y nunca le contéis esta historia a vuestros hijos.
Sólo se la podréis contar a vuestros nietos, pues siempre, siempre, hay que saltarse tooooooda una generación".

Y ya no hubo más cocorotazos entre mi hermano y yo.

A partir de ese día, no hubo ni un cocoratazo más entre ambos.
Aunque..., algunos días me entran las ganas.
...

(continuará)

martes, 21 de febrero de 2012

LA MONTAÑA MAGICA. (1)


Cuenta la leyenda que cada persona tiene una montaña propia, en algún lugar.

Puedes pasarte toda la vida para encontrar la tuya.  No es tarea fácil.
Parece ser que cuando la ves, se apodera de tí una suerte de convencimiento que te hace sentir que ésa es tu montaña. Sin ningún motivo, pero con mucha fuerza, sabes que es la tuya.

La leyenda es muy antigua, y viene a decir que es muy importante que asciendas a tu montaña antes de morir. Y según parece, la ascensión debe hacerse en solitario.

Así es como funciona. La ves, sabes que es la tuya y luego debes ascender solo.
Antes de morir debes ascender, al menos una vez.

...

Cuenta la leyenda que cada persona tiene una montaña propia, en algún lugar.


Tengo que recordar cómo sigue la leyenda.
Necesito recordar.

...

(continuará)

domingo, 19 de febrero de 2012

INOCENCIA BLANCA




 Estoy embarcado en el mercante “Nuestra Señora de los hielos”.

La razón por la que me han dejado embarcar ha sido que necesitaban un “ayudante de cabestrante” para el helicóptero.



Los dos últimos que habían contratado habían dimitido por crisis de estrés.

Este buque abastece regularmente la Base Marambio y a la Base Esperanza.

Como a veces la mar está brava, el buque no puede acercarse a la costa y entonces el capitán dice lo de “echad el ancla y que salga el helicóptero”.

Cuando hace mucho viento – es decir, todos los días-, es mejor bajar la mercancía con la grúa o cabestrante que tiene el helicóptero.

Y allí estoy yo, cable arriba, cable abajo. Fardo de comida arriba, fardo de comida abajo.

El helicóptero, que es un viejo artefacto ruso, tiene mucha potencia pero de estabilidad anda un poco flojo.

La tripulación de la aeronave se suele beber una botella de vodka antes de cada maniobra, telefonean a su familia, se despiden y firman su testamento.



Yo como no tengo familia ni propiedades, me conformo con lo del vodka.

Esta mañana hemos volado sobre el Océano Glaciar Antártico.

Hacía un viento del carajo. Unos veinte nudos.

Esta máquina vibra como una vieja locomotora de vapor.

La trayectoria indefinida que hemos trazado desde el buque hasta tierra, parecía guiada por la mano de un piloto borracho de vodka. Esto es así porque el piloto se había bebido media botella antes de despegar del buque.

El resto de la tripulación gritaba enfurecida por el miedo y por los continuos vaivenes de la aeronave.

El piloto se ha dirigido a mí y me ha gritado:”Driver, suelta los fardos y huyamos de aquí a toda velocidad.”



He manejado el cabestrante como Dios me ha dado a entender, intentando no aplastar a ninguno de los científicos que estaban en tierra, agitando unas pañoletas rojas.

No estoy muy seguro de no haber aplastado a alguno.

Y de pronto, cuando el piloto ha emprendido la huida, lo he visto.

Una inmensa manada de ballenas grises.

Emergían de las profundidades para respirar.

La bestia más grande que Dios nos ha regalado.

Sus bufidos eran tan potentes como los chorros de agua que sueltan cuando emergen.

Y en medio de la manada, un pequeño ballenato blanco. Iba pegado a su gran mamita.

Un ballenato blanco. Que, visto desde 800 pies de altura, subido en un viejo helicóptero ruso, rodeado de una tripulación borracha y alterada por el miedo…




Me ha parecido la viva imagen de la inocencia.

Una blanca inocencia, nadando cerca de las latitudes polares.

Donde los mapas se acaban.

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domingo, 12 de febrero de 2012

EL CAPITÁN.


EL CAPITAN




Había navegado por los mares del sur y entre las grandes olas del norte.

Atravesar el ecuador, simple rutina.

