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jueves, 26 de abril de 2012

ALASKA







ALASKA

Conocí a Driver el verano del lejano año de Nuestro Señor, mil novecientos setenta y cinco.

Por aquel entonces la sociedad española estaba convulsionada, muy convulsionada.
Al general Franco le quedaban dos telediarios, la democracia era un sueño próximo y lejano a la vez, no existían móviles, ni Internet, en la radio se oían a los Bee Gees, el sonido de Filadelfia era un chorro de aire fresco, en las discotecas ponían lentas y los adolescentes nos agarrábamos a Marta, prima de Manolo, que todo el mundo quería bailar con Marta; en todas las capitales de provincia había una librería maldita donde si te conocían te vendían libros prohibidos; los toros y el fútbol eran las dos principales manifestaciones de la cultura popular, las ideas progresistas eran ideas para que se progresara, nadie quería hacer el servicio militar, y Marta, la prima de Manolo, se quitó un domingo la parte de arriba del biquini, y se bañó en Alicante en tetas, con un par.


Mis padres me habían mandado a pasar el verano en un campamento de los Scout en Cádiz.
Aquello fue un descontrol, pues por aquel entonces los monitores gaditanos de los Scout que yo conocí, estaban más interesados en la partida de ajedrez político que se estaba jugando en España, que en los menesteres propios de un campamento de verano.

Driver era un adolescente con cabeza renacentista. Si te fijas en las fotos de la época, su prominente melón madrileño dibujaba las proporciones clásicas que ilustran los estudios anatómicos de los apuntes de Leonardo da Vinci.

Aquello me llamó la atención, y me apeteció conocerle. El primer día ya me metió una paliza sobre la teoría de la belleza. A día de hoy sigue con la misma murga. Creo que este muchacho tiene para rato con el tema. El día que venga alguien y se lo resuelva para siempre, flaco favor le va a hacer. Necesita tener ese tema sin resolver. Esa teoría es gasolina, su gasolina.

Driver y yo nos hicimos socios. Esto es un grado de amistad que traspasa el concepto de tiempo. Me explico. Un amigo está bien para las juergas, las confesiones, compartir el día a día, irse de cañas, ligarse a Marta (¡No logro quitármela de mi mente!, ¡lo que son los mitos!), y para muchas cosas más…

Pero un socio es otra cosa. Un socio/a es un ser humano en el que confías de por vida, por el que eres capaz de mentir en un juicio, sacar pasta del cajero y regalársela porque la necesita sin esperar que te la devuelva, un socio es aquella persona que cuando se meten con su hermana pequeña se te olvida sumar y te lías a tortas contra cinco, cuando tu socio y tú sólo sois dos.

Un socio es aquel con el que te escapas de un campamento de verano, te embarcas en un carguero canadiense, cruzas la mar oceana y acabas en Alaska viendo la aurora boreal.

Luego pasas treinta y dos años sin verle. Y el día que lo vuelves a ver, sigues la misma conversación que quedó interrumpida, y la sigues en el mismo punto, y con la misma alma. Un alma de dieciocho años.
...

La cosa fue así.



En el campamento había un bareto. Y en el bareto un póster de la Aurora Boreal. Allí se desarrollaban las tertulias después de la comida. Los monitores, que eran mayores que nosotros, hablaban de partidos de izquierdas y de derechas, de ideas, de progreso.

Un día Driver se quedó mirando el póster, muy fijamente.

“Es bonita. Me gustaría verla”

“Pues vamos”. Le contesté.

Cuando en España el torbellino político era un cocido a medio hervir, cuando los jóvenes navegaban por un río de izquierdas por la mañana, y coqueteaban con la democracia cristiana por la tarde; Driver y yo hicimos una elección que marcaría nuestras vidas.


Elegimos la búsqueda de la belleza.


Para evitar que nuestros padres se dieran cuenta, escribimos 10 cartas, con fecha de diez domingos consecutivos; Manolo el del bareto se encargaría de enviarlas puntualmente cada semana.

“Querida mamá: este campamento es estupendo……”

“Mi Señor padre: esta semana aprendimos a tirarnos por la tirolina…”



La segunda dificultad que hubo que salvar, fue la de atravesar el Atlántico.

Para solventar esta empresa nos fuimos en autobús a Cádiz, localizamos un carguero canadiense, nos enrolamos como ayudantes de cocina, y doce días más tarde desembarcamos en América.

