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sábado, 1 de noviembre de 2014

CEMENTERIOS DE LUZ




Un día me dejé llevar por la curiosidad, y visité el cementerio civil de Madrid.
Ni una cruz en las sepulturas.
Está situado en la avenida de Daroca. Enfrente del enorme cementerio de la Almudena. Es pequeño.

Allí están enterrados los que no querían o podían tener una cruz.

Suicidas a los que la Iglesia negó tierra santa por haber obrado contra el quinto mandamiento. No matarás.
Diplomáticos musulmanes, judíos y anglicanos que murieron en España, lejos de sus tierras y sus creencias.
Políticos nacionales que abominaron públicamente de Dios.
Un lugar donde resulta difícil rezar un responso.

Cruzo la avenida y visito el de la Almudena. Enorme.
Un mar de cruces. Estás en casa.

Visito la tumba de Lola Flores. Y la de su hijo Antonio. 

Descansan juntos. Se respira creatividad a pesar de que ya no están. 
Anónimos que les dejan un clavel. La escondida lágrima de una señora mayor.
Un niño juega junto a la cruz.

Cierro los ojos y escucho música.
Sonidos de mi tierra.
Los de la madre. Flamenco compulsivo. Simple. Alegre.Vivaracho.

Los del hijo, Antonio. Poéticos. Modernos. Frescos.
El mar en un vaso de ginebra. Pongamos que hablo de Madrid.

El niño que jugaba entre las cruces ahora recibe instrucciones de su abuelo.
Que no te acerques a ese foso. Que si te caes ya verás tu madre.

Respiro la mañana fresca.
Aquí sí apetece rezar.

Dar las gracias a la familia Flores por los buenos ratos que nos han dado.
Reflexionar entre cruces.
Pisar los guijaros de la vida.

...
El niño que jugaba entre las cruces ya es un adulto.
Ya no está el abuelo para advertirle de los peligros.

Pero el padre de su padre le dejó en herencia dos objetos de gran valor.

Un biblia y una linterna.

Con la primera alumbra su alma.

Con la segunda dispara ráfagas nocturnas.

Hacia las estrellas.
Donde descansan nuestros queridos difuntos.

Entre el cielo y el mar.




Allá donde se cruzan los caminos.


...






...

martes, 20 de mayo de 2014

UN PEZ LLAMADO GONZALO




Érase una vez un pez llamado Gonzalo.
Ésta es la historia del modo de aparecer, en el invierno del año noveno, después del segundo milenio.

En un principio fue el magma de los volcanes.
Después ocurrió que la Tierra se abrió, surgiendo de sus entrañas una enorme medusa de tejido intemporal.
Por fin fue lanzada al GRAN OCEANO, donde practicaste con tu cola los primeros movimientos náuticos.

En el seno del OCÉANO todo estaba en silencio.

Bajo las profundidades, muy al fondo, latía un acompasado vaivén.

El pequeño flota entre dos aguas.

La GRAN BALLENA la guía, desplazándola en su estela.

Vivía en un océano que se llamaba MAMÁ.

Durante un tiempo fue alimentándose de plancton y de nutrientes marinos de muy diversos tipos. Creció y creció, en la paz del vientre acuoso, en el silencio brumoso.

Convertías el Mar en un torrente, y al cielo en la ventisca, y a la tierra en una sombra.

No te extrañe que me quedara absorto al verte. Aquella pesca merece ser narrada.
...

Érase una barca con varios pescadores de batas blancas. Fueron tus padres a recibirte desde el embarcadero, de puntillas, sin saber por dónde amanecía.

Y fue.
Y amaneció. Aunque el Sol no hacía mucho que enfadado de no verte, se acostó.

Y la Luna sí, ella había ganado la primera partida, tu pesca nocturna.

Y ellos, los pescadores y las pescadoras, tus primeros amigos.

Y ellos, tus padres.

Y él, EL MAR, bramaba la pena de perderte.

Y ella, LA BRISA, cantaba la alegría de encontrarte.
...

TU, empezando a sentirte, ya no era un pececillo; ahora eras una gaviota en el aire.

Pero esa es otra historia y te la contaré otro día.

Ahora descansa. Recupérate para mañana. Tienes que secar tus alas.

Mañana toca volar.




Atentamente. Driver.