El Trópico de Cáncer, cuatro veces por año.

El Océano Glaciar Ártico, un paseo dominical.



La quilla de su velero cortaba el mar de Alborán.



Madagascar, una mancha verde a sotavento.

Cabo de Hornos, un día de lluvia.

El Bósforo, una cerilla encendida en la noche.



Para orientarse, con las estrellas basta y sobra.

El anemómetro, el batir de sus cabellos al viento.

La latitud, una sombra sexagesimal.

La longitud, una triangulación con un reloj en la mano.



Había dado varias veces la vuelta al Mundo.

Una veces embarcado y otras en tierra virgen.

...

Era un Capitán de la Marina.

Por eso sus pies se mantenían firmes en la cubierta.

Agarrados como lapas.

Su mirada escrutaba el viento y las olas.



Sabía perfectamente, que en la mar el camino más corto a las estrellas, nunca es la línea recta.

Que la línea del horizonte se curva.

Que la luz se refracta.

Y que aquel olor a salitre, respirado al aire libre, era el perfume de las sirenas.

...

Por eso, cuando se tenía que despedir de algún miembro de la tripulación, no sentía dolor.

Sabía que entre la mar y las estrellas, siempre queda una emoción.

La de haber navegado junto a la gente querida.

Y eso, al Capitán, no se lo podía quitar nadie.



Porque su tripulación era parte de su propio rumbo.

Navegando entre las olas y las estrellas.

Hacia poniente.

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jueves, 9 de febrero de 2012

PREGUNTAS IMPOSIBLES




Dime Señor, ¿qué será de mí?

¿Qué destino me tienes deparado, soltero o casado?
¿Conseguiré que ella me ame, en el frío o en la lumbre?
¿Lograré terminar este nuevo proyecto entero, aquel que empiezo cada año, entre octubre y febrero?
¿Acaso me esperan días imposibles de enderezar, ni con barras de acero del mar?
¿Dónde acabará mi hacienda, en la nada o en una cascada?
¿Seré capaz de ayudar a mi hermano, a ese obstinado, condenado?
¿Dónde saciaré mi sed, tal vez atrapado en una red?
¿De dónde sacaré las fuerzas, de las garras o de las zarzas?
¿Cómo acabaré mi camino, cuerdo o harto de vino?
¿Podré salvarte la vida, o llamaremos al Rey Midas?

Son tantas las preguntas,
la mayoría imposibles,
no me digas las respuestas,
prefiero que me las silbes.

Me gusta tanto tu voz,
es clara, nítida y sentida,
no se puede interpretar,
suena bien,
sabes a sal.

No me importa tu opinión,
ni tu falta de cultura,

tan sólo me fijo en tí,
porque al mirarte siento,
la falta de tu cordura.

Y ¿sabes lo que te digo?
que las palabras se yuxtaponen,
se entrecruzan y tropiezan,
se dan hasta empujones.

Para al final decir: "Sí, quiero",
sin saber a quién lo digo,
 que cuando lo hago,
estoy mirando hacia el cielo,
con mi cara de mendigo.

Si descubres cual es el ritmo,
y no le buscas sentido,
tú podrás fácil saber,
si con letras hoy has mentido.

Pero los pulsos no yerran,
es tu cuerpo el que expresa,
 la vida estás viviendo,
desde los pies...
hasta tu propia cabeza.
...

Dime Señor, ¿qué será de mí?

¿Tendré flores en mi jardín?

¿Acaso se me han helado?

¿Somos libres?
¿Quién nos ha condenado?

.


.
Atentamente: Driver para su hermana Ana,
                     la que le carda la lana,
                     aquella a la que ama.

                     La pediatra estupenda,
                     que mejora,
                     aquello que a mí me sana.

                     La que salvó a un niño,
                     conduciendo una ambulancia,
                     recién salida de cuentas,
                     saltándo sobre...
                     tres o cuatro sinvergüenzas.

                     Que llevándolo a la Fe,
                     lo trajo de nuevo al mundo,
                     pudiendo vivir,
                     de nuevo como un bebé.

                     Eso sí se saltó,
                     varios reglamentos escritos,
                     teniendo que soportar,
                     multas, sanciones y gritos.