Cruzar el Atlántico con dieciocho años fue como hacer el amor con Marta. Una experiencia para todos los sentidos. Los colores del horizonte eran limpios, la lluvia en el Atlántico norte era copiosa, el cabeceo de la nave era acompasado. Como Marta: limpia, copiosa y acompasada.

Cuando avistamos tierras canadienses y vimos por primera vez América, Driver se limpió las gafillas para ver el contorno del continente mejor, y me dijo una cosa que nunca olvidaré:

“Te debo una, chaval”.

Atravesamos Canadá en dirección  Alaska recorriendo valles y llanuras en un tren de pasajeros que tenía dos pisos.

Acomodados en el piso superior recibimos una lección bíblica, concretamente nos empapamos del Génesis. La creación del mundo.

Allí estaba todo lo que Dios había creado: las tierras, las aguas, los bosques, la fauna, la vegetación.

.,.

Tras catorce días de aventura llegamos a Alaska.

Es ésta una zona del mundo mundial grande, enorme.
Su superficie triplica la de España, su cordillera alcanza las alturas máximas de América del Norte, vimos los montes Kenai y San Elías cortados por fiordos y grandes glaciares, cruzamos la meseta avenada por el río Yukon y sus afluentes, adentrándonos más tarde en la zona de tundra siberiana.

Aunque la población era en su mayoría de blancos inmigrados, pudimos hablar con grupos de amerindios, esquimales y aleutas.

En nuestro periplo recuerdo nítidas las imágenes heladas de la capital Anchorage, los contornos azules de Fairbans, y los enormes renos que vimos en Ketchikan.



Todas y cada una de aquellas imágenes, de aquellos colores, de los infinitos tonos del helado azul, me han acompañado el resto de mis días.

Y creo que a Driver también.



Pero lo mejor estaba por venir.

El día 10 de agosto de mil novecientos setenta y cinco, a las cinco de la tarde, y tras veintiún días de aventura, la vimos.

La Aurora.

Este fenómeno lumínico es capaz de marcar un surco imborrable en el cerebro de un adolescente. Cuando el sol se acuesta, cuando las tinieblas hacen su aparición, cuando los últimos rayos de sol rozan tangencialmente las capas altas de la atmósfera, va el JEFE y te hace un regalo.

Surgen en la cúpula celeste colores imposibles que, formando una gran ese vertical, se elevan al infinito, pellizcando de forma atroz tu pequeña alma de humano.



La Aurora Boreal.

Estaba Driver de pié, en medio de la tundra, absorto.
Y de pronto, se puso muy serio, muy serio.
Miró al cielo, y así sin avisar, se puso a aplaudir, a aplaudir con energía.



Con dieciocho años el mundo era una esfera perfecta, donde el centro de gravedad estaba en un indeterminado punto entre Anchorage, capital del estado de Alaska, y el barrio de Moratalaz, en Madrid.

Cuando los sueños saltaban sobre los Océanos.





Atentamente: Diego Peñas.

sábado, 21 de abril de 2012

EL PUENTE DE TRIANA



A todos nos gusta que nos hagan regalos.
Aunque sea un pequeño detalle, siempre hace ilusión.
...
Y resulta que uno de los mejores regalos que nos han hecho nunca es la luz.
Viene por la mañana temprano, y se marcha al final del día.
Todos y cada uno de los días que te han regalado.

Y esa luz tropieza con los objetos y los paisajes del mundo mundial, y nos impresiona las células bastones de los ojos, activando un complicado mecanismo que a través del nervio óptico  culmina con una imagen en nuestro cerebro.

Esta foto preside mi pequeño despacho. Se trata del Puente de Triana en Sevilla.
Es obra de Antonio del Junco, un señor fotógrafo y sevillano esférico, se le mire por donde se le mire.

Compré la imagen con dinero, pero para quedarme a gusto tuve que decirle la verdad:
"No tengo suficiente dinero para comprarte tu arte, Antonio."
....

Cuando estoy rendido, miro la imagen, me baño en naranja, recuerdo que la luz es un regalo y me siento bien.

Y sigo sin saber ponerle precio a estos regalos divinos.
...

Espero no saberle ponerles precio nunca.

...

La luz es un regalo.


