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martes, 20 de mayo de 2014

UN PEZ LLAMADO GONZALO




Érase una vez un pez llamado Gonzalo.
Ésta es la historia del modo de aparecer, en el invierno del año noveno, después del segundo milenio.

En un principio fue el magma de los volcanes.
Después ocurrió que la Tierra se abrió, surgiendo de sus entrañas una enorme medusa de tejido intemporal.
Por fin fue lanzada al GRAN OCEANO, donde practicaste con tu cola los primeros movimientos náuticos.

En el seno del OCÉANO todo estaba en silencio.

Bajo las profundidades, muy al fondo, latía un acompasado vaivén.

El pequeño flota entre dos aguas.

La GRAN BALLENA la guía, desplazándola en su estela.

Vivía en un océano que se llamaba MAMÁ.

Durante un tiempo fue alimentándose de plancton y de nutrientes marinos de muy diversos tipos. Creció y creció, en la paz del vientre acuoso, en el silencio brumoso.

Convertías el Mar en un torrente, y al cielo en la ventisca, y a la tierra en una sombra.

No te extrañe que me quedara absorto al verte. Aquella pesca merece ser narrada.
...

Érase una barca con varios pescadores de batas blancas. Fueron tus padres a recibirte desde el embarcadero, de puntillas, sin saber por dónde amanecía.

Y fue.
Y amaneció. Aunque el Sol no hacía mucho que enfadado de no verte, se acostó.

Y la Luna sí, ella había ganado la primera partida, tu pesca nocturna.

Y ellos, los pescadores y las pescadoras, tus primeros amigos.

Y ellos, tus padres.

Y él, EL MAR, bramaba la pena de perderte.

Y ella, LA BRISA, cantaba la alegría de encontrarte.
...

TU, empezando a sentirte, ya no era un pececillo; ahora eras una gaviota en el aire.

Pero esa es otra historia y te la contaré otro día.

Ahora descansa. Recupérate para mañana. Tienes que secar tus alas.

Mañana toca volar.




Atentamente. Driver.