                     Pero yo sé que eso fue,
                     lo mejor que pudo hacer,
                     para con muy buena fe,
                     mandar por fin a cagar,
                     a la Seguridad Social.

PD: Mi hermana es pediatra.
       Es la chica que va en la ambulancia cuando hay que llevarse a un niño a una unidad de quemados, en la Fe de Valencia.     
      Es la que le coge la mano, mientras que su familia se hace preguntas imposibles.
     
Yo creo que Dios la trajo a este mundo, para ser un ángel de la guarda.
O mejor dicho, un ángel de las guardias.

.


                   
            
"La que le coge la mano".

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martes, 7 de febrero de 2012

LA GLORIA.

Tendría que empezar diciendo que no soy un intelectual. Soy un simple camionero.

Conduzco mucho, y poco más.

La cabina de mi Volvo es mi mundo mundial.



Resulta que le prometí a Toi un relato sobre la gloria, donde se podría hablar de los ideales que no mueren con los hombres (Irene), que dijera algo de los poemas épicos clásicos (A. Baricco), de la belleza en medio de la fealdad (Toi), de los temas vitales y cruciales (Toi), de que en medio de las guerras, las desigualdades, la destrucción ¿dónde queda la gloria, la dignidad, el orgullo, la libertad? (Driver).






No tengo una gran formación. Así que no puedo desarrollar un ensayo. Eso sí, puedo regalaros un relato.



He prometido algo muy complejo. Le estoy dando vueltas a la estructura. Y lo único que se me ocurre es contaros algunas cosas que ocurrieron realmente. Tal vez la verdad se abra paso entre las palabras tecleadas. Y vosotros, tal vez, os las creais.











LA GLORIA.



Cuando tenía doce años, se rompió la cadena de mi bicicleta.
Fui al único taller de coches que había en mi pueblo, para que me la arreglaran.
Mientras el mecánico hacía su trabajo, me quedé absorto, curioseándolo todo: bujías, llaves inglesas, fresadoras, amoladoras.

En la parte posterior del taller, un descampado albergaba una montaña de chatarra. Coches, motocarros, camionetas.

Me quedé un rato mirando aquella montaña de acero. Era fea. El óxido y la mugre campaban a sus anchas. Y de pronto un destello. Junto a un pino piñonero, había un coche que llamó mi atención.

El Ferrari. Un italiano se había pegado un leñazo con su deportivo, el coche salió volando sobre la curva de la estación, y tras dar más de veinte vueltas de campana en el sembrado de D. Julián, quedó tendido sobre su costado izquierdo. Eternamente tendido.

Aquella imagen, por alguna razón, quedó para siempre grabada en mi cerebro. El montón de chatarra, el desorden, la destrucción, el tendido eterno, y sin embargo, conservaba algo del álito vital que, su diseñador, le había regalado. Tenía el sabor de la gloria.



...

Antes de ser camionero, me busqué la vida de diversas formas. El verano de 1988 trabajé en Mallorca, en un chiringuito de la playa de Alcudia, de camarero.

El viernes 14 de agosto libré, y como no tenía mucho que hacer, me fui a la playa a pasar el día.

Junto al chiringuito donde trabajaba, estaba el hotel Meliá Alcudia. Me tumbé en mi toalla y vi pasar el mundo mundial. En el hotel se hospedaba un grupo de alemanes, que en aquel momento estaban jugando al fútbol en la arena.

A las dos de la tarde, apareció un grupo de albañiles, inmigrantes en su mayoría, que vestidos con sus monos de trabajo, acababa de terminar de currar. Se quedaron en bañador, y se apoyaron en el murete de piedra del paseo.



Cuando ves al personal en bañador en la playa, desde lejos, es muy difícil distinguir si pertenecen al primer mundo o al mundo real.



Me limitaré a contar lo que pasó.
Abdhel El Mushain, hijo de Bramin y nieto de Mustafá, original de Tánger, se levantó por su cuenta, sin contar con nadie; se dirigió al grupo de alemanes y les retó a un partido de fútbol en la arena.

 Le siguió Carlitos, hijo de Carlos do Gama y nieto del mítico Carliños, originario de Rio de Janeiro; José Sánchez, de padre desconocido, nacido en Barbate; Victor Jastropech, hijo de los caminos de Europa, nacido en Budapest y Pepe, que nadie sabía de dónde era. En total cinco personas, todas con nombre y algunas con apellido. Peones de la Ferrovial en las obras del desvío.