.

jueves, 19 de abril de 2012

VUESTRA MIRADA


Os miráis y os reis.
Estáis juntas en la vida, y jugáis.
Aprendéis cosas nuevas todos los días, en un mundo que se abre como una fruta, natural y viva.
A veces viajamos y vemos nuevas tierras.
Estamos con otras personas, que hablan de sus cosas.
Leemos un libro que trae figuras, fotos, esquemas.
Nos hacemos algunas preguntas, y encontramos algunas respuestas.
...
Por la noche suelo fijarme cómo dormís.
Y me quedo con la imagen de vuestra habitación en penumbra, que guarda vuestro sueños.
...
A veces me acuerdo de cuando érais más pequeñas.
Y otras os trato de imaginar más grandes.
...

No todos los días son iguales.
No todas las palabras significan los mismo.
No todos los gestos se corresponden siempre con las mismas emociones.

...

Pero lo que me más me gusta es mirar como os miráis.

Vuestra mirada me da paz.

Y entonces, empiezo a comprender que el tiempo sabe a miel.

Que los minutos son cerezas.

Y los segundos, luz.



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domingo, 15 de abril de 2012

LA COLA DEL CABALLO

LA COLA DEL CABALLO





"En el pueblo asturiano donde veraneábamos La Cola del Caballo era el final del farallón donde todas las noches nos reuníamos. Oscuridad, viento, cigarrillos y de vez en cuando un beso; el lugar apartado y misterioso ejercía en nosotros una extraña atracción.

Se contaba que los habitantes de la villa habían sido raqueros, mala gente que en tiempos pasados y en los temporales, tan frecuentes en la zona en otoño e invierno, atraían con luces atadas a los cuernos de vacas a los barcos que navegaban por la costa.

Creyendo que las luces eran el cercano faro de San Andrés se dirigían los barcos confiados a la Cola del Caballo donde chocaban con las rocas, se rompían los cascos y durante horas abrían al mar sus tesoros y las vidas de los pobres marineros o viajeros que morían ahogados en su mayoría.

Los habitantes del pueblo, pobres como las ratas, recogían las mercancías y se deshacían en su caso de los pocos supervivientes antes que las autoridades pudieran darse cuenta.

Así durante años el pueblo vivió de los raqueros y el contrabando.

...

En aquella población costera, durante los veranos de la transición, se formó una pandilla.

Los fijos, cinco chicos y seis chicas. Los añadidos, cualquier piratilla que estuviera de paso.

Teníamos esa edad donde la aventura se vestía con un bañador y unas gafas de bucear. Por la mañana éramos los reyes de la costa. Por la tarde, soberanos de la bicicleta. Durante las noches estivales, astrónomos de las emociones....

Con veinte años el mundo era una tierra virgen, cuyo centro de gravedad se situaba en La Cola del Caballo.

Aquella formación rocosa ejercía una poderosa atracción sobre nuestras almas.



La naturaleza humana es así. En las mismas coordenadas geográficas donde nuestros bisabuelos abrían en canal a los supervivientes de los naufragios, nosotros hicimos un descubrimiento que cambiaría nuestras vidas. Para siempre....



Todas y cada una de las mañanas nos reuníamos en la formación rocosa. Unos doscientos cincuenta metros de rocas sedimentarias se adentraban en la Mar Océana.

Con una profundidad de medio metro, podías andar a través de ellas y adentrarte en la aventura.

Una vez situados en el borde de la formación, nos poníamos las gafas de buceo y nos arrojábamos en brazos de Neptuno.

Plas. Azul verdoso.

Plam. Sal en estado puro.

Esplás. Frescor marino.



Teníais que vernos.

Juan Carlos. Ochenta kilos de músculo y 100 gramos de cerebro. Plas, plum.

Almudena. Un saco de hormonas a punto de reventar. Plum, plas.

Javier. Atacado por la locura de las nuevas tecnologías. Esplás, plasssss.

Rosa. La Diosa Minerva en bikini rojo radiante. Plumm, cataplumpasss.

Diego .Un trovador mediterráneo.Fiuuu. Floshps.

Maria. Una hija buscando un padre en el fondo de la bahía. Tras, tras, tras, flopsssh.

Jaime. Un noble medieval nacido en el siglo XX.Pummmba.



Así y todo, una veintena de adolescentes, atolondrados, inconscientes...
Enamorados de unas rocas....

El ciclo era simple.
Arrancabas la mañana caminando por la Cola del Caballo.
Ibas a tu ritmo.
Un cuarto de hora haciendo equilibrios sobre la piedra horadada.
Una zambullida.
Rato de buceo.
Nadar a la playa.

Y vuelta a empezar....






Cada uno llevaba una cadencia.
Los había que disfrutaban más caminando despacio sobre las rocas.
Observando a los cangrejos que hacían top-less.

Otros se congratulaban con el momento previo al salto, en el borde de la rompiente.
Que si salto, que si no salto, que si el viento, que si la luz. Una duda más que razonable.

Yo era de los que iban directamente al mar. Sin preámbulos.
Cada vez que me tiraba era diferente.

La luz se dispersa a través del espejo ondulante de las olas.
Se abre, en radiante reflexión.
Lucha por ganar profundidad, y cuando lo consigue, rebota en un coral rojo.

Los conceptos arriba y abajo eran relativos.

Podías volar sobre las praderas de algas.
Invertirte en torbellino humano.
Girar, hacer giñadas laterales, retroceder sobre tu propio torbellino, trazar parábolas con las corrientes.



Algunos días respirábamos a través de unas agallas invisibles.
Éramos peces de colores....
Siempre lo recordaré.

Cuerpos adolescentes, abrasados por el Poniente, envidia de los Dioses del Olimpo.
Esculpidos en arcilla.
Erguidos frente al mar.
Rotundos.



...y una noche de luna llena fuimos a la Cola del Caballo.

Estábamos todos. Chicos y chicas.
Lo que sucedió a continuación será difícil de escribir.
A día de hoy no tengo claro si sucedió o fue un sueño. Tras treinta años, todavía tengo dudas sobre lo ocurrido. Suceden cosas imposibles de olvidar. Imposibles...

Esa noche Marte besaba dulcemente a la Luna. Nos encontramos en la playa. Había la suficiente luz como para no tropezarse, y la necesaria como para vencer la vergüenza.
Poco a poco, como engatusados por la luz del satélite, nos dirigimos a las rocas.
De tanto jugar con la Cola del Caballo, nos la habíamos aprendido de memoria.

Cada recodo en las meninges.
Cada promontorio en las venas.
Los fondos marinos grabados a fuego en el corazón.

El alma libre.
Seis horas.
Estuvimos seis horas haciendo el recorrido.

Sin hablar.
Nuestros pies rasgaban la superficie del sedimento.
Nuestros brazos avanzaban, aleteando por las profundidades.
Las almas, volaban sobre las algas.
Nuestro corazón era un motor turboalimentado de luz nocturna....

Cuantas más vueltas dábamos, más nos gustaba....
A punto de amanecer nos pareció ver unas extrañas sombras que nos acompañaban.
Hacían los mismo que nosotros.
Paseo por las rocas, zambullida, buceo, natación y vuelta a la playa.



Eran los espectros de los naufragos asesinados por nuestros bisabuelos.
Veían como nos divertíamos y se unieron a la fiesta.
Así de simple.

En ningún momento sentimos miedo por su presencia.
El destino les deparó un cruel final, y viendo la oportunidad de resarcirse con la vida, se unieron a nosotros.
Rocas, zambullida, buceo, natación y playa.



Han pasado treinta años de aquello.
Nuestros destinos tomaron caminos diferentes.
Juan Carlos trabaja de vigilante de seguridad. Escribe poesía.
Almudena tiene seis hijos. Lee con ellos La Odisea. Cada verano.
Javier tiene una empresa de informática. Diseña juegos educativos.
Rosa trabaja en una Caja de Ahorros. Remueve los fondos de inversión con la misma agilidad que nadaba con su bikini rojo.
Diego construye colegios y regala cuentos.
María no encontró a su padre, pero fue capaz de encontrase a sí misma.
Jaime es historiador. Trata de usted a la Edad Media....



Todos y cada uno de aquellos jóvenes valerosos han sido víctimas de naufragios, han llorado, parido niños con ojos azules y reído.



Pero lo que nunca olvidarán es que una noche bailaron al son de la eternidad, acompañados de sombras de marinos pasados a cuchillo por sus bisabuelos.



Allí donde la libertad se respiraba a través de unas agallas invisibles.