Los alemanes pertenecían a un club deportivo, lo que se traducía en que contaban con una larga historia de entrenamientos, tácticas, preparación física y motivación nórdica.

Los peones, por no tener, no tenían ni número de la Seguridad Social. Eran la viva imagen de los desheredados, la chatarra humana del primer mundo. En teoría.


Abdhel El Mushain, hijo de Bramin y nieto de Mustafá, original de Tánger, capitaneba a los desheredados. Los alemanes les encasquetaron diez goles hasta las cuatro de la tarde. A esa hora se hizo un descanso de media hora.

Simplemente ocurría lo que siempre ocurre, ganan los guapos, pierden los feos, y la belleza y la gloria se van a tomar viento.

Los alemanes comieron yogures, bebidas isotónicas y tenían un masajista que relajó sus músculos.

Los desheredados un bocata de chopek.
...

Así que el destino me hizo intervenir. Me fui al chiringuito, me pillé seis birras de litro de la Cruzcampo, una para cada desheredado y otra para mí, barrita de mojama, tomatitos y cuatro latas de navajas.



La chatarra humana del primer mundo, incluyéndome entre ellos, nos lo tomamos todo.
Entonces , Abdhel El Mushain, hijo de Bramin y nieto de Mustafá, original de Tánger, miró pausadamente al cielo, vió que no había ni una nube , que caía un sol de justicia, que los alemanes comían a la sombra y que ellos comían al sol, y comprendió.

 No sé exactamente qué, pero tenía cara de haberlo comprendido.



Los alemanes juegan al fútbol, con la meticulosidad con la que fabrican coches. Son tan precisos, que a veces se les olvida lo más simple.
Lo más simple es que nunca se puede menospreciar la capacidad de lucha de un ser eterno.

Cascarás, te convertirás en polvo orgánico, nadie se acordará de ti. Pero si un día te miras al espejo y ves el brillo de la belleza reflejado en tu pupila, ese día sabrás que en ese brillo, y en el que reflejen las pupilas de tus descendientes, está condensado el sabor del orgullo.
El sonido del heroísmo. La esencia de la eternidad.



………………………………..



La Cruzcampo empezó a actuar, junto a la mojama y el sol. Las ideas futbolísticas de los peones se empezaron a desarrollar de forma ordenada. Diez, dos.
El sonido de Tánger se escuchaba a lo lejos mezclado con la bruma de las olas. Diez, cuatro.
El ritmo brasileño encontró su acomodo en una playa de Mallorca. Diez, seis.
La Semana Santa de Barbate aportó el latido de la tambores. Diez, ocho.
Pepe, el hombre del que nadie sabía de dónde era, encontró sus raíces en aquella playa, diez, diez.

Siete de la tarde. El partido empatado. Yo no sé si estaba un poco afectado por la cerveza, pero me parecía que aquella gente marcaba los goles de dos en dos.

Entonces ocurrió algo que nunca olvidaré en mi vida.

Me vino a la cabeza la imagen del Ferrari eternamente tendido. Aquella imagen que me perseguía desde los doce años. La mezcla de la destrucción, de lo cotidiano, de la desigualdad, encerrando en su estructura la belleza eterna. Aquella mezcla que me despertaba con preguntas muchas noches.



Conforme la imagen se me hacía nítida, Abdhel El Mushain, hijo de Bramin y nieto de Mustafá, original de Tánger, cogió la pelota, corrió la banda, se hizo varios autopases, y acabó sólo frente a la portería alemana, el guardameta mortalmente abatido.




Lo siguiente es muy difícil de describir con palabras. No encuentro las apropiadas. Pero tengo que decirlo.



Abdhel, cuando tenía en sus pies la oportunidad de ganar aquella batalla, cuando a los alemanes se les materializaba la peor de sus pesadillas, cuando yo estaba abriendo la octava Cruzcampo.
Abdhel hizo otra cosa.



En vez de marcar el gol de la victoria, hizo algo extraño. Cogió la pelota con ambas manos, se la puso encima de la cabeza, y se puso a caminar lentamente hacia la orilla.
Se metió en el mar y se bañó tranquilamente.