En la Cola del Caballo.

Donde aprendimos que la vida es bella.

Buceando en la eternidad.

...






 

viernes, 13 de abril de 2012

LA OSA POLAR


Órdenes para el mes de abril:
1.  Abrir el paso del norte al tráfico marítimo, a través del estrecho de Bering.
2. Se efectuará una brecha en el hielo de no menos de veinte metros de anchura, entre la costa rusa y el territorio de Alaska.
...
Y allí que nos fuimos, embarcados en el rompehielos "Vladivoskov".
Donde los mapas se acaban.
...

Supongo que el Capitán es buena persona, pero si por mí fuera lo arrojaría por la borda y que se lo comieran los osos.
Turno de vigilancia en proa a las cinco de la mañana. Una semana seguida.
Es para matarlo, o mejor dicho, es para morirse.
Mira que lleva radares, sonares y electrónica el barco. Pues nada, tiene que haber un idiota en la proa, con unos prismáticos y a punto de congelarse.
Y me a tocado a mí.
...

Suena el despertador, cojo la pistola de señales, voy al camarote del Capitán y le atravieso el cráneo de un certero disparo.
Pero, no.
Suena el despertador, me aseo, me pongo el equipo polar, tomo un café y salgo a la cubierta.
Desde la compuerta de salida hasta la proa hay unos ciento cincuenta metros de rompehielos.
Tuberías, escalerillas, rampas, chapa de acero. Todo perfectamente helado, esperándome para romperme la crisma.
Tras veinte minutos de patinaje artístico por la cubierta, alcanzo la proa.
Allí hay una cabina acristalada con un asiento, y delante un arco de quince kilómetros de Ártico desde veinte metros de altura.
Tomo asiento y con los prismáticos compruebo que el mundo es blanco.
¿Quién va a aparecer por aquí? ¿Cristina Aguilera?
...
"¡Capitán!, aquí puesto de observacion en proa. Veo acercarse a Cristina Aguilera a bordo de un destructor de la Marina. Solicito órdenes."
...
El frío duele. Es azul y duele.
Te aprieta en los costillares y hace que te olvides de que tienes extremidades.
Al cabo de un rato, ni las sientes.
...
Decidido. Mataré al Capitán golpeándole con la cafetera en la cabeza.
...

El sonido del acero de la quilla, al partir el hielo.
Un horizonte, donde el blanco imperante tiene sesenta tonos de sesenta reinos diferentes.
Manchas azules en la superficie. Ahí el hielo tiene menos espesor.
Brillos. La luz rasante golpea los cristales de hielo, y se refleja en azul claro.
Sombras. Las sombras de los montículos señalan la dirección de la salida del Sol. Azul oscuro.

...

Y de pronto, un movimiento superior.
Vida.
Sobre un témpano una mancha blanca oscila.
Es un oso polar.
No, son dos. Una madre y una cría.

Miran el rompehielos, con descofianza.

...

La madre incorpora la cabeza y arropa a la cría. A la vez. Instintivamente.
Si pudiera, atravesaría con sus zarpas el casco, y nos mandaría a todos al fondo del Océano.
Se le adivina en la mirada.

...

La madre se incorpora, y enmedio de un continente helado, emprende una maniobra disuasoria de prudente alejamiento del hombre.
Obliga a su cría a seguirla. No le deja opción.
Al principio camina.
Luego trota, sin dejar atrás al pequeño.

Y cuando llega al hielo duro, obliga a su cría a correr delante de ella, para que aprenda.

Su ritmo es vivo pero constante. Sabe de la magnitud de las distancias.

...

Cojo los prismáticos para verles mejor.
Enfoco a la madre y lo veo con claridad.

El esfuerzo, el ritmo, la cabalgada y la seguridad de que hace lo que debe, le han aclarado el gesto.

Parece como si sonriera.

...

Diez de la mañana. Se ha acabado mi turno y no he muerto congelado.
Me dirijo a las cocinas, con la clara intención de conseguir agua caliente que ayuden a mis manos a reaccionar.
Subo al comedor, a ver si queda café.
Allí, en la mesa grande está desayunando el Capitán. Me saluda.

"¿Qué tal la guardia, muchacho?"

"Un frío de morirse, mi Capitán"

"¿Alguna incidencia?"

"Sí, vi a una señora estupenda haciendo bien su trabajo."

...

Comienza a nevar en el estrecho de Bering.

Allí, donde los mapas se acaban.

...

jueves, 12 de abril de 2012

EL MOVIL ETERNO


RELATO PARA LA COMUNION DE EDU Y SILVIA


EL MOVIL ETERNO






Esto era una vez dos niños que se encontraron con un móvil.
No se compraba en ningún sitio, no se vendía en ninguna parte.



Cada vez que quieres hablar con un amigo, le llamas “ring ring" si está, lo cogen, a veces no,
 “ring ring”.
Cuando contesta, te pones muy contento. Se abre un nuevo mundo, puedes ir al cine con él, jugar al escondite, o mejor, jugar al pañuelo.



¡¡¡EL DOS!!!! Salen Corriendo dos niños hacia un pañuelo.
Corren y el más rápido sale disparado a la velocidad de la luz.



¡¡¡EL CUAAATRO!!!! Una simple niña es más rápida que el campeón mundial de 100 metros lisos.



Los niños corren, delante de la brisa, detrás del viento.
Los niños saltan sobre el tiempo, por encima de todas las barandillas.
Los niños brincan sobre el tiempo. Tras la eternidad.



Cuando tu amigo te responde, tú te pones contento.
Si el teléfono comunica o no da respuesta, te quedas solo. Sin jugar.



Hoy es un gran día, habeis conocido por primera vez a un amigo que nunca comunica, jamás está fuera de cobertura;  ¿su nombre? Jesús, ¿cobertura? 365 días al año, toda tu vida, ¿respuesta? Inmediata.



Pero… ¿dónde está el móvil?

¿Dónde se carga la batería? ¡Es fácil!



Os lo voy a enseñar:



Coge tu mano derecha, júntala con tu mano izquierda, eleva las puntas a la altura de tu nariz, entonces… piensa en tu amigo y háblale.
Seguro que te escuchará.



Hoy habeis aprendido a usar el móvil por primer vez. El resto de las conversaciones con Jesús, sólo depende de vosotros. Ya sabeis…



Coged vuestra mano derecha y juntadla con la izquierda.

Es fácil.

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miércoles, 4 de abril de 2012

JOAQUINCITO



¡Hola!

Me llamo Joaquincito, en abril cumplo seis años.
Mi mamá le ha encargado a un cuenta cuentos un regalo de cumpleaños.
Como estoy aprendiendo a leer, le pido que use palabras fáciles.

¡Cuenta cuentos, usa palabras fáciles!

Ya está, se lo he pedido.







...

Vivo en América.
América es un sitio muy grande.
Puedes andar todo un día, o dos días, o tres días, y América no se acaba.

Tengo una mamá.
Cuando nací me pusieron encima de mi mamá.
Por eso se que mi mamá es blandita.
Porque cuando nací me pusieron encima de ella.
Mi mamá.



Me gustan los superhéroes.
Son amigos que tiene superpoderes.
Por eso se llaman superhéroes.
Los que más me gustan son Ben 10 y Bukugan.
Son los mejores.

Para celebrar mi cumpleaños voy a hacer un viaje interespacial.
Un viaje interespacial se hace a través del espacio.
Por eso se llama interespacial.
Y mis amigos superhéroes me van a acompañar.







Así que me voy a coger la supernave interplanetaria, con mis amigos Ben 10 y Bukugan.
Y nos vamos a dar un largo paseo por las estrellas.

Ahora voy a hacer una cosa muy difícil.
Voy a contar hacia atrás antes de despegar.
Veamos.
Cinco, cuatro, tres dos, uno y ceeeeeeeeero.
¡¡¡¡¡ BOUMMMMM!!!
Ya hemos despegado.

...

Me gusta cumplir años y hacer viajes por las estrellas con mis amigos.
Ben 10 me ha dicho que lo más importante es ponerme el traje espacial.
Bukagan me dice que nunca olvide las galletas espaciales.
Así que les he hecho caso a los dos.
Y ahora estoy volando con mi traje espacial y mis galletas, que también son espaciales.

El espacio es más grande que América.
Aquí puedes viajar durante un año, o dos, o tres, y nunca llegas al final del Universo.



Y pudes flotar dentro de la nave, como cuando estás en una piscina.
También puedes mirar por las ventanillas de la nave y ver lo que hay fuera.
O alimentarte con tus galletas espaciales, que están muy ricas.
...