Se daba por satisfecho, no necesitaba más.

Y yo ví reflejada en sus pupilas la esencia de la belleza.

...
Cascarás, te convertirás en polvo orgánico, nadie se acordará de ti. Pero si un día te miras al espejo y ves el brillo de la belleza reflejado en tu pupila, ese día sabrás que en ese brillo, y en el que reflejen las pupilas de tus descendientes, está condensado el sabor del orgullo.

El sonido del heroísmo. La esencia de la eternidad.

...

Aquel africano, en la orilla de la playa, con el agua hasta las rodillas.

Sonreía.
















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Sonreía de forma misteriosa.




Atentamente: Driver.



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viernes, 3 de febrero de 2012

TAN SOLO TUS MANOS


Hace tiempo que me ocurre.
Ya no me fijo en lo que dices, pues las palabras se las acaba llevando el viento.
Tampoco me paro en tus razonamientos, tan llenos de razón para tí.
De vez en cuando leo lo que escribes, y me pierdo.
Y si usamos el teléfono, ni que decirte que no me entero.

Entonces, ¿cómo es que sé dónde reside tu alma?
¿De qué forma me entero de lo que sientes?
¿Por qué sé lo que piensas?
...

Hace tiempo que me ocurre.
Me fijo tan solo en tus manos.

Cuando le quitas los mocos al niño.
Y luego hablas de no se qué, agitando las palmas sobre el Planeta Tierra.

Haces cuentas del porvenir.
Y acabas contando los gastos con los dedos de tus manos.

Te empeñas en un objetivo difícil.
Y aprietas los puños con fuerza, como reafirmando tus frases.

Te observo, mientras preparas una lasaña.
Y distribuyes el queso, con la delicadeza de tu mano derecha.

Al cruzar la calle, agarras a tu hijo de la mano.
Siendo la tuya una brújula en el Océano.
Un sextante en el Cabo de Hornos.

También te he visto bailar.
Zigzageando con tus manos unas trayectorias tribales, las que delimitan tu irracional ritmo.

Y agarrarle las manos a tus padres.
Como quien se aferra a una cadena de barco, frente al oleaje.

Y pasar las páginas de un libro con ellas.
Trasladando del papel a la mente un pensamiento oportuno.

...
Ya no te pregunto si estás triste o alegre.
Si tienes frío o calor.

Hace tiempo que me ocurre.
Me fijo tan solo en tus manos.

Por eso, cuando te paras las beso.
Sé que ellas, siempre me muestran la verdad de tí.

...

Desnudas e impredecibles.

Como una amante juguetona, que sueña con la verdad.

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jueves, 2 de febrero de 2012

EL AMANTE PERFECTO.






Cuando tenía quince años, vivía en la playa.
Tenía un perro que se llamaba Sambo.

Sin raza definida, callejero.

Cada mañana íbamos juntos a correr por las playas y los acantilados.

Nos gustaba mucho.

Ver amanecer, observar a las gaviotas, bañarnos, saltar las olas, hacer castillos de arena.
.…………

Conforme la mañana avanza, el Sol eleva su intensidad e ilumina nítidamente cada rincón de la Creación.


Aprendimos juntos, que los pinos huelen fuerte a sotavento, que los pájaros madrugan, que a los peces les gusta la mañana, los cangrejos se refugian del oleaje, la arena moldea el litoral y los penachos de las olas anticipan el sentir de la mar.

Sambo me enseñó algunas cosas.
Su instinto animal era potente y natural.

Si picaba mucho el Sol, era el primero en encontrar una sombra.
Si el cuerpo le pedía carrera, localizaba una explanada de terreno arcilloso, donde trotábamos libres.
Si olía a una perra, me miraba con ojos de circunstancia y se despedía por un par de días.
Si le dolía la tripa, encontraba hierba verde, se la comía y se purgaba.

Pero lo mejor fue lo de los pájaros pequeños.

Cuando la Bola Amarilla se eleva una cuarta, aparece una especie de gorrión que volaba en paralelo a las olas, muy bajo, rozando con sus alas las crestas del oleaje.

Vuelos acrobáticos de primera.
Sambo esperaba en la orilla.

Pasaba un pájaro y se ponía a perseguirlo con febril empeño.
Para vivir su aventura, precisaba de toda su concentración.
Salía lanzado, y con la habilidad natural de su condición canina, acompasaba su correr por tierra, mar y aire.

Le vi nadar detrás de los pájaros.
Correr a ritmo endiablado.
Incluso dos o tres veces le recuerdo volando por los aires tras chocar con las olas.


El ser vivo más feliz que he conocido.
Su alegría se basaba en algo muy simple.





Era un perfecto amante.





Un amante de la Libertad.



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miércoles, 1 de febrero de 2012

DECIR AMIGO

Decir amigo


es decir juegos,

escuela, calle y niñez.

Gorriones presos

de un mismo viento

tras un olor de mujer.



Decir amigo

es decir vino,

guitarra, trago y canción

furcias y broncas.

Y en Los Tres Pinos

una novia pa' los dos.



Decir amigo

me trae del barrio

luz de domingo

y deja en los labios

gusto a mistela

y a natillas con canela.



Decir amigo

es decir aula,

laboratorio y bedel.

Billar y cine.

Siesta en Las Ramblas

y alemanas al clavel.



Decir amigo

es decir tienda,

botas, charnaque y fusil.

Y los domingos,

a pelear hembras

entre Salou y Cambrils.



Decir amigo

no se hace extraño

cuando se tiene

sed de veinte años

y pocas "pelas".

Y el alma sin mediasuelas.



Decir amigo

es decir lejos

y antes fue decir adiós.

Y ayer y siempre

lo tuyo nuestro

y lo mío de los dos.



Decir amigo

se me figura que

decir amigo

es decir ternura.

Dios y mi canto

saben a quien nombro tanto.

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Te acabo de llamar.
Después de casi año y medio has logrado salir del hospital.
En una silla de ruedas, pero has salido.
Ahora vives en Alicante, con tu novia que te cuida.
He apuntado tu nueva dirección para ir a verte.
Y contarte las historias de los viajes en camión que nos quedan por hacer juntos.
Y ver la Aurora Boreal.
Y reírnos de cuando me robaste una novia con 16 años.
Y de cuando nos dejaron las tres novias siguientes.
Y de las veces que nos hemos arruinado.
Y de las veces que con dos duros en el bolsillo, comprábamos pipas y nos sentábamos en un banco a comérnoslas.
Y de cuando nos fuimos de camping,  y nos escapamos con dos alemanas.
Y de cuando nos cateaban en los Maristas.
Y de cuando llamaron a los bomberos los vecinos, en un baile que hicimos en tu casa.
Y de cuando nos escapamos a Madrid a ver un concierto de Supertramp.
Y de cuando enamorábamos a las chicas de Elche, y nos colábamos en el tren para ir a verlas.
Y de cuando nos pegamos el castañazo en el coche de tu padre.
Y de cuando aprendimos a navegar en el barco de Eduardo.
Y de las veces que recorrimos la costa galopando un Vespino.
Y de cuando nos apuntamos en la Cofradía para sacar al Cristo.
Y de todos los caramelos que hemos regalado a los niños en la Procesión del Viernes Santo.
Y de todas las canciones que hemos escuchado juntos.
Los bailes que nos hemos pegado.
Los labios que hemos besado.
Las poesías que hemos escrito.
Las veces que nos hemos enamorado (incluso de la misma).
Las madres de amigas que nos han abierto la puerta de su casa.
Los padres de amigas, que nos las han cerrado.
Los cuentos que hemos regalado.
Las veces que nos hemos peleado.
Las otras veces que nos hemos perdonado.
Las cervezas que nos hemos tomado.
Las noches que nos hemos bañado en el Mediteráneo.
El dinero que hemos malgastado.
Las veces que las hemos invitado a merendar, y luego ni un besito.
Las partidas de billar donde nos hemos jugado el dinero que no teníamos.
Las trampas que hemos hecho al póker.
Las tonterías que me has aguantado.
Y las estupideces que yo te aguanté.

Y las veces que hemos visto amanecer.

Y de la jodida mala suerte.
Sobre todo pienso reirme contigo de la jodida mala suerte.

Porque juntos, podemos hacerlo.
Como siempre, sabremos hacerlo.

Tenemos mucha experiencia, amigo.

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