El primer día de viaje vimos el Sol.
Es una estrella muy grande que está cerca de América.
Da calorcito cuando te acercas a ella.
Es como mi mamá, cuando llega el invierno y se mete en la cama conmigo y me abraza.
Da calorcito cuando te acercas a ella.

El segundo día vimos un montón de estrellas que forman una caracola que se llama La Vía Láctea.
Dan vueltas y vueltas, y al final van todas hacia un agujero que hay en el centro.
Es como cuando mi mamá me lava la cara en el lavabo.
Me echa agua por encima, y luego el lavabo se llena de agua; y al final le quita el tapón al lavabo, y el agua hace ¡Glup!, ¡glup!, y el agua se va por un agujero que hay en el lavabo.

El tercer día vimos estrellas fugaces.
Las estrellas fugaces son unas estrellas que tienen mucha prisa.
Van corriendo siempre, ¡fiuuuu!, ¡fiuuuuu!
Es como cuando mi mamá y yo salimos de paseo, y antes tenemos que vestirnos y ponernos guapos.
Vamos del armario al lavabo, y del espejo a donde se guardan los zapatos, ¡fiuuuuuuu1, ¡fiuuuuu1





Lo que más me ha gustado del Universo, son los colores.
Desde esta nave espacial se ven muy bien.
Cuando la luz del Sol llega a los planetas, se llena de los colores que hay allí.
Por ejemplo, si la luz del Sol llega a Marte, la luz sale de colores rojos.
Si la luz del Sol llega a Neptuno, la luz sale de color azul.
Y si la luz del Sol llega a un planeta que tiene tierras naranjas, la luz sale de color naranja.

Esto hace que mires por la ventanilla.
Porque los colores son bonitos y te alegran el día de tu cumpleaños.

...

A veces se ven muchas estrellas.
Son como rebaños de ovejas, pero en vez de ovejas, son estrellas.

Y entonces pasa como cuando estoy en América y miro las nubes blancas,.
Que algunas de las nubes que veo, se parecen a árboles, a montañas o a ríos.

Pues en el Universo pasa algo muy parecido.
Cuando se ven las estrellas, todas juntas en rebaños, con diferentes colores, se parecen a mamá.

...

Yo conozco mucho a mi mamá.
Como me cuida y juega conmigo, pues al final me la conozco.

Un día ví un rebaño de estrellas que se parecían al cuello de mamá.
Formaban un rebaño laaaaaaargo y bonito.

Otro día ví un montón de estrellas que brillaban mucho.
Eran como la mirada de mamá, que da luz y alegría.

Y otro día, mis amigos Ben 10 y Bukaman, me llamaron a gritos.
Habían descubierto unas estrellas que se parecían mucho a la cara de mi mamá.

...

Después de un viaje tan largo, mis amigos y yo nos comimos un paquete de galletas.
¡Galletas galácticas!
¡Quéeeee ricas!

...

Soy un niño de seis años que vive en América.
Ya sé que en el mundo hay cosas muy grandes y muy pequeñas.

Y he viajado con mis amigos por el Universo, en un viaje interplanetario.

Ahora que conozco el mundo de las estrellas, sé que las cosas más grandes del mundo, como el Universo, y las cosas más pequeñas, como mi mamá, son muy parecidas.

Brillan intensamente cuando yo las miro.






...

Atentamente para Joaquincito, de Diego, "el Diego que le regaló un cuento para su cumpleaños".



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martes, 3 de abril de 2012

MI COMPADRE CHEMA

Tengo un compadre.
Se llama Chema.

Es un tipo que nació agarrado a una guitarra.
Y nos regaló una canción llena de bellos acordes.






Al muchacho le gustan las canciones, las melodías, las letras, los ritmos, los contrapuntos.
Mayormente le gustan las buenas historias.

Creo sinceramente que tengo un par de años menos de los que marca mi edad de nacimiento, gracias a los buenos ratos que he pasado con Chema.

El Compadre.





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GETSEMANÍ



Yo quiero ver.
Yo quiero ver, mi Dios.

Quiero saber.
Quiero saber, Señor.

Dime, ¿por qué?
Dime por qué Señor.

Quiero comprender.
Quiero comprender, mi Dios.

Díme.
Dime, Señor.

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